ePrivacy and GPDR Cookie Consent by Cookie Consent Viaje Uzbekistán III: Tashkent, Khiva, Bukhara, Shakhrisabz y Samarkanda | Los viajes de Vagamundos día a día

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Viaje Uzbekistán III: Tashkent, Khiva, Bukhara, Shakhrisabz y Samarkanda | Los viajes de Vagamundos día a día

Publicado el 05/07/2021 en

Samarkanda, el sueño de Tamerlán, con cúpulas azul turquesa en forma de cebolla, mosaicos cargados de leyendas y espiritualidad. Una ciudad de cuento, perdida en el corazón de Asia, con un poder evocador que la convierte en irreal, en fuente de inspiración para literatos y visionarios. Sus paredes aún recuerdan los días en que fue capital del imperio de Timur el Cojo. En ella finalizaremos nuestro recorrido por Uzbekistán, después de las paradas en Tashkent, Khiva, Bukhara y Shakhrisabz.

Samarkanda es la ciudad talismán del país, y capital de un imperio. Arquitectos de Persia, comerciantes de seda de Siria y elefantes cargados de mármoles del Cáucaso transformaron una ciudad de barro en un espacio para soñar. El artífice de ese milagro fue un guerrero sanguinario del siglo XV, el emir Timur el Cojo, también conocido como Tamerlán.

DÍA 8 – SAMARKANDA

Desayuno buffet en el hotel. Resulta emocionante llegar a la legendaria Samarkanda, donde antiguamente llegaban las caravanas de la Ruta de la Seda, el conjunto de caminos por los que desde el siglo XVII a.C. hasta el XVI d.C., circularon mercaderes, artistas y peregrinos que viajaban entre Oriente y Occidente para intercambiar productos y conocimientos. Legiones de escritores pronuncian el nombre de Samarkanda como si fuera un oasis mágico de cúpulas azules, un lugar de ensueño rodeado de un aura de leyenda.

Sin embargo, Samarkanda existe, fue una de las capitales más importantes de la antigua Ruta de la Seda y se alza en la dura estepa de la Transoxiana, entre los ríos Amu Daria (Oxus, en la Antigüedad) y Sir Daria (Jaxartes), en el actual Uzbekistán. Tamerlán escogió Samarkanda como su capital, y pronto elevó su nombre a la leyenda.

Segunda ciudad de Uzbekistán, en Samarkanda se han encontrado evidencias desde el Paleolítico tardío.

Fundada en el siglo VIII a.C., ya era una cosmopolita y amurallada capital del Imperio Sogdiano (pueblo de lengua irania que ocupó una posición clave en la Ruta de la Seda facilitando las transacciones comerciales entre China y Asia Central), cuando Alejandro Magno la conquistó en el 329 a.C., afirmando cuando llegó: “Todo lo que he oído de Marakanda es cierto, excepto que aún es más bella de lo que imaginaba”.

Desde el siglo VI hasta el XIII, la ciudad pasó por múltiples manos durante un período que fue muy convulso. Turcos, árabes, persas, samánidas y mongoles gobernaron la ciudad durante esta época. Hasta que en 1220 fue arrasada por las huestes de Gengis Khan. En 1370 Timur decidió invadirla para convertirla en la capital de su imperio, transformándola en el epicentro de esta parte del mundo. El caudillo no cesó de engrandecer su imperio hasta su muerte en Kazajstán en el año 1405, cuando a sus 69 años se disponía a conquistar la China de la dinastía Ming. En este tiempo la población rondaba los 150.000 habitantes.

Su nieto, Ulugh Beg, la gobernó hasta 1449, convirtiéndola también en un centro intelectual. En 1499 los shaybánidas uzbekos se hacen con el control de la ciudad, trasladando la capital a Bukhara, con lo que Samarkanda decayó, hasta que a finales del siglo XVIII el emir de Bukhara le dio un nuevo impulso. La ciudad pasó a manos rusas en 1868, convirtiéndose en la capital del Óblast de Samarkanda en el Turquestán ruso. La llegada del ferrocarril Trans-Caspio en 1888 a la ciudad, supuso un nuevo renacer, y en 1925 se convirtió en la capital de la República Socialista Soviética de Uzbekistán, antes de ser sustituida en 1930 por Taskent, la actual capital del país.

Si Khiva es la que embruja y Bukhara la que fascina, Samarkanda es la que asombra.

Comenzaremos la visita de la mítica CIUDAD DE SAMARKANDA (Patrimonio de la Huanidad por la UNESCO EN 2001) con el Mausoleo Guri Emir, erigido en 1404 alberga la tumba de Tamerlán, de dos de sus hijos (Shahruj y Miran Shah) , dos de sus nietos (Muhammed Sultán y el gran astrónomo Ulugh Beg) y su consejero, el jeque musulmán de Medina y supuesto descendiente de Mahoma, Mir Sayyid Baraka. Tamerlán había ordenado construir una cripta sencilla sólo para él en Shakhrisabz, y mandó edificar esta para su heredero, Mohammed Sultan, fallecido el año anterior. La leyenda cuenta que cuando Tamerlán murió en invierno de 1405, el camino a Shakhrisabz estaba bloqueado por la nieve, por lo que se enterró en este mausoleo. Se trata de una obra maestra de la arquitectura de Asia Central, que marcaría un hito en la arquitectura funeraria de estilo persa, considerándose precursor de importantes monumentos mogoles como la Tumba del emperador Humayun en Delhi o el Taj Mahal. Un bello portal y la característica cúpula celeste estriada de 32 m de altura, marcan la tumba del panteón familiar de Timur.

La decoración interior refuerza la sensación de solemnidad. La sala donde se encuentran las lápidas está decorada con una gran profusión de dorados, mármoles, detalles caligráficos y mosaicos turquesas. En el centro de la sala, las siete losas funerarias, entre ellas el gran bloque de jade que marca el lugar de reposo de Tamerlán, cubierta de numerosas inscripciones que enumeran a los antepasados del Emir de hierro. Esta genealogía detallada subraya su parentesco con Gengis Khan.

Continuamos con la visita del exterior del Mausoleo Rukhobod, construido en 1380 por Tamerlán para albergar los restos de su mentor espiritual, el jeque Burhanuddin Sagarji, conocido como Rukhobod (“residencia del espíritu”). Es uno de los monumentos más antiguos de la ciudad. Su arquitectura es sencilla: una base cúbica de lados simétricos rematada por un tambor octogonal sobre el que descansa una cúpula cónica de 22 m de altura. Se dice que un mechón de pelo del Profeta fue enterrado con los restos del santo.

Y llegamos al icono de la ciudad, la PLAZA REGISTÁN, curiosamente una obra posterior a la muerte de Timur, y una de las plazas más hermosas del mundo: tres impresionantes madrasas al más puro estilo timúrida, con característicos azulejos de colores, cúpulas azules y el pishtaq, el arco sobre la puerta principal de entrada a los recintos que se levanta majestuoso entre dos minaretes. Este fue el centro principal del comercio en Samarkanda durante la esplendorosa era de la Ruta de la Seda, y también donde se llevaban a cabo las ejecuciones públicas y las manifestaciones oficiales. Durante la época que vivió el caudillo el lugar era un gran bazar, desde donde partían 6 grandes avenidas que conducían hasta las puertas de las murallas.

En el flanco oeste se encuentra la Madrasa Ulugh Beg, construida entre 1417 y 1420 por el nieto de Tamerlán, se encuentra decorada con mosaicos que imitaban las constelaciones. Se reconoce por su alminar norte ligeramente inclinado. Posee dos minaretes de 33 m de altura que flanquean la puerta y que nunca recibieron imanes. En el interior, unas cincuenta celdas distribuidas en dos niveles forman un patio cuadrado. Cuando se construyó era la universidad más grande de Asia Central. Más de cien alumnos estudiaban allí el Corán, además de astronomía, matemáticas, filosofía y literatura. Se dice que el propio Ulugh Beg dio clases de astronomía. En la parte trasera hay una gran mezquita con el interior pintado de un azul muy bello y una austera aula en un lateral. Más de un siglo después, el gobernador Yalangtush convirtió la plaza del Registán en una obra maestra de la arquitectura islámica con la construcción de dos nuevas madrasas: la de Sher Dor y la de Tilya Kori.

La Madrasa Sher Dor (del León), frente a la anterior, fue terminada en 1636, y a pesar de que está considerada menos “pura” en sus proporciones, es la que más atrae la mirada cuando se llega a la plaza. Se encuentra adornada con los mosaicos de dos tigres-leonados en su fachada; además aparecen ciervos a los que persiguen y soles con caras mongolas de inspiración zoroástrica, algo muy inusual ya que incumplen la prohibición islámica de representar animales. Una leyenda cuenta que el arquitecto responsable de su construcción, pereció por haber violado las leyes del islam que prohíben el arte figurativo. A ambos lados de la puerta, dos cúpulas bulbosas acanaladas con relieve aéreo cubren las salas de estudio. El patio interior, totalmente decorado con motivos geométricos y florales en verde, amarillo y azul alberga dos plantas de celdas, que han sido reemplazados por tiendas de alfombras.

Entre las dos anteriores se encuentra la Madrasa Tilya-Kori (Cubierta de Oro), terminada en 1660 es algo más baja que sus vecinas pero su fachada es más larga. A su izquierda, la cúpula azul de la mezquita (un añadido caprichoso de la restauración soviética) distingue a esta madrasa de las anteriores. De las tres, esta es la única que tiene las celdas hacia el exterior. Sin minaretes, en su interior hay un elegante patio ajardinado con una mezquita profusamente decorada en azul y dorado para simbolizar la riqueza de Samarkanda. Su delicado techo, lleno de pan de oro, es liso pero tiene un diseño que hace que desde dentro parezca abovedado. También podremos contemplar una interesante galería con fotografías en blanco y negro de la antigua Samarkanda. Desde la terraza se accede a un mirador con una vista única de todo el Registán, desde donde podremos contemplar toda la belleza que encierran estas tres armoniosas construcciones medievales.

Almuerzo en restaurante local.

Seguimos con nuestras visitas y llegamos a la Tumba del Profeta Daniel, descendiente de los reyes David y Salomón. Situada al borde del acantilado de Afrosiyab, con vistas al rio Siab, se trata de una estructura alargada y baja, construida en el siglo XIV, rematada por cinco cúpulas que contiene un sarcófago de 18 m. Según la leyenda, el cuerpo de Daniel crece algo más de 1 cm al año, y el sarcófago se ha ido ampliando a lo largo de los siglos. Sus restos datan al menos del siglo V a.C., y fueron transportados hasta aquí por Tamerlán desde Susa (Irán), de su campaña por Asia Menor. Curiosamente, allí hay expuesta otra tumba del profeta. En la cabecera de la tumba se pueden ver elementos ornamentales de caligrafía coránica grabados en la piedra. Al pie de la escalinata, una pequeña cúpula alberga una fuente de agua bendita, donde los creyentes hacen sus abluciones. Este mausoleo es el único lugar de Samarkanda que reúne a las tres confesiones, musulmana, cristiana y judía.

Finalmente, y encaramada sobre la colina de Afrosiyab, llegamos a la asimétrica Mezquita Hazrat Hizr (de los viajeros). Dedicada a Elias, el santo patrono de los viajeros, fue construida sobre el emplazamiento de otra anterior del siglo VIII (a su vez edificada sobre otra más antigua donde se practicaban cultos preislámicos) que fue incendiada por las tropas de Gengis Khan en el siglo XIII y no se reconstruyó hasta 1854. En 1919 se le añadió un portal y el alminar. En los años noventa se restauró gracias a un adinerado vecino de Bukhara y hoy es una de las más bellas de toda Samarkanda. Posee un bonito interior abovedado. El ornamentado iwan columnado rebosa de color. Según la leyenda, Hizr viajó por todo el mundo con una misión desconocida que Alá le encomendó.

Cena en restaurante local. Alojamiento en ALEXANDER HOTEL.

DÍA 9 – SAMARKANDA – TASHKENT

Desayuno buffet en el hotel.

Uno de los muchos motivos por los que fue famosa Samarkanda es por la legendaria calidad de su papel. Visitaremos una fábrica de producción de papel antiguo, que utiliza la misma tecnología y materias primas que se empleaban hace más de mil años.

Cuando en el año 751 las tropas chinas invadieron Asia Central y fueron derrotadas por el gobernante de Samarkanda Abu Muslim, este capturó a más de veinte mil chinos. Entre los prisioneros había muchos artesanos a los que obligaron a revelar sus secretos. Así comenzó la fabricación de papel de escribir en la ciudad. Además, los maestros de Samarkanda introdujeron algunas mejoras en su fabricación incorporando otros componentes en el proceso.

El papel se siguió elaborando aquí hasta mediados del siglo XIX; se trataba de un papel muy suave, cómodo para escribir, con buena espesura y no absorbía mucha tinta, lo que era un indicador muy importante de su calidad. En esta fábrica nos explicarán el proceso de fabricación de este peculiar papel muy popular en toda Europa y el mundo árabe en el pasado. Se realizaba con algodón, seda y corteza de morera; esta última es el secreto principal de este papel, que lo hacía sedoso y de un color marrón claro.

Durante el siglo XX se pudo recuperar la fórmula de los viejos maestros: cuando llega el frío, el maestro corta las varillas finas de la morera, les quita la capa superior de la corteza y separa de ella la suave capa porosa de cambium, que luego se hierve y se seca, formando una masa fibrosa. La masa se tritura con palos de madera, luego se mete en el agua, se recoge con el bastidor, se deja escurrir al agua y se hacen las hojas, que luego se secan en el sol. Es entonces cuando el mukrakash (pulidor) pone las hojas sobre una losa de mármol y empieza a pulirlas cuidadosamente con una concha de mar, logrando la suavidad que hace siglos dieron fama a estos artesanos.

Las principales variedades desarrolladas por ellos fueron: el "Samarkand shoyi kogozi", de color amarillo claro, papel muy fino y suave; el "Samarkand Sulton kogozi", parecido al anterior, pero de color blanco; el "Nimkanop", papel de color marrón y el "Mir-Ibrahimi", con las filigranas que representaban un anillo.

Visita de los restos del Observatorio Astronómico Ulugh Beg, construcción original que fue descubierta a principios del siglo XX. Erigido por Ulugh Beg en 1420, se trata de un edificio de tres niveles, con planta circular y 45 m de altura. Su cuadrante de 30 m, revestido de parapetos de mármol en los que se indican los grados, diseñado para observar la posición de las estrellas, es lo único que se conserva del edificio. Ulugh Beg, fue nieto de Timur, y gobernante a su muerte de Transoxiana y Turquestán, pero sin duda destacó más como astrónomo: escribió un catálogo astronómico que enumeraba las coordenadas de más de mil estrellas y pudo determinar el ciclo de rotación del planeta Saturno, así como la duración del año solar con menos de un minuto de error. Su hijo, aliado con fanáticos islamistas, lo asesinó en 1449 y destruyó el observatorio.

La antigua ciudad de Afrosiyab, fundada a finales del siglo VIII a.C., reposa sobre una meseta de 220 Ha al norte de Samarkanda. Los resultados más importantes de las excavaciones llevadas a cabo en la misma se muestran en el Museo de Afrosiyab. El edificio se construyó alrededor de uno de los descubrimientos más importantes de Samarkanda, un fresco del siglo VII encontrado en 1965, conocido como “Los embajadores”. Distribuido entre las cuatro paredes de una casa, en la pared oeste aparece el rey sogdiano Varkhuman recibiendo a dignatarios extranjeros en fila, incluidos diplomáticos chinos que llevan seda, montados en elefante, camellos y caballos; el muro de la pared sur muestra a dignatarios con los rostros blancos y rojos que conducen gansos y caballos en una procesión sacrificial; el de la norte representa al emperador chino de la dinastía Tang, Gaozong cazando panteras y a la emperatriz en un barco; la pared este representa a la India, con sus pigmeos y sus astrólogos.

Cuando los conquistadores árabes tomaron la ciudad en el siglo VIII, el palacio fue destruido, al igual que el templo zoroastriano. En el siglo XIII, la conquista mongola puso fin a casi dos milenios de existencia urbana en esta colina, y tras la destrucción del sistema de riego, los habitantes se trasladaron al pie de la colina, donde se fundó la nueva Samarkanda de Tamerlán.

Continuamos la visita con el Complejo Arquitectónico Shakhi-Zinda, importante punto de peregrinaje y quizás el enclave más conmovedor y apreciado de la ciudad. Se trata de una espectacular avenida de mausoleos en el barrio antiguo, que contiene una serie de tumbas de miembros de familias reales y personajes notables de la época de Timur y su nieto Ulugh Beg, con algunas de las decoraciones en azulejos más bellas del mundo musulmán. Su nombre, que significa “tumba del rey vivo” viene dado por el santuario más sagrado del conjunto, que probablemente es la Tumba de Qusam Ibn-Abbas, primo de Mahoma que predicó el Islam en Asia Central en el s. VII. Hay que prestar especial atención a la impresionante decoración en azulejos de los siglos XIV y XV.

En la época timúrida, las familias nobles y los descendientes de la familia de Tamerlán fueron construyendo más mausoleos cerca de la tumba del santo, bajo la creencia islámica de que la proximidad de la tumba de un santo proporciona protección en la otra vida. También interesante es el Mausoleo de Chirin Bika Aka, de 1385, y donde reposa la segunda hermana de Tamerlán, bajo una cúpula con una base de dieciséis lados. La fachada está decorada con mosaicos calados en azul oscuro. La decoración interior fue realizada por un artista azerbaiyano, un hecho singular y único para aquella época, cuando en Uzbekistán se practicaba el islam sunita, mientras que en Azerbaiyán eran chiitas. También sorprende que las inscripciones árabes no son suras del Corán, sino palabras del filósofo griego Sócrates.

La tumba más bella es el Mausoleo de Shodi Mulk Oko, de 1372, donde están enterradas una hermana y una sobrina de Tamerlán. El exquisito trabajo en mayólica y terracota, con un minúsculo espacio entre azulejos, es de una calidad excepcional. La cúpula está cortada por una estrella octogonal, símbolo del sol rodeado de ocho planetas. Esta sobrina fue muy importante para Tamerlán, quien hizo grabar la siguiente inscripción: “Es la tumba donde se perdió una perla preciosa”.

Almuerzo en restaurante local. 

Ya en nuestra última tarde en este bello país de Asia Central, aprovecharemos para visitar la enorme Mezquita Bibi-Khanym, antaño una de las más grandes del mundo. Se financió con el botín obtenido por Tamerlán en la invasión de la India y debió de ser la joya de la corona del imperio, en la que participaron los mejores arquitectos y artesanos de Jorasán, Azerbaiyán o la India. Su construcción, que pretendía superar en tamaño todos los edificios similares, desafió las técnicas constructivas de la época, pero los maestros medievales no poseían la tecnología necesaria, y no tuvieron en cuenta el riesgo de sismicidad de la zona. De hecho, antes de finalizar la obra, la cúpula comenzó a agrietarse. Tamerlán colocó la primera piedra el cuarto día del Ramadán 801 (10 de mayo de 1399). Noventa y cinco elefantes que había traído de la India trasladaban los enormes bloques de piedra necesarios para su construcción.

Ahora, de todo el complejo solo se pueden ver cinco edificios supervivientes: un portal, una gran mezquita en las profundidades del patio, dos mezquitas pequeñas y un minarete. En los años setenta se reconstruyó tras haber sido destruida en el terremoto de 1897. El patio interior alberga un enorme atril de mármol para el Sagrado Corán fabricado durante la época de Ulugh Beg. Según la creencia popular, toda mujer que pase por debajo del atril tendrá muchos hijos.

Cuenta la leyenda que Bibi-Khanym, hija del emperador de China y mujer favorita de Tamerlán ordenó construir la mezquita como sorpresa para su marido mientras estaba ausente y que el arquitecto se enamoró perdidamente de ella, negándose a terminarla si no le permitía besarla. Aquel beso dejó una marca y cuando Tamerlán a su regreso la descubrió, ordenó la ejecución del arquitecto y decretó que a partir de entonces, las mujeres llevarían velo para no tentar a los hombres.

A los pies de la mezquita se encuentra el milenario Bazar Siab (Bazar de los dos canales), el mercado principal de la ciudad de Samarkanda. Aquí llegaban los comerciantes y gente común de diferentes tierras para comprar y vender mercancías. Es un enorme edificio de algo más de 7 ha, cubierto con cúpula y varios pabellones comerciales donde se concentran agricultores, pastores y artesanos. Al cruzar el umbral del mercado, pareciera que el tiempo se hubiera detenido, el aire está impregnado de aromas seductores y un rumor de voces constante nos sumerge en el ambiente del auténtico Oriente. Es imposible enumerar todo lo que se vende (regateo por medio) en este frenético y colorido bazar: frutos secos (pistachos, huesos de albaricoque, almendras, etc.) frutas diversas, especias, verduras, legumbres, dulces, quesos frescos, etc. También están los sabrosos panes redondos de la región, con un sabor muy especial, vendidos por sonrientes mujeres que lo hornean en sus casas.

A la hora prevista traslado a la estación de trenes de Samarkanda para tomar el tren de Alta Velocidad AFROSIAB (Talgo) con dirección a Tashkent. A la llegada, traslado al restaurante, donde disfrutaremos de una cena festiva de despedida con show folclórico uzbeko.

DÍA 10 – TASHKENT – ESTAMBUL – MADRID

A la hora indicada nos trasladamos al aeropuerto para tomar el vuelo que nos llevará de vuelta a Madrid. Trámites de aduana, facturación y embarque en el VUELO TK371 de la compañía TURKISH AIRLINES, salida prevista a las 02.40 hrs. Llegada a ESTAMBUL a las 05.55 hrs. Enlace y salida del VUELO TK1857 a las 08.50 hrs.
Llegada al aeropuerto de MADRID a las 12.05 hrs. Recogida de equipajes.

FIN DE NUESTRA AVENTURA

BIBLIOGRAFÍA y lecturas recomendadas:
Asia Central (varios autores) Lonely Planet 2020.
Uzbekistán – Petit Futé (Alhenamedia) 2019.
Uzbekistán – Guía Azul (Luis Mazarrasa) 2018.
Embajada a Tamorlán (Ruy González de Clavijo) Castalia, 2004. –Ed. de Francisco López Estrada.
Una viajera por Asia Central (Patricia Almarcegui) Universitat de Barcelona Edicions 2016.
El corazón perdido de Asia (Colin Thubron) Círculo de Lectores 1999.
La ruta de los mogoles. Un viaje de Samarcanda a Hyderabad (Luis Mazarrasa) Almuzara 2020.

 

Experiencias únicas durante nuestro viaje a UZBEKISTÁN con VAGAMUNDOS:

“Khiva es la que embruja y Bukhara, la que fascina, Samarkanda es la que asombra”.

- Tamerlán convirtió SAMARKANDA en la capital de su reino, y en una de las ciudades más bellas de Asia. Podemos empezar con el solemne Mausoleo Guri Emir, que alberga la tumba de Tamerlán además de otros familiares del conquistador. La enorme Mezquita Bibi-Khanym, sobre la que se cuentan infinitas leyendas; el Complejo Shakhi-Zinda, una espectacular avenida de mausoleos, que contiene una serie de tumbas de familiares de la época de Timur y su nieto Ulugh Beg, con algunas de las decoraciones en azulejos más bellas del mundo musulmán. Y cómo no, la espectacular Plaza Registán, uno de los conjuntos arquitectónicos más grandiosos del mundo islámico que hay que contemplar tanto de día como iluminada por la noche.

- Para nuestro gusto BUKHARA es la ciudad más interesante de toda Asia Central y es que los más grandes eruditos del mundo musulmán estudiaron y enseñaron en las 250 madrasas de la ciudad. Hay tantos sitios para visitar que no sabemos por dónde empezar: en su centro histórico encontramos el Mausoleo de Ismail Samani, una auténtica joya; la Fortaleza Ark, residencia de los emires de Bukhara. El magnífico minarete Kalyan, icono de la ciudad, o el Char Minar, con sus cuatro torres-minaretes que simbolizan cuatro dinastías que han gobernado Bukhara. A pesar de todo, el mayor placer se obtiene paseando por la red de pequeños bazares, baños y lonjas que la rodean; dejarnos llevar por sus laberínticos callejones, con sinagogas ocultas, santuarios sufíes y madrasas olvidadas.

- Disfrutar de un momento de tranquilidad en la Plaza Lyabi-Hauz, en el corazón del centro antiguo de Bukhara tomándonos junto al estanque, un té verde, y saborear a medio día, esa exquisitez de Asia Central como es el “Plov”, preparado como sólo los uzbekos saben hacerlo.

- Pero como decimos BUKHARA da para mucho, y el segundo día, en las afueras, encontramos el Sepulcro de Bahouddin Naqshbandi, uno de los principales lugares de peregrinación del país; el Palacio Sitorai-Mokhi-Hossa, suntuosa residencia de verano de Alim Khan, el último gobernante musulmán de Bukhara; o la Necropolis Chor Bakr, un singular y tranquilo recinto funerario, donde se halla la doble tumba de los jeques Abu Bakr Fazl y Abu Bakr Sayid, descendientes de Mahoma.

- Sentir que una es transportado en el tiempo en la ciudad de KHIVA, que surge como un bello espejismo en medio del desierto, con sus minaretes y cúpulas en tonos azules y turquesas que refulgen bajo el sol. Se trata de la ciudad medieval mejor conservada de Asia Central, rodeada por una bella muralla de adobe. Su centro histórico, el ITCHAN-KALA, un entramado laberíntico con multitud de madrasas, mezquitas y mausoleos nos deparará una sorpresa en cada esquina, con el hermoso y colorido Minarete Kalta Minor, auténtico emblema de la ciudad.

- Durante el trayecto Bukhara-Samarkanda, desviarnos hasta SHAKHRISABZ, pequeña localidad lugar de nacimiento de Tamerlán, frente a las colinas de la provincia de Kashkadarya donde descubrir las ruinas que jalonan sus callejones, como el Palacio Ak-Saray del que apenas quedan algunos muros del de 40 metros de altura, la enorme cúpula azul de la mezquita Kok-Gumbaz, los conjuntos monumentales Dorus Saodat y Dorut-Tillyavat.

- En TASHKENT, la capital, la historia de la ciudad se mezcla con lo actual. Pasear por el casco antiguo con el laberinto de callejones estrechos repletos de casas bajas de adobe, hasta llegar al Complejo arquitectónico Hasti Imam, el centro religioso oficial de la república, con la colosal Mezquita del Viernes Hazroti Imon. O ya en la parte moderna, la Plaza de la Independencia, con sus bonitas fuentes. El metro, también merece una visita. Las estaciones combinan el estilo realista soviético con diseños inspirados en el pasado islámico de estas tierras. También hay que destacar sus mercados orientales, con la abundancia de frutas y hortalizas, o el olor del pan recién hechos.

- Aunque VAGAMUNDOS no deja mucho tiempo libre, siempre hay un pequeño hueco, para realizar alguna compra, sobre todo en un país como este, que posee una destacada artesanía. En Samarkanda, podemos adquirir alfombras; en Bukhara, vestidos con bordados, alfarería de Gijduvan, joyas de oro y plata y cincelados.; en Khiva: gorras de lana, sombreros y bufandas, y en Tashkent, miniaturas y souvenirs hechos en madera. Hay que tener en cuenta más del 90% de las piezas que se ven en las tiendas de recuerdos de todo el país están fabricadas en Uzbekistán, y la gran mayoría son artesanales.

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