ePrivacy and GPDR Cookie Consent by Cookie Consent Viaje a Marruecos I: Días 1 y 2, visita de Tánger y Chauen y llegada a Fez | Los viajes de Vagamundos día a día

COMUNIDAD VIAJERA






mask slider

Viaje a Marruecos I: Días 1 y 2, visita de Tánger y Chauen y llegada a Fez | Los viajes de Vagamundos día a día

Publicado el 10/08/2021 en

Nada mejor al inicio de este relato de nuestro Viaje a Marruecos, que repetir las palabras de Mamen Gargallo publicadas en El País Viajero, en octubre de 2005 sobre las sensaciones que le produce viajar a Marruecos:

“CADA VEZ que voy a Marruecos me va envolviendo poco a poco. Me seduce con los aromas, los colores, los sabores de sus pueblos, sus playas, sus montañas, el desierto, sus gentes... me va embaucando, y yo me dejo llevar. Cada rincón, desde Tánger hasta las murallas de Tiznit, desde el puerto de Essaouira hasta las dunas de Erg Chebbi, aunque lo haya visitado muchas veces, es una caricia nueva.

Cada instante con sus gentes, es una mirada nueva. Y cada vivencia, cada rosa de El Kelaa M'Gouna, cada sorbo de té menta en cualquier café, cada paseo azul por Chefchauen, cada zumo de naranja en la Jema el Fna de Marraquech, cada baile en el desierto de Merzouga, cada palabra que aprendo, es un nuevo beso. Durante el día, es abierto, sonoro, alegre; al caer la noche, ese beso es callado, húmedo y profundo.

Cierro los ojos y oigo las voces de Marruecos: el rumor de las olas desde las murallas blancas de Asilah, el murmullo laberíntico del zoco de Fez, la llamada del almuédano en el silencio de la kasbah de Aït Ben Haddou, la música de los cafetines de cualquier zoco, la magia silenciosa de las bóvedas de la cisterna de Al Jadida, o el aroma de las especies o el pan recién hecho en la medina de Tetuán. Vuelvo a mi Marruecos esencial, puro, genuino, y recorro sus perfiles con los cinco sentidos para no olvidar ningún detalle, y evocarlo en la distancia”. (Mamen Gargallo) 

Todo eso y mucho más tendremos en nuestro periplo marroquí, donde combinaremos el norte, con la evidente influencia española de la época del protectorado, con la riqueza cultural de siglos de grandes civilizaciones, que podremos observar en sus ciudades imperiales. Contemplaremos ruinas romanas, ciudades medievales, kasbahs bereberes, monumentos islámicos, paisajes singulares a través del Atlas y el Rif, oasis con interminables palmerales.

Nos dejaremos envolver por la magia de un inolvidable atardecer en el desierto para después pasar la noche sobre dunas de arena en una haima de lujo; pasearemos por sus zocos, donde un apasionante día de compras se convierte en toda una aventura. También disfrutaremos de su extraordinaria gastronomía, saborearemos sus “cous cous”, sus tajines, sus dulces y el excelente pescado de las costas atlántica y mediterránea.

Será una experiencia memorable que nos fascinará!!!

 

DÍA 1 – MADRID – TÁNGER

Presentación en el aeropuerto de Madrid o Alicante.

•    Viajeros procedentes de Alicante: Presentación en el aeropuerto de Alicante tres horas antes de la salida. A las 09.25 horas, salida del vuelo IB-8859 de la compañía IBERIA con destino MADRID. Llegada a las 10.40 horas.

•    Viajeros procedentes de Madrid: Presentación en el aeropuerto de Madrid tres horas antes de la salida. Allí nos reuniremos todo el grupo para tomar a las 11.25 el VUELO IB-8796 de la compañía IBERIA con destino TÁNGER. Llegada a las 12.55 horas.
Llegada al aeropuerto Ibn Battouta de Tánger. Gestión y trámites de entrada y recogida por el personal de nuestro receptivo.

Almuerzo en restaurante local. 

Dispuesta como un anfiteatro en la falda de una colina calcárea que se asoma al estrecho de Gibraltar, al borde de una bellísima bahía, la ciudad de TÁNGER ha estado habitada desde hace más de 2.500 años. Su puerto ha sido codiciado desde la antigüedad y casi todos los imperios que han tenido intereses en este rincón del Mediterráneo han dejado su impronta: fenicios, romanos, visigodos, árabes, portugueses, británicos y españoles entre otros.

Ya los griegos y fenicios se establecieron en la zona usándola como base comercial. La leyenda nos dice que cerca de aquí se encontraba el paraíso terrenal, el Jardín de las Hespérides, donde Hércules dio muerte al gigante Anteo y tuvo un hijo, Sofax, con su viuda Tinge, de donde proviene el nombre de la ciudad. Independiente hasta la destrucción de Cartago (146 a.C.), Tánger fue posteriormente absorbida por el reino de Mauritania, bajo el poder romano de Claudio en el año 42 d.C. y convertida en capital de la Mauritania Tingitana.

En el 429 es invadida por los vándalos llegados desde España, y en el s. VIII es conquistada por los árabes y, después de establecer la supremacía sobre las tribus indígenas, pasó de una facción a otra antes de caer bajo dominio almohade en 1149. Desde 1471 y durante dos siglos, estuvo alternativamente en manos de portugueses y españoles, hasta que la infanta Catalina de Braganza la llevó como parte de la dote de su matrimonio con Carlos II de Inglaterra (1660-1685).

En 1684, Mulay Ismaïl, soberano alauita, la reconquista para Marruecos, hasta que a mediados del s. XIX vuelve a despertar el interés de las potencias extranjeras. En 1923 se firmó el tratado que estableció el denominado “Estatuto de Tánger”, que convertía la ciudad en un protectorado controlado conjuntamente por las autoridades españolas, francesas y británicas. Hacia 1928, Portugal, Bélgica, Países Bajos e Italia se unieron al gobierno de la ciudad.

En 1940, España, debido a la coyuntura internacional, asumió el control de la ciudad; sin embargo, en 1945 se restableció la comisión internacional añadiéndose Estados Unidos. Estas potencias conservaron sus propios bancos, moneda y oficina de correos y controlaban el orden público. Siguió siendo zona internacional hasta unos meses después de la independencia de Marruecos en 1956, incorporándose entonces al resto del país. Los extranjeros gozaban de gran libertad de acción y el puerto franco ofrecía muchas oportunidades de hacer negocios. Los bancos amasaron fortunas manipulando los mercados de divisas.

El Tánger actual es una vibrante ciudad, de unos 950.000 habitantes que se abre al futuro con nuevos proyectos, planes turísticos e inversiones en infraestructuras.

Llegada a Tánger y después de registrarnos en el hotel y un breve tiempo para el aseo, comenzaremos la visita del casco antiguo de la ciudad en la que combinaremos la experiencia de la medina, laberinto topográfico y humano del antiguo centro árabe con algunos de los principales edificios históricos.

La Medina de Tánger no ha perdido el encanto original pese a haber sido modificada por la gran influencia europea durante los últimos 140 años, en particular por la construcción de numerosa viviendas para diplomáticos y personal europeo. Lugar lleno de vida, con tiendas improvisadas, encantadores de serpientes, músicos, cuentacuentos y puestos de comida. Llegaremos a la plaza del Gran Zoco, antiguo mercado rural y centro neurálgico de la ciudad, recientemente renovada. En la misma se sitúa la Mezquita de Sidi Bu Abid con minarete de cerámica de 1917, y con el portón de entrada decorado con arabescos sobre un mosaico de azulejos; el Palacio del Menddub y los Jardines Mendoubia, donde se encuentran dragos centenarios y restos de cañones de los siglos XVII y XVIII.

El Zoco Chico, placita rodeada de cafés y viejos hostales, donde se encuentra los míticos Café Tingis y Café Central, lugares de reunión de los artistas de la época internacional de la ciudad. Cerca de ella, está la Gran Mezquita, emplazada en el lugar donde se alzaba un templo romano dedicado a Hércules. Fue construida como mezquita en 1684, pero reconstruida como Catedral del Espíritu Santo durante la época portuguesa. Su aspecto actual, que combina verde –color que representa el paraíso– y blanco –por su simbología religiosa– data de finales del siglo XIX.

Seguimos caminando, y detrás de unas sólidas murallas, en el punto más alto de la ciudad, llegaremos a la Kasbah o alcazaba, un entramado de callejuelas, con hermosas casas pintadas en colores llamativos y edificios que se han convertido en encantadores hoteles y Riads. Rodeada de murallas, en las mismas encontraremos huecos desde donde disfrutaremos de bonitas vistas de la bahía de Tánger y del antiguo puerto.

También ubicado dentro de la Kasbah se encuentra el Dar el-Majzen (Casa de Gobernación) el antiguo palacio del sultán que conserva entre sus muros decenas de detalles de refinamiento y belleza. Fue construido por Mulay Ismail en el s. XVII y ampliado por sultanes posteriores como Mulay Hafid, que vivió en él con sus cuatro esposas y 40 concubinas hasta 1912.

El edificio se distribuye alrededor de dos patios decorados por arcos revestidos de azulejos que se apoyan sobre columnas de mármol de capiteles compuestos, de estilo italiano, cerámicas de Tetuán, paneles de azulejos y fuentes. En el interior se hallan las estancias características de una residencia principesca musulmana, con salones del trono y de audiencias revestidos de mosaicos y de estucos con motivos florales caligráficos y geométricos; los techos son de madera pintada. La sala de columnas abierta a una galería que da a la plaza de la Kasbah, tiene un especial encanto. Posee una pequeña colección arqueológica procedente sobre todo de Volubilis, en la que destaca “El viaje de Venus”, un mosaico romano muy bien conservado. Finalmente el delicioso “Jardín del Sultán”, de estilo andaluz, al que accederemos por la escalera del patio, adornado con una fuente central de mármol, su pozo y sus enormes cítricos y granados.

Ya en la Ciudad Nueva, podremos ver la fachada del Gran Teatro Cervantes, el edificio modernista más importante de la ciudad. Construido en 1913 por Diego Jiménez, presenta en la fachada esculturas modernistas, pinturas y una decoración que costó, ella sola, más que todo el resto del edificio.

Pasaremos por el Hotel Minzah, histórico hotel mandado construir en estilo hispano-morisco por el aristócrata inglés Lord Bute en 1930. Aquí se alojaron la mayoría de los famosos que pasaron por Tánger y se cuenta que fue el decorado en el que se inspiró Michael Curtiz para rodar los interiores de Casablanca. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando la ciudad era un nido de espías y mercenarios, el ala izquierda estuvo ocupada por los alemanes nazis y el ala derecha por los aliados, ingleses y norteamericanos. Después llegarían las estrellas de cine, los reyes, escritores y artistas.

Muy cerca se encuentra la plaza de Francia con sus famosos cafés, como el Gran Café de Paris, un clásico que no ha cambiado en los últimos 30 años, y donde intelectuales como Jean Genet se demoraban en sus mesas; o el Café la Española, recreado por el escritor Ángel Vázquez como parada favorita de su heroína, Juanita Narboni.

Llegaremos hasta la Legación Americana, una serie de estancias que en sus orígenes formaban parte de la residencia con la que Mulay Sliman obsequió a Estados Unidos en 1821, y que estuvo ocupada por el consulado americano durante los 140 años siguientes. También consta de otro grupo de dependencias dispuestas en varias plantas, con interior de inspiración morisca (madera tallada, hierro forjado) y vistas a un jardín. Las habitaciones albergan grabados de Gibraltar y de Tánger, así como muestras de arte contemporáneo tanto nacional como internacional y documentos históricos.

Cena y alojamiento en el hotel MÖVENPICK HOTEL & CASINO MALABATA TANGER.

TÁNGER, CIUDAD INTERNACIONAL (artículo)
La proclamación de la zona internacional supuso el inicio de la “Edad de Oro” de Tánger que, conservando el espíritu marroquí y siendo cruce de civilizaciones se convierte en un imán para personajes de todo tipo, desde artistas que encontraron la pasión creativa que les inspiraba esta ciudad cosmopolita y tolerante, a perseguidos y exiliados por diversos motivos; se mezclaban el exotismo de una ciudad típicamente marroquí, con la presencia de viajeros y residentes de cualquier parte del mundo, creando una atmósfera única e irrepetible.

Las décadas de los 30, 40, 50 fueron los años dorados de Tánger, cuando la ciudad proyectaba al mundo la imagen de ciudad permisiva y libre, punto de encuentro de intelectuales y artistas, que le confería un refinamiento muy particular, con su ambiente liberal y cosmopolita, repleta de cafés y bulevares por donde paseaban personas de la más diversa procedencia. La ciudad estaba llena de vida, con lujosos restaurantes, night-clubs, donde oír jazz. Era una especie de babel donde se mezclaban todas las razas y se hablaban todas las lenguas. Tánger se transformó en una ciudad excéntrica, diversa y multicultural.

En los años 40 y durante la Segunda Guerra Mundial Tánger se convirtió en una ciudad de refugiados que escapaban de Europa, muchos de ellos judíos perseguidos por los nazis. La ciudad era un hervidero de agentes de los diferentes servicios secretos de las potencias enfrentadas en la guerra. La atmósfera de Tánger por aquellos años pudo ser muy parecida a la descrita en la mítica película “Casablanca” de Michael Curtiz, rodada en 1942.

El periodo internacional de Tánger se ha convertido ya en un episodio mítico en la historia de la ciudad. Tánger se transformó en una abigarrada ciudad repleta de contrabandistas, desarraigados, exiliados y fugitivos, emigrantes, buscavidas, espías, artistas, profesionales, empresarios, comerciantes, banqueros, millonarios…Para la mayoría de ellos, Tánger, era una ciudad de oportunidades, una ciudad de tránsito, o una ciudad para trabajar y vivir.

El dinero fluía y los bancos internacionales se instalaron en la ciudad. Tánger se abrió al mundo a través de su puerto, donde recalaban cruceros de lujo y mercantes. La ciudad se fue transformando en un microcosmos cosmopolita de gran diversidad étnica que experimentó, especialmente en los años 50, un enorme desarrollo económico, social y cultural.

Los cafés eran lugares de encuentro de figuras legendarias como André Gide, Jack Kerouac, Tennessee Williams, Truman Capote o Ian Fleming, que encontró aquí la inspiración para el personaje de James Bond. El café Hafa, uno de los lugares con más encanto donde ya se reunía Paul Bowles con sus amigos a fumar kif, o el café Paris, que la leyenda cuenta que era un nido de espías durante la II Guerra Mundial. Mientras Cecil Beaton fotografiaba las blancas calles de la medina y sus arcos, la luminosidad de la ciudad atraía a pintores como Henri Matisse y Francis Bacon.

Muchos ingleses se apuntaron al baile. En 1965, Brian Jones, el fundador de los Rolling Stones, llegó huyendo de un pleito de paternidad, en “un viaje en el tiempo, un mundo medieval con música magnífica, droga abundante y comida soberbia, la capital mundial del todo vale”. La huella tangerina de los Stones creció con Keith Richards y Mick Jagger. Algunos ancianos recuerdan las fiestas salvajes de la multimillonaria americana, Barbara Hutton que adquirió el palacete Sidi Hosni y dilapidó su fortuna en onerosos regalos a sus invitados a quienes apenas conocía.

A pesar de haber sido durante años una ciudad internacional y cosmopolita, la influencia española es notable. La colonia española era el grupo más numeroso entre sus habitantes. Más de 50.000 españoles encontraron refugio en la ciudad (muchos huyendo de la España de Franco). La peseta era una de las monedas de cambio habituales, y el español una lengua muy utilizada en la ciudad. Quizás el símbolo de la presencia española en Tánger sea el gran Teatro Cervantes, hoy en ruinas, que se inauguró en 1913, y por el que pasaron en los años 50 artistas como Caruso, Imperio Argentina o Lola Flores.

La anexión de Marruecos en 1956 pone fin a una época irrepetible, pero a pesar de todo, el aura decadente de aquel cosmopolitismo seductor no desaparece sino que se sigue manifestando por todos sus rincones. De alguna manera sigue siendo esa mezcla hipnótica de lo occidental y lo oriental, de lo europeo y lo marroquí… Pocas ciudades del mundo han podido conjugar tan perfectamente arquitectura, historia, cultura, religión… creando un espacio tan singular. 

 

Día 2 – TÁNGER – CHAUEN – FEZ 

Desayuno buffet en el hotel. Salimos con dirección a Chauen (o Chefchaouén) a través de la gran curva montañosa del Rif, que forma una barrera natural a lo largo del norte de Marruecos. Sus habitantes, de habla bereber, guardan con celo sus tradiciones, habiendo resistido desde siempre cualquier conquista. Disfrutaremos en el recorrido con multitud de paisajes diferentes, altas montañas, cabos, gargantas y formaciones rocosas; valles altos y profundos, donde florecen almendros y adelfas, parajes agrestes, bosques de cedros, abetos y robles.

Llegada a CHAUEN, una de las ciudades más hermosas del Rif. Su nombre proviene de una derivación de la palabra bereber shawen, que significa “cuernos”, y alude a dos montañas, el Meggú y el Tissuka, que flanquean la ciudad. Fue fundada en 1471 por Muley Alí Ben Rachid, quien quiso que se pareciera al pueblo andaluz de Véjer de la Frontera, porque de allí procedía su esposa Lal-la Zahra, una joven española convertida al Islam. En los años sucesivos fue poblada tanto por exiliados musulmanes de Al-Andalus, como a partir de la expulsión de 1492, por hebreos.

Pero al poco, Chauen comenzó a manifestar una intolerancia religiosa, debido a dos motivos: el resentimiento hacia los cristianos que los habían expulsado de la península Ibérica y la presencia entre ellos de varios notables chorfa, descendientes del Profeta. Esto hizo que la ciudad fuera considerada ciudad santa o prohibida a los no musulmanes, lo que la rodeó desde el principio de un halo de misterio.

A comienzos del s. XVII llegaron moriscos expulsados de España. En su época de esplendor llegó a tener 10.000 habitantes (6.000 marroquíes, 3.000 andalusíes y en torno a 1.000 hebreos). La ciudad, aislada del mundo por sus muros y la fortaleza natural que le proporcionaban sus montañas, mantuvo su identidad como centro religioso, no permitiendo la entrada a los infieles.

El 15 de octubre de 1920 después de siglos de hermetismo, la bandera española se izaba en la alcazaba de Chauen. Uno de los soldados que entraron en la ciudad fue el sargento Arturo Barea, autor de la obra La forja de un rebelde. Meses después entró la primera bandera de la Legión, con su comandante Francisco Franco. Los españoles quedaron sorprendidos al oír hablar a los judíos el sefardí. La bandera española se arrió en noviembre de 1924, y se alzó la de la autoproclamada República del Rif. Esto fue hasta el verano de 1926 en que los españoles reconquistaron la ciudad. En 1956 se entregó la soberanía a Marruecos.

Almuerzo en restaurante local.

Realizaremos la visita de Chauen, un conjunto de estrechas y empinadas calles con edificios encalados de color blanco y añil, plazas diminutas, fuentes ornamentadas y casas con puertas finamente decoradas y cubiertas de teja roja. Comenzaremos por la plaza El-Maghzen, en los límites orientales de la ciudad vieja, con los bazares y talleres artesanos de alfombras y tejidos que constituye el lugar más animado de la medina y donde convergen todas las calles de la medina.

Al oeste se encuentra la Plaza Uta el Hammam, el corazón del barrio antiguo, en la que destaca de fondo un bello decorado montañoso, con muchos cafés, rodeada de árboles y pavimentada con piedras y cantos rodados. La plaza se encuentra dominada por la Gran Mezquita, fundada en el siglo XVI y reformada en diversas ocasiones; posee un delicado minarete del siglo XVII de ladrillo y yeso de planta octogonal; lo decoran tres hileras de arcos adintelados y lobulados, sobre un fondo de color ocre. La hilera superior está ornamentada con alicatado zellij.

La kasbah, de clara influencia andaluza, se comenzó a construir en el s. XV por Mulay Ali Ben Rachid y se finalizó por Mulay Isamil dos siglos después. Posee murallas almenadas de arena roja y diez bastiones. En su interior se despliega un jardín con fuentes, desde el que tendremos vistas de las murallas y del paseo de ronda; el “fondac”, edificio sencillo con una galería de arcos de medio punto, sigue cumpliendo la finalidad para la que se construyó, alojando a viajeros y mercaderes de paso; a partir de aquí penetraremos en las estrechas callejuelas de la medina, que alberga más de 100 telares, y donde nos encontraremos con calles de guijarros, casas de una planta encaladas y los arcos de herradura de influencia hispánica.

La medina de Chauen no se parece a ninguna otra. En las paredes de las casas de ocre uniforme, encaladas hasta media altura en tonos ligeros, se combinan el blanco, los verdes, los azules y los malvas en una extraordinaria fusión de colores que de lejos dan a la ciudad un curioso reflejo azulado.

El Quatier Al-Andalus, que recibió la segunda oleada de inmigrantes (árabes y judíos expulsados de España), y donde sus casas ostentan puertas ornamentadas y verjas de hierro forjado en algunas ventanas; el Ras el-Ma, manantial subterráneo confinado en el interior de un edificio, y que fue la razón por la que se construyó aquí la ciudad.

El lugar es también el paraíso de los amantes del hachís, ya que es uno de los principales productores de cannabis o kif, de Marruecos. El cultivo y la venta de marihuana se ha convertido en algo tan intrínseco a la ciudad (se vende abiertamente en los mercados junto a los tradicionales vegetales, hierbas y especias) que al cabo de poco uno deja de verlo como algo extraño. Esto ha atraído desde hace años a muchos turistas de la onda hippie.

EL COLOR DE CHAUEN (artículo)
La ciudad marroquí de Chauen, convertida en uno de los símbolos turísticos de Marruecos, ha sido testigo a partir de los años 90, de un curioso cambio en el color del exterior de sus casas, que han dejado de ser blancas para teñirse de un azul cada vez más oscuro, y con la que no todos sus vecinos están de acuerdo.

Incluso vista desde lejos, esta ciudad de la parte oeste de la cordillera del Rif, ya sorprende por el azul, color que predomina en los muros exteriores y en las azoteas de las casas, y esta tonalidad va ganando terreno una vez dentro de sus calles, adornadas con productos de artesanía y perfumadas por el olor a té menta y a "besara", gachas de habas típicas de la zona.

Tradicionalmente, la parte exterior de las casas en Chauen se pintaba de blanco, pero la parte inferior de la pared, hasta una altura de dos metros, siempre se pintaba de un azul muy claro, color que se conoce localmente como nila, palabra tal vez emparentada con el “añil”. Este color era resultado de la mezcla de unas gotas de tinte azul con la cal, y la parte inferior pintada de esta tonalidad era “al waqfa” (la altura del ser humano cuando está de pie), llamada así porque era el espacio que alcanzaba a pintar la mujer, responsable de esta tarea, y que era la suma de su altura y de la extensión alcanzada por su brazo.

Algunos bazares que vendían artesanía a los turistas se empeñaron en pintar sus fachadas de azul en tonalidades oscuras para distinguirse de las demás tiendas y llamar la atención de los visitantes de la ciudad. Al ver que esa idea funcionó, el resto de las tiendas optó por los mismos colores, que a continuación fueron adoptados por las viviendas particulares.

La tendencia hacia el color azul oscuro ha ido yendo a más hasta que en 2010 el Ayuntamiento adoptó esos cambios y bautizó a Chauen con el nombre de “Perla Azul” como marca distintiva de la ciudad.

 

A continuación partimos hacia la ciudad de FEZ, la más antigua de las ciudades imperiales, capital espiritual y religiosa del país.

Emplazada entre el fértil Saïs y los bosques del Atlas Medio, se trata de la tercera ciudad más grande de Marruecos, cuya fundación es atribuida al rey Idris I, un descendiente del Profeta que hacia el año 791 fijó su capital en el margen derecho del río Fez. Poco después de su primera fundación, hacia el 809, su hijo, Idris II la convirtió en la capital de la dinastía y fijó su residencia al otro lado del río. En el 818 recibió cientos de familias musulmanas que habían sido expulsadas de Córdoba, y en el 824, una rebelión en Túnez, hizo que Fez acogiese a muchos árabes, raza predominante en la ciudad a partir de entonces.

A mediados del siglo XI, los almorávides unieron las dos ciudades construyendo una muralla a su alrededor. Los almohades toman la ciudad en 1145, convirtiéndose el centro cultural y económico del país. En 1250 una nueva dinastía, los benimerines, conquistaron la ciudad convirtiéndola en la capital del sultanado, dotándola de bellos edificios, lujosas casas y palacios y bellas madrazas. Su universidad, Qarawiyyin, se convirtió en el centro de enseñanza más antiguo del mundo occidental.

Una revuelta en Fez en 1465 acabó con el último rey benimerín, Abd el-Haqq, pasando el poder a la dinastía de los Wattasi. Cuando Granada es tomada por los Reyes Católicos, en 1492, un gran número de musulmanes y judíos emigraron a Fez obligados por la orden de conversión forzosa al cristianismo.

En 1522 la ciudad sufrió un terremoto que la dejó parcialmente destruida. En 1544 fue conquistada por los Saaditas quienes fijaron la capital en Marrakech abandonando Fez, dejándola sumida en la anarquía. En 1833 Mulay Abdallah trasladó la capitalidad de nuevo a Fez, lo que supuso grandes trasformaciones urbanas.

En 1912 pasó a formar parte del protectorado francés y la capital de la nueva colonia se instaló en Rabat. Ésta conservó su estatus tras la independencia en 1956, pasando Fez definitivamente a un segundo plano. Ese mismo año la población judía desapareció casi por completo de la ciudad debido a los motines de la población árabe. 

Cena y alojamiento en el hotel PALAIS MEDINA & SPA.

COMÉNTANOS

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Page 1 Created with Sketch.
Page 1 Created with Sketch.
Page 1 Created with Sketch.
Page 1 Created with Sketch.
Ningun comentario disponible