ePrivacy and GPDR Cookie Consent by Cookie Consent Viaje a Israel y Jordania VI: Castillo Ajlun – Jerash – Ammán– Madaba – Monte Nebo – Karak – Pequeña Petra | Los viajes de Vagamundos día a día

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Viaje a Israel y Jordania VI: Castillo Ajlun – Jerash – Ammán– Madaba – Monte Nebo – Karak – Pequeña Petra | Los viajes de Vagamundos día a día

Publicado el 31/07/2021 en

Continuamos recorrido por la vecina JORDANIA, hospitalaria y misteriosa, con paisajes que rebosan belleza natural e historia. Aquí viviremos la primitiva austeridad del desierto de WADI RUM, con sus hipnóticas formaciones rocosas; las impresionantes ruinas de PETRA, espléndida capital de los nabateos, con su arquitectura tallada en piedra rosada. Los restos de JERASH, la ciudad grecorromana mejor conservada de Próximo Oriente; escenarios bíblicos como el MONTE NEBO, donde Moisés se detuvo a contemplar la Tierra Prometida, que no llegaría a pisar; o la capital, AMMÁN, con su animado centro histórico. También nos podremos bañar en el MAR MUERTO, el más salado del planeta y en el que flotas sin esfuerzo.

 

DÍA 8 – JERUSALÉN – Sheikh Hussein – Castillo Ajlun – Jerash – AMMÁN

Desayuno buffet en el hotel.

A primera hora, salida en dirección a la frontera de Sheikh Hussein. Una vez terminados los trámites de entrada, nos encontraremos con nuestro guía jordano.

JORDANIA es una tierra tan antigua como la Biblia, pues acoge muchos de los escenarios del Antiguo y Nuevo Testamento. Aquí han dejado su impronta la civilizaciones nabatea, griega, romana, bizantina, musulmana, los Cruzados, la dominación otomana y durante la I Guerra Mundial, la Gran Revuelta Árabe con Lawrence de Arabia como protagonista. Todo este trasiego de culturas ha dotado al país de un importante patrimonio arqueológico, como las impresionantes ruinas de Petra (una de las más importantes del mundo), ciudades romanas y castillos árabes y cruzados.

Si añadimos sus accidentes naturales como el desierto Wadi Rum o la gran extensión salina que es el Mar Muerto, el punto más bajo de la Tierra, estamos ante uno de los países más interesantes del Oriente Próximo.

Aunque Jordania se asienta sobre un antiquísimo lecho de roca, el país apenas tiene un siglo de antigüedad. Su territorio se separó de Palestina en 1923 y consiguió la independencia en 1946, cuando se proclamó el Reino Hachemita de Jordania. El rey Abdalá fue su primer gobernante, aunque fue su hijo Hussein (1935-1999) quien colocó el país en la escena internacional.

Su empeño por establecer y mantener la paz en la región contribuyó al prestigio de Jordania como ancla en el turbulento mar de la política de Oriente Próximo, le dio dignidad al pueblo nómada de beduinos y supo encauzar políticamente la oleada de refugiados de Palestina. Una reputación que se mantiene hasta hoy, a pesar de los desafíos que han supuesto las crisis en las fronteras de Irak y Siria.

La extrema calidez y amabilidad de sus gentes, es una expresión de la estabilidad que Hussein aseguró para el país. La forma de vida cotidiana de Jordania también la determina una interpretación del islam relajada y tolerante. El territorio en sí no posee grandes riquezas: ni una gota de petróleo, poca agua y demasiado sol. Sus fronteras resultaron imposibles de defender ante la inmigración palestina (a la que se ha sumado la iraquí y la siria), un hecho que modificó sustancialmente la composición étnica del país y que puso fin a la supremacía numérica de los beduinos. 

Llegada a Ajlun, fundada sobre una antigua ciudad mercado que está dominada por la fortaleza Qalat Ajlun, un espléndido ejemplo de ingeniería militar árabe. Fue construida en 1185 por uno de los generales de Saladino como respuesta a las incursiones de los cruzados en la región (contrapunto del fuerte cruzado de Belvoir en el mar de Galilea), para controlar los movimientos de los awies –tribu árabe aliada de los fatimíes–, y controlar los cercanos yacimientos de hierro.

Ampliado en 1214, llegó a tener hasta siete torres así como un foso de 15 m de profundidad dotado de un puente levadizo (hoy sustituido por una pasarela). Esta construcción formaba parte de una cadena de balizas y puestos de palomas mensajeras que permitía enviar mensajes de Damasco a El Cairo en un solo día. Desde aquí se dominaba un gran tramo del norte del Valle del Jordán protegiendo el comercio y las rutas entre el sur de Jordania y Siria. El castillo fue destruido en parte por los mongoles en 1260, siendo reconstruido por los mamelucos.

A partir del siglo XVII fue utilizado por los otomanos. Dos terremotos en 1837 y 1927, lo dañaron. Situada a 1.250 m de altura, tendremos una magnífica vista del valle del Jordán y los montes de Galilea.

Almuerzo en restaurante local.

A través de una serpenteante carretera atravesada por pinares y olivares, llegamos hasta JERASH, donde se localiza la antigua ciudad romana de Gerasa, las ruinas mejor conservadas de Oriente Medio. En este fascinante lugar la historia cobra vida; sus monumentos son todos de tal magnificencia que nos permitirá imaginar la relevancia de Gerasa entre los siglos II y III, en su máximo esplendor.

Aunque estuvo habitada desde el Neolítico y fue establecida como ciudad durante el reinado de Alejandro Magno (333 a.C.), Gerasa es una creación netamente romana. La zona tenía un interés limitado. Las tierras al este del valle del Jordán y del mar Muerto estaban formadas por una pequeña sucesión de mesetas boscosas que daban paso a un enorme desierto. Con una orografía accidentada y escasas reservas de aguadulce, la zona ofrecía poco espacio para la agricultura. Pero, aunque pobre en recursos, su ubicación, en el corazón de una encrucijada de caminos, la convertía en una presa deseada.

Al este se extendía Mesopotamia; al suroeste, el valle del Nilo, y al sur, la península arábiga, recorrida por las caravanas de los nabateos, cargadas de incienso del Yemen, perlas del mar Rojo y especias de la India.

Tras la conquista de la región por el general Pompeyo en el 64 a.C., la ciudad entró a formar parte de la provincia romana de Siria, para después ser una de las componentes de la Decápolis, la asociación de las ciudades-estado romanas de Oriente. Durante los dos siglos siguientes, prosperó gracias a las minas de hierro y de su posición en la ruta de las especias y el incienso que iba de la península de Arabia a Siria y el Mediterráneo, llegando a su apogeo hacia principios del siglo III, cuando alcanzó el rango de colonia y contaba con casi 20.000 habitantes.

Tras un periodo de decadencia, motivado por el alejamiento de las rutas comerciales hacia el mar y el declinar de Palmira, ciudad de la ruta de las caravanas en el desierto sirio, renació como ciudad cristiana en época bizantina, sobre todo durante el reinado de Justiniano (527-565). Los musulmanes se apoderaron de ella en el año 635.

El declive definitivo de la ciudad comenzó a raíz de un devastador terremoto en el 747, quedando reducida la población a una cuarta parte. La estocada final la asestó Balduino II de Jerusalén en el siglo XII durante las cruzadas. La ciudad estuvo abandonada hasta 1878, cuando se instalaron en su territorio circasianos procedentes de Rusia. 

Visita de la CIUDAD ANTIGUA DE GERASA, a la que accederemos a través del arco de Adriano, de 13 m de altura, y color ocre, erigido en honor a la visita del emperador romano; al lado se halla el hipódromo, con unas dimensiones de 245x52 m, con capacidad para 15.000 espectadores. Aquí tenían lugar las carreras de carros y otros eventos deportivos; más abajo la Puerta Sur, con tres arcos, formaba parte de la muralla de la ciudad del siglo IV.

A su izquierda, en una elevación, se sitúa el templo de Zeus, de gran tamaño y armonía, fue construido en el 162 d.C. sobre las ruinas de un antiguo templo romano. Aunque en gran parte destruido, todavía conserva los gruesos muros del santuario, así como unas imponentes columnas de 15 m de alto.

A continuación el teatro Sur, construido durante el reinado de Domiciano, entre el 81 y 96 d.C., con capacidad para 5.000 espectadores que se acomodaban en asientos dispuestos según su estatus social. Su acústica extraordinaria, amplificada por los nichos de la base del podio, creaba pequeñas cajas de resonancia. Aquí tiene lugar todos los años el Festival de Arte y Cultura de Jerash.

La Plaza Oval (siglo I d.C.), de forma elíptica (80 x 90 m), es un monumento único en el mundo romano: rodeada de 56 columnas jónicas lisas, se encuentra pavimentada con grandes losas de caliza en el exterior que van decreciendo en tamaño hacia el centro, para dar mayor relieve a la forma elíptica. Bajo el suelo corre un complejo sistema de cloacas. Servía de mercado y era el principal centro de la vida social y política de la ciudad.

Desde aquí parte en dirección norte el Cardo Máximo, una espectacular calle pavimentada de 800 m de largo donde se encontraban los edificios, tiendas y residencias más importantes de la ciudad. Edificado en el siglo I d.C., se amplió a lo largo del siglo siguiente. Toda la vía está dotada de un sistema de alcantarillado que recogía el agua de la lluvia.

Más adelante se halla el ninfeo, construido en el 191 d.C., era la principal fuente ornamental de Gerasa, dedicada a las ninfas acuáticas: decorado con losas de mármol en la parte inferior de la fachada, estaba cubierto con una semicúpula; el agua caía en cascada en una gran piscina en la parte delantera y fluía por siete cabezas de león talladas. Varias columnas corintias finamente esculpidas enmarcan la fuente, y al pie hay un hermoso estanque de granito rosa de época bizantina.

Cerca se ubica uno de los edificios más hermosos de la ciudad, el templo de Artemisa, diosa de la caza y la fertilidad y patrona de la ciudad en época griega y romana. Construido entre el 150 y el 170 d.C., se encuentra flanqueada por 11 (originalmente eran 12) columnas corintias delicadamente talladas. Todo el edificio estaba revestido de mármol y unas bonitas estatuas de Artemisa adornaban las hornacinas. En época bizantina y omeya, el templo acogió talleres de alfareros. Mas tarde, en el siglo XI, los Atabeg de Damasco lo transformaron en castillo, posteriormente destruido por Balduino II, rey de Jerusalén.

Entre las ruinas de Gerasa hay un total de 15 iglesias bizantinas. Junto al templo se hallan los restos de varias de ellas, de las que destaca la iglesia de San Cosme y San Damián, edificada en el 533, conserva el pavimento con mosaicos de intrincados motivos geométricos, vegetales, animales, aves y otras figuras.

La más grande es conocida como la Catedral, construida en torno al año 365 (la más antigua de Gerasa) sobre un antiguo templo dedicado a Dionisios. Posee dos naves y un ábside donde se levanta el altar.

Siguiendo el Cardo se encuentra la iglesia del Propileos, con los restos de una plaza delante, y cerca están las ruinas de una mezquita omeya del siglo VIII. El bonito y pequeño Teatro Norte, inaugurado en el 165 d.C., tenía capacidad para 2.000 personas. Era el odeón, donde tenían lugar eventos musicales y certámenes de poesía. También era utilizado para reuniones de gobierno, y muchos de los asientos tienen inscritos los nombres de los delegados que votaban en el gobierno municipal.

Más adelante se alzan los baños occidentales, del siglo II, que conservan un espléndido techo abovedado.

Al finalizar la visita, nos dirigimos a Ammán.

Cena y alojamiento en MÖVENPICK HOTEL AMMAN.

 

DÍA 9 – AMMÁN – Madaba – Monte Nebo – Castillo de Karak – Pequeña Petra – PETRA

Desayuno buffet en el hotel.

Partimos hacia el sur por una carretera que recorre la columna vertebral de las tierras altas centrales de Jordania, dividida por el imponente cañón de Wadi Mujib, con un paisaje plagado de olivares, avenidas de álamos y suaves montañas.

Por aquí han pasado durante los últimos tres milenios los israelitas buscando la Tierra Prometida, los nabateos para llegar hasta Petra, los cristianos en peregrinación al monte Nebo, donde se dice que Moisés vio la Tierra Prometida; los cruzados para ir a sus castillos fortificados; y los musulmanes en su peregrinación a La Meca

Llegada a MADABA, una agradable ciudad comercial donde habita una de las mayores comunidades cristianas del país. La zona lleva habitada casi 4.500 años. Se dice que es una de las poblaciones que se dividieron entre las 12 tribus de Israel durante el Éxodo.

Con la llegada de los romanos en el 63 a.C. fue ganando importancia, convirtiéndose en una próspera ciudad. Su buena estrella continuó con los bizantinos llegando a ser un importante centro del cristianismo con su propio obispo, y con la construcción de iglesias decoradas con esplendidos mosaicos.

La ciudad soportó las invasiones de los persas y los musulmanes, y un devastador terremoto en el año 794 la sumió en el olvido, quedando abandonada hasta finales del siglo XIX, cuando tras graves enfrentamientos con los musulmanes en Karak varias tribus cristianas se instalaron en Madaba. Es entonces cuando se empezaron a levantar nuevas iglesias sobre las ruinas de otras existentes y se descubrieron algunos de los mosaicos que adornaban los antiguos templos.

Visita de la Iglesia de San Jorge, de rito ortodoxo griego, construida en 1896, y donde se conserva el Mapa de Tierra Santa, un mosaico del año 560 que constituye un excepcional documento de geografía bíblica, desde la zona de Tiro y Sidón hasta el delta del Nilo y el desierto. El anuncio del descubrimiento en 1897 de este mosaico que detallaba el mapa de Tierra Santa creado en época bizantina, provocó una enorme expectación internacional.

Eruditos de todo el mundo llegaron a la ciudad con el fin de analizar la obra y ayudar en su recuperación. Se trata de la representación más antigua del mapa de Palestina y proporciona muchos datos históricos de la región. En su origen, el mosaico medía 17,5 x 10 m y se componía de dos millones de teselas; sus dimensiones actuales son de 15,7 x 5,6 m. Cuenta con 157 leyendas en griego que describen los principales lugares bíblicos de Oriente Próximo. El mapa está orientado de este a oeste en vez e norte a sur, con Palestina a la izquierda y el delta del Nilo, en Egipto, en el extremo derecho.

Las ciudades y pueblos están ubicados de forma muy precisa para la época y aparecen representados en forma de plano, muy en sintonía con la cartografía moderna. Al igual que en la cartografía antigua y medieval, Jerusalén figura en el centro, subrayando así su importancia como foco de la cristiandad, pues se creía que todo se había construido alrededor suyo. Cuando se realizó el mosaico, Jerusalén era aún la ciudad romana de Aelia Capitolina, con sus murallas y sus puertas.

Entre los monumentos identificables se ve claramente la calzada romana, la Puerta de Damasco, y la iglesia del Santo Sepulcro, además de la desaparecida basílica Nea. Alrededor de Jerusalén aparecen diversas poblaciones como Hebrón, Ghaza, Jericó o Karak. El mapa indica la salinidad del Mar Muerto de una forma muy curiosa: los peces del río Jordán, al llegar a la desembocadura del Mar Muerto, están representados en posición invertida al mar, remontando el río para huir del agua salada.

Al fondo, hay un pequeño acceso a una cripta en la que se halla el famoso icono de la virgen de las tres manos, en el que se le incorpora una mano más de color azul, la mano amiga milagrosa.

A pocos kilómetros se encuentra el MONTE NEBO, que se alza en el extremo de una alargada cadena que bordea el Mar Muerto. La subida es emocionante. Es el lugar más venerado de toda Jordania. Allí murió Moisés después de su largo exilio, justo al contemplar, por fin, la Tierra Prometida. Fue posteriormente enterrado en la zona aunque se desconoce la ubicación exacta.

En la cima se alza una escultura de hierro que simboliza el sufrimiento y muerte de Jesús en la cruz y la serpiente que Moisés levantó en el desierto. También se encuentra la iglesia Conmemorativa de Moisés. A comienzos del siglo IV se construyó en el monte Nebo un santuario, mencionado por la monja peregrina Egeria para honrar a Moisés, probablemente sobre los restos de una construcción más antigua.

Durante la época bizantina la iglesia se transformó en basílica con sacristía y se levantó un baptisterio nuevo. Más tarde se añadieron edificios monásticos. La iglesia fue abandonada en el siglo XVI y no volvió a saberse de ella hasta el siglo XX, gracias a los documentos de Egeria y otros peregrinos de los siglos IV y V. A principios del siglo XX los franciscanos la reconstruyeron. Actualmente la iglesia forma parte de un monasterio activo y no puede visitarse.

En el MONTE NEBO, según la tradición, Moisés murió después de que Yahvé le mostrara la Tierra Prometida: “Entonces Moisés subió al monte Nebo, frente a Jericó, y el Señor le mostró toda la tierra—Galaad hasta Dan, todo Neftalí, la tierra de Efraím y Manasés, toda la tierra de Judá hasta el mar Occidental, el Négueb, el valle de Jericó, la Ciudad de las Palmeras y hasta Soar. El Señor entonces le dijo, “esta es la tierra que prometí bajo juramento a Abraham, Isaac, y Jacob, Yo se la daré a tus descendientes. Te he dejado verla con tus propios ojos, pero tú no entrarás en ella”. Y allí, Moisés, el siervo de Dios, murió tal y como había dicho el Señor” (Deuteronomio 34, 1-5).

Desde la cumbre, a 817 m de altura disfrutaremos de una vista panorámica sensacional; divisaremos algunos de los enclaves que han conformado el imaginario occidental: a la izquierda el Mar Muerto, a la derecha el lago Tiberíades o mar de Galilea y, al fondo, el río Jordán. Todo este territorio en conflicto desde hace siglos, marca el límite actual entre Jordania, Israel y los Territorios Palestinos. El fértil Jordán ha sido imprescindible desde los tiempos bíblicos, pues se dice que Jesús fue bautizado en sus aguas y Josué lo atravesó con los ejércitos de Israel. Hoy en día, el valle del Jordán sigue siendo esencial para la agricultura jordana.

Viajamos por la autopista Kings Highway a través de Wadi Al Mujib, un corte profundo y majestuoso entre las escarpadas tierras altas que desembocan en el Mar Muerto. Nuestro destino es KARAK, ciudad que se menciona varias veces en la Biblia como capital de los moabitas. También figura en el mosaico de Madaba.

Se encuentra ubicada a 949 m de altitud, en una situación estratégica, dominada por la fortaleza donde tuvieron lugar las famosas luchas entre Saladino y los cruzados. Construida por orden de Balduino I en 1142, Karak forma parte de la línea de fortificaciones que unía el Mar Muerto con Aqaba a lo largo del Camino de los Reyes, un itinerario de 350 km, seguido por nabateos, romanos y cruzados, por el que transitaban las caravanas desde Damasco hasta el mar.

La ciudadela, considerada casi inexpugnable, fue diseñada para resistir largos asedios, tanto por su sistema de suministros como por sus defensas (tres de sus lados están protegidos por paredes rocosas). Sin embargo, tras cuatro años de lucha, la población se rindió y fue conquistada por Saladino en 1183. El sultán mameluco Baibars, conquistó el fuerte en 1263 y lo reforzó aumentando la profundidad del foso, pero el año 1293 un terremoto dañó muchas partes del castillo, y durante el siglo XIV se realizaron bastantes modificaciones.

En los siglos posteriores, el castillo quedó en el olvido, hasta que fue redescubierto por el explorador suizo Jean Louis Burckhardt, el mismo que redescubrió Petra.

Almuerzo en restaurante local.

La visita del Castillo de Karak, que se halla dentro de las murallas de la ciudad antigua, nos permitirá contemplar varias transiciones arquitectónicas, sobre todo las diferencias entre las partes construidas por los cruzados, más toscas y básicas, aunque imponentes, y las añadidas posteriormente por los árabes, de ejecución más delicada.

La planta del castillo es casi trapezoidal, con una longitud de entre 220 y 240 m en los lados, se encuentra rodeado por un foso de 20 m de ancho. Después de entrar por la puerta otomana, recorreremos las zonas más importantes del castillo e iremos descubriendo todos los secretos que guarda. Un pasillo abovedado conduce a los alojamientos de las tropas y a las cocinas; el patio superior, de 180 m de largo, ofrece una vista excepcional sobre el Mar Muerto y el valle del Jordán; en el centro del patio se alzaba una capilla cruzada casi derruida de estilo románico.

En el extremo sur del castillo se encuentra la torre del homenaje, el último refugio construido por el sultán mameluco Balbars en 1260. Era el lugar donde las defensas de Karak eran más fuertes, con muros de 6,5 m de grosor, aspilleras en los cuatro pisos y almenas en la parte superior. Desde aquí, unas escaleras bajan hasta el palacio mameluco construido por el sultán en el siglo XIV, posee una sala de recepción al aire libre rodeada por nichos. Una de las habitaciones se utilizó como mezquita, con un mihrab que indica la dirección de La Meca.

Continuamos nuestro recorrido hacia el sur, hasta llegar a la denominada Siq al-Barid –identificado con la Sela edomita que con tanta frecuencia se menciona en la Biblia–, conocida como la “Pequeña Petra”, en lo que será un pequeño aperitivo de lo que nos espera al día siguiente.

Como Petra, probablemente se construyó durante la época de esplendor nabateo en el siglo I. Si bien los propósitos de algunos edificios no están claros, se cree que hizo las veces de centro agrícola, zona comercial y puesto de suministros para las caravanas de camellos que pasaban por Petra.

Después del declive de los nabateos, el sitio fue prácticamente abandonado durante siglos, utilizado únicamente por los nómadas beduinos. Pasearemos por esta Petra en miniatura, donde encontraremos a la entrada una gran cisterna y un templo clásico. La garganta, más corta que la de Petra, contiene un templo sencillo.

Al llegar a la ciudad, encontramos una gran profusión de fachadas con casas, cisternas y templos tallados en todas las paredes de roca. Por todos lados parten tramos de escalones que evocan imágenes de un concurrido centro urbano. También se conservan algunas dependencias destinadas a los servicios de la administración, las canalizaciones para el agua y las cisternas para recogerla.

Destacamos la Casa Pintada, que contiene las únicas pinturas nabateas que se han conservado, unos motivos florales muy dañados por las fogatas de los beduinos.

Nos trasladamos a la localidad de Wadi Musa, puerta de entrada a Petra.

Cena y alojamiento en THE OLD VILLAGE HOTEL & RESORT.

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