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Viaje a Marruecos II: Tercer día de viaje, dedicado a la visita de Fez | Los viajes de Vagamundos día a día

Publicado el 10/08/2021 en

Segunda entrega de nuestro viaje a Marruecos, correspondiente al día 3 de viaje, que dedicamos completamente a Fez, capital espiritual y religiosa del país y la más antigua de las cuatro ciudades imperiales de Marruecos.

 

Día 3 – FEZ: visita de la ciudad

Desayuno buffet en el hotel.

Hoy tenemos la visita de esta histórica ciudad compuesta por Fez el-Bali (el centro histórico), Fez el-Jedid (la ciudad imperial de los benimerines) y más al sur, los barrios modernos erigidos durante el Protectorado.

Comenzaremos por descubrir los secretos de la Medina Medieval de Fez el-Bali (DECLARADO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO EN 1981), que data del siglo VIII y comprende más de 300 barrios y 9.000 callejones, constituyendo un entramado de calles en el que sólo los fesíes saben orientarse.

Esta Medina fortificada está considerada la más grande del mundo, y la mayor zona peatonal del planeta. Entrar en ella, significa dar un salto en el tiempo y respirar el legado de un milenio de historia, pero también, literalmente, el hedor de las vistosas curtidurías, con patios interiores abarrotados de tinas de adobe donde se curten las pieles, o la mezcolanza de efluvios aromáticos que desprende los tradicionales zocos y los tenderetes de especias. A pesar de su apariencia caótica, la Medina se organiza de forma gremial, de modo que uno puede ir identificando las zonas según su tradición industrial: sederías, curtidurías, caldererías o zocos.

Entraremos por la Puerta Bab Bou Jeloud (también conocida como “la Puerta Azul”), el acceso principal y la zona más antigua y con más encanto de la ciudad. Se trata de una preciosa puerta monumental, construida en 1913, compuesta por tres arcos de herradura simétricos embellecidos con azulejos de tonos azulados. La encontraremos animada y repleta de gente que no paran de charlar mientras hacen sus compras.

Pasearemos por algunos de los diversos zocos (mercados tradicionales) en los que se venden todo tipo de productos desde telas e hilos, hasta carne, huevos, maquillaje y electrodomésticos. Forman parte del misterioso encanto de la ciudad, extendiéndose a lo largo de las enrevesadas callejuelas agrupados según los productos que ofrecen. Los zocos de la Medina son fieles a la imagen de mercado colorido y aromático que se conserva en la imaginería occidental. Cada tipo de mercancía tiene destinada una calle, de los que destacamos el Zoco de la Henna, cuyo producto estrella es el que da el nombre al zoco, la henna, muy utilizada por las mujeres marroquíes para colorearse las manos y el pelo.

Llegaremos a la Madraza Bou Inania, inaugurada en el año 1350, a instancias del sultán Abu Inan, es una de las escuelas coránicas de estudios superiores que a su vez ejercían como residencia y como mezquita. Debemos observar en el primer piso de la fachada de enfrente una hilera de trece campanillas de bronce sujetas en vigas de cedro. Se trata del carrillón de Bou Inania, fabricado según la leyenda por un mago del s. XIV.

El edificio, de una única altura y sobre una planta rectangular, se ordena en torno a un patio moruno cuadrado con pavimento de mármol y ónice, rodeado en tres de sus lados por un claustro; las paredes están talladas a mano con gran precisión sobre estuco y madera. La parte baja de las mismas se ve cubierta por pequeños azulejos que componen infinidad de motivos geométricos. Posee una galería soportada por pilares con una intrincada decoración de bellos mosaicos de azulejo y altas celosías. Desde el exterior, destaca su torre que, al igual que el resto del tejado, se encuentra cubierta por brillantes azulejos verdes que reflejan la luz del sol. La Medersa Bou Inania fue renovada en el siglo XVIII y posteriormente en el siglo XX, por lo que en la actualidad es una de las mejor conservadas.

Continuamos la visita de la parte antigua con la Zaguía de Mulay Idrís II, santuario dedicado al que fue rey de Marruecos entre los años 807 y 828 y fundador de la ciudad por segunda vez en el año 809. Se trata del santo más venerado de todo el país y se cuentan por miles los musulmanes que visitan el mausoleo para obtener su bendición. Cinco siglos después de la muerte de Mulay Idrís II, en el año 1308, se encontró un cuerpo en perfecto estado que se atribuyó al santo patrón, por lo que la zona se transformó en Zaouia (lugar sagrado).

El mausoleo, comenzó su construcción en el año 1717 y se vio finalizado en 1824, momento desde el cual se convirtió en el lugar más sagrado de la medina. Con el paso de los siglos el edificio ha sido transformado y reemplazado casi por completo. En el siglo XVIII, Mulay Ismail lo modificó en un estilo alauita. El edificio forma parte de un conjunto arquitectónico compuesto por la casa el Quitún (supuesta residencia de Mulay Idrís), la Mezquita al Asraf, la fuente y la casa del wudú (lugar para realizar las abluciones). El conjunto, conocido como al-haram (lo prohibido), constituía un lugar en el que los musulmanes podían encontrar refugio y asilo (Al igual que en la mayoría de los lugares de la ciudad, los no musulmanes tienen prohibida la entrada al santuario).

Sin duda la Madraza Attarine, es la más bella de toda la ciudad, destacando sobre todo por la elegancia y armonía de su arquitectura; además es una de las medersas mejor conservadas y más ricamente decoradas de todo Marruecos. Construida entre los años 1323 y 1325 bajo las órdenes del sultán Abu Said, fue una de las principales escuelas de la religión coránica en las que los estudiantes podían residir durante sus estudios.

El interior se extiende en torno a un patio abierto en cuyo centro se alza una imponente fuente de mármol. Al final del patio, una cúpula de madera de cedro con abundante ornamentación cubre la sala para la oración, en la que se puede contemplar el mihrab (especie de hornacina que indica el lugar hacia donde hay que mirar cuando se reza) señalando la dirección de la Meca. Las paredes de la medersa están decoradas con preciosos mosaicos sobre los que se encuentran inscritas algunas frases del Corán a modo de decoración. En la parte superior de las paredes se puede apreciar un detallado trabajo realizado en estuco, representando cuidados motivos florales. Las plantas superiores del edificio están ocupadas por las pequeñas habitaciones en las que los jóvenes estudiantes pasaban sus años de estudio.

La Plaza Seffarine, pequeña plaza situada en el corazón de la Medina en la que aún se conserva uno de los oficios más antiguos de Fez, el de los artesanos caldereros. Los caldereros se dedican a trabajar el cobre desde tiempos inmemoriales para producir artículos como teteras, bandejas, ollas y otros recipientes trabajados en cobre rojo.

Allí mismo podremos contemplar la Mezquita Al Karaouine (también conocida como al Qarawiyyin), construida en el año 859 bajo el mandato de Fátima al Fihriya. Se trata de uno de los mayores complejos arquitectónicos de Fez. La mezquita, en continuo proceso de expansión desde su construcción, es conocida por albergar la universidad más antigua del mundo, que compone uno de los más importantes centros de aprendizaje islámico.

El sultán Abú Inán dotó a la Universidad al Karaouine de una biblioteca con un contenido muy valioso, que en 1613 llegó a superar la cantidad de 320.000 obras y manuscritos. Fue entonces cuando estudiantes y sabios comenzaron a desplazarse hasta Fez, convertida en capital de la ciencia y el conocimiento del Magreb. Hoy en día la biblioteca aún conserva más de 30.000 obras, entre las que se incluyen algunos ejemplares raros y manuscritos únicos en el mundo (sólo pueden acceder al interior los musulmanes).

Cerca de allí está la Plaza Nejjarine, con su espléndida fuente decorada de mosaicos, madera y yesos tallados y lugar en el que se ubica el Museo de Arte y Artesanía de Madera, una fonda que data del siglo XVIII de gran belleza que contemplaremos desde el exterior.

Llegamos a la Curtiduría Chouwara, la más extensa de las cuatro que continúan con vida en el corazón de la Medina. Las curtidurías constituyen uno de los panoramas más pintorescos a la par que malolientes de la ciudad. En ellas, infinidad de fosas repletas de tintes naturales componen un colorido paisaje mientras se encargan de la producción y coloración del cuero del cordero, el buey, la cabra y el camello.

El primer paso que se realiza en las curtidurías tradicionales es introducir las pieles en enormes cubas repletas de cal y excrementos de paloma, donde se dejan en reposo durante varios días. Posteriormente se retiran los restos de pelo que queden adheridos a la piel y se procede a la coloración de las piezas, introduciéndolas en las grandes cubas rellenas de tintes naturales de diferentes colores. Una vez que las pieles se encuentren coloreadas y secas, pasarán a manos de los artesanos que se ocuparán de transformarlas en elaborados bolsos, maletas, zapatos y abrigos para la venta al público.

A pesar del hedor insoportable, la curtiduría Chouwara ofrece una de las imágenes más representativas de la ciudad y es imprescindible visitarla para conocer Fez.

Almuerzo en restaurante local en un ANTIGUO PALACIO DE LA MEDINA.

Por la tarde pasamos a la zona Fez el-Jedid, en la que se concentró todo el poder político. Aquí se trasladó a toda la comunidad judía que vivía en la medina original y que creció exponencialmente a raíz de la caída del reino de Al-Andalus. Los benimerines consideraron a su llegada que Fez el Bali era muy pequeña para albergar los palacios, fortalezas y mezquitas que querían construir por lo que en 1276 levantaron a las afueras de los muros de la ciudad otro recinto amurallado, Fez el Jédid, albergó a los representantes del poder político y militar, y a su vez también le serviría como plaza defensiva contra la amenaza de los rebeldes ciudadanos de Fez. Dotada de fortificaciones para la defensa del soberano, contaba con un barrio de mercenarios cristianos.

Lo más importante de esta nueva medina es el Barrio Real, donde se encuentra el Dar Bartha, palacio construido como residencia de verano y lugar de audiencia por el Sultán Hasán I a finales del siglo XIX. De estilo hispano musulmán, el edificio fue completado y embellecido por su sucesor Abd al-Aziz. Aquí se ha instalado el Museo de Artes y Tradiciones, donde podremos admirar, aparte del propio edificio, con un bello patio alicatado de azulejos de colores, con una enorme fuente y un amplio y elegante jardín andaluz, colecciones de artesanía de Fez y su comarca. Hay una sala dedicada a la alfarería y otra al bordado. También se pueden ver alfombras de Aït Sadden, hermosas puertas de bronce, así como una muy interesante colección de astrolabios de los s. XI a XVIII y otra de libros de arte.

En medio de una explanada se encuentra el Palacio Real, (al igual que la mayoría de las mezquitas y palacios de Marruecos, no se puede visitar su interior), construido en el siglo XIV, es uno de los más grandes y antiguos de Marruecos. Nos tendremos que conformar solo con ver desde fuera las impresionantes puertas que conducen al palacio: se trata de siete puertas de bronce de diferentes tamaños que representan los siete días de la semana y los siete niveles de la monarquía; se encuentran enmarcadas por miles de pequeños azulejos de cerámica, en los que predominan los colores azul de Fez y verde del Islam, que componen variadas formas geométricas.

A continuación llegaremos al Mellah o barrio judío, que fue refugio de los mismos en el s. XIV. Hasta el s. XIII los judíos vivieron en la zona sagrada de Fez el-Bali, pero al construirse Fez el-Jedid, se vieron obligados a mudarse a la nueva ciudad so pena de convertirse al Islam, instalándose en un barrio aparte, junto al palacio del sultán, quien se comprometió a protegerlos a cambio de tributos especiales. En la actualidad no quedan prácticamente judíos en la zona, ya que se trasladaron a Casablanca o al extranjero. Pasearemos por sus calles, donde destacan sus edificios más altos y estrechos y menos espaciados entre sí, atestados de balcones con vistas hacia la calle, algo impensable en las construcciones musulmanas tradicionales.

En una de las colinas al norte de la ciudad se encuentra el Fuerte Borj Nord, construido en 1588 por orden del sultán Ahmed al-Mansur para mantener bajo control a la población desleal de Fez, así como para protegerla de posibles agresiones exteriores. Tomó como modelo el de las fortalezas portuguesas del s. XVI. Fue uno de los mayores puestos de vigilancia de la ciudad y también sirvió como fábrica de cañones. De planta cuadrada, las cuatro esquinas tienen cuatro bastiones en forma de puntas de lanza.

Después de haber servido durante un tiempo como cuartel y prisión del Protectorado francés, desde 1963 su interior alberga el Museo de Armas, que se encuentra dividido en dos partes, armas blancas y armas de fuego. Se trata del mayor museo de África en su temática, no sólo por la cantidad de piezas que contiene, sino que también nos muestra la evolución de las técnicas de elaboración de las armas a lo largo de la historia. De particular interés es la colección de sables y espadas: armas europeas (de Toledo, Solingen y Birmingham), marroquíes, hindúes y malayas, y sables cortos chinos. La sección de armas de fuego, que se inicia con “fusil de bastión”, ofrece la evolución histórica, desde los arcabuces del s. XV y mosquetes del XVI hasta los fusiles de percusión de principios del XIX y las armas automáticas y de repetición.

Pero la subida hasta la colina tiene un doble premio, ya que desde la misma tendremos una espectacular vista de Fez, que abarca la medina, presidida por la mezquita de Al-Qarawiyyi; Fès-Djid, con el palacio real lindando con el mellah, y la ciudad nueva, con sus avenidas y parques de estilo afrancesado que contrastan con la estructura de callejuelas alborotadas que ofrece la parte antigua. Intentaremos realizar la visita al atardecer cuando empiezan a encenderse las luces y el eco de la oración de los almuecines resuena en el valle.

Cena y alojamiento en el hotel PALAIS MEDINA & SPA.

 

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