Viaje a Egipto
Del 6 al 17 de marzo de 2027
Día 1, sábado, 6 de marzo de 2027: MADRID – LUXOR
Cena en Sonesta St. George Hotel Luxor o similar.
Presentación en el aeropuerto de Madrid tres horas antes de la salida. Trámites de embarque y salida a las 13h25 del vuelo MS2754 de la compañía EGYPTAIR con dirección LUXOR.
Llegada al Aeropuerto Internacional de Luxor a las 19h10 hora local. Después de los habituales trámites de entrada al país, recepción y asistencia en el aeropuerto a cargo de los representantes de nuestra agencia receptiva en Egipto. Traslado al Sonesta St. George Hotel para cena y alojamiento.
La República Árabe de EGIPTO, es un país transcontinental, ubicado mayoritariamente en el tramo noreste de África, mientras que la península del Sinaí se encuentra en Asia. Limita con Sudán al Sur, con Libia al oeste y con el Estado de Palestina e Israel al noroeste. Al norte limita con el mar Mediterráneo y al sureste con el mar Rojo. Posee algo más de 100 millones de habitantes (uno de los más poblados de África) y su población se asienta mayoritariamente en las riberas del río Nilo y en el delta, donde están las zonas de tierra fértil. Casi la mitad de los egipcios viven en áreas urbanas, sobre todo en los centros densamente poblados de El Cairo y Alejandría. El cuadro morfológico se puede dividir en cuatro elementos principales: al este, la cadena montañosa que separa el valle del Nilo del mar Rojo; al nordeste, los relieves de la península del Sinaí; le sigue el valle del Nilo, que atraviesa de sur a norte todo el país, y al oeste, la extensa región conocida como desierto líbico. La mayor parte de su superficie la integra el desierto del Sahara. El río Nilo cruza el desierto de norte a sur, formando un estrecho valle y un gran delta en su desembocadura en el Mediterráneo. Como ya dijo el viajero griego Heródoto en el s. V a.C. “Egipto es el don del Nilo”. Y nunca mejor definición para describir la eterna dependencia de este país respecto a su río, que con sus crecidas anuales abonaba los campos de cultivo gracias al limo depositado en ellos, dando origen a una de las civilizaciones más importantes de la humanidad.
Alojamiento en Sonesta St. George Hotel Luxor.
Día 2, domingo, 7 de marzo de 2027: LUXOR: Dendera y Abydos
Desayuno buffet en el hotel. Almuerzo en Hotel House of Life.
Hoy realizaremos una excursión de día completo para visitar dos importantes complejos religiosos del Antiguo Egipto. La primera parada será en el templo de Dendera, dedicado a la diosa Hathor, es uno de los mejor conservados de todo Egipto, con sus techos intactos y sus colores originales. Posteriormente visitaremos el templo de Abydos, dedicado a Osiris, es uno de los santuarios más sagrados y artísticamente refinados del Antiguo Egipto. Serán, en total, algo más de 300 km que realizaremos en autobús.
A ambos lados del Nilo se extienden dos estrechas franjas de exuberante vegetación que se abren paso en un terreno árido y estéril. Durante miles de años, la crecida anual de río depositó ricos minerales que fertilizaban las tierras ribereñas. Cuando las aguas retrocedían, los campesinos construían canales de irrigación, plantaban sus cultivos y esperaban la fértil cosecha. Tanto desde el punto de vista geográfico y económico como cultural y religioso, el Valle del Nilo ha sido fundamental en el temprano desarrollo de una de las civilizaciones fluviales que configurarán la “revolución neolítica”; la prodigiosa fertilidad de su suelo hizo posible el asentamiento de unos pueblos, hasta entonces nómadas, acelerando así el desarrollo de su organización social.
Nos dirigimos a DENDERA, lugar que los griegos llamaron Tentyris, y que fue en la antigüedad un importante centro religioso. Se trata de una antiquísima ciudad cuyo origen se remonta a la Prehistoria, puesto que allí se celebraban ritos religiosos en tiempos de los “Servidores de Horus”, una especie de semidioses que precedieron a los faraones humanos. Ellos trazaron el plano del templo en el que se inspiraron quienes lo embellecieron, sobre todo Keops, Teti I y Tutmosis III, que desarrolló los rituales. A los principales faraones, por tanto, les inspiró un especial respeto esta ciudad. En su necrópolis se construyeron numerosas tumbas y mastabas de varias épocas, incluidas gran cantidad de catacumbas de perros, vacas y pájaros.
Visitaremos el Templo de Hathor, el templo de la alegría, de la música y del amor, que los grecorromanos asimilaron a Afrodita. Esta diosa está omnipresente en el templo, ocupando más de la mitad de la decoración de sus paredes. Sepultado bajo la arena hasta el s. XIX, el imponente templo nos ha llegado en un excelente estado de conservación. Su construcción se inició en el s. II a.C., y pertenece a la serie de grandes santuarios que los Ptolomeos dejaron a lo largo de las orillas del Nilo. Aunque grecorromano, imita los diseños típicos de la arquitectura faraónica. Hasta Cleopatra se hizo representar en compañía de Cesarión, el hijo que tuvo con Julio César. La construcción prosiguió hasta la época romana: Marco Aurelio fue el último de los césares cuyo cartucho adorna los muros del templo. Sin embargo, las excavaciones realizadas demostraron que la antigüedad del lugar de culto se remonta a los primeros siglos de la civilización faraónica. El templo de Dendera mantenía estrechas relaciones con el de Edfu. Hathor era la diosa del placer y del amor y amante de Horus. Todos los años, en lo que era conocida como “la fiesta de la Buena Reunión”, era transportada en barco a Edfu para unirse a Horus, con quien forma una pareja divina. El ritual de esta fiesta, una de las más populares del valle, es de origen agrario, y se celebraba el retorno de la crecida del Nilo, prueba de fertilidad. Uno de los símbolos de Hathor es el sistro, un instrumento de música mágico cuyas vibraciones dispersan las influencias negativas y atraen las energías positivas. El templo de Dendera, de hecho, es llamado el “castillo de sistro”, pues fue concebido como un gigantesco instrumento de música, donde las armonías del cosmos confluyen para embellecer la tierra. Construido en arenisca, posee una gran unidad de estilo. La entrada al recinto se realiza por una gigantesca apertura en el muro de adobe que rodea todo el complejo, que fue construida por los emperadores romanos Domiciano y Trajano. Nos encontraremos con las seis columnas con hermosos capiteles con la forma de la diosa Hathor. La base está compuesta por bloques de un templo anterior de la época de Keops o Pepi I (Imperio Antiguo). Posteriormente se llega hasta la primera sala hipóstila, una de las más bellas de Egipto, con el techo sostenido por 24 columnas hathóricas. Fue decorada durante los reinados de los emperadores Augusto y Nerón. Su techo resume todos los conocimientos astronómicos de la ciencia egipcia, y puede verse la representación de la carrera del sol y de la luna, los signos del zodíaco, los decanatos y los planetas. A la izquierda, la diosa Nut, cuyo cuerpo se extiende a lo largo del muro, en una representación de la bóveda celeste. En las paredes, escenas de ofrendas rituales en las que el rey, aquí el emperador Nerón, se enfrenta a la divinidad. Llegaremos hasta el Sanctasanctórum, el corazón del templo, donde Hathor reposaba en sus naos. Alrededor del santuario, una galería sobre la que se abren once capillas divinas, siete de las cuales están dedicadas a la misma Hathor. Detrás del santuario encontraremos la más importante, en cuyo interior se erigía una estatua de la diosa revestida de oro. A través de unas escaleras, se accede a la cripta, de 25 m de longitud que corre bajo el muro del naos. Se han podido descubrir hasta doce criptas, cámaras secretas habilitadas en el espesor de los muros o en los cimientos del edificio, donde el acceso era obstruido por piedras grabadas, en las que se guardaban utensilios de culto junto con el oro, la plata y piedras preciosas que constituían el tesoro del templo. En la terraza, todos los años en la fiesta de Año Nuevo se exponía la estatua de la diosa a los rayos del sol y se realizaban ritos que tenían como objeto perpetuar el orden cósmico que había sacado al universo del caos primigenio. Por el lado norte de la terraza hay seis capillas, todas ellas dedicadas a Osiris y decoradas con relieves que evocan los misterios osiríacos. La más famosa es la que adorna el techo de la segunda capilla. Se trata de una copia (el original se encuentra en el Louvre) que representa un zodíaco circular en el que puede reconocerse en la parte central, los doce signos tradicionales.
Continuamos nuestra ruta hasta ABYDOS a lo largo de un paisaje que no ha cambiado mucho desde los tiempos de los faraones: cultivos, el límite del desierto y una campiña inmutable arraigada en un tiempo casi inmóvil. Para los antiguos egipcios Abydos era el lugar más sagrado de la tierra. Es la ciudad más antigua del Valle del Nilo y fue siempre un lugar santo. Albergaba la tumba de Osiris, dios de los muertos, junto al cual se hicieron inhumar los reyes de la Prehistoria y de la I dinastía. La tradición dice que la cabeza de Osiris reposó aquí después de ser asesinado por su hermano Seth, que mutiló su cuerpo y lo desperdigó por todo Egipto (sus restos fueron conservados como reliquias en 16 ciudades del país). Desde entonces, no dejó ser una necrópolis, y todos los antiguos egipcios procuraban peregrinar a esta ciudad al menos una vez en su vida. Abydos fue una gran ciudad amurallada con varias necrópolis, lagos y templos, incluyendo el de Osiris. Durante el gobierno de los últimos ramésidas de la XX dinastía (I milenio a.C.), la devoción por la ciudad comenzó a decaer, hasta la llegada de la dinastía saíta (dinastía XXVI). A partir de aquí se inició la definitiva decadencia, que relegó a la ciudad a un papel secundario. Los restos de la antigua necrópolis pertenecen a diferentes épocas, y se encuentran en la zona limítrofe del desierto.
Visitaremos el Templo de Seti I (“Memnonium”), uno de los mejor conservados de Egipto. Fue erigido durante el reinado de este faraón (1294-1279 a.C.), fundador de la XIX dinastía, padre de Ramsés II, notable administrador y jefe guerrero que supo dominar a los enemigos. Construido en piedra caliza blanca, este templo mortuorio posee algunos de los mejores bajorrelieves del Imperio Nuevo (muchos conservan el color original). Su disposición en “L” es única, y en sus siete capillas, son veneradas las principales divinidades de Egipto, entre las que se encuentra el propio soberano. Se accede al templo a través de la Primera Sala Hipóstila situada nada más atravesar el pórtico central. Mide alrededor de 60 x 14 m, el techo se apoya en 24 columnas papiriformes y emparejadas, formando los pasillos que llevan hasta los santuarios. Está decorado con escenas que representan al rey adorando al Dios que fueron realizadas en época de Ramsés II. Para los que seáis amantes de lo esotérico, debéis prestar atención a un misterioso relieve que se encuentra nada más entrar en la sala, en el pasillo central; se trata de uno de los más enigmáticos que se conocen, con figuras que representan a algo parecido a un helicóptero, un tanque, un avión y un platillo volante. La Segunda Sala Hipóstila con 36 columnas formando parejas, decorada por Seti I, con relieves mucho más refinados, que son auténticas obras de arte egipcio. En la pared de la derecha, un conjunto de escenas que representan al faraón ante Osiris, Isis y Neftis, con el soberano tendiendo al señor de los infiernos una estatuilla de la diosa Maat. La delicadeza de los trazos, lo aterciopelado del grano de la piedra y la luz rasante, hace inolvidable estos cuadros que resumen la grandeza de los soberanos de Egipto. Más adelante se hallan las Siete Capillas Divinas dedicadas a un deificado Seti I y a los dioses Phat, Harajty, Amón-Ra, Osiris, Isis y Horus. Todas ellas poseen unos relieves de extraordinaria calidad, que retoman siempre el mismo tema: el ceremonial que realiza el rey ante cada una de las divinidades, descrito en forma detallada en 36 cuadros delicadamente tallados en la caliza. La Sala de Osiris, está sostenida por diez columnas. La decoración de las paredes conserva los colores originales, pero algunas caras y manos de las figuras fueron dañadas por los primeros cristianos. En Corredor de los Reyes, de 28 m de longitud, se encuntra la lista con los nombres de los 76 faraones que le habían precedido en el trono desde la primera dinastía hasta Seti I. Faltan los de Hatshepsut, Akhenatón (el rey hereje) y los de sus sucesores inmediatos, Ay y Tutankamón.
Al oeste del templo y a unos 18 m por debajo del nivel de sus pavimentos está el Osireion, el cenotafio de Seti I, que fue construido con la intención de asociar el propio culto funerario de este faraón al de Osiris. Construido en piedra caliza de color blanco y arenisca rojiza, los pilares y los vanos de algunas puertas son de granito de color rosa. Un largo corredor subterráneo abovedado de 32 m, con paredes de arenisca está decorado: con el “Libro del Más allá” la pared oriental y con el “Libro de las Puertas” la occidental, y en ella se describe el viaje del dios “Sol” durante la noche, a través del Reino de los Muertos. La sala del Osireion fue concebida como una isla que durante la crecida del Nilo quedaba rodeada de agua, en la que reposaba el dios. Su disposición parece un intento de reproducir la colina en la que, según la creencia egipcia, tuvo lugar la creación del mundo.
Alojamiento en Sonesta St. George Hotel Luxor.
Día 3, lunes, 8 de marzo de 2027: LUXOR: templos de Karnak y Luxor & Museo
Desayuno buffet en el hotel. Almuerzo y cena a bordo de la motonave Nile Premium.
Dedicaremos la mañana a la conocer de Luxor, con sus santuarios más emblemáticos. El templo de Karnak, dedicado a Amón-Ra, es el complejo religioso más grande del Antiguo Egipto y uno de los mayores del mundo, y cuya construcción se extendió durante más de 2.000 años. Posteriormente visitaremos el templo de Luxor, también dedicado a la misma deidad y muy bien conservado. Por la tarde conoceremos el coqueto Museo de Luxor, uno de ellos más prestigiosos del país, por la cuidada presentación de sus piezas.
Emplazada en la orilla derecha del Nilo, LUXOR ha tenido a lo largo de su historia varios nombres. En su origen, los antiguos egipcios la llamaban Uast, que significaba “cetro”. Los griegos la denominaron Tebas por su similitud con la ciudad griega del mismo nombre. Para los romanos fue Dióspolis (“la ciudad de Zeus”), cuando la ciudad no era más que un modesto pueblo. Posteriormente, los árabes la bautizaron como Luxor (“los castillos”). Aunque se han hallado restos pertenecientes al Imperio Antiguo, su historia empieza con el Imperio Medio, después de la primera crisis que sufrió Egipto. Pero su verdadera gloria llega con el Imperio Nuevo. Fueron los tebanos los que liberaron a Egipto de la ocupación de los hicsos. De esta forma, en los siglos posteriores, cuatro dinastías de faraones (de la XVII a la XX), además de controlar todo el país, iniciaron una política expansionista organizando expediciones tanto hacia el norte (Asia) como hacia el sur (Nubia). Fue uno de los períodos más gloriosos de la historia de Egipto, durante el cual la ciudad alcanzó un esplendor inigualable. Sus faraones acumularon una inmensa riqueza y capturaron un número ingente de prisioneros de guerra. Al reclamo de tanta opulencia, afluían a Tebas mercancías del golfo Pérsico y de otros lugares. Estas riquezas se utilizaron, en parte, para construir unos admirables templos para la gloria de Amón, que se convirtió en el dios del imperio y, en la orilla occidental, majestuosos templos funerarios que garantizaban la inmortalidad de los faraones difuntos. A partir de la XIX dinastía (s. XIII a.C.), la estrella de Tebas comienza a palidecer. Poco a poco, el Delta comienza a ocupar el centro económico y comercial, y Tebas se limitará a un papel de custodio de lo sagrado y de las antiguas tradiciones, gracias al poderoso clero de Amón. Las invasiones asirias del s. VII a C. le asestarán terribles golpes: pillaje de los templos, destrucciones y deportaciones de gran parte de la población. En el 27 a.C., un terremoto se suma a las desgracias de la ciudad. A partir del 392 en que se publicó el edicto de Teodosio que decreta la clausura de los templos paganos, se produjo una expoliación sistemática de sus templos; aunque, involuntariamente, algunos relieves, al cubrirlos con yeso para que no se vieran las imágenes sacrílegas, han llegado a nosotros en perfecto estado. A partir de ahí, los grandes santuarios se rindieron ante la arena, hasta el s. XVIII d.C., cuando fueron sacados del olvido por los primeros exploradores europeos. Luxor se reparte entre las dos orillas del Nilo, oriental y occidental. En el lado este está el pueblo, con los bazares y los templos de Luxor y Karnak, famosos desde la antigüedad, y que atrajeron numerosos visitantes desde época griega y romana. En la orilla occidental se sitúa la parte fantástica y misteriosa, la necrópolis tebana, sin duda el yacimiento arqueológico más importante del mundo.
Los templos egipcios son un organismo vivo, en mutación perpetua, al que cada soberano aportaba su homenaje de piedra. Ningún otro templo constituye un ejemplo mejor que el Templo de Karnak, que fue durante casi dos mil años una obra en construcción permanente. Con sus interminables patios, salas y colosos y un enorme lago sagrado, su escala y complejidad resultan abrumadoras. Desde sus modestos comienzos en la dinastía XI, un faraón tras otro, fueron añadiendo construcciones o transformando las existentes con el fin de dejar su sello en el templo más importante del país. No se reparó en gastos. En la dinastía XIX, unos 80.000 hombres trabajaban en el templo. Permaneció enterrado durante más de un milenio hasta que a mediados del s. XIX, comenzaron las obras de excavación. Dedicado a Amón, posee una extensión de kilómetro y medio de largo por medio de ancho (el edificio religioso más grande el mundo), y se trata de un conjunto de santuarios en cuya construcción se emplearon más de 2.000 años. El complejo se puede dividir en tres bloques: la parte central (la más grande), dedicada al dios Amón, el lado norte, dedicado a Montu, dios de Tebas y, por último, el lado sur, dedicado a Mut. Después de recorrer la Avenida de las Esfinges, con cabezas de carnero (el animal sagrado de Amón), se llega al primer pilono, el más grande de Karnak (113 m largo y 30 m alto), iniciado por la XXX dinastía y continuado con los Ptolomeos. A continuación, un inmenso primer patio bordeado por un pórtico, que reagrupa edificios de distintas épocas. Destaca el Templo de Seti II (1201-1198), con tres pequeñas capillas dedicadas a Amón, a su esposa Mut y a su hijo Jonsu. A la derecha del patio, el Templo de Ramsés III, con un pilono adornado con escenas de ofrendas de prisioneros a Amón, y cuyo claustro interior está rodeado de pilares osiríacos. Justo antes de pasar al segundo pilono, nos encontramos con el Coloso de Ramsés II, una imponente estatua de granito del faraón, acompañado por una de sus hijas, la princesa Be’Anta, que está delante de él. El segundo pilono data, en su estado actual de la época ptolemaica, aunque fue erigido durante el reinado de Horemheb, que también ordenó el inicio de los trabajos de la sala hipóstila de Karnak que viene a continuación, sin duda la estancia más destacada del templo: un espeso bosque de 134 gigantescas columnas de las que solo las doce del eje central se abren a la luz. Sólo por ahí entraba una luz oblicua sobre la penumbra por la que se deslizaban en silencio los pasos de los sacerdotes y sirvientes. Los fustes de las columnas están decorados con escenas de homenaje de los reyes a los dioses de Tebas: la parte izquierda fue decorada en altorrelieve durante el reinado de Seti I; en la parte derecha, las escenas fueron esculpidas en la piedra. Las zonas altas conservan restos de su policromía original. En el exterior de la sala hipóstila están representadas las hazañas militares de Seti I en Siria y Palestina. Después de atravesar cuatro pilonos en mal estado de conservación, se accede al santuario de las barcas sagradas, construido por Filipo Arrideo, hermanastro de Alejandro Magno, compuesto por dos salas cuyos muros interiores y exteriores están decorados con relieves que conservan restos de policromía e ilustran el tema del transporte de barcas, así como diversas escenas de purificación. Llegamos al Templo del Festival, perteneciente a Tutmosis III, que lo construyó para servir de marco a la celebración de la fiesta del Hae-Sed, y fue diseñado a semejanza de la tienda en la que se vivía durante sus campañas militares. En el séptimo pilono encontraremos la gigantesca estatua que representa el escarabajo sagrado, de la época de Amenofis III. Cuenta la leyenda, que si dais varias vueltas a su alrededor se os cumplirá el deseo. Un poco más adelante llegaremos al lago sagrado, una gran extensión de agua unida al Nilo por un canal subterráneo, que evocaba el océano primordial del cual surgió la primera colina. Servía para representar dramas litúrgicos, en los que aparecían las barcas. Los sacerdotes mantenían en él un grupo de ocas sagradas.
Situado a la ribera del río, en el centro de la ciudad, se encuentra el Templo de Luxor, que constituye un elegante ejemplo de la arquitectura faraónica. Dependía del de Karnak y era llamado el “Harén meridional de Amón”. Es la única construcción en el mundo en la que aparecen monumentos de época faraónica, grecorromana, copta e islámica. Dedicado a la tríada de dioses tebanos (Amón, Mut y Jonsu), se completó durante el reinado de Amenofis III y tiene partes añadidas por Ramsés II. Aunque posteriormente fue modificado por otros soberanos como Alejandro Magno, mantuvo una gran coherencia arquitectónica, a diferencia del templo de Karnak. En el s. III d.C. se instaló en el mismo un campamento romano que más tarde fue abandonado. Los siglos lo cubrieron de arena y vegetación, y una aldea se instaló en su interior. De aquella población queda la mezquita de Abu al Haggag, del s. XIII. Accederemos al templo a través de la avenida de esfinges que en el pasado se extendía entre Luxor y Karnak. En la entrada nos encontramos el gigantesco primer pilono, decorado con escenas de la victoria de Ramsés II sobre los hititas en la famosa batalla de Qadesh (Siria) en el año 1285 a.C. Dos enormes estatuas negras de Ramsés II, y un obelisco de granito rosa de 25 m de altura flanquean la entrada al templo. Originalmente eran dos los obeliscos, pero el otro fue retirado a principios del s. XIX, y colocado en la plaza de Concordia, en Paris, regalo del soberano Mohamed Ali al pueblo de Francia. Pasado este pilono llegamos al patio de Ramsés II, en una de cuyas esquinas se alza la mezquita de Abu Al Haggag. Dos ilas de columnas papiriformes rodean el patio, con grandes colosos de Ramsés II intercalados entre ellas. Al fondo del mismo, llama la atención una escena realista que muestra la inauguración de las construcciones de Ramsés. Nos encontraremos también con dos estatuas en granito de Ramsés II acompañado por su esposa Nefertari, que nos conducen a la majestuosa columnata de Amenofis III. Los muros de esta estancia fueron decorados durante el reinado de Tutankamón y Horemheb, y describen la fiesta anual de Opet, durante la que los dioses Amon-Ra de Karnak, acompañado de su esposa Mut y su hijo Jonsu, visitaban a Amon-Min en Luxor, con el propósito de reafirmar los lazos existentes entre Amon-Ra y el faraón, la “encarnación viviente de Horus sobre la tierra”. Se celebraba todos los años en el mes de Paofi, segundo mes de la inundación del Nilo. La columnata da paso al patio de Amenofis III, con sus filas de columnas papiriformes, las más elegantes y mejor conservadas del templo. La última parte del templo está dividida en cuatro antecámaras con habitaciones auxiliares. A continuación, un santuario romano, seguido de la estancia del nacimiento, cuyos relieves describen el “Nacimiento Divino” de Amenofis III. Finalmente, el santuario de las barcas sagradas que fue modificado por Alejandro Magno para hacer de él una capilla en su gloria, en la que se le puede ver en compañía de los grandes dioses del panteón egipcio. En el extremo sur del conjunto está el sanctasanctórum, cuyo techo casi ha desaparecido.
Posteriormente, embarcaremos en nuestra motonave Nile Premium y tendremos el almuerzo.
Por la tarde tenemos la visita del Museo de Luxor, un pequeño y bonito museo, uno de los más modernos y mejor diseñados de Egipto, con una iluminación de los objetos digna de destacar. Contiene una selección de importantes hallazgos descubiertos en los yacimientos de Luxor y Karnak. A la entrada nos encontraremos con una estatua de Amón, con los rasgos reconocibles de Tutankamón, que data de la época en que este faraón llevó a Tebas la corte de Tell el Amarna, la capital herética de Akhenatón, restaurando al clero de Amón en sus prerrogativas. Un busto de Amenofis III de granito rojo con gesto elegante y autoritario y la cabeza de la diosa Hathor, procedente de la tumba de Tutankamón. En la Sala C, hay alrededor de 20 importantes obras, de la que destacamos una auténtica obra maestra, como es la estatua de esquisto de Tutmosis III, descubierta en Karnak, en la que la majestuosidad y perfección física son acompañadas de un admirable dominio técnico. En las vitrinas D, una cabeza de Osiris, de gran delicadeza que data de la XXV dinastía. En la Sala E, destacamos un busto que representa a Amenofis III de joven, con un tocado barroco y dos modelos de barcas funerarias procedentes de la tumba de Tutankamón. La Sala F, la estatua de Amenhotep, legendario personaje de la XVIII dinastía fiel servidor de Amenofis III al que los egipcios asimilaron a una divinidad. La Sala H, contiene un monumental busto de Akhenatón, con rasgos deformados, que le dan una exagerada expresión de suavidad a su rostro. También contiene una reconstrucción de un muro de un templo construido por Akhenatón: un gigantesco puzle de 238 bloques que describen escenas de la vida diaria durante el reinado de Akhenatón y muestran al faraón hereje y a su esposa Nefertiti, realizando ofrendas a Atón, el dios del disco solar. También podremos ver a los obreros trabajando en el templo o al faraón en compañía de sus cortesanos, representados a una escala más reducida, que acuden a rendirle homenaje. A la salida, en la planta baja, se añadió una nueva sala que exhibe una colección de 24 estatuas del Imperio Nuevo, magníficamente conservadas que fueron descubiertas en el templo de Luxor en 1989. Se cree que los sacerdotes enterraron estas estatuas para dejar espacio a otras nuevas. Destaca la de Amenofis III de 2,5 m y otra de los dioses Mut y Amon.
Finalizada la visita, regresamos a la motonave.
Noche a bordo de nuestra motonave Nile Premium.
Día 4, martes, 9 de marzo de 2027: Crucero Nilo: Valle de los Reyes
Pensión Completa a bordo de la motonave Nile Premium.
Hoy cruzamos a la orilla occidental del Nilo para visitar el VALLE DE LOS REYES, la necrópolis más famosa del Antiguo Egipto. De entre sus incontables joyas, tendremos la oportunidad de visitar tres tumbas reales (por determinar, ya que se abren y se cierran de forma rotativa), el templo de Hatshepsut, una obra maestra con un diseño único. Posteriormente el Templo funerario de Ramsés III, el templo funerario de este faraón, muy bien conservado que funcionó también como ciudadela. Después de despedirnos de los Colosos de Memnón, los centinelas del Valle, embarcaremos en nuestra motonave, para comenzar nuestro crucero por el Nilo.
Para los antiguos egipcios, Tebas, la ciudad de los vivos estaba emplazada en el lado oriental del río, siendo éste el reino del dios Amón, cuyo hijo terrenal era el faraón. Pero en la otra margen del Nilo, donde se pone el sol, se hallaba la gran necrópolis de la capital. Este era el reino de Osiris, Señor del Más Allá, que fue utilizado como lugar de inhumación por los soberanos de Egipto desde Tutmosis I (1493-1481 a.C.), hasta Ramsés XI (1099-1069 a.C.), que cierra la XX dinastía. El valle, en realidad, se compone de dos valles, el Valle Este, donde hallan las tumbas enumeradas con el código KV –Valle de los Reyes–, y el Valle Oeste o Valle de las reinas. El Valle de los Reyes está dominado por la colina Tebana conocida como Meretseger o “La que ama el silencio”, que está rematada por una cima en forma de pirámide natural. Debido a los continuos saqueos que sufrían los lugares de enterramientos, los faraones decidieron cambiar la forma de estos, en busca de un sistema que les permitiera mantenerse fuera del alcance de los ladrones. Por ello eligieron este lugar, donde excavaron largos pasillos y cámaras funerarias con relatos simbólicos del viaje de los muertos hacia el inframundo y con pinturas rituales que ayudarían a los faraones en el más allá.
La entrada al recinto del VALLE DE LOS REYES, nos da derecho a la visita de tres tumbas reales. En estos momentos no podemos precisar qué tumbas se podrán visitar, ya que son 10 las que se exponen al público, y las cierran y abren de forma rotativa para su conservación. Dentro de estas tumbas no están incluidas (y tienen entrada aparte), la de Tutankamón, la de Ramsés VI y la de Seti I.
Emergiendo entre los áridos riscos de la colina de Deir el-Bahari, y parcialmente hundido en la roca, el templo de Hatshepsut nos resultará sobrecogedor. A pesar de la restauración, excesivamente radical que llevaron a cabo un equipo de arqueólogos polacos en 1961, el templo es majestuoso. Ya los antiguos egipcios lo llamaron “sublime de los sublimes”. Resultó dañado por Ramsés II y sus sucesores y, más tarde, los cristianos lo convirtieron en monasterio (de ahí el nombre de Deir el-Bahari, que significa monasterio del norte). Junto al templo principal se hallan las ruinas del templo de Mentuhotep II, soberano de la dinastía XI y unificador de Egipto, y el templo de Tutmosis III, de la dinastía XVIII. El plano del templo es único en toda la historia egipcia: una sucesión de tres terrazas (de las cuales, solo se pueden visitar las dos primeras), adornadas con pórticos cuyas columnas están talladas en la caliza más fina y se integran de maravilla en un entrante de la montaña tebana. En la tercera terraza, la capilla funeraria dedicada a Amón, penetra en la montaña. Senenmut se hizo cavar cerca su propia tumba, cuya profunda cámara subterránea se encuentra sobre la primera terraza del templo. La Primera Terraza, estaba conectada al río por un canal, prolongado por una avenida bordeada de esfinges, con la efigie de la reina. Una rampa conduce a la Segunda Terraza, que es sostenida por un pórtico dividido en dos partes: a la izquierda se levanta una capilla dedicada a la diosa Hathor, que presenta un vestíbulo sostenido por columnas y pilares hathóricos, seguido de una sala hipóstila también con columnas de Hathor. En la parte sur del pórtico, aparece descrita en bajorrelieves pintados (son copias, los originales se encuentran en el Museo de El Cairo), la famosa expedición al país de Punt.
A continuación, visitaremos el complejo Medinet Habu, que debe su nombre a un pequeño pueblo copto que ocupaba sus ruinas, y que reúne un conjunto de construcciones que se remontan a épocas muy diversas, desde la XVIII dinastía hasta la época romana. A finales de la época ramésida, Medinet Habu era el centro religioso y económico de la orilla izquierda tebana, con su propio alcalde y su propia policía. Se trataba de un verdadero templo-ciudad, que incluía almacenes, talleres, locales administrativos y viviendas para los sacerdotes y los funcionarios. El visir tenía allí despachos y presidía el tribunal de justicia. La parte más impresionante, y que visitaremos es el enorme Templo funerario de Ramsés III, casi completamente conservado, es el ejemplo más perfecto de los templos funerarios de la dinastía ramésida. El templo tomó como modelo el edificado un siglo antes por su antepasado Ramsés II, por el que sentía gran admiración. Posee una torre fortificada que custodia el acceso, lo que le da un aire militar, que es excepcional dentro de la arquitectura religiosa egipcia. Antes de pasar el primer pilono, se pueden ver las Capilla de las Divinas Adoradoras de Amón, con relieves que muestran escenas de ofrendas. El primer pilono, muestra representaciones rituales de la matanza de prisioneros: asiáticos a la derecha, y nubios y libios a la izquierda. Hay que destacar, en la cara posterior, una espectacular escena de caza, donde puede verse al rey acosando con su carro a un toro salvaje en las ciénagas. Es una obra maestra en su género. El primer patio, bordeado por un pórtico de fuertes pilares osiríacos, posee bajorrelieves que muestran al ejército del faraón aniquilando a los pueblos enemigos, los libios y los Pueblos del Mar. El segundo pilono, por la parte interior, muestra al faraón en un día de cacería y en el exterior a unos cautivos junto a Amón y Mut. A continuación, el segundo patio conocido como “Patio de las Fiestas”, rodeado por un pórtico que se sostiene con pilares osiríacos y por columnas macizas. La sala hipóstila, en la que solo se conservan las bases de sus 24 columnas. A la izquierda, una serie de cinco cámaras (acceso prohibido) destinada a almacenar el tesoro del templo. Más lejos otras dos salas hipóstilas, y el naos (sala sagrada) del templo, también en ruinas.
Ya de vuelta, nos detendremos ante los Colosos de Memnón, que permanecen en posición sedente, con las manos sobre las rodillas, desde hace unos 3.400 años. Estas estatuas de cuarcita que representan al faraón Amenhotep III, hoy tienen el rostro desfigurado y el cuerpo deteriorado, pero siguen erguidas con una solemnidad fantasmal, como reafirmando la gloria de la dinastía XVIII, la más próspera de la civilización faraónica. Las estatuas gemelas, de unos dieciocho metros de altura, custodiaban la entrada principal del inmenso templo mortuorio de Amenhotep III, que con los siglos se fue desintegrando a sus espaldas. Los Colosos de Memnón han resistido impasibles a un sinfín de adversidades: terremotos devastadores, inundaciones, vandalismo… Y ahí siguen encarados al Nilo y al sol naciente. A consecuencia de un seísmo en el año 27 d.C., uno de los colosos se agrietó y a partir de ese momento la estatua cantaba por las mañanas. Para los romanos se trataba de un prodigio ante el cual acudieron visitantes como el emperador Adriano. Los griegos atribuyeron el curioso sonido a la mítica figura de Memnón, el hijo de la Aurora que, muerto por Aquila, cobraba vida cada mañana por las caricias de su madre. Pero el talento musical debía estar relacionado con los daños del terremoto, porque en el año 199 d.C., el emperador Septimio Severo mandó reparar la estatua y sus cantos cesaron.
Posteriormente, regresamos a nuestra motonave para zarpar hacia Esna. Por la tarde disfrutaremos de una relajada navegación por el Nilo. Por la noche, cruzaremos la esclusa de Esna, uno de los momentos más curiosos del crucero. Se trata de una infraestructura hidráulica situada a unos 55 km al sur de Luxor, diseñada para salvar un desnivel de aproximadamente 8 a 10 metros en el cauce del río. Los barcos entran en un recinto cerrado donde el nivel del agua sube o baja mediante compuertas para igualarse con el tramo siguiente del río. El proceso técnico suele durar unos 30 minutos, pero el tiempo total puede variar considerablemente dependiendo del tráfico fluvial, ya que solo pueden pasar dos barcos simultáneamente.
Noche a bordo de nuestra motonave Nile Premium.
Día 5, miércoles, 10 de marzo de 2027: Crucero Nilo: Edfu & Kom Ombo
Pensión Completa a bordo de la motonave Nile Premium.
Por la mañana visitaremos el templo de Edfu, ubicado en la ribera occidental del Nilo, es sin duda el mejor conservado de Egipto y el segundo más grande del país. Después de la visita, regresaremos al crucero para continuar hasta Kom Ombo, donde visitaremos una inusual estructura por ser un templo dedicado a dos divinidades distintas: a la derecha dedicado a Sobeck, el dios cocodrilo y a la izquierda a Haroeris, el dios halcón. Finalizada la visita, volvemos a embarcar para continuar nuestra navegación hasta Asuán.
A medio camino entre Luxor y Asuán, junto al Nilo, se alza EDFU, otro de los lugares sagrados en el Antiguo Egipto, pues según un antiguo mito, fue aquí donde el dios halcón Horus libró un feroz combate con su tío Seth que había asesinado a Osiris, padre del primero. Capital del segundo nomo del Alto Egipto (el Antiguo Egipto estaba dividido administrativamente en provincias o nomos), Edfu fue una ciudad importante en el Imperio Antiguo. Conocida por los egipcios como Dyeb y por los griegos y romanos, como Apolinópolis Magna, era la sede de Horus, simbolizado por un disco solar alado.
A la llegada, desembarcaremos y nos trasladamos en calesa al Templo de Horus, el mayor y mejor conservado santuario construido en la época de los Ptolomeos. Si bien data de la historia tardía de Egipto, cuando los dueños del país eran extranjeros, Edfu no ofrece ninguna muestra de decadencia o empobrecimiento artístico o espiritual. Al contrario, parece el desenlace de varias tradiciones milenarias y, como en ningún otro santuario, se pueden restituir con la imaginación los rituales diarios de los sacerdotes a través de sus salas, con muros y decoración todavía intactos. Permaneció enterrado bajo la arena durante casi 2.000 años, de ahí su buen estado de conservación. Su construcción comenzó en el reinado de Ptolomeo III en 237 a.C., pero no se consagró hasta el año 142 a.C. Fue ampliado en tiempos de Ptolomeo XII (80-51 a.C.). Esta construcción resulta de gran interés para los egiptólogos, ya que es una reproducción exacta de templos antiguos. Llegamos al imponente primer pilono de 36 m de altura, decorado con escenas que retratan a Ptolomeo XII derrotando a sus enemigos en presencia de Hathor y Horus. Estos relieves, rudos y sin gracia, son los menos esmerados de todo el conjunto. Dos elegante estatuas de Horus de granito negro flanquean el pilono, cuya entrada conduce a un patio rodeado por un peristilo en tres de sus lados. La primera sala hipóstila, cuyo techo está sostenido por doce columnas, muestra además de escenas litúrgicas, imágenes de las divinidades y de sus santuarios más conocidos. En unas de las paredes, hay hermosas escenas de procesión de barcas sagradas. Detrás se encuentra una segunda sala hipóstila, más pequeña, con tres cámaras a ambos lados, la primera estaba destinada a recibir los recipientes de agua lustral (que se utilizaba en las ceremonias), la segunda servía de laboratorio, donde se preparaban los ungüentos y perfumes de los ritos y la tercera, donde se guardaban las ofrendas de los dioses antes de ser llevadas a la sala de las ofrendas. Los muros de la escalinata están bellamente decorados con escenas de la fiesta del Año Nuevo, que se celebraba en todos los templos de Egipto. El primer día del año, unos sacerdotes en procesión transportaban la estatua del dios tutelar al tejado del templo para que el sol la revitalizara. Más allá de la sala de las ofrendas se encuentra el santuario de Horus, con un altar de granito negro. Está rodeado de diez capillas, cada una dedicada a una divinidad, con excelentes relieves (algunos todavía conservan parte de su policromía original), y en una de ellas se encuentra una réplica de la barca sagrada de Horus.
Finalizada la visita, regresamos a nuestra motonave.
Seguimos remontando el Nilo, hasta llegar a KOM OMBO, cuyo origen se remonta hacia la XVIII dinastía, cuando Tutmosis III construyó un pequeño santuario. Los griegos la denominaron Ombos y fue durante los Ptolomeos cuando conoció su mayor apogeo, sobre todo con el desarrollo de la agricultura. En esta pacífica ciudad agrícola, rodeada de campos de cereal y caña de azúcar, habitan muchos nubios desplazados de sus hogares por la construcción de la presa de Asuán que originó el lago Nasser.
Visitaremos el Templo de Kom Ombo, un romántico santuario grecorromano que, a pesar de encontrarse en ruinas, resulta imponente, sobre todo por su hermosa ubicación a orillas del Nilo. El edificio es completamente simétrico, con dos entradas, dos salas y dos santuarios. Esta inusual estructura se debe a que está dedicado a dos dioses: el lado izquierdo al dios halcón Haroeris (Horus viejo) y el derecho a Sobek, deidad local con cabeza de cocodrilo. Ptolomeo VI comenzó la construcción del templo en el s. II a.C., aunque fue Ptolomeo XII quien la concluyó un siglo después. El emperador Augusto añadió el pilono de la entrada, hacia 30 a.C. Desde el antepatio, en ruinas, dos puertas conducen a la sala hipóstila, con escenas protagonizadas por Haroris, en el muro izquierdo y por Sobek en el derecho. Las columnas están talladas con el loto del Alto Egipto y el papiro del Delta. Un conjunto de salas y vestíbulos conduce a los santuarios de Haroris y Sobek. En una de las paredes internas del corredor exterior, hay un relieve de la época de Trajano y donde aparecen los instrumentos de cirugía empleados en aquel tiempo. Hay otro relieve en la parte derecha de la sala hipóstila que nos muestra el calendario egipcio. La famosa Cleopatra VII también está representada en uno de los relieves de la sala hipóstila.
Junto al templo se halla el Museo del Cocodrilo, dedicado a Sobek, el dios con cabeza de cocodrilo. En el mismo se expone una vasta colección que incluye más de 20 cocodrilos momificados de diferentes tamaños (desde pequeños reptiles hasta gigantes de más de 4 metros de longitud). La muestra se complementa con huevos, fetos de cocodrilo, sarcófagos de madera y estatuas de granito en honor al citado dios Sobek.
Posteriormente, regresamos a la motonave y continuamos nuestra navegación hasta Asuán.
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Día 6, jueves, 11 de marzo de 2027: ASUÁN: Philae & Poblado Nubio
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A la llegada a Asuán visitaremos el templo de Philae, dedicado a Isis, es uno de los complejos monumentales más bellos y románticos de Egipto, tanto por su ubicación en una isla como por su excelente estado de conservación. A continuación, nos desplazaremos a la cantera de granito, donde podremos ver el obelisco inacabado, de 42 metros de largo, el monumento más grande del Antiguo Egipto. Por la tarde realizaremos un paseo en faluca (típicos veleros egipcios), y finalmente visitaremos Gharb Soheil, un colorido y vibrante poblado nubio en la orilla del Nilo.
Situada a poca distancia de la primera catarata del Nilo, ASUÁN (Syene para los autores clásicos) es la ciudad más meridional de Egipto. Se erige en la zona más hermosa del Nilo, donde el desierto casi se acerca al borde del agua y el río está jalonado de islas en un baile incesante de altas velas triangulares de las falucas. Alberga una numerosa comunidad Nubia y su relajado ambiente la convierte en uno de los lugares más tranquilos de Egipto. Desde el Imperio Antiguo (2575-2143 a.C.), se estableció en este enclave estratégico una guarnición militar que servía de base a las incursiones bélicas en Nubia y Sudán y protegían las rutas comerciales que aportaban a Egipto valiosos productos de África, como marfil, ébano, pieles o incienso. También es aquí donde se realizaban estatuas y obeliscos de granito rosa y gris, extraídos de las canteras de las faldas de las colinas orientales, que hicieron célebre a Asuán desde la Antigüedad egipcia hasta la época romana. Asuán conservó la función de puesto fronterizo mucho tiempo después de la desaparición del último faraón. Los romanos mantuvieron en la ciudad una guarnición, principalmente para contener las incursiones de los blemmyes, últimos fieles del culto faraónico, que siguieron adorando a Isis en el templo de Philae hasta el s. VI. Ya en la actualidad, la ciudad comenzó a ser conocida mundialmente a principios de los años sesenta, gracias a la construcción de la Alta Presa, lo que ocasionó una llegada masiva de ingenieros, arquitectos y trabajadores que contribuyeron a que la ciudad recobrara su animación.
En medio de las dos presas, en la isla de Agilkia se halla uno de los santuarios más bonitos del Antiguo Egipto, el Templo de Philae, conocido como “la Perla de Egipto”. Se trata de uno de los lugares más mágicos de todo el país. Este templo data de la época ptolemaica y romana, y está dedicado a Isis, la Gran Maga, la diosa cuyos misterios fueron difundidos por toda la cuenca mediterránea y encontraron su último refugio en el Occidente cristiano. Antes de la construcción de la primera presa de Asuán, los viajeros del siglo XIX no escatimaban elogios a la encantadora belleza del paraje, pero la puesta en marcha de la primera presa en 1902, aseguraba al templo una muerte lenta, ya que solo durante los dos meses al año en que se abrían las compuertas del lago, las partes altas del santuario de Isis emergían del agua. Pierre Loti, al escribir La muerte de Philae, llora por el fin seguro del templo, ofreciendo una visión romántica de las barcas navegando entre capiteles, extrañas imágenes de pilones de piedra que parecen islotes; pero en 1960 un nuevo peligro amenaza con hacer desaparecer para siempre el monumento: la nueva presa de Asuán. En esta ocasión, la comunidad internacional reacciona y se decide desplazar el templo. En 1974 comienzan los trabajos y los edificios abandonan, piedra a piedra, la isla de Philae para ser montados de nuevo en el islote de Agilkia, muy cercano y fuera del agua durante todo el año. En marzo de 1980 se celebra la inauguración, el segundo nacimiento del templo. Han colaborado 22 Estados; se han desplazado 45.000 bloques de piedra y Agilkia ha sido remodelada para que parezca una copia exacta de la isla original. El lugar es profundamente nostálgico y conmovedor. Aquí se grabó, en el año 437 d.C., el último texto jeroglífico. Muchos años después de que el cristianismo comenzara a difundirse, aquí practicaron los últimos sacerdotes egipcios sus postreros misterios. Los “paganos” de Philae seguían creyendo en la antigua religión. Llegaban peregrinos de Nubia para hacer ofrendas a la gran diosa, a Isis, cuya mágica sonrisa sigue hechizándonos todavía. En el año 550, Justiniano ordenó cerrar el templo. Los escribas fueron expulsados, los sacerdotes linchados y se derribaron las puertas del santuario. Los cristianos quisieron destruirlo todo porque odiaban a Isis, a la diosa, a la Mujer. El naos fue profanado, y la sala de columnas se convirtió en iglesia.
La visita comienza por la parte oeste, donde se ubica el palacio de Nectarebo I y una columnata de la época romana, que nos conducirá hasta el Templo de Isis, la parte principal del complejo. Construido a finales del período ptolemaico y comienzos del romano, este enorme templo está decorado de forma clásica combinando de forma armónica elementos grecorromanos y egipcios. Ptolomeo XII Neo Dionisios (padre de Cleopatra), construyó el primer pilono, con escenas en las que aparece matando a sus enemigos mientras es observado por Isis, Horus y Hathor. El pórtico está adornado con cartuchos con el nombre de Nectánebo I. El patio del santuario se halla bordeado por un pórtico que precedía a la biblioteca del templo. A la izquierda, unas columnas hathóricas indican el Mammisi, lugar donde se cumplía el misterio del nacimiento divino de Horus. También se puede ver un bloque de granito monolítico que fue tallado a la manera de una estela, que lleva una inscripción que recuerda las donaciones de Ptolomeo IV (221-203 a.C.) al clero local. En el primer pilono se pueden observar numerosas inscripciones en griego dejados por los visitantes de la época romana. Cerca se halla el nilómetro, una construcción escalonada, cuya función era medir el nivel de las aguas del río Nilo. El segundo pilono, de 22 m de altura, representa relieves de cautivos bajo el control de Ptolomeo XII. La sala hipóstila, fue convertida en iglesia en el período cristiano, y el obispo Teodoro Teodosio, ordenó martillear los relieves de las paredes. Posteriormente se añadieron los destrozos de los soldados de Napoleón. La parte exterior del templo de Isis, está decorado con escenas de ofrendas grabadas en el reino de Augusto y Tiberio. En el extremo oeste, se encuentra la Puerta de Adriano, que posee los últimos jeroglíficos egipcios conservados (del año 394 d.C.). Hacia el sur se encuentra el elegante Quiosco de Trajano, una construcción de 14 columnas con escenas del emperador romano quemando incienso ante Isis y Osiris, que nunca llegó a finalizarse.
Posteriormente, nos trasladamos a las Canteras de Granito Rosa, que hizo famosa la ciudad de Asuán en la antigüedad. De aquí se extrajo el conocido como obelisco inacabado que, de haber sido completado, habría pesado 1.200 toneladas y llegado a una altura de 42 metros. Se tallaron tres lados, antes de descubrir una grieta en la piedra que obligó a abandonar su construcción. Al parecer fue mandado tallar por la reina Hatshepsut. Este estado inacabado, permite comprender mejor los procesos de extracción que utilizaban los egipcios para los templos antiguos. En primer lugar, se hacían una serie de marcas alrededor del bloque que se pretendía extraer, y entonces se clavaban estacas de madera. A continuación, se mojaban las estacas que, al hincharse, hacían que la piedra se rajara. El bloque se decoraba entonces en el lugar, y después era arrastrado hasta las orillas del Nilo y subido a una barca, que estaba en terreno seco. La llegada de la crecida las ponía a flote, y así era posible transportarlos.
Al finalizar la visita, regresamos a nuestra motonave para almorzar.
Después de un breve descanso, navegaremos en faluca por el Nilo, una de las actividades más fascinantes que se pueden realizar en Egipto. Las vistas del Nilo son un espectáculo continuo, un vergel lleno de belleza y de sugerencias, con escenas casi inalterables desde hace siglos y siglos, como una mirada al pasado. La faluca es una embarcación pequeña de vela con un mástil central. Su uso se generalizó en muchas regiones del Cercano Oriente y África del Norte, ya que por su naturaleza es especialmente adecuada para la navegación en ríos. Pero en Egipto no es simplemente un medio de transporte, sino que es mucho más. Los egipcios se han desplazado desde siempre por el Nilo en este tipo de embarcaciones. Navegaremos en lo que será un tranquilo paseo alrededor de la isla de Kitchener o isla de las Flores, la isla Elefantina y la orilla desértica del Nilo con la silueta del mausoleo del Aga Khan al fondo.
A continuación, visitaremos el poblado nubio de Gharb Soheil, donde descubriremos la vida cotidiana de los nubios, el pueblo más auténtico de Egipto. Los nubios han pagado un carísimo precio por satisfacer los intereses de Egipto. Perdieron sus casas y su hogar, y gradualmente están perdiendo su particular identidad y tradiciones. Aun así, lo que va quedando de la cultura nubia es apasionante. Su música, famosa por su sonido único, posee un ritmo y armonía únicos. Los nubios del sur de Egipto hablan, además del árabe, el nobiin, lengua que parece provenir de la antigua Nubia y la hablan más de 600.000 nubios en Egipto y el norte de Sudán. No tienen una ortografía estándar y se escribe con letras latinas y árabes. El plan para recuperar el antiguo alfabeto nubio forma parte de la reivindicación de la identidad nubia. Su arquitectura es peculiar: sus casas están hechas con adobe y, a menudo tiene techos abovedados y más al sur techos planos de hojas de palmera. Están enlucidas o encaladas, y llenas de decoración, incluidos platos de cerámica. Normalmente se pintan con muchos colores con dibujos geométricos.
Al llegar al poblado, descubriremos la singular belleza de los nubios, cuyos ojos y piel oscura parecen encerrar todo el misterio del Antiguo Egipto. Recorreremos sus encantadoras calles en las que se extienden llamativas casas tradicionales, sus puestos de comida y especias, y disfrutaremos de la proverbial amabilidad de sus habitantes. Sus habitantes nos abrirán las puertas de sus casas para que podamos contemplar su decoración interior, con sus vivos colores, y un gran patio donde nos invitarán a productos típicos, tomaremos contacto con la música Nubia, y podrás hacerte, si lo deseas, un curioso tatuaje con henna, para no olvidar esta experiencia.
Durante el resto de la tarde podremos disfrutar de esta agradable ciudad del sur, paseando por sus concurridas calles o comprando en su importante mercado, donde podremos adquirir todo tipo de recuerdos.
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Día 7, viernes, 12 de marzo de 2027: ASUÁN – Abul Simbel – ASUÁN
Desayuno buffet en motonave Nile Premium. Almuerzo en hotel Seti Abu Simbel. Cena libre.
A primera hora de la mañana, visitaremos la Presa de Asuán una colosal obra de ingeniería moderna. Posteriormente, partimos en autobús hacia Abu Simbel, que se halla a 280 km, y que recorreremos en aproximadamente 3 horas. Después de almorzar visitaremos este extraordinario complejo arqueológico compuesto por los templos de Ramsés II y su esposa Nefertari dos extraordinarias construcciones excavadas en la roca y que fueron salvados de quedar sumergidos en las aguas del Nilo por la construcción de la presa de Asuán. Finalizada la visita regresaremos a Asuán en autobús, donde llegaremos alrededor de las 19.30 horas.
Por la mañana partimos por carretera con destino a Abu Simbel. Antes, realizaremos una parada para visitar la Gran Presa de Asuán. Para llegar a ella, cruzaremos primero la antigua presa construida por los británicos entre 1898 y 1902. Con casi dos mil metros de longitud, en su época fue la mayor obra de este tipo del mundo. Con el fin de aumentar sus capacidades, fue ampliada en dos ocasiones, la última en 1934. Su función era regular el curso del Nilo, reteniendo agua a finales de la crecida para liberarla en primavera, cuando la sequía se hacía notar. Conserva esa función, ya que la Gran Presa está reservada a la producción de electricidad. A unos 8 km de la antigua, se encuentra la Gran Presa, una obra colosal, una de las mayores del mundo en su género. Con la llegada al poder de Gamal Abd El Nasser (1918-1970), se decide afrontar una construcción de una envergadura comparable a las de los antiguos faraones. Puesto que los europeos se negaron a financiar el proyecto, Nasser se vio obligado a solicitar ayuda a la URSS. En 1964, las aguas del Nilo, definitivamente cortadas, entraron en un canal de derivación. En 1972, la obra fue inaugurada por los presidentes Sadat y Podgorny. La obra en sí, se trata de una montaña de roca y arena de dimensiones impresionantes: su profundidad en la base es de 980 m y 40 m en la cumbre, longitud de 3.600 m y altura de 111 m, con un volumen total de 42.7 millones de m3. Su función es alimentar una central hidroeléctrica de 12 turbinas; en caso de necesidad, puede soltar agua hasta 11.000 m3/por segundo, algo único en el mundo. De esta forma se creó el lago Nasser, un lago artificial de casi 500 km de largo, de los cuales, más de 150 se hallan en territorio sudanés y 5.250 km2. Su anchura media es de 10 km, y máxima de 30 km. El incremento de la producción agrícola y de energía hidroeléctrica ha salvado a Egipto de la miseria. Pero también ha habido efectos negativos. Por un lado, el desplazamiento de una población de más de sesenta mil personas que vivían hasta entonces más arriba de Asuán, y que vieron cómo su región, Nubia, sus tierras y sus pueblos se hundían bajo el agua. Fueron realojados en nuevos pueblos, tanto en Asuán como en la zona de Kom Ombo; otros partieron hacia El Cairo para iniciar una nueva vida. Los templos faraónicos, gracias a los esfuerzos de la comunidad internacional, fueron salvados de las aguas y, muchos de ellos (el más importante el de Abu Simbel) reconstruidos más arriba, a orillas del río. También ha habido consecuencias medioambientales, la más evidente, es que todo el limo que ha sido un fertilizante natural de la tierra durante milenios, ahora queda retenido en el lago Nasser, obligando a los granjeros a usar fertilizantes químicos potencialmente dañinos. Además, ha aumentado considerablemente la salinidad, convirtiendo en no cultivable una parte importante de las tierras bajas del Delta.
Nos encontramos entre la primera y la segunda catarata del Nilo, en lo que se ha dado en llamar la BAJA NUBIA. El nombre de Nubia deriva de los Nubae, gente del sur, y se trata de una fértil región entre dos desiertos. Fue conocida por los egipcios como el País de Kush, lugar de paso para llegar hasta Punt (actual Etiopía). Durante muchos siglos Nubia fue la principal ruta comercial entre Egipto y África subsahariana. Por ella pasaban la mayor parte de las materias primas como el oro, maderas, especias, marfil, ébano, y hasta fue testigo del tráfico de pigmeos. Ya en la VI dinastía la zona estaba ocupada por pueblos seminómadas, cuyas incursiones en las zonas cultivadas provocaban frecuentes represalias. El territorio fue dominado por Egipto a partir de la dinastía XI. Los romanos, con la llegada de Augusto, saquearon sus templos. El cristianismo entró en el s. VI, y cuando el islam fue ganando terreno, los cristianos buscaron refugio en el sur.
Para afianzar su presencia en Nubia, Ramsés II edificó allí varios templos, entre los que destaca el de Abu Simbel, dedicado a Amón, Re-Horakhty, Ptah y al propio Ramsés deificado, y el de su esposa Nefertari dedicado a la diosa Hathor. Ramsés II (1300-1235 a.C.), tercer faraón de la dinastía XIX, fue coronado en 1279 a.C., acometiendo durante su reinado un programa constructivo sin precedentes. El país se llenó desde Nubia hasta Libia y Palestina de nuevos edificios religiosos, estelas, inscripciones, obeliscos y estatuas en su honor. Ramsés II fue un maestro en el uso de la propaganda, y para engrandecerse a sí mismo, no dudó en usurpar edificios, inscripciones y estatuas de monarcas anteriores, incluido su propio padre, Seti I. Aparte de una cierta megalomanía, el rey quería hacer ver a sus súbditos que era el brazo fuerte y dominador. Después de sus victorias contra los hititas, que le permitieron consolidar sus dominios en Palestina y Siria, el dilatado reinado de Ramsés II tuvo una etapa de paz y prosperidad que tendría su reflejo en las portentosas realizaciones arquitectónicas como los templos de Abu Simbel, la sala hipóstila de Karnak o el Ramaseum en el Valle de los Reyes. El soberano contrajo matrimonio en varias ocasiones. Su primera esposa, y favorita fue Nefertari, que murió tempranamente. Al igual que otros faraones, poseía además un vasto harén, y se dice que en su larga vida llegó a tener más de cien hijos. A su reinado corresponde, según sostienen algunos historiadores, el primer “éxodo” de los judíos. Fue sin duda el último gran faraón, ya que sus sucesores, Merenpta y Ramsés III, se vieron obligados a llevar una política defensiva para mantener la soberanía en Palestina.
Los templos de ABU SIMBEL son las obras más extraordinarias de la serie de santuarios que dejó Ramsés II más arriba de la Primera Catarata, para indicar el dominio egipcio en el sur. Este complejo de templos excavados en la roca fue finalmente abandonado, quedando enterrado bajo las arenas del desierto con el paso de los milenios. El monumento cayó en el olvido, y solo fue redescubierto en la primera mitad del siglo XIX, por el viajero y geógrafo suizo Johann Ludwig Burckhardt (famoso también por su descubrimiento de Petra en Jordania). Según cierta versión de los hechos, en 1813 Burckhardt remontaba el curso del Nilo cuando vio la parte superior del Gran Templo, que no había quedado totalmente cubierto por la arena. En otra versión del relato, el estudioso suizo fue llevado al lugar por un muchacho egipcio llamado Abu Simbel, nombre que daría más tarde Burckhardt al templo en su honor. Burckhardt comentó su descubrimiento al legendario explorador italiano Giovanni Belzoni, quien viajó al lugar, pero fue incapaz de excavar una entrada que permitiera el acceso al templo. Belzoni regresó en 1817 y esta vez tuvo éxito, y aprovechó para llevarse todos los objetos de valor que pudo transportar. En la década de 1960, el templo de Abu Simbel estaba amenazado por la construcción de la Presa Alta de Asuán. Se decidió desmontarlo para reconstruirlo a continuación en una nueva localización. Esta tarea, que dio comienzo en 1964, finalizó en 1968, y está considerada como una de las mayores gestas de la ingeniería arqueológica. Un detalle que se tuvo en cuenta en la reconstrucción: la orientación del templo fue calculada de modo que, durante dos períodos del año (entre el 10 de enero y el 30 de marzo, y entre el 10 de septiembre y el 30 de noviembre), los rayos del sol penetran hasta muy adentro en el santuario; y dos veces al año, el 22 de octubre y el 20 de febrero (60 días antes y 60 días después del solsticio, respectivamente), acuden a acariciar las efigies de arenisca. En febrero, la luz toca primero a Amón y después se desplaza hasta la estatua de Ramsés. En octubre ocurre lo contrario: los rayos de sol irradian a Ra, y después al rey. De esta forma, los dioses transmiten al rey su poder divino. En cuanto a Ptah, el viejo dios menfita de la Oscuridad, solo su hombro izquierdo es tocado unos instantes por el rayo del sol, permaneciendo su rostro en penumbra. Cuando se reconstruyó el templo en su nueva ubicación, se respetó estrictamente su orientación, con el fin de que la efigie de Ramsés II pudiera seguir siendo revivificada por la irradiación divina.
Visitaremos el Gran Templo de Ramsés II, que se halla presidido por cuatro colosales estatuas de Ramsés II de 20 m de altura cada una, con el rey majestuosamente sentado. A sus pies figuran, a escala reducida, Nefertari y la reina madre, así como los príncipes y las princesas, hijos de Ramsés II. A pesar de la desmesura de los cuatro colosos, sus rostros, bellamente perfilados, expresan con su posición hierática, tan serena como severa, un formidable poderío. Uno de los cuatro gigantes quedó deteriorado por un terremoto en la Antigüedad. Hay gran número de inscripciones dejadas por los viajeros a lo largo de los siglos. Una de ellas, en la pierna del coloso de la izquierda, fue grabada en el s. VI a.C., por un general griego al servicio de Psamético II. Curiosamente, es la inscripción monumental en griego más antigua conocida. El templo está excavado en la roca, con 61 m que se adentran en el interior de la montaña. Una estrecha puerta en la fachada, coronada por una hornacina que alberga al dios solar Ra, nos dará acceso al interior, una amplia sala que es copia del patio de un templo. Se encuentra sostenida por ocho pilares osiríacos de 9,15 m de alto, con la efigie del rey. Los pilares del lado derecho llevan la doble corona del Alto y Bajo Egipto, mientras que los de la izquierda, solo tienen la corona del Alto Egipto. El techo está decorado con buitres y textos reales. Las paredes están adornadas con relieves que celebran todas las virtudes guerreras y pacificadoras del rey. La pared norte (a la derecha) posee una gran composición que recuerda el más celebré hecho de armas del soberano, la “Batalla de Qadesh”, que enfrentó, al entonces joven rey, con los poderosos ejércitos hititas, cerca de la ciudad siria de Qadesh. Podremos ver los diferentes momentos del acontecimiento: desde los preparativos hasta la victoria final. La pared sur de la sala posee relieves que narran la victoria de Ramsés contra el país de Kush, más arriba de la Segunda Catarata. Seguidamente, llegaremos a una sala de menores dimensiones, sostenida por cuatro pilares macizos decorados, como las paredes, con escenas litúrgicas. A continuación, una tercera sala poco profunda, hasta acceder al santuario. En la pared del fondo reinan las cuatro estatuas (Phat, Amón, Ramsés II y Ra-Harajte) que salen de la roca y que los rayos del sol tocan dos veces al año. Delante, un altar que servía de reposo de la barca sagrada.
Situado a unos 150 metros, se encuentra el Templo de Nefertari, esculpido por Ramsés II para su esposa preferida, y además para la diosa de la belleza y del amor, Hathor. En su fachada, encontraremos seis estatuas monumentales, seis colosos en pie, de una altura de 8 m, dos que representan a la reina y los demás al soberano. A sus pies, a menos escala, los hijos reales. Y una novedad que solo podía permitirse el poderoso Ramsés: la reina y el rey aparecen representados uno junto al otro a un mismo tamaño. Y para rematar este himno al amor excavado en la montaña, Ramsés hizo grabar en la fachada del templo la siguiente inscripción: “Nefertari, por cuyo amor sale el sol”. En el interior, una primera sala sostenida por seis pilares con capiteles hathóricos, con distintos relieves de Ramsés II castigando a sus enemigos, o escenas religiosas. En una segunda sala para llegar al santuario. En el muro del fondo podremos observar la figura de la efigie de la diosa Hathor, esculpida en la misma roca bajo su forma de vaca. Se la ve de frente, como saliendo de la montaña, protegiendo la estatua del rey, situada ante ella. Los relieves muestran escenas tradicionales de ofrendas del rey y de la reina, a las divinidades. Su estilo es cuidado y de gran naturalidad, en el que puede leerse la gran alegría de un reinado que comienza y de una pareja real que, en la flor de su juventud, celebra intensamente su belleza y su poder.
Finalizada la visita, emprendemos el regreso a Asuán.
Alojamiento en Tolip Aswan Hotel.
Día 8, sábado, 13 de marzo de 2027: ASUÁN – EL CAIRO
Desayuno buffet en Tolip Aswan Hotel. Almuerzo en restaurante local. Cena en libre.
Después del desayuno visitaremos nuestro último grupo de templos en Asuán: el templo de Kalabsha y el pequeño y elegante Quiosco de Kertassi, ambos de época grecorromana, y el templo de Beit El Wali construido por Ramsés II. Después del almuerzo nos trasladaremos al aeropuerto para tomar el vuelo que nos llevará a El Cairo, nuestro último destino en Egipto.
El emperador Augusto construyó el imponente Templo de Kalabsha en el s. I d.C., sobre otros templos anteriores de Amenofis II y Ptolomeo IX. Dedicado a Mandulis, dios de la fertilidad, aquí está representado con forma humana, con una corona de cuernos de carnero, cobras, plumas y el disco solar. El templo fue desplazado 50 km al norte de su emplazamiento original, en una operación que se realizó en 1970 por un equipo de arqueólogos alemanes. Se alza al oeste de la Gran Presa, en un lugar que, debido al cambiante nivel de las aguas, se convierte a veces en una isla. Con 71 x 35 m es uno de los más grandes de Nubia. El templo sigue el plan estándar, con un gran pilono seguido por un patio abierto, una sala hipóstila, y algunos vestíbulos que preceden al santuario. Desde el borde del agua, una calzada que termina en una escalera de 20 escalones, conduce hasta el primer pilono. La sala hipóstila, sin tejado, destaca por sus capiteles y relieves, en los que aparece Amenofis II ofreciendo vino a Mandulis. El naos, transformado en iglesia a finales del s. VI, se compone de tres cámaras sucesivas, cada una con el techo sujeto por columnas y con la decoración acostumbrada de ofrendas, y el emperador Augusto adorando a Mandulis. La tercera de las cámaras, era el santuario, cuyas paredes conservan el color de la decoración.
Al mismo tiempo que el templo anterior, se trasladaron los deteriorados restos del Quiosco de Kertassi, dos columnas adornadas con la cabeza de Hathor marcan la entrada de este pequeño quiosco que conserva once columnas de capiteles compuestos, unidas por paredes de intercolumnio y una portada con dos pilares hatóricos. En su origen, el quiosco estaba cubierto por un techo de caliza. Su diseño es similar, pero a menor escala, del quiosco de Trajano en Philae.
Cerca de allí se encuentra el Templo de Beit al Wali, que originalmente también se hallaba próximo al templo de Kalabsha. Dedicado al dios Ra, fue construido por Ramsés II, excavado en una pequeña colina. El templo comprende dos recintos, el santuario y el vestíbulo, con techo sustentado por dos columnas acanaladas; se halla precedido por un patio descubierto, con muros decorados con relieves de escenas militares que recuerdan las victorias de Ramsés II; a la derecha, en el lado norte, las escenas se refieren a las campañas contra los libios y los asiáticos; a la izquierda, en el lado sur, representan las guerras contra los etíopes y el pueblo de Kush. Su nombre en árabe significa casa del hombre sagrado, lo que indica que el lugar también se convirtió en ermita durante la época copta.
Después del almuerzo, nos trasladamos al aeropuerto de Asuán para tomar el vuelo MS85 de la compañía EGYPTAIR con dirección EL CAIRO. Salida a las 20h20. Llegada a las 21h50.
Ubicada en las riberas e islas del río Nilo, al sur del Delta, la ciudad de EL CAIRO, es la capital de Egipto y la mayor urbe de África y Oriente Medio. Al sudeste se encuentra la antigua necrópolis de Menfis y la meseta de Gizeh, con sus monumentales pirámides; al sur, el lugar donde hace muchos siglos existió la ciudad de Menfis. La primera capital de Egipto, llamada Heliópolis por los griegos, se construyó al norte del actual Cairo hace más de seis mil años. Dieciséis siglos después, Menes unificó el país y se construyó una ciudad llamada Mennofer, Menfis para los griegos, al sur de la ciudad actual. Esta fue extendiéndose hacia el norte a lo largo de la orilla oriental del río y, debido a la importancia de su localización junto al delta del Nilo, desde entonces se convirtió en el centro del poder político. La ciudad actual fue fundada realmente en el año 116 a.C., en lo que hoy se conoce como Viejo Cairo, donde los romanos reconstruyeron una antigua fortaleza persa junto al Nilo. Este asentamiento es conquistado por el califa Omar en el 639, convirtiéndose en una base militar que recibió el nombre de El Fustat (“tienda”), y donde se fueron instalando artesanos y comerciantes. En el 750 los abasíes aniquilan a los omeyas. En el 969 llegaron los fatimíes, conquistadores chiitas llegados del norte de África, que la bautizaron como Al-Qahira (“la Victoriosa”), su nombre actual. En 1169 se hizo con ella el ejército de Saladino, que abolió el imperio Fatimí e instauró el islam sunní como religión oficial del país. Los ayubbíes, dinastía descendiente de Saladino, gobernaron desde 1172 hasta 1250. Una serie de esclavos conocidos como mamelucos formaron su propio ejército y se hacen con el poder en 1257, creando su propia dinastía mameluca hasta 1517. En ese año la ciudad es conquistada por los turcos otomanos y su gobierno duró hasta 1798, fecha en que la expedición francesa de Napoleón tomó la ciudad. El gobierno otomano se restauró en 1801 pero, a mediados del siglo XIX, las deudas de Egipto con países extranjeros y la debilidad del Imperio Otomano, condujeron a una influencia europea en El Cairo cada vez mayor. Ismail Pasa, que gobernó desde 1863 a 1879, acometió una remodelación urbanística total, y la apertura del canal de Suez en 1869. Todo ello estuvo financiado por otros países, lo que permitió un creciente control de los británicos, que establecieron el protectorado sobre el país. En el periodo de entreguerras la población de El Cairo se multiplicó, y cuando comenzó la II Guerra Mundial en el año 1939, ya contaba con dos millones de habitantes. A partir de entonces, la población y las construcciones crecieron muy rápidamente. Los enormes y numerosos edificios residenciales, comerciales y gubernamentales transformaron el aspecto de la ciudad. La Liga Árabe convirtió a El Cairo en capital política e introdujo a Egipto en el proceso de paz del Oriente Próximo. La ciudad fue escenario en febrero de 2011 de las conocidas como “Protestas de Egipto de 2011”. Las estadísticas dudan a la hora de precisar la población de esta megalópolis (entre catorce y veintidós millones), que extiende sus tentáculos 65 km de este a oeste y 35 km de norte a sur. Se trata de una ciudad caótica, pero llena de vida y muy abierta. Como el resto de Egipto, la ciudad es el resultado de tres culturas: la del Antiguo Egipto, la copto-cristiana y la islámica; y aunque en la actualidad esta última es la predominante, las tres están profundamente enraizadas, no solo en su arquitectura, sino también en sus habitantes. Los alminares de las mezquitas y los campanarios con la cruz se elevan juntos hacia el cielo de la ciudad; la llamada del muecín y el tañido de las campanas se mezclan en su aire; y desde hace cinco mil años, las pirámides de Gizeh montan guardia en sus puertas, vigilando los tesoros de sus museos, el respeto de sus antiquísimas tradiciones, y cuidando, sobre todo, de la “Ciudad de los Muertos”, inmenso cementerio que a pesar de su apariencia árabe, es en su concepción, heredero directo de las necrópolis faraónicas.
Alojamiento en Sheraton Cairo Hotel & Casino.
Día 9, domingo, 14 de marzo de 2027: EL CAIRO: Dahshur, Memphis & Saqqara
Desayuno buffet en el hotel. Almuerzo en restaurante local.
En este primer día de estancia en El Cairo, visitaremos Dahshur, importante necrópolis ubicada a 40 km al sur de la ciudad, que alberga algunas de las pirámides más antiguas, grandes y mejor conservadas del país como la Pirámide Roja y la Pirámide Acodada (no está incluida la entrada al interior de ninguna de ellas). A continuación, nos trasladamos a Saqqara, la necrópolis más antigua de Menfis y uno de los más impresionantes yacimientos arqueológicos del mundo, donde visitaremos la Pirámide Escalonada de Zoser, así como dos mastabas (tumbas). Finalmente nos trasladamos a Menfis, primera capital del Egipto unificado y centro neurálgico del Imperio Antiguo, donde podremos ver la colosal estatua de Ramses II.
Por la mañana, nos desplazamos hasta DAHSHUR, una población egipcia conocida por poseer una amplia necrópolis real, localizada en una zona del desierto de la ribera occidental del Nilo. Aunque antaño incluía 11 pirámides de las dinastías IV (Imperio Antiguo) y XII (Imperio Medio), solo se conservan las dos del Imperio Antiguo, sin duda las mejor preservadas de Egipto. La necrópolis fue fundada por el faraón Snefru (2613-2589 a.C.), padre de Keops. A él se le atribuyen tres pirámides: una en Meidum y dos en Dahshur. Estas últimas marcan una nueva etapa en la construcción de las pirámides, y una evolución con respecto a la de Saqqara. Dahshur fue también la necrópolis real de la XII dinastía, con pirámides dedicadas a Amenemhat II y Sesostris III. En cualquier caso, comparadas con las pirámides de Snefru, pasan bastante desapercibidas, ya que se encuentran enormemente degradadas, cuando no totalmente destruidas. En los alrededores de Dahshur se han encontrado extensos cementerios de los funcionarios del Imperio Antiguo e Imperio Medio.
La Pirámide Acodada, (también conocida como Romboidal), fue el primer intento en crear una pirámide con los lados lisos. Los arquitectos de Snefru empezaron la construcción de esta obra con el mismo ángulo de inclinación, y las hileras de piedras inclinadas hacia dentro que se utilizaban en las pirámides escalonadas. Cuando aquello empezó a mostrar indicios de inestabilidad a la mitad de la altura propuesta (105 metros), redujeron el ángulo de 54 a 43 grados y empezaron a colocar los bloques en hileras horizontales. Esto explica su inusual forma, que le da nombre. Esta pirámide posee numerosas particularidades y se asemeja en muchos puntos a la erigida por el hijo y sucesor de Snefru, Keops. Entre sus características resalta el hecho de que una de sus dos entradas no está situada sobre la fachada septentrional, algo único en el Imperio Antiguo. También hay que destacar el hecho de que la pirámide conserva casi intacto todo su recubrimiento, lo que la convierte en la pirámide que actualmente está mejor conservada de todo Egipto. Cada lado mide 105,07 metros. La estructura interna de la pirámide es inusual a causa de sus dos entradas. Una se halla, como era costumbre, en el lado norte, a 12 metros de altura, y da paso a un corredor de 80 metros de longitud que lleva a un pasillo horizontal; este, a su vez, conduce a una cámara con falsa bóveda de 17 metros de altura. La segunda entrada, originalmente camuflada tras un bloque de revestimiento, se halla en el lado oeste, a 33 metros de altura. Da a un corredor descendente que al cabo de 65 metros continúa a modo de un pasillo horizontal, donde se dispusieron dos cámaras con bloques de cierre y, finalmente, una cámara funeraria que muestra una importante innovación arquitectónica introducida bajo el reinado de Snefru: la falsa bóveda de 16 metros de altura. El conjunto funerario está compuesto, además de por la pirámide, por una pequeña pirámide secundaria de 26 m de altura situada al sur, a unos 50 metros, ambas rodeadas por un muro de piedra de 2 metros de altura. Este recinto estaba comunicado con un templo funerario mediante una calzada de cerca de 700 m de longitud; dividido en varias salas, posee un patio con columnata y capillas, y conserva algunos fragmentos de los bajorrelieves con los que estaba decorado.
Pero con la Pirámide Roja, ubicada al noroeste de la meseta, y a 2 km de la pirámide Acodada, los arquitectos egipcios alcanzaron su meta tan deseada: edificar una verdadera pirámide, esto es, un edificio con sus cuatro caras lisas totalmente idéntica. Se trata de la tercera pirámide de Egipto por sus dimensiones y la mayor de las situadas en Dahshur. Al igual que la Acodada, fue construida hacia el final del reinado del faraón de la cuarta dinastía Snefru. A pesar de ser menos visitada que las pirámides de Gizeh, la construcción de la pirámide Roja representa un hito en la historia de la humanidad. Hace 4.600 años, cuando los últimos mamuts deambulaban por la Tierra, no se había visto edificio similar. Era el más alto del mundo, con casi 110 metros (hoy son 104 m). El más perfecto en su forma de base cuadrada (unos 220 metros por lado) y caras triangulares (con una inclinación de 43º). Y, además, de una blancura resplandeciente bajo el sol. De hecho, se la conocía como “aquella que brilla al sol”, ya que la pirámide Roja, en realidad era blanca. Originalmente estaba recubierta con piedra de Tura, pequeña localidad situada cerca de Menfis famosa por sus canteras de caliza fina. Pero durante la Edad Media, ese recubrimiento fue arrancado para construir edificios en El Cairo. Con lo cual, quedó a la vista el núcleo de piedra caliza proveniente de una cantera cercana, de menor calidad. Esos bloques, ricos en hierro y manganeso, irían adquiriendo un tono rojizo por un proceso natural de oxidación. La entrada a la pirámide Roja se encuentra a 28 metros de altura en el lado norte, y desde allí parte un corredor descendente de 63 metros, no apto para personas claustrofóbicas, que termina en un pasillo horizontal. Este atraviesa dos cámaras con falsa bóveda y luego da acceso a una cámara sepulcral, situada a un nivel superior, también con falsa bóveda y de casi 15 metros de altura. Es posible que el faraón fuera enterrado allí, ya que se hallaron restos humanos, posiblemente del propio Snefru. Lo que sí parece seguro es que su muerte habría precipitado la construcción de la pirámide Roja, que tardaría en construirse entre 10 y 17 años. El conjunto funerario es muy sencillo, ya que no cuenta con ninguna pirámide satélite (como las que existen en Guiza) y el templo funerario parece haber sido completado de forma precipitada con adobe. En 1982 se descubrieron cerca de la pirámide Roja los restos de un raro piramidón (una pieza de forma piramidal que solía coronar obeliscos o pirámides, recubierto de metal para reflejar la luz del sol), el más antiguo conocido hasta hoy. Está formado por un solo bloque de piedra caliza de Tura, de 1,10 metros de alto. Pero no hay inscripciones que den pistas sobre su origen ni tiene marca alguna de fijación de placas metálicas.
A unos 10 km al norte se halla la SAQQARA, la mayor necrópolis de todo Egipto y la que abarca un período de tiempo más amplio: casi 3.500 años, desde las primeras tumbas faraónicas de la I dinastía, a los monasterios coptos. Saqqara se convirtió en la necrópolis real de Menfis, y a medida que la ciudad crecía, también lo hizo esta ciudad de los muertos que cubría un área de 7 kilómetros del Desierto Occidental. Este enorme cementerio está situado sobre la zona de cultivo del valle del Nilo y es donde descansan los restos de faraones y sus familiares, administradores, generales, además de animales sagrados. Su nombre, Saqqara, deriva probablemente de Sokar, el dios menfita de los muertos.
Sin duda, el monumento más importante de la necrópolis es la Pirámide escalonada de Zoser, que fue el prototipo de las pirámides de Gizeh. Erigida en el s. XXVII a.C. por el arquitecto del faraón Zoser, el sumo sacerdote Imhotep (deificado después), marca un avance sin precedentes en la historia de la arquitectura. Hasta entonces, las tumbas reales consistían en cámaras subterráneas cubiertas por una estructura de barro en forma de pirámide truncada, las mastabas. Imhotep prefirió el empleo de piedra en vez de ladrillo y construyó, no una mastaba, sino seis, una encima de otra y decrecientes en tamaño, hasta una altura de 60 metros. Posteriormente fue recubierta de caliza blanca fina. El patio que rodeaba la pirámide marcó otro hito, señalando el comienzo de una era de esplendor en la arquitectura y el arte egipcios. Rodeado por un muro de caliza de 10,50 m de altura, el complejo funerario contaba con amplios patios, pabellones, santuarios y capillas. En el costado norte de la pirámide, se encuentra una réplica de la estatua de tamaño natural del faraón Zoser (el original se encuentra en el Museo de El Cairo), instalada dentro de un serdab, una caja de piedra diseñada para permitir que el ka (espíritu) del rey muerto pudiera interactuar con los vivos.
En nuestra visita de Saqqara tendremos acceso a dos de las mastabas incluidas en nuestra entrada a la necrópolis y que elegirá nuestro guía. El Ministerio de Antigüedades de Egipto rota periódicamente la apertura de estas tumbas. A la redacción de este programa, las tumbas que visitaríamos serían:
Mastaba de Kagemni: situada justo al norte de la pirámide de Teti, es una de las tumbas más grandes y espectaculares de la necrópolis. Construida durante la Dinastía VI (hacia el 2300 a.C.), pertenece a Kagemni, quien fue visir y yerno del faraón Teti. Es famosa por la excepcional calidad de sus relieves, que muestran con gran detalle escenas de su carrera política, así como de la vida cotidiana en el Imperio Antiguo. La estructura es casi cuadrada, con unos 32 m por lado y consta de ocho salas decoradas, cinco almacenes, un serdab (sala para la estatua del difunto) y la cámara funeraria al fondo de un pozo. Entre los relieves se encuentran varios con animales, como escenas de caza y pesca, escenas de lucha con hipopótamos y cocodrilos, y se reflejan los detalles más nimios: flores de loto flotando, las redes de los pescadores, incluso ranas e insectos como saltamontes o libélulas. También puede verse como se ordeña una vaca o la alimentación de los cachorros. Kagemni también se muestra a sí mismo recibiendo a otros escribas que le rinden cuentas.
Mastaba de Ti, la mejor decorada de toda la necrópolis fue descubierta en 1865 por Auguste Mariette en 1965. Su propietario, Ti, era un supervisor de las pirámides y los templos solares de Abu Sir que sirvió a tres faraones de la V dinastía. Los bajorrelieves son auténticas obras maestras y sus pinturas no tienen parangón en cuanto a la información que proporcionan sobre la vida cotidiana en el Imperio Antiguo. La soberbia calidad de su tumba hace honor a su sobrenombre, Ti el Rico. Accederemos al patio rodeado por doce pilares que delimitan un pórtico. Los bajorrelieves de esta zona están muy deteriorados. Del fondo del patio, en la cara opuesta a la entrada, parte un largo corredor que nos llevará a la cámara funeraria. En la pared de la izquierda veremos un cortejo de sirvientes representados en varias ocasiones llevando ofrendas bajo la mirada del maestro del lugar. La capilla funeraria contiene los relieves más espectaculares: escenas agrícolas a las que asiste Ti sentado en su trono y caza del hipopótamo en las ciénagas del Delta. La esposa de Ti, Neferhetpes, era sacerdotisa y “conocida” del rey, y también aparece representada junto a su marido y sus dos hijos. El serdab (o cámara del Ka) frente a la entrada, está horadado por tres aberturas, en una de ellas está la estatua del difunto, una moldura de yeso copia del original, depositado en el Museo de El Cairo.
Finalizada la visita, nos desplazamos hasta MENFIS, la mayor ciudad del Egipto faraónico. Su fundación se sitúa en el 3100 a.C. por el rey Menes, el primer faraón de las leyendas antiguas, responsable de la unificación del Alto y del Bajo Egipto. Ubicada en la cabecera del delta del Nilo, controlaba las rutas fluviales y terrestres de la zona. Fue lugar de residencia de los faraones a partir de la III dinastía, perdiendo su situación de capital en el s. XX a.C., cuando los soberanos de la XII dinastía prefirieron El Lischt, 30 km al sur. Si bien los reyes del Imperio Nuevo reinaron a continuación desde Tebas, Menfis no desapareció. A partir de la XVIII dinastía, la ciudad recuperó gran parte de la actividad como centro religioso de primer orden, con sus venerables santuarios a Ptah, Hathor y Apis, acogiendo las grandes ceremonias monárquicas a lo largo de las cuales los soberanos, desde los Hicsos hasta Alejandro, fundaron o renovaron su legitimidad. Asimismo, se convirtió en el gran centro de intercambio de Egipto, gracias a su puerto internacional, en el que atracaban barcos procedentes de todo el Nilo. En los barrios prosperaban colonias de comerciantes extranjeros y se convirtió en la más cosmopolita de las ciudades egipcias; albergó santuarios dedicados a dioses asiáticos, abrió sus murallas a los hebreos exiliados en el año 568 a.C., durante el reinado de Apries, y 40 años más tarde durante el reinado de Amosis I, a los colonos jonios procedentes de Caria. Cuando Heródoto la visitó, en el s. V a.C., todavía era una ciudad muy bella, la mayor de Oriente, símbolo del Antiguo Egipto, meta de millares de peregrinos durante sus fiestas religiosas y visitada por gentes de pueblos muy diversos que con el tiempo hicieron su propio barrio en la ciudad. Fue la capital religiosa de todo Egipto hasta el reinado de Ptolomeo V Epífanes, pero a partir del s. III a.C., comenzó a perder terreno respecto a Alejandría.
Desgraciadamente quedan muy pocas huellas de su pasada gloria. Sus magníficos templos y palacios fueron expoliados y destruidos por los conquistadores extranjeros y desde los últimos Ptolomeos, el lugar sirvió de cantera a los habitantes. Podremos contemplar, dentro de un moderno edificio, el Coloso tumbado de Ramses II, una estatua tallada en un bloque de piedra silícea de grano finísimo; posee una altura de 10,30 m, y antes de perder la parte inferior de las piernas medía 13 metros. Tiene grabado su nombre en el hombro derecho, en el pectoral y en la hebilla del cinturón. A pocos metros de distancia, hay una esfinge de alabastro de 4,25 m de altura y 8 m de longitud que data aproximadamente entre los años 1700 a.C.-1400 a.C., probablemente de XVIII dinastía y flanqueaba la entrada sur del Templo de Ptah. Se desconoce a quien representa la Gran esfinge, se barajan diversas opciones, como que fuera una representación de Hatshepsut, Amenhotep II o Amenhotep III, pero la ausencia de inscripciones hace imposible determinar a quién representa la figura.
Alojamiento en Sheraton Cairo Hotel & Casino.
Día 10, lunes, 15 de marzo de 2027: EL CAIRO COPTO Y MUSULMÁN
Desayuno buffet en el hotel. Almuerzo en restaurante local.
Hoy dedicaremos el día completo a la visita de la ciudad de El Cairo. Comenzaremos por El Cairo Musulmán, un laberinto de estrechas calles con relevantes monumentos religiosos. Visitaremos la Mezquita de Mohammed Ali, cuya silueta domina el horizonte de la ciudad, así como la mezquita y madraza del Sultán Hassan, una obra maestra de la arquitectura mameluca, y la mezquita Rifai, mucho más moderna, contiene las tumbas de diferentes miembros de la familia real. Posteriormente pasamos a el Barrio Copto, donde se concentra un valioso patrimonio cristiano. Aquí visitaremos la iglesia de Santa María Virgen, conocida como “iglesia Colgante” y la iglesia de San Sergio, con la cripta donde se cree que la Sagrada Familia se refugió huyendo de Herodes. Posteriormente, visitaremos el Museo Copto, que alberga la mayor colección de objetos y arte copto del mundo. Finalmente, pasearemos por el Cairo Viejo, hasta llegar a Khan el-Khalily, el mayor y más antiguo bazar de la ciudad.
Por la mañana nos adentraremos en EL CAIRO MUSULMÁN, un fascinante barrio medieval en el corazón histórico de la ciudad, famoso por sus estrechas calles, bulliciosos bazares y densa concentración de mezquitas y madursas milenarias. En el año 641, después de conquistar Egipto, los musulmanes fundaron la ciudad de Al Fustat en lo que actualmente constituye el límite sur de El Cairo moderno. En lo sucesivo, toda nueva dinastía fundaría su propia capital, cada una más hacia el noroeste que la anterior, hasta que Saladino construyó la impresionante Ciudadela (Al Qalaa) sobre un promontorio rocoso, y delimitó la capital. Durante el período mameluco (1250-1517) se le añadió un fabuloso conjunto de mezquitas, mausoleos y edificios civiles. Hoy, las abigarradas callejuelas de El Cairo islámico desafían a los sentidos con una extraordinaria mezcla de imágenes, sonidos y olores que dejan vislumbrar un asombroso pasado.
La llegada al país en 1171 de Al-Nāsir Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb, más conocido como Saladino (que también conquistó Jerusalén, que arrebató a los francos), supuso la abolición del poder fatimí y la reintroducción del islam sunní, que se convirtió en la religión oficial de Egipto. Con el afán de fortificar la ciudad, Saladino ordenó la construcción de una gran ciudadela en las estribaciones de las montañas de Al Moqattam, desde la que se pudiera divisar y controlar las ciudades de El Fustat y Al Qahira y, al mismo tiempo, sirviera de residencia real. Los trabajos comenzaron en 1176 bajo la supervisión del propio Saladino. Se demolieron las mezquitas y tumbas fatimíes y se construyeron las murallas de 3 m de ancho por 10 m de alto, empleando algunos bloques de las pirámides de Gizeh. Con el paso de los siglos, los distintos mandatarios fueron reconstruyendo y ampliando el complejo.
Dentro de la Ciudadela de Saladino se halla la Mezquita de Mohammed Ali, también conocida como la “Mezquita de Alabastro”, denominada así por la gran cantidad de ese material empleado en su construcción. Fue edificada entre 1824 y 1857, al más hermoso estilo otomano. Mohammed Ali, está considerado como el fundador del Egipto moderno. En 1805, cuando alcanzó el poder, Egipto no era más que una provincia secundaria del Imperio Otomano. En 1849, año de su muerte, el país había vuelto a ser una potencia regional. Ali, pretendía equiparar esta mezquita a las grandes mezquitas imperiales de Estambul (se basó en el estilo de la Mezquita Azul), siguiendo para ello los dictados de la arquitectura religiosa otomana, con una gran cúpula central y dos esbeltos alminares. El patio se halla rodeado por una arcada sobre pequeñas cúpulas: destaca la fuente de abluciones, cubierta por una cúpula y sostenida por ocho columnas con capiteles corintios. Frente a la misma se alza una torre con un reloj monumental, que en 1845 regaló Luis Felipe, rey de Francia, a Mohammed Ali, en agradecimiento por el obelisco de Luxor que adorna la plaza de la Concordia de París. El reloj nunca llegó a funcionar. En el lado opuesto se encuentra la entrada al interior de la mezquita, que está presidida por una cúpula central de 52 m de alto, con un diámetro de 21 m, soportada por cuatro semicúpulas y cuatro pequeñas cúpulas de madera en cada una de las esquinas, recubiertas con láminas de plomo. Esta cúpula central se derrumbó en 1931 y se reconstruyó en 1939, por el rey Faruq. Bajo las cúpulas, seis grandes medallones, tienen inscritos los nombres de Allah, Mohammad y los cuatro primeros califas: Abu Bakr, Omar, Othman y Ali. En el interior, lámparas de araña y alfombras multicolores componen un decorado tornasolado. En la pared posterior, se halla el almimbar, desde donde el imam recita el sermón todos los viernes. A la derecha de la entrada, en la gran sala de oración, se erige el cenotafio de Mohammed Ali, fundador del Egipto moderno. La mezquita está coronada por dos hermosos alminares de estilo otomano que alcanzan, cada uno, los 82 m.
Cerca de allí podremos disfrutar de una vista panorámica de El Cairo, una de las más espectaculares de la ciudad, con un mar de cupulas y minaretes y el característico ajetreo de la ciudad. Si tenemos suerte, y el día es claro, en el horizonte se adivinan las Pirámides de Gizeh y Saqqara.
Situada frente a las murallas de la Ciudadela, se halla la mezquita y madraza del Sultán Hassan, considerada la obra arquitectónica más exquisita de principios del período mameluco y uno de los monumentos más destacados de todo el mundo musulmán. Fue construida entre 1356 y 1363 por el sultán Hassan, que ascendió al trono a los 13 años. Fue derrocado y restaurado no menos de tres veces y asesinado poco antes de acabar la mezquita. Las medidas son gigantescas: 150 m de largo, con muros de hasta 36 m de alto y un minarete de 68 m. El coste de su construcción fue exagerado, y se financió con el dinero obtenido por la venta de las propiedades de las víctimas de la Peste Negra que asoló El Cairo en 1348, con lo que aumentó la impopularidad del sultán Hassan, famoso ya por su desmedida avaricia. El interior de la mezquita es sobrecogedor. Tras atravesar un pórtico majestuoso, un corredor en penumbra conduce al patio central, donde se levanta la fuente de las abluciones, con una cúpula de 8 m de diámetro. Sus elevados muros se ven interrumpidos por cuatro iwans (salas abovedadas), en cada una de las cuales se enseñaba una de las cuatro principales escuelas del islam sunita. Del techo cuelgan bellas lámparas esmaltadas, sobre las que están grabadas frases del Corán. A la derecha, una puerta de bronce conduce al mausoleo del sultán: el más grande de El Cairo, pero que nunca fue ocupado por el sultán, cuyo cuerpo jamás fue recuperado. El mausoleo sirvió para enterrar a sus hijos. La mezquita fue utilizada como fortaleza dos veces: en el reinado del sultán Barquq (1391) y la segunda en 1517, cuando sirvió del refugio al fugitivo Tumanbay, el último sultán mameluco. Muchos de los materiales empleados para su construcción fueron obtenidos de las Pirámides de Gizeh. Según cuenta la tradición, el sultán ordenó cortar las manos del arquitecto que diseñó este monumento, para que nunca pudiese construir nada semejante.
Frente a la madraza de Hassan se encuentra la mezquita Rifai que, por su tamaño, estilo y simetría, se diría que es contemporánea de su vecina. Nada más lejos de la realidad: 450 años las separan. Iniciada en 1819, la mezquita se terminó en 1912. Fue encargada por la princesa Jushiar, madre del jedive Ismail, que la proyectó como mausoleo familiar. Su estilo imita al de la época mameluca. Su recargado interior alberga las tumbas del rey Fuad (muerto en 1936), del rey Faruk (muerto en el exilio en 1965) y cuyo cuerpo fue autorizado a reposar en tierra de Egipto, y del último sha de Irán (muerto en 1980). (Las visitas de estas dos últimas mezquitas se realizarán si el tiempo lo permite).
No muy lejos de la Ciudadela nos encontramos con una de las zonas más antiguas de la ciudad, la que se conoce como EL CAIRO COPTO, una de las zonas más antiguas y espiritualmente significativas de la capital egipcia, funcionando como el centro del cristianismo ortodoxo copto en el país. Ubicado dentro del Viejo Cairo, este enclave histórico alberga una densa concentración de monumentos que datan de los primeros siglos de nuestra era, destacando por ser el lugar donde, según la tradición, la Sagrada Familia se refugió durante su huida a Egipto. Durante varios siglos, después del declive de la religión faraónica y antes de la llegada del islam, Egipto fue un país básicamente cristiano. Alejandría era su capital y El Cairo todavía no existía. En el s. VI, el lugar donde luego se alzaría la ciudad, consistía en poco más que una vieja fortaleza romana situada a orillas del Nilo entre las antiguas ciudades de Heliópolis y Menfis. Cuando el caudillo árabe Amir Ben al Aas estableció su campamento junto a la fortaleza y erigió su capital, Fostat, muy cerca de aquí, sentó las bases para la futura fundación de la ciudad. El Cairo Copto, se encuentra precisamente dentro de las murallas de la citada antigua fortaleza romana. El interior del recinto, ocupado por antiguos templos y surcado por callejuelas, posee una tranquila y silenciosa atmósfera, y constituye un remanso de paz y tranquilidad alejado del bullicio del centro. Hoy día es el corazón de la comunidad cristiana autóctona de Egipto, con un montón de iglesias cargadas de historia, y para los egipcios un lugar de peregrinaje: la Sagrada Familia hizo alto en este lugar durante su huida a Egipto.
Callejearemos por la zona visitando lo más interesante, de lo que destacamos la iglesia Colgante (Kenisa Al Moallaqa), la más bella de la ciudad. Dedicada a la Virgen María, se la conoce por iglesia colgante o suspendida, por estar construida sobre la Puerta del Agua de la vieja fortaleza romana de Babilonia. La estructura original fue erigida en el s. IV, pero fue destruida y reconstruida en el s. XI. Las ampliaciones y reconstrucciones han sido continuas, por lo que es difícil fechar cualquier parte del templo. Los primeros viajeros la llamaron “la Iglesia de la Escalinata” porque hay que subir 29 escalones para entrar en ella. La fachada de piedra, posee inscripciones árabes y coptas, y está rematada por dos singulares campanarios gemelos. Posee un interior muy recargado con tres bóvedas de cañón apoyada sobre columnas con capiteles corintios, corredores con tejadillos de madera y un púlpito de mármol magníficamente tallado y que descansa sobre ocho columnas que representan a Cristo y sus discípulos. Sus paredes están cubiertas con reliquias de santos e iconos, representando la vida y la muerte. Los biombos (iconostasios) de madera de cedro con incrustaciones de marfil que protegen el altar, pertenecen a una fecha indeterminada entre los siglos X y XIII, y pueden considerarse los mejores de Egipto. El altar, construido en el s. XIII, está hecho de mármol de gran calidad, cubierto de mosaicos; el presbiterio del sur, está dedicado a San Jorge e ilustrado con 17 iconos de Juan el Armenio (1771), que representan el martirio del santo. Cerca de la puerta de entrada, destaca el santuario de Takla Haymanot, el santo patrón de Etiopía, que formaba parte de la iglesia original del s. IV. Todavía se celebran servicios religiosos en su interior.
A escasos metros de distancia se encuentra la iglesia de San Sergio, dedicada a los soldados mártires Sergio y Daco, es sin duda la más famosa de Egipto porque, como cuenta la leyenda, fue aquí donde se refugió la Sagrada Familia en su huida a Egipto. Al margen de leyendas, es la iglesia más antigua intramuros, con columnas de los siglos III y IV, aunque ha sido reconstruida en diversas ocasiones; la mayoría de sus elementos son de los siglos X-XII. Su planta es de tipo basilical clásico, con pequeñas variantes típicas de las iglesias coptas. La nave está separada por doce columnas con capiteles corintios. El santuario central data del s. XIII, con paneles de ébano y marfil en la parte alta. El altar norte posee un baldaquín abovedado, destacando en el lado oeste el baptisterio. Desde el santuario sur se accede a la cripta que, dividida en tres naves, es profunda y se inunda con frecuencia. Según la leyenda, aquí se cobijaron José, María y el Niño Jesús durante su huida a Egipto cuando escapaban de Herodes.
Muy cerca se halla el Museo Copto que, inaugurado en 1910, alberga la colección de arte cristiano copto más grande del mundo, con cerca de 20.000 piezas que recorren la historia del país desde sus inicios cristianos hasta la era islámica. El edificio se asienta sobre terrenos que formaron parte de la antigua Fortaleza de Babilonia y destaca por sus techos de madera tallada (artesonados) y sus ventanas de madera calada conocidas como mashrabiyas. El museo está organizado en secciones que incluyen escultura, frescos, textiles, iconos y manuscritos. Destacamos los manuscritos de Nag Hammadi, una de las colecciones de textos gnósticos más importantes del mundo; textiles coptos, famosos por su intrincado tejido y colorido, que muestran la transición del arte pagano al cristiano; el púlpito de San Jeremías, una obra maestra de piedra tallada del siglo VI procedente de Saqqara.
A continuación, pasearemos por EL CAIRO VIEJO, un laberinto de callejuelas que alberga vestigios de distintas épocas con una vibrante cultura local que te transporta en el tiempo. Finalmente, llegaremos a nuestra última parada, el Mercado Khan el-Khalily, construido en 1382 por el emir Jarkas Al Jalili. Se trata de uno de los mayores bazares de Oriente Próximo. Es el zoco de las fábulas, donde el oro, la plata y el cobre brillan en los sombríos y sugerentes interiores y los sacos rebosantes de especias llenan el aire de penetrantes aromas. En su laberinto de callejones entoldados, abigarrado de tiendas que venden todo tipo de objetos, pueden observarse también oficios tradicionales, como el tintado de tejidos o el tallado de madera. El bazar creció alrededor de varios jans, estructuras que servían de almacenes y de alojamiento para las caravanas de mercaderes. Casi todos se han visto absorbidos por construcciones posteriores, pero algunos todavía se conservan. Las tiendas están ubicadas alrededor de pequeños patios, muchas de las cuales aún mantienen la disposición medieval que las agrupaba por gremios. Aquí se venden todo tipo de productos, desde jabón hasta piedras semipreciosas, por no mencionar las pirámides de alabastro, especias, sedas, alfombras, trabajos en madera y un largo etcétera, además de experimentar las vivencias más características del comercio en un país árabe: el halago, el regateo, el timo, etc. Lo ha explicado muy bien Terenci Moix en su Terenci del Nilo (Planeta 1999): “Pero la fascinación del Khan el-Khalily, no se capta con esas instantáneas de pura banalidad. Aunque es un mercado descomunal, no parece justo visitarlo sólo para comprar. Cierto que todavía existen tiendas importantes, bazares de prestigio acrecentados con el paso de los años, garantizados por el retrato amarillento de su no menos prestigioso fundador. Pero el paseo debería ser mucho más importante que el simple trato comercial. El paseo ideal implica dejarse perder entre la multitud, llegar al fondo entre sus empujones, sortear carros, triciclos …”.
Alojamiento en Sheraton Cairo Hotel & Casino.
Día 11, martes, 16 de marzo de 2027: EL CAIRO: pirámides de Gizeh, Esfinge & Gran Museo Egipcio
Desayuno buffet en el hotel. Almuerzo en restaurante local.
Por la mañana nos desplazamos a la meseta de Gizeh, en las afueras de El Cairo, donde visitaremos el Gran Museo Egipcio, el más grande del mundo dedicado a una sola civilización. Por fin, después de 18 años de trabajos, y otros tres de espera, fue inaugurada esta impresionante obra faraónica. A continuación, podremos contemplar de cerca el monumento más emblemático del Antiguo Egipto: las Pirámides de Keops (la única de las Siete Maravillas del Mundo Antiguo que aún permanece en pie), Kefrén y Micerinos, así como la Esfinge y el Templo del Valle, testimonio de la ingeniería de la IV dinastía de Egipto hace más de 4500 años. No está incluida la entrada al interior de ninguna de las pirámides.
Y llega el momento más esperado por todos: nos dirigimos a la MESETA DE GIZEH, a 12 km de El Cairo, el lugar que hace 5.000 años se convirtió en la necrópolis real de la ciudad de Menfis, capital de Egipto durante el Imperio Antiguo. En menos de 100 años, los antiguos egipcios construyeron las tres gigantescas pirámides que sirvieron de tumbas a los reyes muertos. Varios kilómetros antes de llegar a la llanura, distinguiremos, por encima de los edificios, el triángulo dorado de la cima de la Gran Pirámide.
Dedicaremos la mañana a la visita del Gran Museo Egipcio, un hito cultural que fusiona la herencia faraónica con la innovación contemporánea, posicionándose como el más grande del mundo dedicado a una sola civilización. Ocupa un terreno de unas 50 hectáreas y está situado a dos kilómetros al oeste de las pirámides de Guiza. La idea de construir el museo fue anunciada en 1992, aunque la construcción comenzó en 2005 y se concluyó en 2023 con un coste de mil millones de dólares. Su inauguración oficial, tras varios retrasos, se realizó el 1 de noviembre de 2025. Su diseño arquitectónico, a cargo de Heneghan Peng Architects, combina líneas modernas con simbologías ancestrales: la fachada triangular evoca las pirámides, mientras que su estructura utiliza luz natural y materiales como el alabastro para crear un diálogo entre lo antiguo y lo moderno. El edificio se integra en el paisaje desértico, ofreciendo vistas panorámicas a las pirámides, lo que refuerza su conexión con el pasado. El museo contiene 12 salas en las que se exponen más de 50.000 piezas del Antiguo Egipto, de las cuales casi la mitad se exponen por primera vez. Organizadas tanto cronológicamente como temáticamente, las salas abarcan desde las comunidades prehistóricas a lo largo del Nilo hasta la época romana, ilustrando cómo cambiaron las tecnologías, los estilos artísticos y los sistemas de creencias a lo largo de miles de años.
En el exterior del edificio, frente a la entrada, encontramos el imponente obelisco dedicado a Ramsés II suspendido sobre una plataforma. A través del Grand Hall se accede al edificio, donde se halla la el imponente coloso de granito rojo de 12 metros del faraón Ramsés II, que sumerge inmediatamente al visitante en la magnitud y la ambición del Antiguo Egipto. Bañado por la luz natural y enmarcado por amplias líneas arquitectónicas, este vasto espacio exhibe reyes y reinas esculpidos a escala heroica, que se erigen como guardianes de las historias que se desarrollan en las profundidades del museo. Entre ellas se pueden observar 10 estatuas de Senusret I, la columna de Merenpetah y diversas estatuas ptolemaicas. Dentro de este impresionante recibidor, desde cuya cubierta acristalada penetran los rayos del sol, destaca la Gran Escalera que da acceso hasta las galerías superiores a las salas de la exposición permanente. Se trata de uno de los espacios interiores más emblemáticos del museo. Esta monumental escalinata está flanqueada por estatuas y fragmentos arquitectónicos, muchos de ellos imágenes reales y divinas a gran escala de diferentes períodos de la historia egipcia. A medida que se asciende, se pueden ver reyes, reinas y deidades cuyas formas adornaron en su día templos y lugares sagrados a lo largo del Nilo, transformando este paseo en un auténtico viaje narrativo que evoca ideas de realeza, poder y eternidad. Dentro de las salas de la colección permanente, destaca la galería de Tutankamón, donde por primera vez, se expone la colección completa de la cámara del tesoro del joven faraón. La exposición del tesoro está diseñada con iluminación tenue y cálida para ofrecer una experiencia inmersiva y intentando evocar el extraordinario descubrimiento arqueológico de 1922, cuando Howard Carter y su equipo desenterraron la tumba casi intacta en el Valle de los Reyes. Otro lugar especialmente destacado es el museo de las Barcas de Keops, donde se hallan las dos famosas barcas solares de madera que fueron descubiertas en 1954 junto a la Gran Pirámide del faraón. Una de ellas de más de 42 metros de eslora, que se tardó más de una década en recomponerse. En otros espacios del museo encontramos historias de reyes y funcionarios, pero también de artesanos, agricultores, familias y fieles que dieron forma a la cultura egipcia a través de sus actividades cotidianas. Las exposiciones destacan temas como la escritura, el comercio, la vida doméstica, los rituales y las prácticas funerarias, mostrando cómo se creaban, utilizaban y reutilizaban los objetos a lo largo de generaciones. Al centrarse en las personas que hay detrás de los artefactos, las galerías principales fomentan una comprensión más íntima del antiguo Egipto, no solo como una tierra de pirámides y faraones, sino como una sociedad compleja formada por muchas “vidas antiguas” diferentes. El recorrido acaba en la galería comercial, donde podréis adquirir pequeñas piezas que reproducen la arqueología egipcia, libros de cocina con recetas inspiradas en el Antiguo Egipto, manufacturas locales y otros muchos artículos de recuerdo.
A continuación, visitaremos el complejo que incluye las Pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos, así como la Esfinge y el Templo del Valle.
Uno de los aspectos más destacado de la cultura egipcia es el de la religión, y dentro de ella los enterramientos. La tumba que debía contener al rey tenía que estar a la altura de su figura, permitiendo la prolongación de su vida en la eternidad. El esfuerzo por la pervivencia en el tiempo de la figura del faraón, les llevó a desarrollar enormemente las técnicas de momificación, así como a construir enormes y sólidas tumbas, en las que emplearon cuantiosos recursos y talento. Como decíamos anteriormente, durante la III dinastía, la forma piramidal sustituyó a la mastaba, la antigua tumba egipcia de base rectangular, techo plano y muros laterales inclinados. Después de la pirámide escalonada de Zoser, los faraones de la IV dinastía fueron modificando la estructura de las pirámides. En una siguiente etapa, el faraón Snefru (2613-2598 a. C.) levantó en Dahshur una pirámide romboidal, con dos pendientes de inclinación decreciente, que se considera una etapa intermedia entre la “pirámide escalonada” y la “pirámide clásica”, o de caras lisas, que se inaugura con la primera pirámide verdadera, la “Roja de Dahshur”. A la muerte de Snefru, le sucedió su hijo Keops, quien quiso seguir los pasos de su padre, levantando en la meseta de Gizeh, la mayor de las pirámides. Más tarde los faraones Kefrén (hijo del Keops) y Micerinos (hijo de Kefrén) completaron la planicie con otras dos pirámides. Desde tiempo inmemorial se han emitido todo tipo de opiniones sobre el destino de las mismas, pero la versión unánimemente aceptada es que fueron destinadas a dar sepultura a los faraones. Al subir al trono, el faraón escogía el lugar donde se edificaría su sepultura y posteriormente se nivelaba el terreno. Es cierto que la función exacta de las cámaras y corredores de las pirámides se desconoce; el hecho de que algunos corredores de ventilación señalen importantes constelaciones, que las esquinas orientadas al sureste formen una diagonal perfecta y que sus costados se alineen con el norte magnético, ha inspirado la imaginación de muchos y se han elaborado singulares teorías. De todas formas, los alineamientos son coherentes con los mitos del Antiguo Egipto, que el alma del faraón se elevaría para unirse a las estrellas eternas.
Si descartamos la hipótesis de la intervención extraterrestre, tenemos que reducirnos al ingenio humano para la explicación de estas titánicas obras. Las excavaciones de la meseta aportan pruebas que indican que los trabajadores no eran los esclavos que tradicionalmente se ha pensado, sino granjeros egipcios, y de que las obras no solo se llevaban a cabo durante los tres meses de crecida, aunque es verdad que ese período marcaba un aumento de la actividad. La hipótesis normalmente admitida para la construcción, es la utilización de una rampa, tal y como aparece reflejada en varias pinturas funerarias. Realizada con tierra y ladrillo y apuntalada con vigas, la rampa constituía una calzada revestida con limo, sobre la cual se deslizaban los bloques, colocados sobre palos. La rampa se elevaba al ritmo de la pirámide, al mismo tiempo que se alargaba para mantener una pendiente de unos diez grados que permitiera el arrastre.
Lo que sorprende de la Pirámide de Keops, además de sus proporciones, son sus cualidades arquitectónicas: el estricto alineamiento de las caras en relación a los puntos cardinales; los perfectos cimientos del conjunto, obtenidos simplemente con una franja llena de agua que sirvió de nivel; la perfección de las junturas entre los bloques, que no permiten que se deslice ni una lámina; el sistema de reparto de las masas en las paredes de la rampa de acceso, ligeramente descolgada, igual que las piezas que rematan la cámara funeraria. En el exterior, falta el piramidión dorado (es una pieza pétrea de forma piramidal que se situaba en la parte más alta de las pirámides, y que simbolizaba el lugar donde se posaba el dios solar Ra o Amón-Ra, como punto de unión entre el cielo y la tierra), y sobre todo el revestimiento de caliza blanca que hacía las caras lisas y brillantes al sol. Siglos de saqueos, entre ellos los soberanos medievales de El Cairo para sus propios monumentos, han dejado los bloques al descubierto, que muchos turistas han aprovechado para escalarla, cosa que actualmente está prohibido. El acceso se realiza por un agujero excavado en el año 820 por el califa Bagdad Al Maamun, que creyó que su interior guardaba los tesoros del faraón. El interior tiene tres cámaras funerarias que corresponden a proyectos sucesivos. La primera, se encuentra 30 m por debajo del nivel del suelo. La segunda, 21 m por encima del nivel del suelo, exactamente en el eje de la pirámide. La tercera, que alberga el sarcófago de granito, se encuentra a 42 m de altura. Se accede a ella por un estrecho y claustrofóbico pasillo descendiente, y después por una galería ascendente de 47 m de longitud. El pasillo que continúa reduce a una altura de 1,20 m. A su término, se llega a un corredor de 39 m de largo de 1 x 1 m que desemboca en la Cámara de la Reina, donde se halla un nicho de 4,50 m de altura. Una vez se regresa de esta cámara, unos escalones de hierro conducen a la Gran Galería, con un techo de 8,50 m de altura. Un sistema de saledizo reduce la separación de las paredes a medida que se elevan. Después, tras dos cámaras bajas se abre la Cámara del Rey, donde se encuentra el sarcófago de granito, de 2,30 m de longitud, 0,90 m de ancho y 1 m alto. No posee ninguna inscripción jeroglífica que diga a quién o para qué fue destinado. No hay pinturas ni relieves. El techo de la cámara lo componen cinco grandes losas de granito inclinadas que pesan casi cuatrocientas toneladas. Por encima, nueve cámaras de descarga, permitían aligerar el empuje de la enorme masa de piedra.
La Pirámide de Kefrén, aunque puede parecer más alta, ya que está edificada sobre una ligera elevación del terreno, y su base es más pequeña, con lo que las caras están más inclinadas, es un poco más pequeña que la de Keops. Concretamente sus medidas primarias fueron 215 m de base y 143 m de altura (actualmente 210 m y 136 m, respectivamente). En cambio, conserva en la cima una parte significativa de su revestimiento de caliza, que originalmente recubría las tres pirámides. Posee dos entradas, ambas en la cara norte. El interior es más sencillo que el de la Gran Pirámide: posee dos pasadizos descendentes que convergen en una sola cámara funeraria. Si la cámara funeraria de Keops se sitúa en el centro de la estructura, la de Kefrén desciende penetrando en el lecho rocoso. En la cámara solo está el sarcófago de granito del faraón, sin decoración. El templo mortuorio conserva partes de un santuario y un patio.
La más pequeña de las tres (102 m de lado por 65 m de altura), la Pirámide de Micerinos, contaba con un revestimiento calizo en sus tres cuartos superiores, porque el cuarto de la base estaba decorado con granito rosa de Asuán. Una parte de esta decoración subsiste cerca de la puerta de entrada. En el interior se encuentra la cámara funeraria excavada en la roca bajo la pirámide. Aquí no hay ningún sarcófago: en 1937 el coronel Vyse, entró en una de las cámaras, donde halló pedazos de un ataúd de madera con el nombre de Micerinos en escritura jeroglífica, un cuerpo humano momificado por la atmósfera interior y en la cámara más profunda un sarcófago de basalto sellado. Sin abrirlo, lo envió a Inglaterra, pero el barco naufragó frente a la costa de Cartagena.
Llamada por los árabes Abu El Hol (el “Padre del Terror”) se alza la gran Esfinge de Gizeh, primera estatua colosal conocida del Antiguo Egipto. Los arqueólogos datan su construcción alrededor del 2500 a.C., y creen que Kefrén fue su inspirador. Tiene 20 m de altura, un cuerpo muy alargado de león de 73,5 m y un tocado real que enmarca un rostro carnoso, probablemente de Kefrén. Fue erigida para servir de guardián a la necrópolis de Gizeh, y también fue objeto de culto, como lo atestiguan los restos de un templo que hay delante de las patas del animal y que también data del reinado de Kefrén. Está tallada en un promontorio de rocas y se restauró con algunos bloques en la base, añadidos durante la dinastía XVIII: Tutmosis IV (1401-1391 a.C.) emprendió la restauración de la esfinge, abandonada desde hacía cinco siglos. La historia es que cuando era un joven príncipe se quedó dormido durante una partida de caza a la sombra del animal, que se le apareció en sueños y le prometió el trono. Una estela de 3,60 m de altura, visible todavía entre las patas, recuerda los trabajos emprendidos por el rey: se retiró de la esfinge la arena y se recubrió la estatua con una placa de caliza de la que aún quedan algunos restos. De nuevo, la esfinge fue objeto de un culto que prosperó hasta la presencia romana. Aunque se ha escrito que su nariz fue víctima de los cañones mamelucos, otomanos o de Napoleón, lo cierto es que cayó en algún momento anterior al siglo XV. Originalmente, tenía, además, una estilizada barba falsa, símbolo de realeza, que también cayó (un trozo está expuesta en el British Museum). Los lugareños la llamaban Abu el-Hol, “Padre del Terror”.
A la izquierda de la Esfinge, se elevan los muros del Templo del Valle, uno de los templos conservados más antiguos de Egipto. En tiempos antiguos durante la crecida anual del Nilo, las aguas alcanzaban el borde de la meseta de Gizeh. El templo se alzaba sobre un muelle y servía de acceso a la pirámide a través de una calzada cubierta. En el mismo se hallaron los nombres del faraón Kefrén, por lo que también se le atribuye dicho templo. En su interior se encontraban en la antigüedad veintitrés estatuas de granito, que se apoyaban sobre las veintitrés columnas del mismo material que hoy se encuentran erguidas y solitarias en el patio del templo. De estas estatuas se encontró una, en la que el halcón Horus se halla detrás de la cabeza del faraón, y que está en el Museo de El Cairo.
Alojamiento en Sheraton Cairo Hotel & Casino.
Día 12, miércoles, 17 de marzo de 2027: EL CAIRO – MADRID
A la hora indicada, partimos hacia el aeropuerto. Trámites de embarque y salida a las 09h30 del vuelo MS753 de la compañía EGYPTAIR con destino MADRID. Llegada a Madrid a las 13h50.
FIN DE NUESTRO VIAJE
DATOS PRÁCTICOS DE EGIPTO
Visados
Las personas de nacionalidad española que quieran viajar a Egipto necesitan tener un pasaporte con una validez mínima de seis meses a contar desde el fin de la estancia prevista en Egipto y obtener un visado en el aeropuerto a la llegada al país con un coste de aproximadamente 45€.
Si tienes una nacionalidad distinta de la española, por favor, consulta con tu consulado o embajada cuáles son los requisitos necesarios para viajar a Egipto.
Moneda y propinas
La moneda oficial en Egipto es la libra egipcia (EGP), guinay en árabe, dividida en 100 piastras (pt). Apenas se ven monedas de 5, 10 y 25 pt, y los billetes y monedas de 50 pt también desaparecen.
Las monedas de 1 EGP son las más usadas como calderilla, y los billetes más usados son los de 5, 10, 20, 50, 100 y 200 EGP. Actualmente el cambio está en torno a 1 EUR = 61 EGP (29 mayo).
Es preferible cambiar tu dinero en las casas de cambio oficiales o en bancos locales. También puedes cambiar en los aeropuertos y hoteles, pero las comisiones suelen ser algo más altas. Debes intentar que te den billetes pequeños, indispensables para dar propinas, pagar taxis y otros. Hay que inspeccionar los billetes que se reciben y no aceptarlos si están pintados, deteriorados o rotos, ya que costará desprenderse de ellos.
Los cajeros automáticos son bastante comunes, aunque en algunos lugares (en Egipto Medio y en los oasis, p. ej.) cuesta más encontrar uno, y si no funciona no hay alternativa. Conviene sacar dinero antes de desplazarse a un lugar remoto.
Las tarjetas de crédito Visa y Mastercard están generalmente aceptadas en los hoteles y restaurantes de las grandes ciudades, pero es mejor que lleves efectivo para tus compras en los bazares y en las pequeñas tiendas. American Express tiene una aceptación mucho más limitada. En las zonas más remotas no sirven para nada. Es posible que se cobre un porcentaje de la venta en tasas (entre el 1 y el 5%).
La propina en Egipto está normalmente incluida en el precio de los servicios de hoteles y restaurantes, pero son una práctica muy arraigada y se considera un complemento indispensable para los trabajadores del sector servicios, ya que, en gran medida, dependen de ellas.
Temas sanitarios
Vacunas
No hay ninguna vacuna obligatoria para viajar a Egipto, aunque te recomendamos que tengas actualizado tu calendario de vacunación. Se exige certificado de vacunación contra la Fiebre Amarilla (2015) a los viajeros procedentes de zonas con riesgo de transmisión de la fiebre amarilla y a aquellos viajeros que hayan realizado tránsitos de más de 12 horas en aeropuertos de países con riesgo de transmisión de fiebre amarilla.
A todas las personas procedentes de Sudán se les exige o bien un certificado de vacunación o bien un certificado del lugar emitido por un centro oficial de Sudán afirmando que el viajero no ha estado en la zona sur por debajo de los 15° de latitud norte en los 6 días previos. Para más información actualizada puedes llamar al Centro de Vacunación Internacional de tu provincia o consultar este link.
Sanidad
El nivel de higiene es bajo. Siempre hay que lavarse las manos bien antes y después de comer.
Bebe siempre agua embotellada y procura evitar el hielo en las bebidas, las ensaladas y las frutas sin pelar. Es aconsejable llevar medicinas para la diarrea, una crema para el sol y repelente de mosquitos y si tomas alguna medicación específica, no olvides traerla de casa. Te aconsejamos que no te bañes en el Nilo pues es un gran foco de infección de la bilharcia, un parásito que vive en las aguas del río.
Botiquín
Además de las medicinas específicas de cada viajero, el botiquín deberá incluir: antiséptico, antidiarreico y antiinflamatorios (ibuprofeno).
Imprescindible crema de protección solar.
Si tomas alguna medicación específica, no olvides traerla de casa.
Electricidad
El voltaje es de 220 V – 50 Hz. Se pueden usar las clavijas de estilo europeo.
Seguridad
Aunque Egipto puede considerarse un país bastante seguro, en las grandes ciudades, los carteristas son un fenómeno popular así que ten cuidado con tu cartera y tu bolso cuando camines por lugares turísticos o mercados.
Más común es el riesgo de ser engañado por medio de alguna pequeña estafa, un acto que a veces bordea la frontera entre la picardía y el delito. Es el caso de los taxis, puesto que algunos de ellos aún no han montado taxímetros actualizados o ‘casualmente’ están averiados, o en comercios.
En cuanto a las mujeres no es peligroso viajar por Egipto, aunque para evitar miradas y situaciones incómodas procura no llevar pantalones muy cortos o ropa muy ceñida.
Cuándo ir
La mejor época para viajar a Egipto es la primavera, el otoño y el invierno. En verano las temperaturas son muy altas y hay una gran masificación en todas las zonas turísticas. Especialmente apropiados para viajar son los meses de marzo y noviembre, cuando encontrarás temperaturas moderadas, aunque los monumentos estarán más concurridos.
Clima y ropa
Clima
El clima de Egipto se caracteriza por una estación cálida, desde mayo hasta septiembre, y otra fría, entre noviembre y febrero. Las temperaturas extremas en ambas estaciones no varían mucho por los vientos dominantes del norte. En la región costera, el promedio de las temperaturas oscila entre una máxima de 37,2°C y una mínima de 13,9°C. En el desierto hay una gran amplitud térmica, ya que el promedio anual a lo largo del día varía entre 45,6°C por el día y 5,6°C por la noche. Durante el invierno las temperaturas a menudo alcanzan 0°C. El área más húmeda está en la costa mediterránea, donde la precipitación anual alcanza unos 200 mm de promedio, disminuyendo rápidamente hacia el sur; El Cairo recibe sólo 25 mm de precipitaciones de lluvia al año, y en muchos lugares del desierto sólo llueve una vez en varios años.
En marzo, nos encontraremos aproximadamente estas temperaturas:
Luxor : Máx 28°C – Mín 12°C
Asuán : Máx 29°C – Mín 15°C
Abu Simbel: Máx 29°C – Mín 15°C
El Cairo : Máx 24°C – Mín 13°C
Qué llevar
Para tu viaje a Egipto será necesario que lleves ropa fresca y cómoda de algodón o line y algún jersey o cazadora para por las noches, sobre todo en El Cairo.
El protector solar y las gafas de sol son imprescindibles y te aconsejamos que lleves algún gorro o pañuelo para cubrirte la cabeza. Para las mujeres, un pañuelo para cubrirse los hombros o la cabeza al entrar en determinados lugares religiosos.
Comida y bebida
La gastronomía egipcia destaca por su sabrosa mezcla de influencias mediterráneas, africanas y de Oriente Medio. Se caracteriza por el uso de especias aromáticas, legumbres y carnes a la brasa. Entre sus platos más icónicos se encuentran el koshari (considerado el plato nacional), el ful medames y las populares brochetas de kofta.
Platos Principales y Platos Nacionales
Koshari (o Kushari): Es el plato nacional de Egipto. Consiste en una contundente mezcla de arroz, lentejas marrones, macarrones y garbanzos, coronada con cebolla crujiente frita y bañada en una salsa de tomate picante.
Ful Medames: Considerado el plato estrella del desayuno tradicional egipcio. Es un estofado de habas cocidas a fuego lento, aderezado con aceite, ajo, limón y comino, que suele comerse con pan de pita caliente.
Mulukhiyah (o Molokheya): Una espesa sopa tradicional hecha con hojas de yute (un vegetal de hoja verde) finamente picadas y cocinadas en caldo de pollo, carne o marisco, aromatizada con mucho ajo y cilantro.
Fatteh: Capas de pan crujiente (a veces tostado o frito) mojado en caldo, cubierto con arroz, carne (ternera o pollo) y una salsa de ajo y vinagre.
Carnes y Bocados Callejeros
Kebab y Kofta: El kebab consiste en tiernos trozos de carne (generalmente cordero) a la brasa, mientras que la kofta son albóndigas de carne picada y especiada con forma alargada, también asadas al carbón.
Taameya: Es la versión egipcia del falafel. A diferencia del falafel de Oriente Medio (que usa garbanzos), la taameya se elabora principalmente con pasta de habas trituradas y cilantro, lo que le da un color verde vibrante y una textura muy tierna.
Shawarma: Muy popular en todo el país, consiste en carne de pollo o ternera asada verticalmente, cortada en finas lonchas y servida en pan plano o pita con salsas como el tahini.
Aperitivos y Vegetarianos
Mahshi: Plato ideal para vegetarianos, consiste en verduras (como calabacines, berenjenas, tomates u hojas de parra) ahuecadas y rellenas de una mezcla de arroz aromatizado con hierbas frescas, cebolla y tomate.
Baba Ganoush: Deliciosa crema o puré ahumado de berenjenas asadas mezcladas con pasta de tahini (sésamo), ajo, aceite de oliva y zumo de limón.
Postres Tradicionales
Umm Ali: Un postre tradicional muy rico similar al pudin de pan. Se prepara con hojaldre o trozos de pan, leche, nata, azúcar, frutos secos (nueces, pistachos) y pasas, horneado hasta dorar.
Baklava: Hojaldre fino relleno de frutos secos triturados y bañado en almíbar o miel.
Bebidas
En Egipto, las bebidas tradicionales reflejan su cultura de hospitalidad y su herencia antigua. El agua debe ser siempre embotellada y precintada. Para disfrutar de la gastronomía local sin riesgos, estas son las opciones imprescindibles:
Infusiones y bebidas calientes:
- Té (Shai): Es la bebida nacional por excelencia. Se sirve muy dulce y a menudo con hojas de menta.
- Karkadé: Una refrescante infusión de hibisco que se toma tanto caliente como muy fría con hielo.
- Sahlab: Una bebida espesa y dulce a base de leche, polvo de orquídea, canela y frutos secos.
- Café turco (Ahwa): Servido en tazas pequeñas, espeso y con un denso poso al fondo.
Jugos naturales
- Jugo de caña de azúcar (Asab): Muy popular en las calles y recién exprimido.
- Jugo de mango o guayaba: Exquisitos y muy espesos, especialmente comunes en los puestos locales.
Bebidas alcohólicas
Dado que es un país de mayoría musulmana, el alcohol no se consume en la calle ni en restaurantes tradicionales. Sin embargo, se vende ampliamente en zonas turísticas, cruceros, hoteles y tiendas especializadas como Drinkies.
- Cervezas locales: Las marcas más populares y accesibles son Stella y Sakkara.
- Vino: Los vinos egipcios están ganando popularidad, destacando etiquetas como Omar Khayyam o Shahrazade.
Diferencia horaria
Egipto tiene + 1 hora de diferencia con la península. Es decir, cuando en España son las 12.00 horas, en Egipto son las 13.00 horas.
Compras
Se podría decir que Egipto es el paraíso de las compras. Eso sí, hay viajar bien informado. Las compras en Egipto, pueden ser muy agradables o un infierno.
Egipto es un país en el que las compras se convierten en vicio. Sus ciudades cuentan con amplios mercados donde venden algunos de los productos más típicos del país. El más grande y conocido de todos es el de Khan el-Khalily, en El Cairo. Por sus estrechas calles se pueden encontrar numerosos puestos con las tradicionales shishas, pufs, alfombras, cerámica, pinturas, perfumes y ropa de todos los estilos. Pero lo primero que hay que tener en cuenta cuando uno va de compras en Egipto, es que hay que regatear, y eso puede ser complicado.
Ahí van algunos consejos sobre el ARTE DEL REGATEO:
- Nunca hay que mostrar demasiado interés por las cosas que finalmente uno va a comprar. El vendedor se dará cuenta y le pondrá un precio más elevado de partida.
- Siempre tiene que ser el vendedor el que ponga un precio de partida a lo que quieres comprar. El turista, con total probabilidad pondrá un precio muy elevado
- Si partimos del precio del vendedor (100%), normalmente hay que comenzar el regateo desde el 25-30% (a veces más bajo todavía), y lo normal sería que nos quedáramos con un precio entre el 40% y el 50% del precio inicial
- No hay que desesperarse. Podemos tardar hasta media hora en llegar a un acuerdo con el vendedor, pero si el artículo te interesa, merece la pena, e incluso te puedes divertir.
Productos típicos para comprar en Egipto
Papiros: se obtienen a partir de la planta del papiro. El papiro auténtico es caro. Se puede distinguir si el papiro es autentico mirando al trasluz: tienen que aparecer puntos negros. Para saber si un papiro es auténtico o no se puede pasar un dedo húmedo por su superficie y, si el agua no traspasa, es que es original. Encontraréis grandes tiendas de papiros en todas las ciudades, en algunos casos a muy bajos precios, pero con toda seguridad, son falsos. Hay que ir a tiendas de garantía.
Cartuchos de oro o plata: Los cartuchos son colgantes donde “esculpirán” vuestro nombre (o el de quien queráis) con escritura jeroglífica. Son un recuerdo y un regalo habitual. Es necesario encargarlos con un día de antelación y el precio al cambio rondará los 10 euros para los de plata. Hay que tener cuidado, ya que muchas veces lo que nos venden no es plata auténtica. También se hacen de oro, aunque lógicamente son más caros. Es un bonito recuerdo que queda para siempre.
Joyas: La joyería no se usaba exclusivamente con fines de belleza personales, sino que también se aplicaba a tumbas, coronas y complementos. Hoy, estas joyas son uno de los bienes más preciados por los viajeros en Egipto. Si lo que se desea es comprar oro, lo más recomendable es hacerlo en los mercados de Gamee Plaza o de la mezquita, además de en las joyerías ubicadas en los barrios Maadi o Zamalek, en El Cairo. En Khan El Khalili también hay un gran número de puestos de orfebrería, aunque no todas las piezas que se venden son de calidad.
Escarabajos: Los antiguos egipcios solían tener amuletos en forma de escarabajos peloteros, que tenían un significado religioso en la antigua religión egipcia. Hoy, los escarabajos son otro de los recuerdos más codiciados entre los turistas. Se pueden encontrar de todos los tamaños, colores y materiales, y algunos también están grabados con el alfabeto jeroglífico. Las pulseras y collares de escarabajo también son muy populares como recuerdo de viaje.
Objetos de basalto: muy típico de Egipto. El basalto original es negro, pesa mucho y es bastante caro. Además, no se puede rallar. Hay que comprobar todo esto, ya que hay muchos vendedores que te venden objetos que simulan muy bien el basalto.
Shisha: llamadas también narguile o camchimba, la shisha es el recipiente de metal y vidrio que se emplea para fumar tabaco de distintos sabores y filtrado por agua. Se trata de un hábito muy arraigado en los países árabes, por lo que además de poder encontrarlo en numerosos restaurantes y teterías, este producto también está a la venta en casi todas las tiendas del país. Las hay de diferentes tamaños y diseños. El mejor lugar donde comprarla a bajo precio es en el mercado Khan El Khalili.
Chilabas: Desde que en las agencias inventaron la fiesta de la chilaba en los cruceros, casi todos los viajeros de Egipto vuelven con una de su viaje. Como es lógico, no tendréis ningún problema para comprar las chilabas en la tienda del barco, pero si queréis ahorrar, podéis buscarlas en las tiendas de la calle. Si algún modelo os gusta en el barco, os costará el 50% en algún bazar.
Perfumes (esencias): Egipto tiene una gran tradición en la creación de esencias y perfumes. Como con los papiros, encontraréis tiendas de perfumes en todas las ciudades, aunque lo mejor es comprarla en alguna tienda en El Cairo. Si la esencia es buena, una sola gota debería dar olor durante varios días.
Falsificaciones: Egipto es un país donde no será difícil encontrar imitaciones de ropa y otros objetos. El mejor lugar para comprar estos artículos es Sharm el-Sheij, donde la calidad de las imitaciones es espectacular. Maletas Samsonite, bolsos Chanel o maletines Mont Blanc son algunos de los artículos que son difíciles de diferenciar de los originales
Especias: Se pueden comprar en todos los mercados de Egipto (Assuan, Luxor, Khan El-Khalily). Encontraréis tipo de hierbas y flores disecadas, como manzanilla, comino, hinojo, cilantro, regaliz, y la famosa flor de hibiscus, con la que se prepara el refrescante Karkadé egipcio.
Prendas de algodón: El algodón egipcio está considerado como el mejor del mundo. Tiene fama mundial. Aquí encontraremos prendas de todo tipo que, además, es el mejor material para llevar en Egipto y combatir el calor.
Objetos de alabastro: Figuras hechas con alabastro, muchas de ellas en realidad son de resina de alabastro, pero son muy bonitas y podemos encontrar de diferentes formas: gatos, ibis, escarabajos sagrados o un faraón, son las más típicas a pesar de que existen otras muchas más.