ePrivacy and GPDR Cookie Consent by Cookie Consent VAGAMUNDOS | Club de viajeros que diseña viajes

COMUNIDAD VIAJERA






mask slider

Viaje a Nápoles y la Costa Amalfitana III: días 6, 7 y 8, Costa Amalfitana y Costa del Cilento | Los viajes de Vagamundos día a día

Publicado el 08/10/2021 en

Tercera y última entrega de nuestro viaje por la región de Campania. En esta ocasión visitamos la célebre Costa Amalfitana, en un mágico recorrido, en el que tendremos oportunidad de visitar las localidades de Sorrento, Positano, Amalfi, Ravello y Salerno. Al día siguiente bajamos a la Costa del Cilento, donde conoceremos los famosos templos de Paestum, los mejor conservados de la Magna Grecia, así como las localidades de Agropoli y Castellabate.

 

Día 6: NÁPOLES – Sorrento – Positano – Amalfi – Ravello – SALERNO

Desayuno buffet en el hotel.

Muy pocos lugares cuentan con tanta belleza por metro cuadrado como la Península Sorrentina, una lengua de tierra que se adentra en el mar Tirreno con el ímpetu que parecen darle los montes Lattari, la cordillera que divide el territorio y dibuja una frontera entre las bahías de Nápoles y Salerno. Mar y montaña, tan juntos, forman una combinación ideal para disfrutar de unas vistas espectaculares de esta península que fue centro de decisiones políticas de la República de Amalfi, una de las cuatro repúblicas marítimas junto a Genova, Pisa y Venecia, que controlaron Italia durante la Edad Media.

Saldremos de Nápoles hacia Salerno, bordeando toda la costa de Amalfi. La COSTA AMALFINTANA (DECLARADO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO EN 1997), es en sí misma un conjunto monumental integrado por su exuberante naturaleza, un abundante patrimonio, además del inmaterial que conforman los usos agrícolas y ganaderos que su gente ha desarrollado a lo largo de la historia.

Nuestra primera parada será en SORRENTO, pequeña y refinada ciudad de algo menos de 17.000 habitantes (en verano se multiplica por tres), que desde un acantilado parece mirar insolente a la caótica Nápoles y a la amenazante silueta del Vesubio. Amurallada desde tiempos del Imperio Romano, Sorrento fue el escenario imaginario donde Homero situó el encuentro de Ulises con las sirenas.

Mejor documentada está la presencia en este golfo de piratas sarracenos durante el siglo XVI, molestos y persistentes visitantes de los pueblos del Mediterráneo, que durante el romanticismo fueron sustituidos  por turistas practicantes del Grand Tour (viaje que muchos jóvenes nobles europeos de aquella época efectuaban para completar su formación cultural, histórica y literaria), el primer estertor de una industria que trajo hasta aquí a las familias más adineradas de Europa, así como a intelectuales como Goethe, Lord Byron, Keats o Dickens, que buscaron en este lugar su inspiración.

A la llegada, visita de la ciudad, en la que destaca su frente marítimo amurallado, una barrera insalvable resultado de las distintas civilizaciones desde la griega a la del Reino de Nápoles.

Pasearemos por sus magníficos jardines con vistas al mar. Su animado centro histórico que muestra todavía el trazado ortogonal de las calles de origen romano, con callejones adoquinados flanqueados por bonitos edificios y algún que otro palazzo, plaza o iglesia. Aquí se halla el Duomo, dedicada a los Santos Filippo y Giacomo. Fue construida en el siglo XI sobre los restos de un antiguo templo griego y  reconstruida en el siglo XV en estilo románico.

La Piazza Tasso, el centro neurálgico de Sorrento y el corazón de la ciudad. Se halla flanqueada por hermosos edificios históricos como la iglesia della Madonna del Carmine (que data del siglo III y reconstruida en el XVI). En la misma hay un mirador con vistas al golfo y al imponente Vesubio, que domina la zona. Una actividad muy importante en esta zona es la producción de limones que crecen por todas partes y está presente en las tiendas, en la decoración de la cerámica y en el licor local, el famoso licor de limoncello. 

A continuación, abordaremos minibuses locales para disfrutar de un paseo por la “Costiera”, la carretera de la costa, en lo que será una apasionante aventura. El terreno es complicado y las estrechez de las vías convierten los apenas 50 km que separan Sorrento de Amalfi, en la otra cara de la península, en un emocionante reto.

A pesar de todo, la espectacular vista del mar y los característicos pueblos construidos sobre las paredes rocosas, hacen que merezca la pena transitar por la strada statale SS163, una de las carreteras más impresionantes de Italia. Construida por encargo de Fernando II de Borbón, se completó en 1853. Recorre toda la Costa Amalfitana, con giros extremadamente cerrados, vistas de desfiladeros profundos y túneles excavados en la roca vertical. Es todo un logro de la ingeniería civil aunque, como escribió John Steinbeck en 1953 en su ensayo sobre Positano, la carretera “fue cuidadosamente diseñada para ser un poco más estrecha que dos coches juntos…”.

Abordaremos minibuses locales y, tras atravesar las montañas, el Tirreno, rodeado de terrazas cultivadas con limoneros y olivos centenarios, empieza a asomar hasta que después de unas cuantas curvas, la carretera llega a las proximidades de POSITANO, el pueblo más pintoresco y fotogénico de la costa. Pararemos en unos miradores que se han habilitado para admirar cómodamente la belleza de este pueblo con sus casitas de colores pastel, rosados, melocotón y tierra, un tanto descoloridos por el sol, que parecen precipitarse hacia el mar, desde la empinada ladera en un juego de equilibrios imposibles.  Volviendo a John Steinbeck, gran amante del lugar, escribió: “Positano cala hondo. Es un lugar de ensueño, casi irreal mientras se visita, y atractivamente real cuando uno ya se ha ido”.

Continuamos por la carretera, y llegada a AMALFI, corazón político y económico de la vieja república marinera, aún conserva el espíritu cosmopolita que debió tener en tiempos pasados. Acurrucado entre el mar y las montañas, aunque no lo parezca, este pequeño pueblo de plazas soleadas y pequeña playa, tiene tras de sí una larga e intensa historia.

Fundado como puesto comercial durante la dominación romana de la Campania en el 339, fue una gloriosa potencia marítima, rival en el siglo XI de Venecia y Génova, y una población que superaba los 70.000 habitantes. Los mercaderes de Amalfi ya empleaban monedas de oro para comprar tierras en el siglo IX, mientras la mayoría de Italia todavía comerciaba a base de trueque. Por desgracia quedan pocos frutos visibles de su larga historia. El motivo es estremecedor, la mayor parte de la ciudad antigua y su población desaparecieron en el mar en un terremoto en 1343.

Actualmente la ciudad tiene poco más de 5.000 habitantes, aunque la cifra en verano aumenta considerablemente. Entre las personas célebres que se encontraron en Amalfi con las musas, destaca Henrik Ibsen, el dramaturgo escandinavo que escribió en un hotel de la localidad su obra maestra, Casa de Muñecas. 

Almuerzo en restaurante. 

A continuación, paseo por la ciudad hasta llegar a la Piazza del Duomo, la plaza central del pueblo, que se encuentra rodeada por angostos callejones con escaleras empinadas, pórticos cubiertos e históricas hornacinas. Aquí se halla el principal símbolo de su antiguo poder, la Catedral de San Andrés Apóstol, un complejo arquitectónico que incluye dos basílicas conectadas, una cripta, la escalera que conduce al vestíbulo, el campanario y el Claustro del Paraíso.

El templo se sitúa sobre un plano elevado de 20 metros sobre el nivel del mar, cimentado en piedra pómez volcánica, muy dura y resistente. Originalmente esta catedral eran dos iglesias con tres naves cada una. La primera basílica  nació alrededor del año 1000, en estilo románico árabe-normando; la segunda, a mitad del siglo IX. Ambas basílicas, fueron unidas en una sola de cinco naves, en las primeras décadas del siglo XIII, por orden del cardenal Pietro Capuano. Ha sido reformada en varias ocasiones (la última a finales del siglo XIX), en las que se han ido añadiendo elementos románicos, bizantinos, góticos y barrocos.

Su imagen, al final de una gran escalinata resulta imponente. La original fachada a rayas, neorromántica con influencia neogótica, fue construida en el siglo XIX por Errico Alvino. El atrio, data también del siglo XIX. Sin embargo, las enormes puertas de bronce, las primeras de su tipo en Italia, fueron encargadas por un noble local y forjadas en Constantinopla, datan del año 1000. El campanario (1276) está decorado con arcos de estilo árabe típicos del románico meridional italiano.

El interior, de estilo barroco, se halla cubierto de mármol con columnas antiguas. En el altar mayor, un lienzo representa la crucifixión de San Andrés Apóstol, y las pinturas del techo relatan la historia de este santo; en las capillas encontramos obras de arte gótico y renacentista. En el corredor izquierdo se encuentra la escultura de San Andrés con la dolorosa y el Cristo muerto, realizada en el del siglo XVI; al final del mismo, en la Capilla de la Reconciliación, se encuentra la reliquia de San Andrés. Sobre su tumba se construyó una Cripta, enriquecida con importantes frescos, entre los que destaca la representación de la llegada del cuerpo de San Andrés a la Catedral.

A la izquierda del pórtico, se encuentra el magnífico claustro del Paraíso, de estilo morisco, construido en 1266 por el obispo Filippo Augustariccio, para albergar las tumbas de ciudadanos  destacados de Amalfi. Posee un pórtico cuadrangular con arcos árabes, altos y esbeltos que se alzan sobre 120 columnas de mármol. También encontramos fragmentos escultóricos de diferentes épocas alrededor de un acogedor jardín central. En las paredes circundantes se pueden admirar interesantes frescos. Se trata de un lugar encantador donde se respira gran paz y devoción.

Aquí encontramos seis capillas pertenecientes a antiguas familias nobles de Amalfi y que albergan los restos de los representantes más ilustres de la Costa. También se localizan cinco sarcófagos que han resistido el paso del tiempo, entre los que destacamos el segundo de ellos, en relieve, que representa la boda de Peleo y Tetis y a un lado, Rómulo y Remo amamantados por la loba, con la inscripción “Cesario de Alaneo de Amalfia – MCCXL”.

Desde los claustros se accede a la Basílica de Crocefisso, construida a principios de la Edad Media en estilo barroco. Posee una estructura con tres naves y se pueden contemplar diversos objetos religiosos expuestos en vitrinas de cristal, además de unos frescos deteriorados del siglo XIV. 

En la misma plaza del Duomo, se encuentra la Fuente de San Andrés, con la estatua del patrón  de Amalfi representado con la cruz del martirio, que se alza sobre una base con una sirena en el centro y cuatro pequeños ángeles alados con grandes peces, desde cuyas bocas fluyen chorros de agua. 

Durante nuestro paseo nos encontraremos con tiendas de cerámica. Y es que las vasijas y otros objetos de arcillas son uno de los detalles más demandados en toda la Costa Amalfitana. No en vano, este arte acumula siglos de tradición en la zona. Es bastante habitual ver detalles decorativos integrados en las fachadas de los edificios o, incluso en su interior.

Continuamos ruta y tras subir por el inquietante tramo de casi 7 km de carretera que asciende por el Valle del Dragone, llegamos a RAVELLO, exquisito y cuidado pueblo encaramado a las lomas que rodean Amalfi. Al parecer, fue fundada en el siglo V como refugio de algunas familias de la alta sociedad de Amalfi, al estallar un conflicto entre las familias más poderosas. A partir de aquí su historia continúa enlazada con la de su vecina, de cuyo ducado formó parte en el siglo IX. Su periodo de máximo esplendor fue el siglo XIII cuando floreció el comercio con Sicilia y Oriente y llegó a tener 25.000 habitantes.

En 1944, durante la II Guerra Mundial, el Rey de Italia, Vittorio Emanuele II, vivió casi medio año en una villa de la ciudad, en espera de poder trasladarse a Roma, y entregó "regencia" del poder en Italia a su hijo, retirándose a vida privada. La ciudad es célebre por sus jardines cautivadores y sus vistas, sin duda las mejores de toda la costa, y ha atraído visitantes ilustres como Richard Wagner, D.H. Lawrence y Virginia Woolf.

Ubicada a 365 m sobre el nivel del mar, Ravello es uno de los pocos pueblos de la Costa Amalfitana que no tiene playa. Recorriendo el pueblo, los elementos árabes saltan a la vista en los  edificios, los patios y jardines interiores así como en las numerosas iglesias. Por un lado y por otro, cuando menos se espera, las angostas calles y caminos ofrecen soberbias vistas de la costa. 

Pasearemos por sus calles hasta llegar a Villa Rufolo, la joya de Ravello. Erigida por la adinerada dinastía Rufolo, una familia de banqueros y comerciantes, es una mezcla de edificaciones de los siglos XIII y XIV. En el siglo XIX fue remodelada por el escocés Scott Neville Reid, que conservó los elementos  árabes y diseñó los jardines en varios niveles.

El lugar albergó a diversos papas e incluso al rey Roberto de Anjou. Wagner quedó tan entusiasmado por los jardines cuando los visitó en 1880, que se inspiró en   ellos para concebir el de Klingsor, escenario del segundo acto de la ópera Parsifal. Destacamos la torre que señala la entrada a la villa, con estatuas que representan las diferentes estaciones. Construida en el siglo XIV, no tenía funciones defensivas, sino que se trata de un mero ornamento.

Por su parte la torre central, de 30 m de altura, aunque tampoco tenía finalidad defensiva, sí servía para mostrar todo el poderío de la familia Rufolo. Su arco de acceso es ogival y está decorado en el secundo nivel por una ventana con arcos gemelos. En la derecha se encuentra el patio morisco, joya arquitectónica fascinante, que se halla rodeado de un porticado con arcos, sobre el que apoya un doble orden de balcones con decorados árabes.

El edificio principal, que consta de tres plantas, y comprende: el claustro, uno de los pocos lugares del recinto de estilo morisco; la sala de los Caballeros, que combina estilos siciliano, árabe y normando, aunque se desconoce el uso real a la que estaba dedicada; la sala da pranzo (comedor) desde la que se puede divisar todo el complejo, es una buena zona para realizar fotos. Por último, la capilla, que además de la belleza propia que posee esta construcción por sí misma, es donde tienen lugar la mayor parte de las exposiciones de la villa. 

El jardín de Belvedere, orientado al este, ofrece unas vistas panorámicas de la Costa Amalfitana que se nos quedarán grabadas en la memoria, repletas de colores exóticos, ruinas de torres de aire romántico y flores suntuosas. 

Terminada la visita, nuestros minibuses nos llevarán a un punto acordado donde abordaremos nuestro bus para continuar nuestro viaje que nos llevará a nuestro hotel en Salerno.

Alojamiento en GRAND HOTEL SALERNO.



Día 7: SALERNO – Paestum – Agropoli – Castellabate  –  SALERNO

Desayuno buffet en el hotel.

Partimos por la mañana en excursión de día completo que nos llevará por algunos de los lugares más significativos de la Costa del Cilento, una parte de la costa de Campania que está comprendida entre el golfo de Salerno y el golfo de Policastro, en Cilento. Mucho  menos explotada turísticamente y casi inaccesible hasta el siglo XX, su franja costera está mucho menos urbanizada que la Costa Amalfitana.

Aquí los pueblos parecen detenidos en el tiempo y los visitantes son muchos más escasos que en otros lugares del país. Las agrestes y escarpadas costas del Cilento conocieron momentos de esplendor con los griegos y los romanos, pero después fueron abandonadas a la suerte de los piratas mediterráneos, y gracias a este olvido han permanecido, hasta hace muy poco, y a pesar de su belleza, ajenas al desarrollo urbanístico. Algo que se agradece, cuando descubrimos que esconde playas impolutas, pueblos de postal que desconocíamos, espectaculares ruinas griegas con más de 25 siglos de antigüedad y pintorescos pueblecitos pesqueros con todo el sabor de antaño.

Nuestro recorrido comenzará con la gran joya de la región del Cilento, el área arqueológica de PAESTUM, una de las colonias griegas más ricas y florecientes, que dominó gran parte del sur de Italia y cuyos tres imponentes templos son los mejor conservados de la Magna Grecia.

Cuenta la leyenda que   el origen de Paestum está ligado a las hazañas de Jasón y sus argonautas. Durante una tormenta, estos llegaron al sur del golfo de Nápoles, y allí, en agradecimiento a la diosa Hera, levantaron un templo, al que llamaron Hera Argiva. El destino quiso que, en 1934, fábula y realidad concurrieran: cerca de Paestum salieron a la luz los restos de un santuario dedicado a Hera más antiguo que el propio yacimiento. La arqueología ha documentado que, en torno a 600 a. C., navegantes procedentes de Sybaris (al sur de Italia) fundaron la colonia de Poseidonia (en honor al dios griego del mar, Poseidón).

Al igual que otros asentamientos de este tipo, lo ubicaron a orillas del mar y junto a la desembocadura de un río, el Sele, para asegurar la provisión de agua dulce. Mientras los sibaritas impulsaban el comercio con los itálicos, levantaron muros defensivos en torno al enclave, residencias, espacios públicos como el ágora, el teatro y el ekklesiasterion (este último para celebrar asambleas) y santuarios. La ciudad cayó en manos de los lucanos, quienes cabiaron el nombre por el de Paistom a principios del siglo IV a.C.

En el año 335 a. C., el rey Alejandro de Epiro (tío de Alejandro Magno), conquista la ciudad, que cuatro años después, vuelve a manos de los lucanos. En 273 a.C. pasó a manos de los romanos, que introdujeron algunos cambios en la trama de la ciudad y levantaron un anfiteatro y un foro al estilo de sus urbes, pero, en líneas generales, respetaron el urbanismo y las construcciones griegas, en especial sus templos.

La ciudad comenzó su declive en el siglo I a.C. debido a la malaria. Los seísmos y la deforestación (los pinos se utilizaban para la construcción de navíos), convirtieron la zona en una marisma. Los habitantes intentaron combatir la subida del nivel de las aguas elevando sus calles y casas o yéndose a vivir a cotas más altas. Con el el tiempo, Paestum fue abandonada en favor del vecino Capaccio. El yacimiento quedó oculto por la espesa maleza durante siglos, hasta que Carlos VII, ordenó construir una carretera cuyo trazado atravesaba la antigua ciudad. Pero la mayor parte de la ciudad no se desenterró hasta la década de 1950. 

Estas ruinas impresionaron a los paisajistas locales que las trasladaron con frecuencia a sus lienzos, como es el caso de Los templos de Paestum (1758) de Antonio Joli.

En un maravilloso entorno natural, nos encontramos con el perfil dorado de algunos de los templos griegos mejor conservados del mundo. Aquí sus arquitectos han dejado algunas de las más altas y poderosas expresiones de sabiduría, destreza y gusto. A la llegada al sitio arqueológico de Paestum (DECLARADO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO EN 1998), el primer templo que se nos aparece es el Templo di Cerere, del siglo VI a.C.

Inicialmente atribuido a Ceres, el  descubrimiento de algunos objetos votivos dedicados a la diosa Atenea, demostró que el templo estaba dicado a esta última diosa. Además, la ubicación del templo, en la parte más alta del lugar, como solía ocurrir con los  templos de Atenea entre los griegos (el Partenón de Atenas, por ejemplo), confirma esta hipótesis. Se trata de un templo templo dórico formado por 6 columnas acanaladas en el frente y 13 laterales. El pronaos (una especie de vestíbulo que precede a la cella) estaba compuesto por 8 columnas de estilo jónico, el ejemplo más antiguo de este estilo en Italia.

El templo se transformó en una iglesia cristiana en la Edad Media.

Al bajar hacia el sur se puede ver el contorno del gran foro rectangular, el corazón de la ciudad antigua. Sustituyó al ágora griega cuando la ciudad pasó a manos romanas. Era el centro de la vida pública, con muchas tiendas. También están el Gimnasio y el Templo de la Paz., así como una vasta zona de viviendas; y más al sur, el anfiteatro, del siglo I a.C., desenterrado parcialmente (solo se salvó la mitad), nos permite adivinar cómo era la vida diaria de la ciudad en época romana. Las viviendas tienen suelos de mosaico y un impluvium de mármol en el atrio, que recogía el agua de lluvia.

El Templo de Nettuno, del 450 a.C., es el mayor de los tres templos de Paestum, y uno de los mejor conservados de Europa. Majestuoso por sus impresionantes dimensiones y sus columnas  estriadas perfectamente conservadas, tan solo le faltan partes de las paredes interiores y el techo. Los dos frontones siguen en pie, así como una parte importante de la estructura interna. Posee 6 columnas frontales, 14 laterales y su cella (cámara interior) está dividida en tres naves por dos hileras de columnas.

Es muy similar al Templo de Zeus en Olimpia, que debió ser la inspiración del arquitecto griego. En el siglo XVIII, los arqueólogos lo bautizaron como "Templo de Neptuno", el equivalente romano del dios griego Poseidón, que legó su nombre a la ciudad; pero sobre esto los especialistas no se ponen de acuerdo, ya que podría haber estado dedicado a Apolo o Zeus.

Al lado se encuentra la llamada basílica, en realidad es un templo dedicado a la diosa Hera, el monumento más antiguo que se conserva en el yacimiento. Levantado en el siglo VI a.C., se identificó  erróneamente como una basílica romana, debido a la ausencia de rasgos religiosos, lo que hizo pensar a los primeros arqueólogos que se trataba de un edificio civil. Se trata de un templo dórico, dedicado a Hera, esposa de Zeus y deidad especialmente honrada en Poseidonia.

Resulta imponente con sus 9 columnas a lo ancho y 18 a lo largo, y dos naves divididas por una hilera de columnas. Su altura es de casi 5 m; si nos hacemos una foto junto a una de sus columnas, podremos apreciar mejor la escala.

El museo, ocupa dos plantas y alberga una colección de bellas aunque desgastadas metopas (frisos en bajorrelieve). La pieza más importante es el fresco de la Tomba del Truffatore (tumba del Saltador), que se dice que representa el paso de la vida a la muerte mostrando a un saltador en el aire. Fechado en torno al 480 a.C., fue descubierto en 1968 a 1 km de Paestum, en la tapa inferior de la tumba de un joven que, junto con su copa y frascos de aceite, que debió haber utilizado para ungirse en los combates de lucha libre.

Muestra una forma humana y expresa puro deleite del cuerpo, con una frescura y gracia arrebatadoras, algo poco habitual en ese periodo. 

Almuerzo en restaurante. 

A solo 10 km al sur de Paestum se encuentra AGROPOLI, una ciudad que vigila el flanco norte de la península del Cilento, con pasado espléndido que contar, que se puede rastrear en su centro histórico perfectamente conservado.

Se alza con orgullo sobre un promontorio habitado desde el Neolítico y por ella pasaron griegos, romanos, bizantinos y sarracenos. En el 915 la localidad cayó bajo el mando de los obispos y más adelante fue gobernada por señores feudales. En los siglos XVI y XVII Agropoli fue víctima de incursiones procedentes del norte de África, momento en el que la población disminuyó hasta quedar reducida a unos pocos cientos de habitantes. Hoy, con algo más de 20.000 habitantes, es la localidad mayor y más animada de Cilento.

Visitaremos su centro histórico, una maraña de callecitas estrechas, casas excavadas en la roca, empinadas escaleras que parecen sumergirse en el azul del mar que domina, y enriquecido por dos importantes monumentos: la Iglesia de Santa Maria di Costantinopoli, protectora de los pescadores y el templo dedicado a San Pedro y Paulo, construido sobre los cimientos de una fábrica cristiana primitiva.

Admiraremos su Castillo, construido en el siglo V y fortificado en época angevina, periodo en que se produjo el baño de sangre de las Vísperas Sicilianas. Posteriormente el castillo fue modificado y hoy solo se conserva una parte de la muralla defensiva original. El lugar fue una vez hogar de Luisa San Felice, una aristócrata italiana que fue ejecutada por Fernando I de las Dos Sicilias, heroína inconsciente de la revolución napolitana.

La última parada de nuestra excursión será CASTELLABATE, un magnífico pueblo medieval construido a 287 metros sobre el nivel del mar. La zona del municipio de Castellabate fue habitada primero por lombardos y luego por normandos. La presencia normanda coincidió con un gran trabajo de recuperación de tierras llevado a cabo por los monjes benedictinos. Para defender a la población local de las incursiones de los sarracenos que se establecieron en la cercana Agropoli, el abad Costabile Gentilcore, que luego se convirtió en santo, hizo construir una poderosa fortaleza alrededor de la cual se desarrolló la ciudad actual.

El nombre actual de la ciudad deriva del Castillo iniciado en 1123, de hecho de Castrum Abbatis (Castillo del Abad) Castellabate.Bajo la válida protección de la fortaleza y gracias al puerto, los habitantes de la zona pudieron prosperar hasta el punto de hacer de Castellabate la baronía más rica del Cilento. 

Pasearemos por el casco antiguo, que ha conservado intacto el plano de una típica ciudadela medieval con vistas extraordinarias. Callejuelas, rincones, arcos, escalinatas, palacios, y casas unidas entre sí, en las que domina la piedra gris, se suceden sin una continuidad precisa, a veces dando la espalda a la intensa luz, a veces abriéndose hacia los espacios verdes de las pendientes que descienden hacia un mar espléndido, salpicado sólo por los bancos de posidonias en uno de los rincones más evocadores de la Costa del Cilento. 

Finalizada la visita, regresaremos a Salerno y tendremos tiempo libre para explorar la ciudad por nuestra cuenta.

Alojamiento en GRAND HOTEL SALERNO.

 

Día 8: SALERNO – Roma – ALICANTE

Desayuno buffet en el hotel. A la hora indicada, recogida y traslado al aeropuerto. Trámites de aduanas, facturación y embarque.

Vuelo directo a Alicante:
A las 13.20 hrs. salida del vuelo VY1367, de la compañía VUELING, con destino ALICANTE. Llegada a las 15.30, hora local. 


FIN DE NUESTRA AVENTURA

Nota: las descripciones que se realizan en el “libro de viaje”, son a título orientativo, y pueden no coincidir exactamente con el desarrollo de la visita.

 

BIBLIOGRAFÍA:
Nápoles y Costa Amalfitana - Guías Visuales  El País 2011.
Nápoles, Pompeya y la Costa Amalfitana (Cristian Bonetto y Brendan Sainsbur) Lonely Planet 2019.
Nápoles (varios autores) Anaya Touring 2019.
Revista DE VIAJES núm. 239, marzo 2019.

COMÉNTANOS

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Page 1 Created with Sketch.
Page 1 Created with Sketch.
Page 1 Created with Sketch.
Page 1 Created with Sketch.
Ningun comentario disponible