ePrivacy and GPDR Cookie Consent by Cookie Consent Omm Sety: la reencarnación de una sacerdotisa de Seti I. Serie: Mujeres extraordinarias en el Antiguo Egipto V | Vagamundos Club de Viajeros

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Omm Sety: la reencarnación de una sacerdotisa de Seti I. Serie: Mujeres extraordinarias en el Antiguo Egipto V | Vagamundos Club de Viajeros

Publicado el 21/07/2021 en

Evidentemente, este artículo no tiene mucho que ver con los anteriores de la serie, en los que se han tratado mujeres de la Antigüedad que tuvieron relevancia en su tiempo. Muchas de ellas, llegaron incluso a ejercer los poderes del faraón.

En este ocasión, vamos a referirnos a una mujer considerada por algunos como una demente o paranoica; para otros una iluminada; pero para una gran mayoría de egiptólogos, Dorothy Eady, más conocida como Omm Sety, fue una asombrosa mujer, que protagonizó una de las historias más increíbles en el mundo de la Egiptología y se ganó el respeto y el cariño de sus colegas con sus aportaciones al estudio de la civilización egipcia.

Omm Seti amaba profundamente Egipto y dedicó su vida a la recuperación del Gran Templo de Seti I en Abydos. Siempre creyó que en una vida anterior había sido sacerdotisa en el Antiguo Egipto, sirvienta de la corte de Seti I, llamada Bentreshyt.

Por todo ello, creo que merece un hueco dentro de esta serie. 

El principio del sueño

Dorothy Louise Eady nació en el barrio londinense de Blackheath, el 16 de enero de 1904, en el seno de una familia católica de origen irlandés. Cuando tenía tres años de edad, sufrió una grave caída en las escaleras de su casa, quedando inconsciente. A la llegada del médico, tras inspeccionar a la niña y comprobar que no respiraba, el doctor firmó el fallecimiento de la pequeña. este solo pudo certificar su fallecimiento; pero cuando volvieron a la habitación la encontraron jugando en la cama, aunque con síntomas de delirios. Años después, ella afirmaría que "alguien" regresó del pasado más remoto para revivirla.

A partir de ese momento contó que comenzó a tener de forma continua extraños sueños en los que aparecía en un gran edificio lleno de columnas, rodeado de hermosos jardines repletos de árboles.

Una visita con su familia al Museo Británico en 1908, lo cambió todo. Al parecer Dorothy no prestó ninguna atención a las diferentes salas por la que iban pasando, hasta que entró en la Sala Egipcia. Entonces echó a correr besando los pies de las estatuas y abrazando las momias, ante el asombro de su familia y de todos los allí presentes. Y es que la niña vio en aquellas figuras egipcias la respuesta a muchas de las preguntas que en aquel momento empezaba a hacerse.

Al observar una fotografía en la sala de exposiciones, en la que se mostraba una imagen en ruinas del templo que Seti I construyó en honor a Osiris en Abydos, la niña Eady exclamó de inmediato: "¡Esa es mi casa!, ¿dónde están los árboles?, ¿dónde está el bonito jardín que había en la entrada? ¡Quiero regresar a mi casa en Egipto!".

Con 10 años comenzó a estudiar con Sir William Budge, conservador del Museo Británico y gran experto en esa lengua. Budge, que entre otras cosas, tradujo el famoso Libro de los muertos, le enseñó a descifrar los jeroglíficos egipcios. Con el estallido de la I Guerra mundial unos meses después, sus estudios se vieron detenidos. Durante ese tiempo se dedicó a leer con avidez todo lo relacionado con el Antiguo Egipto. 

Cuando Dorothy contaba con 14 años fue objeto de una auténtica revelación. Cierta noche se le apareció una extraña figura cubierta con una túnica blanca y una capa azul. No tuvo duda de quién era esa misteriosa aparición: se trataba del faraón Seti I, el mismo que mandó construir “su casa”, el templo de Abydos.

Una sacerdotisa en el templo de Seti I

A partir de esa noche, y a lo largo de 10 años siguientes, Dorothy comenzó a recibir en las noches de luna llena pequeños mensajes por medio de la escritura automática (es el resultado de una escritura que no proviene de los pensamientos conscientes de quien escribe). Estos mensajes no habrían tenido nada de particular, si no fuera porque estaban redactados en la escritura jeroglífica de los antiguos egipcios.

El emisor de estos mensajes, que Dorothy sintetizó en un manuscrito de 70 páginas, era un sacerdote egipcio llamado Hor-Ra. Este sacerdote le dictaba pasajes en los que le revelaba su vida anterior. A través de estos comunicados, Dorothy comenzó a comprender, maravillada, su auténtica realidad.

Hor-Ra le relató su vida en el Antiguo Egipto: Dorothy se llamó en la otra vida, Bentreshyt, que significa “el arpa de la alegría”, había vivido durante el reinado de Seti I, hijo de Ramsés I y Sitra, y padre de Ramsés II. Esto ocurrió hace 3.400 años. Su origen era muy humilde. Había sido hija de una vendedora de verduras que murió cuando ella tenía 3 años y de un militar de Seti I. Su padre, al no poder cuidarla, la entrego al templo Kom-el-Sultan, en Abydos, donde fue educada para ser sacerdotisa, convirtiéndose a los 12 años en virgen consagrada.

Unos años después, durante una visita de Seti al templo, ambos se conocieron. Inmediatamente se convirtieron en amantes, comiendo "el ganso crudo", una expresión del Egipto Antiguo cuyo significado sería equivalente a "comer la fruta prohibida". Como consecuencia de esa relación, Bentreshyt quedó embarazada. Cuando se le comunicó al Sumo Sacerdote quién era el padre, este le informó que la ofensa cometida contra la diosa Isis era muy grave, y que con toda probabilidad sería condenada a muerte, y además le causaría muchos problemas al faraón. Bentreshyt, que no quería perjudicar al faraón y tampoco estaba dispuesta a enfrentarse al escándalo público de un juicio, puso fin a su vida. El faraón muy afectado, juró que nunca la olvidaría.

Las “visitas” continuaron, pero ya era el propio Seti I el que se presentaba ante la adolescente. Comenzaron entonces algunos episodios de sonambulismo y de aparente enajenación, que la llevaron a ser ingresada en un hospital mental.

A los 16 años dejó el colegio y comenzó a actuar con un grupo de teatro en el local de su padre, comenzando a coleccionar antigüedades de poco valor con el dinero que ganaba.

A los 27 años se trasladó a Londres, donde comenzó a trabajar en una revista de temática egipcia, en la que escribía artículos y publicaba comics criticando el colonialismo (entonces Egipto era un protectorado británico) y a favor de la independencia de Egipto. Allí conoció a Abdel Megid, un estudiante egipcio afincado en la ciudad, con el que posteriormente se casaría, en contra de la voluntad de sus padres. 

Los primeros trabajos de la egiptóloga

En 1933 “vuelve a casa”, como ella decía, llegando en barco a Port Said para establecerse en El Cairo. Al llegar besó el suelo de Khemet (como los antiguos egipcios llamaban a su país), y la familia de su marido la bautizó como Bul Bul (ruiseñor).

Al poco, dio a luz un niño al que pusieron por nombre Seti, y unos meses después se separó de su marido. Desde ese momento sería conocida por todos como Omm Sety (la madre de Seti).

Se trasladó al pueblo de Nazlet El Simanm, cercano a las pirámides de Gizah. Frecuentemente pasaba las noches dentro de la Gran Pirámide, rezando y entregando ofrendas ante la gran Esfinge, realizando ritos como si fuera practicante de la antigua religión egipcia.

Conoció al arqueólogo egipcio Selim Hassan (descubridor de la tumba de la reina Khentkaus I), del Departamento de Antigüedades Egipcias, que la contrató como secretaria y dibujante. Fue la primera mujer que trabajó en ese departamento. Durante 20 años vivió en la zona de Menfis, trabajando en numerosas misiones arqueológicas, siendo fundamental su colaboración para Hassan. De hecho, en la obra más importante de Hassan "Excavaciones en Gizah", la cita expresamente, manifestándole su gratitud por su trabajo.

En 1951, Dorothy fue contratada por el doctor Ahmed Fakhry, que dirigía la excavación de la pirámide de Dashur. Realizó trabajos de restauración de tumbas en esta zona y redactó el catálogo de las excavaciones del lugar.

Al año siguiente viajó por primera vez a Abydos, llegando al templo de Seti I una noche de luna llena. Entró en el templo, quemó incienso y pasó la noche rindiendo culto a los dioses de la Antigüedad. En ese momento se dio cuenta de que su lugar estaba allí, en el templo de Abydos, uno de los máximos centros religiosos del Antiguo Egipto, donde se rendía culto de Osiris, y donde estaba convencida de haber nacido y vivido en su encarnación anterior.

Dorothy tenía la firme voluntad de establecerse en Abydos. Por ello, cuando finalizó sus trabajos en la Pirámide de Dashur, a principios de 1956, y se lo planteó a Fakhry, este le ofreció un trabajo en Abydos como dibujante, que ella aceptó de inmediato.

A lo largo de todos estos años escribió numerosos artículos que otros arqueólogos, como Hassan o el propio Fakhry, publicaban como propios, postergando a un segundo plano el trabajo de esta increíble mujer.

Encuentros con Seti I

Mientras tanto, Dorothy (o, en este caso Bentreshyt), seguía teniendo románticos encuentros nocturnos con el fantasma de Seti I. Si en las primeras ocasiones, se le apareció como la momia embalsamada, tal y como se encuentra hoy; en las apariciones posteriores tomó forma de un hombre de aproximadamente 50 años, de aspecto normal. Después de su matrimonio, sus supuestas visitas se volvieron platónicas, aunque tras su divorcio volvieron a ser más subidas de tono, llegando incluso a realizar el acto sexual.

En las conversaciones que mantenían, Omm Sety solía preguntar acerca de algunos de los temas que más le interesaban, como la existencia de la Atlántida. Sobre esto, Omm Sety dejó escrito en su diario el 29 de julio de 1972, la respuesta que le dio el monarca: “cierto día un navegante procedente de la isla de Creta me relató una historia similar. Según este hombre, el mar Mediterráneo fue hace mucho tiempo una gran extensión de tierra que cierto día se hundió. De este continente perdido solamente habían podido salvarse las cimas de las montañas que hoy forman las islas griegas del Egeo”.

… y por fin, llega a casa

El 3 de marzo de 1956, Omm Sety, que contaba con 52 años, partió hacia su destino soñado, hacia “su casa”, regresando a su vida anterior, un lugar de paz y seguridad, donde se sentía acompañada por los benévolos antiguos dioses egipcios.

Habitó una modesta casa de adobe. Sus únicos compañeros durante años fueron varios gatos, una oca, su burro y una cobra a la que alimentaba diariamente, para temor de los guardias del templo. Omm Seti se adaptó muy bien a vivir entre los campesinos. Era una mujer muy amable y extrovertida, y se sentía muy a gusto con los turistas y estudiantes que la visitaban.

Pero su verdadero dominio fue el templo de Seti, que se encontraba en ruinas, y sus trozos desperdigados al aire libre. En sus diferentes santuarios realizaba los antiguos rituales sagrados de los egipcios, profesando incluso la religión de Osiris y celebrando sus fiestas o llevando a cabo sus ofrendas como si estuviera viviendo hace 3.500 años, recuperando por medio de la interpretación de los relieves del templo, su significado ya perdido. Adquirió un amplísimo conocimiento de las antiguas ceremonias faraónicas, como si de una sacerdotisa del Antiguo Egipto se tratara.

Su trabajo consistió en catalogar y traducir los bloques grabados del Templo de Seti I de las ruinas y los almacenados en ese lugar. Muchos de los “recuerdos” de su vida anterior, fueron determinantes en los trabajos arqueológicos de Abydos, haciendo posible algunos descubrimientos. Quizás el más conocido fue que había existido alguna vez un jardín adjunto al antiguo Templo de Seti I.

Es cierto que la mayoría de los antiguos templos egipcios poseían jardines, pero Omm Seti indicó, sin dudar, el lugar exacto en el que había que realizar las excavaciones para encontrar los restos del jardín; también predijo que había un túnel que pasaba por debajo de la parte norte del templo, algo que quedó confirmado en una posterior excavación. Otra especulación, que debajo del templo de Seti I se encuentra una bóveda secreta conteniendo una biblioteca de registros históricos y religiosos ocultos, aún no ha podido ser probada.

Hoy podemos contemplar el edificio el Templo de Seti, quizás el más esotérico, extraño y misterioso, prácticamente reconstruido, después de que Omm Sety, trabajara durante décadas en la restauración y reconstrucción del monumento.

Cuando cumplió 60 años de edad, debía jubilarse, pero el consejo de Antigüedades Egipcias le permitió trabajar cinco años más. A pesar de su tardío retiro, continuó guiando a los turistas por el templo de Seti I, y realizando bordados que vendía para vivir. 

El final

En 1972, tras sufrir un ataque cardíaco, se mudó a una casa de adobe, junto a la de unos amigos, que también habían trabajado en el templo de Seti I. Llamaba a su vivienda “Omm Seti Hilton”, porque contaba con dos habitaciones y cuarto de baño. Todo un lujo para ella.

Unos años después, conoció a Hanni El Zeini, un farmacéutico y gran viajero, que fue anotando muchos de los recuerdos de Omm Seti. Esto dio lugar al libro “Abydos, Ciudad Santa del Antiguo Egipto”, escrito por ambos y publicado en 1981.

Poco antes de morir, cuando ya había adquirido gran notoriedad, en 1980, Omm Seti participó en dos interesantes documentales de televisión: “Omm Seti y su Egipto”, grabado para la BBC en Abydos y “Egipto, la búsqueda de la Eternidad” para National Geographic.

Murió el 21 de abril de 1981. Había construido una tumba a la usanza egipcia, pero por problemas burocráticos, las autoridades no dejaron que se enterrara allí. Así que fue enterrada en el desierto, cerca de Shunet el-Zebib en Abydos, la ciudad de la resurrección, mirando hacia Occidente, donde se ubica el reino de Osiris, para disfrutar cada tarde del ocaso del sol, en una tumba sin marcar y junto a un cementerio copto.

Epílogo

Para John Anthony West, (New York Times Boor Review), la vida de Omm Seti representó “uno de los más intrigantes y convincentes casos modernos de historias de reencarnación del mundo occidental”.

Sea o no cierta su creencia de reencarnación, lo cierto es que la contribución de esta mujer sin titulación académica a la egiptología, ha sido extraordinaria. Los más importantes arqueólogos de su época sintieron gran admiración por esta increíble mujer. Las autoridades egipcias de la época nunca la consideraron una loca, al contrario, siempre sintieron gran aprecio y admiración por ella, al igual que los grandes egiptólogos contemporáneos, ingleses, americanos y egipcios, que la consideraban como “indispensable para cualquier misión arqueológica o trabajo serio en el área de Abydos”.

Gracias a esta extraordinaria mujer, y a su paciencia para catalogar y reconstruir 2.000 bloques de relieves, podemos disfrutar hoy de la magnificencia y de muchos de los secretos que guardaba el templo de Abydos.

Nunca fue tratada como una loca por sus visiones, ni ella trató de convencer a nadie. Ni siquiera compartió sus experiencias sobre su “otra vida” en los artículos científicos.

Zahi Hawass, que fuera durante muchos años Ministro de Antigüedades de Egipto, fue un gran admirador de esta legendaria figura, y le profesó siempre un inmenso respeto: “Fue una mujer maravillosa y única. Cuando hablaba era imposible no creerla."

 

Experiencias únicas durante nuestro viaje a EGIPTO con VAGAMUNDOS:

- Disfrutar de una experiencia única acompañados por dos de los mejores guías egiptólogos del país, como son Ahmed Abbas y Khaled Mohedin, que nos dará la posibilidad de conocer los monumentos más importantes de Egipto y su historia, en lo que será un fascinante viaje en el tiempo. 

- Pasear por LUXOR, el lugar con mayor cantidad de monumentos antiguos del país, como los templos de Karnak y Luxor, o ya en la orilla occidental, en el Valle de los Reyes,  penetrar en los secretos de las tumbas de sus faraones, y templos como el de Deir el-Bahari que hizo construir la reina Hatshepsut.

- A través de un paisaje que no ha cambiado mucho desde tiempos de los faraones, visitar uno de los lugares más sagrados del país, el Templo de Abidos

- Disfrutar de un CRUCERO POR EL NILO en una de las experiencias más emocionantes y románticas del mundo, que nos permitirá apreciar la belleza del paisaje y visitar algunos de los templos más importantes como Edfú o Kom Ombo.

- Presenciar una bellísima puesta de sol en ASUÁN, la ciudad más meridional del país y puerta de entrada a Nubia, con el templo de Philae, uno de los lugares más mágicos de Egipto.

- Navegar en faluca por el Nilo presenciando escenas que no han variado desde hace siglos. 

- Visitar el poblado nubio de Gharb Soheil, donde descubriremos la vida cotidiana del pueblo más auténtico de Egipto, y cuya singular belleza parece encerrar todo el misterio del Antiguo Egipto.

- Llegar hasta ABU SIMBEL, y contemplar los dos extraordinarios templos, el de Ramsés II y el de su esposa Nefertari, después de que fueran reubicados, piedra a piedra, en su emplazamiento actual para protegerlos por la subida de nivel del agua por la construcción de la presa de Asuán.

- Navegar, durante un SEGUNDO CRUCERO por el LAGO NASSER, en una atmósfera de silencio y recogimiento, experimentando la misma sensación que debieron sentir los descubridores por primera vez. 

- Cuatro noches en EL CAIRO, dan para mucho, aquí tiene cabida: El Cairo musulmán con sus mezquitas medievales, y El Cairo Copto, con sus iglesias ortodoxas; Menfis, la mayor ciudad del Egipto faraónico y capital de las primeras dinastías; la necrópolis de Sakkara, con la Pirámide escalonada de Zoser Y las bellas mastabas. Y claro, también aprovechar el tiempo de las compras en el mercado de Khan El Khalili

- ¡¡¡Cómo nos vamos a olvidar de la meseta de Gizeh, con las inconcebibles pirámides de Keops, Kefrén y Micerinos y la enigmática Esfinge!!!

- Y después de las Pirámides, el Gran Museo Egipcio de Giza que se encuentra a menos de 2 km, con más de 50.000 piezas escogidas, entre las que se encuentran todas las halladas en la tumba de Tutankamón, así como algunos de los sarcófagos descubiertos recientemente en Sakkara, en el hallazgo más importante de los últimos años.

- Una buena despedida del país es visitar ALEJANDRÍA, ciudad fundada por Alejandro Magno, que fuera centro cultural del Mundo Antiguo, con su histórica biblioteca, y que hoy es una bonita y tranquila urbe mediterránea, que todavía conserva restos como las catacumbas de Kom ash-Shuqqafa, del s. II, la necrópolis grecorromana más grande de Egipto, o la columna de Pompeyo, que formaba parte del Serapeum, el tempo dedicado a Serapis. También es digno de contemplar la nueva Biblioteca de Alejandría, con su fachada circular elaborada con granito de Asuán.

Artículo elaborado por Eugenio del Río

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