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Viaje a Marruecos III: días 4 y 5, visita de Meknes, Volubilis e Ifrane. LLegada a Erfoud, ya en el desierto | Los viajes de Vagamundos día a día

Publicado el 10/08/2021 en

Tercera entrega de nuestro viaje a Marruecos, correspondiente a los días 4 y 5. En esta ocasión, visitaremos otra de las capitales imperiales, como es Meknes, y a continuación Volubilis, las ruinas romanas mejor conservadas de Marruecos. Al día siguiente, proseguimos nuestro camino hacia el sur a través del Valle del Ziz, con paradas en Ifrane y Midelt, hasta llegar a Erfoud, ya a las puertas del desierto. 

 

Día 4 – FEZ – Meknes – Volubilis – FEZ

Desayuno buffet en el hotel.

Partimos hacia MEKNES, quizás la más modesta de las cuatro ciudades imperiales. Meknes (o Mequínez), es la capital administrativa de la región de Meknès-Tafilalet. Conocida como “la Versalles de Marruecos” por su pasado histórico así como por su solemnidad, se encuentra rodeada de campos de cultivo, siendo los productos agrícolas una de las bases de la economía de la ciudad. Fundada por la tribu bereber de los meknassis (de la que la ciudad toma el nombre), en el s. X, bajo los gobiernos almohade y benimerín, la medina fue ampliada y se construyeron algunos de los monumentos más antiguos de la ciudad.

En el s. XVII Meknes empezó a desarrollarse, viviendo su máximo esplendor durante el reinado de Mulay Inmaïl (1672-1727), segundo soberano alauita que la eligió como capital del sultanato, creando las murallas y sus magníficas puertas. Desde el comienzo de su reinado formó una guardia pretoriana compuesta por 16.000 esclavos negros, a los que entregó mujeres de la misma raza estableciendo una especie de criadero humano. Los niños pertenecían al Estado desde su nacimiento y a los doce años los llevaban a Palacio donde aprendían algún oficio hasta incorporarse a filas.

De esta forma llegó a tener unos 150.000 hombres con los que pudo someter a las tribus del Atlas. Edificó kilómetros de murallas, inmensos palacios, mezquitas, estanques, almacenes, cuadras y la magnífica ciudad fortificada. También fue un soberano sumamente cruel y caprichoso. Con la desaparición del sultán la ciudad conoció una rápida decadencia perdiendo su capitalidad en beneficio de Fez y Marrakech.

En 1912, la llegada del protectorado francés y el establecimiento del cuartel general militar en Meknes, insuflaron nueva vida a la ciudad. Actualmente es una de las ciudades más grandes del país, y un dinámico centro económico, célebre por sus olivos, vino (sorprendente, ya que los musulmanes tienen prohibido beber alcohol) y té de menta.

Llegamos a la Ciudad Imperial de Meknes (DECLARADO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO EN 1996), que mezcla su esplendor histórico que se refleja en sus majestuosos monumentos,  los sabores auténticos del día a día de sus habitantes. Aunque las medinas de Marruecos forman parte de los lugares más emblemáticos de sus ciudades, la de Meknes merece mención aparte. Edificios que desafían el tiempo, murallas que se extienden sobre cuarenta kilómetros de longitud, perforadas por veinte puertas fortificadas, torres y bastiones. Las puertas son auténticas obras de arte y los zocos ofrecen un pintoresco e insólito viaje al pasado.

La Plaza el-Hedim es el punto de partida para descubrir la medina, y es a Meknes lo que la Plaza de Jemaa el Fna es a Marrakech, esto es, el centro de la vida pública y cultural de la ciudad, y el punto de encuentro entre la medina y la antigua judería, a partir de la cual se ramifican las callejuelas que forman el zoco. Aquí se han instalado restaurantes y terrazas donde antaño se presenciaban las ejecuciones públicas y los anuncios reales.

A medida que se avanza hacia el mercado que hay en la plaza nos llegará el aroma de la menta, especias y limones que se disputan la atención de los compradores, atareados en regatear y en elegir los mejores dátiles o el aceite más perfumado.

Ubicada en el centro de la Medina, se encuentra la Madraza Bou Inania, construida por el sultán meriní Abu El Hassan en 1350 y terminada en el año 1358 por su hijo Abu Inan, está considerada una obra maestra edificada según la estructura clásica de la escuela coránica: un patio central y una fuente de las abluciones dominando el espacio abierto, rodeado por una galería y una sala de oración, así como con maravillosas columnas y puertas con impresionantes detalles y grabados. El diseño interior corresponde al canon exquisito que solía imponer la dinastía meriní, como se puede apreciar en los mosaicos o en el techo de madera de cedro. Su decoración, realizada en estuco de caligrafía y madera, es una de las más refinadas de Marruecos.

Atravesaremos la bella Puerta Bab el-Mansour (“puerta de los Albarderos), la más importante de Meknes, y la más grande de Marruecos. Su construcción fue iniciada en 1672 por Mulay Ismail, y la completó su hijo Mulay Adallah en 1732. Mide unos 16 metros de alto y para los habitantes de la ciudad es como un portal que une el pasado con el presente. Se encuentra flanqueada por dos torres cuadradas en saledizo coronadas por merlones; su fachada está decorada con flores en alicatado zellij (tipo de mosaico ornamental a base de trozos de azulejos de colores, llamados teselas).

El escritor francés Pierre Loti en su libro Viaje a Marruecos, deja constancia de la impresión que le causó la puerta: “las rosetas, estrellas, enredos, líneas quebradas, combinaciones geométricas que desvían los ojos como un juego rompecabezas pero que demuestran siempre el gusto, el más ejercitado y el más original, se acumularon aquí, con miríadas de pequeños pedazos de tierra esmaltada…para romper el aburrimiento de esas altas defensas”.

Tras cruzar el portal Bab Mansour, aparece el Mausoleo Mulay Ismail, uno de los pocos monumentos religiosos abierto a los no musulmanes. Aquí se encuentran las tumbas reales de la familia de Mulay Ismail y la suya. Construido en 1703 por petición del sultán, el mausoleo Mulay Ismail es un reflejo de la grandeza que adquirió la ciudad en una época en la que no solo era la capital del reino, sino también un enclave imprescindible para el comercio y los acuerdos internacionales. Concebido como un conjunto de amplias salas y patios con paredes ciegas, el mausoleo es uno de los pocos templos religiosos a los que tienen acceso los no musulmanes.

La sala del mausoleo se divide en dos partes: una secular y otra sagrada. Tejas verdes esmaltadas y un fino trabajo de estuco se suceden a lo largo de diversos patios y columnatas, antes de llegar a la última sala, el lugar donde se encuentran las tumbas de Mulay Ismail y su familia. Flanqueando la entrada a las tumbas se ven dos relojes de péndulo Comtois, que el rey francés Luis XIV regaló al sultán tras negarle la mano de su hija, puesto que la ley musulmana autorizaba la poligamia.Estos relojes dotan al mausoleo de un aura especial, ya que pese al paso del tiempo, siguen marcando la hora en mitad del silencio que domina las diferentes estancias. En la pared posterior figura el árbol genealógico de los alauitas. Una delicada fuente de mármol en un estanque en forma del sello de Salomón ocupa el centro de la habitación. Hay que fijarse en el techo de madera de cedro, que data del siglo XVII.

Detrás del mausoleo asoma el perfil del Palacio Real, todavía en uso, y el conjunto Heri es-Souani (los establos reales), de dimensiones colosales (podía albergar hasta 12.000 caballos), en su interior se mantenía fresca la temperatura y el aire en circulación debido a los diminutos ventanales, los sólidos muros y el sistema subterráneo de canalización de aguas. Se compone de numerosos silos subterráneos abovedados, sostenidos por pilares y arcos. Era también un lugar de almacenamiento de alimentos.

Formando parte del conjunto, llama la atención el Dar El Ma (casa de agua), un laberinto de columnas y arcos que albergaba los pozos que abastecían la ciudad. El agua se extraía de pozos de unos 40 m de profundidad gracias a un sistema de norias, hoy desaparecidas, accionadas por animales. Estas salas inmensas, de muros altísimos y de varios metros de espesor, reciben la luz de claraboyas abiertas en el centro de la bóveda. Sus enormes dimensiones dan una idea del gigantismo que caracteriza a las obras del sultán Mulay Ismail.

Y junto a Dar El-Ma, el estanque de Agdal, rodeado de piedras, donde los monarcas disfrutaban de paseos en barca. Las vistas que ofrece de la cuenca del Agdal y de toda la ciudad imperial son espectaculares.

Aprovecharemos el tiempo libre para pasear por las calles de la Medina, como la Calle Nejjarine, que da acceso a la mayoría de los bazares. Los artesanos en sus pequeños tenderetes, alineados a lo largo de los callejones y en los bazares cubiertos, donde la actividad sigue siendo intensa.

Almuerzo en restaurante local.

Nos ponemos rumbo a VOLUBILIS, que se encuentra a 30 km, y contiene las mejores ruinas romanas de Marruecos. Se cree que la ciudad fue fundada por los cartagineses en el siglo III a.C. con el nombre de Oulili, que parece ser una deformación de "oualili" (adelfas, en bereber).

Pasó a formar parte del reino de Mauritania y se convirtió en una de las capitales reales de Juba II. En el año 40, Roma se anexiona Mauritania, tras el asesinato del rey Ptolomeo por el emperador Calígula, y Volubilis pasa a formar parte de la provincia de Mauritania Tingitana. La base de su economía era la producción y comercio de aceite, el trigo y los animales salvajes destinados a los circos. Aún hoy, las laderas del Zerhoun están cubiertas de olivos (han salido a la luz en las excavaciones cincuenta almazaras).

La ciudad conoció una prosperidad deslumbrante, convirtiéndose en un importante centro administrativo y llegando a albergar 20.000 personas. Consecuencia de su prosperidad, Volubilis fue dotada de bellas construcciones, la mayoría de las cuales construidas en los siglos II y III. A la vez que las vecinas tribus bereberes se iban consolidando, el imperio abandonó los territorios en el 280 por orden de Diocleciano. A pesar de ello, la población de la ciudad (formada por bereberes, griegos, judíos y sirios) siguió hablando latín hasta la llegada de los árabes en el siglo VIII.

Volubilis continuó siendo habitada hasta el siglo XVIII, cuando sus mármoles fueron utilizados para construir los palacios de Mulay Ismael en la cercana Meknes. El terremoto de 1755 afectó sensiblemente a los monumentos de la ciudad, aunque ya se encontraba prácticamente despoblada.

Descubriremos el sitio arqueológico de Volubilis (DECLARADO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO EN 1997), del que destacamos, en la zona del Barrio Sur, la Casa de Orfeo, suntuosa mansión, en cuyo tablinum –donde recibía el dueño de la casa– hay una gran composición que representa a Orfeo encantando a los animales con su lira. La casa pudo pertenecer a una familia bereber romanizada, enriquecida con el comercio del aceite.

Muy cerca se encuentran las termas de Galiano, una muestra más de la afición romana por los baños termales. Con una extensión de 1.200 m2, además del baño incluía una sala de ejercicio, vestuario y letrinas.

En el punto más alto de la ciudad están construidos, como era habitual, el capitolio, la basílica y el foro. El Capitolio, dedicado a la trilogía de Júpiter, Juno y Minerva, se remonta a 210 d.C., y debemos prestar atención al altar, al pie de los escalones; la Basílica Civil, muy común en el mundo romano –el anexo indispensable del foro–, era el edificio más grande de la ciudad, consta de tres naves (la central, más amplia, tenía sus dos extremos rematados con un ábside). Servía para pasear y reunirse cuando hacía mal tiempo, como bolsa de comercio, y para administrar justicia. Unos escalones en el lado oeste de la basílica nos llevarán al Foro, en el centro mismo de la ciudad. Estaba rodeado de pórticos y adornado con estatuas de emperadores y notables locales.

El Decumanus Maximus es el eje que atravesaba la ciudad, donde se alineaban las casas más bellas, entre las que destaca la Casa del Efebo, que toma el nombre de la estatua del efebo coronado de hiedra allí encontrada (actualmente en el Museo Arqueológico de Rabat), muestra influencias del Oriente helenístico. Alrededor del peristilo –serie de columnas que rodean un patio interior– se abren las salas nobles: el triclinium –estancia dedicada al comedor– conserva el mosaico que representa a una nereida cabalgando sobre un caballo marino y rodeada de centauros; otras dos habitaciones alrededor del estanque circular con sendos mosaicos: Baco en su carro y un pescador entre peces y aves acuáticas.

La Casa de los Trabajos de Hércules, de forma irregular, está decorada con columnas estriadas. El peristilo tiene un estanque circular con los bordes lobulados con un mosaico de motivos geométricos, y el triclinium contiene otro bello mosaico de doce medallones que representan los Trabajos e Hércules rodeando otras escenas: Ganímedes raptado por el águila de Júpiter y las Cuatro Estaciones.

La Casa del Cortejo de Venus, la más rica de Volubilis, en la que todas las habitaciones están pavimentadas con mosaicos realizados entre finales del s. II e inicios del s. III. Podremos contemplar los mosaicos que representan a Baco y las cuatro estaciones de la que se reconoce el otoño (coronado con racimos de uvas); y el verano, Hilas raptado por las Ninfas. Finalmente el del baño de Diana sorprendida por Acteón, del que se distingue solo una parte del cuerpo.

Al final de la calle se encuentra el Arco del Triunfo, del s. III, uno de los edificios más destacados del yacimiento. Construido en mármol y en su día coronado por una cuadriga de bronce, data del año 217 y fue erigido en honor de Caracalla y su madre, Julia Domna. Su bóveda se había hundido y se ha podido reconstruir parcialmente. El arco manifestaba la presencia de Roma a las tribus beréberes.

Después de la visita, volvemos a Fez.

Cena y alojamiento en el hotel PALAIS MEDINA & SPA.

 

Día 5 – FEZ – Ifrane – Midelt – ERFOUD

Desayuno buffet en el hotel.

Partimos a primera hora, ya que hoy tenemos un día largo de autobús. A unos 60 km. llegaremos a IFRANE, y nos preguntaremos si todavía seguimos en Marruecos. Se trata de un centro turístico construido por los franceses en la década de 1930, que recuerda a un pueblecito de Suiza –se la conoce como la “Ginebra de Marruecos”–  por sus casas de tejados a dos aguas rojos, parterres en flor y parques con pequeños lagos. Tras el fin del protectorado Ifrane siguió creciendo pero conservando la idea inicial francesa. Hoy en día es capital de su provincia tocaya, con cerca de 15.000 habitantes censados, gran parte de ellos procedentes de las élites burguesas de Fez, Rabat y Casablanca. Ubicada a 1.650 m, de altura, en invierno se llena de esquiadores.

Dominada por bosques de encinas y cedros, durante nuestro paseo por la ciudad, recorreremos el campus de tipo americano de la Universidad de Al-Akhawayn, moderno centro educativo fundado en 1995 por Hassan II y el rey Fahd de Arabia Saudí, que se alza en medio de un bosque de encinas con edificios con tejados de tejas rojas donde acuden los hijos de las familias más acaudaladas del país; pasearemos por la zona peatonal del centro de la ciudad, con bonitos bares y terrazas. En los Jardines de Mohammed V, nos podremos hacer la típica foto con el León del Atlas, una escultura de piedra tallada por un soldado alemán durante la II Guerra Mundial, que representa al león que antaño vivió en la zona.

Continuamos a través de montañas y bosques de cedros, y después del paso Zad (2.178 m) llegaremos a MIDELT, pueblo de 45.000 habitantes que vive básicamente de la agricultura. Se encuentra situado entre el Atlas medio y el gran Atlas, en las faldas del monte Ayachi, junto a un pequeño río que drena en el extenso oasis del valle del Muluya, a 1.488 metros de altitud.

Almuerzo en restaurante local. 

Continuamos ruta a través del Valle del Ziz, vía histórica de penetración hacia la región del Tafilalt, que todavía en el siglo XIX era una encrucijada de rutas caravaneras transaharianas. En todas las épocas los sultanes se esforzaron por controlar el acceso a esta provincia de gran riqueza y prestigio. Ascenderemos por una carretera montañosa, y pasaremos el Tizi-n-Tairhemt (de 1.907 m), a partir de donde ya aparece el paisaje presahariano y la vegetación se refugia en pequeñas cuencas.

Pasaremos por el Túnel de Foum-Zabel (o Tunnel du Legionaire), que la Legión Extranjera francesa excavó en la roca caliza en 1927, abriendo una ruta hacia el sur. El túnel sale a la Garganta del Ziz, donde el valle se estrecha aún más, y la ruta penetra haciendo cornisa en un largo corredor cuyas paredes enmarcan un cordón de estrechos palmerales. La agreste aspereza de este paisaje es impresionante. A la salida veremos la presa de Hassan Addakhil, que regula el curso del Zis y permite regar la región. La carretera bordea la orilla sinuosa del embalse cuyas rojísimas paredes se hunden en el agua verde esmeralda.


Llegada a ERFOUD, el centro más importante del Tafilalt. Ubicada a 937 m de altitud, en las estribaciones finales del valle, entre vergeles y el desierto de dunas, este asentamiento fue fundado en 1917 por la Legión Francesa como campamento militar. Se trata de una ciudad moderna que mantiene su original planta ajedrezada con amplias avenidas adornadas de tamariscos.

Cena y alojamiento en el KASBAH HOTEL XALUCA.
 

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