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Viaje a Israel y Jordania VIII: Castillos del desierto – Ammán – Jerusalén – Tel Aviv | Los viajes de Vagamundos día a día

Publicado el 31/07/2021 en

En nuestros dos últimos días completos de viaje visitaremos los conocidos como "Castillos del desierto" de Jordania, para volver posteriormente a Jerusalén para realizar nuestras dos últimas visitas en la ciudad (Museo Torre de David y Ein Karem), y seguir recorrido hasta Tel Aviv, donde realizaremos una visita panorámica de la capital del país.

 

DÍA 12 – MAR MUERTO – Castillos del desierto – AMMÁN

Desayuno buffet en el hotel.

A primera hora marchamos hacia el noreste del país en una ruta en la que pasaremos del negro de las llanuras de rocas basálticas, al ocre de las arenas del este, para la visita de los conocidos como “castillos del desierto”. Se trata de una serie de pabellones, caravasares y fortalezas que constituyen el máximo exponente del arte y la arquitectura islámica y de las influencias heredadas de las tradiciones griega, romana y bizantina del Mediterráneo Oriental. Casi todos fueron construidos en el siglo VIII por los omeyas, un linaje árabe cuyo califato fue el segundo más importante de los cuatro que controlaron el mundo islámico.

Repartidos entre extensas llanuras, algunos de estos castillos se encuentran ubicados en lugares recónditos. Otros, en cambio, fueron insertados en el interior de poblaciones. A lo largo de los años fueron ocupados por avanzadas militares, aunque también sirvieron como lugares de descanso para las rutas caravaneras que iban de Damasco a Bagdad, y un lugar donde las élites se podían entregar, en medio del inhóspito desierto, a sus pasatiempos favoritos, la cetrería y la caza, lejos de las obligaciones de la capital del califato, Damasco.

Casi todos ellos contaban con el palacio, el hamman (los baños), el aljibe y las salas administrativas, y estuvieron decorados con mosaicos, murales, mármol y estuco pintado. Visitaremos los tres castillos más importantes, como son, Qasr al-Azraq, Qusayr Amra y Qasr al-Kharana.

El primero que encontramos al paso será el Qasr al-Azraq, emplazado en la antigua y principal ruta comercial que servía de cruce entre Arabia Saudí, Irak y Siria. Una inscripción ha permitido establecer que la fortaleza se levantó en honor a los emperadores romanos Diocleciano y Maximiliano, entre 286 y 305, con el nombre de Dasianiss.

Para los romanos tuvo una considerable importancia, ya que la zona posee grandes reservas hídricas, en un lugar rodeado de desierto. Fue reformado por el califa omeya Walid II en el siglo VIII, transformándolo en su residencia de caza favorita en tiempos en que los humedales de las proximidades ofrecían una fauna salvaje muy rica; también lo utilizaría como base militar. Pero su forma actual data de 1237, cuando fue fortificado por los ayubíes como defensa contra los cruzados.

En el siglo XVI los turcos otomanos instalaron una guarnición. Probablemente ha sido utilizado ininterrumpidamente hasta la I Guerra Mundial. A lo largo de su historia, esta fortaleza de basalto fue víctima de algunos desastres naturales como el terremoto sufrido en 1927, que lo dejó parcialmente destruido. Durante los meses de invierno de 1917, antes de la batalla de Aqaba, Lawrence de Arabia estuvo alojado en esta fortaleza, al objeto de convencer a las tribus shahlan para que los apoyaran en la batalla.

Posteriormente, fue la base durante la Gran Revuelta Árabe contra el Imperio Otomano. Desde aquí los árabes lanzaron un ataque contra Damasco que consiguió expulsar a los turcos de la región. Lawrence describió el lugar como “el fuerte azul de roca, lleno de palmeras, con frescas praderas y manantiales de aguas brillantes”. La habitación que hay justo encima de la puerta de entrada, es la que habitó el Coronel Lawrence.

El castillo, construido en basalto negro, posee una estructura de planta cuadrada, con muros de 80 m de longitud, cuatro torres y un patio abierto donde se ubican una antigua mezquita (siglo VIII) orientada hacia La Meca, una cárcel, el comedor y otras estancias. La mezquita en el patio, el pozo y los establos datan del período de Walid II.

Frente a la entrada, se encuentran los restos de un altar construido por los romanos en el siglo III d.C. En su día, la fortaleza tenía tres pisos. La torre más destacada es la situada en el muro oeste, con una enorme puerta realizada con una única losa de basalto, que “se cerraba con un estruendo que hacía temblar el muro oeste del castillo”.

A pocos kilómetros de Azraq, en el fértil wadi Butm, se encuentra el Qusayr Amra (DECLARADO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO EN 1985), sin duda, el más bello de los castillos omeyas del desierto. Fue erigido entre 705 y 715 por el Walid I, (que edificó también la mezquita de Damasco y la mezquita Al Aqsa en Jerusalén), como residencia vacacional de los califas omeyas.

Construido en piedra, es un excepcional y raro ejemplo de arquitectura islámica, con un interior cubierto de magníficos frescos, con más de 250 figuras humanas y animales, en una superficie total de 350 m2. El edificio es en realidad el resto de un complejo más grande integrado por una serie de pequeñas construcciones, destinadas a servir de lugar de descanso y placer de los príncipes omeyas, que originariamente incluía un verdadero castillo rodeado de jardines regados por una noria y del que sólo quedan los cimientos, un caravasar, unos baños y un pabellón de caza.

Se trata de un edificio bajo, construido con caliza y basalto; el bloque norte, de dos pisos, está cubierto por tres bóvedas sobre la entrada principal; la parte oeste presenta cúpulas más pequeñas. Pero lo más notable, sin duda, se encuentra en su interior, en el Salón de audiencias, donde antaño se celebraban fiestas y reuniones, con frescos que cubren prácticamente la totalidad de sus paredes, y que fueron reconocidos por la UNESCO, como “obra maestra del genio creativo humano”.

Pertenecen a la etapa inicial del arte islámico, de ahí su incalculable valor, y en ellos se representan escenas de baño, luchadores, arqueros, músicos, bailarinas y animales de caza, algunos de ellos ya extintos. Estas imágenes no son las propias del canon religioso, sino un intento por captar la vida cotidiana, muy lejos de la imaginería geométrica asociada al arte islámico primitivo.

Destaca especialmente el fresco de los Seis Soberanos, que representa a los gobernadores del mundo o enemigos del islam. Cuatro de ellos han sido identificados como el emperador bizantino, el rey Rodrigo de los visigodos españoles, Cosroes (el último soberano sasánida) y el Negus de Abisinia.

Otra parte importante eran los baños, formados por tres estancias, el apodyterium (vestidor), con unas imágenes de tres caras ennegrecidas que representan las etapas en la vida del hombre (aunque los cristianos de la zona creen que la figura del centro representa a Jesucristo); el tepidarium, que tenía agua tibia y aire caliente, con una imagen de mujeres desnudas bañando a un niño; y el calidarium, para el agua caliente con una pequeña cúpula en la que se representa el cielo del hemisferio norte, con los signos del zodíaco. Se trata de unas de las primeras imágenes del universo pintada sobre una superficie curva.

A 15 km de Qusayr Amra, se encuentra el Qasr al-Kharana, una majestuosa y solitaria estructura de muros gruesos cuya función no está muy clara.

Muy bien conservado y construido también por los omeyas a finales del siglo VII, para algunos historiadores, esta fortificación pudo haber sido una posada para las caravanas de los comerciantes, pero el hecho de que no estuviera ubicado en ninguna ruta comercial importante, y no cuente con estructura alguna para almacenar agua, descarta esa teoría. Tampoco parece una fortaleza defensiva, pues sus torres son demasiado bajas como para cumplir una función y las aspilleras son muy estrechas. Parece más bien un lugar de encuentro para los líderes del califato, donde los omeyas se reunían con relativa privacidad.

Edificado con piedra rosa, posee una estructura en forma de cubo, con cuatro pequeñas torres redondas en sus vértices y una torre semicircular en mitad de cada lado. Una gran puerta en forma de arco daba entrada al castillo, con dos grandes habitaciones a ambos lados que se supone fueron los establos y el almacén. En su interior hay 61 habitaciones con vistas a un patio central. Desde el patio, una escalera conduce al piso superior, desde donde se divisa una amplia panorámica del desierto que la rodea.

La presencia de piedras con inscripciones en griego en la entrada principal, sugiere que fue construido sobre el antiguo emplazamiento de un edificio romano o bizantino.

A continuación ponemos rumbo a Ammán. Almuerzo en restaurante local.

AMMĀN (literalmente, "del pueblo"), es la capital del Reino Hachemita de Jordania además de ser el centro comercial, industrial y administrativo del país. Su población es de casi 4 millones y medio de habitantes, lo que supone el 40% de la población total del país.

Ammán tiene dos caras: una tradicional, en torno al núcleo antiguo surgido a los pies de la Ciudadela y a las ruinas romanas, y otro moderno, constituido por edificios comerciales, bancos y hoteles de lujo. Sus edificios están construidos con piedra blanca procedente de las canteras locales, lo que contribuye a dar una idea de orden y pulcritud.

Habitada durante el Paleolítico (15.000 a.C.), el Neolítico y el Calcolítico. Fue en el siglo XIII a.C., cuando surgió la “Rabbath Ammôn” bíblica fundada por los amonitas. En el siglo X a.C., el rey David conquista Rabbath Ammon y aquí tendrá lugar el episodio bíblico de la muerte de Urías el Hitita (oficial del rey David) y la conquista de su mujer Betsabé por parte del monarca David. De esta relación entre Betsabé y David nacerá el futuro monarca Salomón.

En este siglo IX Ammán recobra la independencia y se convierte en capital de un reino amonita. Posteriormente fue conquistada por los asirios, seguidos por los persas, y más tarde los griegos, que la llamaron Filadelfia (“ciudad del amor fraternal”).

En el siglo I a.C. Filadelfia cayó bajo control romano y fue agrupada a la Decápolis (una liga de diez ciudades de cultura grecorromana en Oriente Medio). En el año 30 a.C. quedó bajo el control de Herodes el Grande. La ciudad se transformó en una próspera localidad en la ruta de las caravanas que los romanos embellecieron con muchos monumentos.

La suerte de la ciudad decayó al mismo tiempo que el imperio. Su nombre actual procede de la época del reino gasánida, un reino árabe cristiano aliado de Bizancio. Tras la expansión musulmana, a partir del 638 d.C., Ammán recupero parte de su esplendor.

A partir del siglo X cayó en el olvido, hasta que en 1878 se estableció allí una colonia de circasianos que fueron expulsados de Rusia.

En 1921, el rey Abdullah I de Jordania la hizo sede de su nuevo gobierno y dos años después capital del reino. En los años posteriores, la ciudad acogió sucesivas oleadas de inmigrantes, sobre todo de los Territorios Palestinos y de Siria (actualmente acoge 440.000 sirios huidos de la guerra civil).

Realizaremos una breve visita de la ciudad, durante la que tendremos oportunidad de ver su Ciudadela, situada en la colina más alta de la ciudad (850 m). Ocupada desde la Edad del Bronce, se encuentra rodeada por 1.700 m de murallas, reconstruidas varias veces.

Aquí encontramos los restos del templo de Hércules, construido durante el reinado del emperador Marco Aurelio (161-180 d.C.), sobre un santuario anterior dedicado a Melkom, divinidad amonita. Antaño conectado con el foro, solo se conservan algunas partes del podio y las columnas. Desde aquí hay una excelente vista del casco antiguo de la ciudad.

El Palacio Omeya, construido alrededor del 720, fue un amplio complejo de edificios reales y residenciales. En el 749 fue destruido por un terremoto. El edificio mejor conservado es la sala de audiencias, un edificio con cúpula en forma de cruz, debido a que se construyó sobre una iglesia bizantina. Una calle de columnatas de 10 m de ancho se extiende a través del complejo con numerosos arcos y pilares. Al este se encuentra la cisterna omeya, un enorme hoyo circular que abastecía de agua a la ciudadela.

El centro de la Filadelfia romana se extendía a los pies de la Ciudadela, donde se concentraban los edificios principales. El Teatro Romano, es el monumento más destacado de la ciudad y da una idea de lo que tuvo que significar Jordania para Roma. Construido bajo Antonino Pío (138-161 d.C.), poseía una capacidad para más de 6.000 espectadores; su restauración muestra una amplia cávea de tres gradas.

Frente al teatro se encuentra el Foro, construido en el 190 d.C., solo quedan en pie una fila de columnas. En su momento fue una de las plazas públicas más grandes de todo el Imperio Romano. Cerca está el Odeón, con capacidad para 500 espectadores, acogía sobre todo actuaciones musicales.

A continuación paseo por la ciudad moderna que nos mostrará los comercios y quehaceres cotidianos de la clase media jordana. No es un zoco pintoresco, ni contiene las típicas escenas orientalistas, pero presenta una ciudad en ebullición, con sus amplias avenidas y espléndidos restaurantes.

Cena y alojamiento en MÖVENPICK HOTEL AMMAN.

 

DÍA 13 – AMMÁN – frontera de Allenby – JERUSALÉN (Museo Torre de David – Ein Karem) – TEL AVIV

Desayuno buffet en el hotel.

Salida en dirección a la frontera de Allenby. Una vez finalizados los trámites nos encontraremos con nuestro guía israelita. 

Volvemos a Jerusalén para realizar nuestras dos últimas visitas. Junto a la Puerta de Jaffa, en pleno Barrio Armenio, se encuentra la histórica ciudadela de Jerusalén, una majestuosa estructura de piedra, que en su origen fue el lujoso palacio de Herodes el Grande. El monarca dotó al palacio de tres enormes torres construidas con grandes bloques, pues eran ante todo dispositivos defensivos, conectados con un muro de 15 m de altura que rodeaba todo el edificio. La mayor de las torres se inspiró en el Faro de Alejandría, una de las siete maravillas del mundo antiguo. Aquí residía el rey junto a su familia y toda la corte.

Tras la muerte de Herodes, el palacio fue utilizado por los procuradores romanos; por ello, parece posible que fuera aquí donde Poncio Pilatos juzgó a Jesús.

En el siglo III, los bizantinos confundieron sus ruinas con el que había sido el palacio de David, de ahí su nombre. Fue utilizada también por cristianos y cruzados, y remodelada por los mamelucos y otomanos, que fueron los que le dieron la forma actual. Hoy alberga el Museo Torre de David que recorre la historia de los últimos 4000 años de la Ciudad Santa, desde la época cananea hasta nuestros días.

En el patio central del museo se encuentran los restos arqueológicos del período del Primer Templo (950-580 a.C.) y partes de la muralla del siglo I a.C. Alrededor de estos restos arqueológicos se extienden las salas del museo, fundado en 1988. Cada sala contiene objetos, vídeos y mapas de varios periodos de la historia de Jerusalén. Paseando por las diferentes salas es posible viajar en el tiempo y ver cómo la ciudad evolucionó al paso de los romanos, los bizantinos, los musulmanes o los británicos.

Una de las partes más destacadas del museo es la maqueta de Jerusalén en el siglo XIX. Desde la torre principal se disfruta de una impresionante vista panorámica de 360º de Jerusalén, tanto de la Ciudad Vieja como la parte más moderna.

Escondido en un valle del extrarradio occidental de Jerusalén, se encuentra EIN KEREM (“manantial de la viña”), un bonito pueblo de casas de piedra rodeado de cedros libaneses y pinos autóctonos con fuertes lazos bíblicos. Era un pueblo árabe hasta la guerra de 1948, durante la que sus residentes huyeron, y se repobló con judíos llegados de Marruecos y Rumanía. Según la tradición cristiana fue en esta población donde se produjo la Visitación, un episodio del Nuevo Testamento donde se narra que María, la madre de Jesús, visitó a su prima Isabel embarazada de Juan el Bautista (Lucas 1, 39-56), que nacería y viviría aquí.

Visita de la iglesia de San Juan Bautista, con una elevada y estilizada torre, posee aspecto de fortaleza. Se levantó sobre los restos de estructuras anteriores bizantinas (siglo V) y cruzadas (siglo XI), destruida y transformada por los árabes en caravasar. En el siglo XVII se restituyó a los franciscanos que la restauraron (1674).

El edificio actual es de mediados del siglo XIX, y fue financiado por la corona española. Los azulejos azul y blanco de su interior provienen de Manises (Valencia). Los cuadros que decoran la iglesia son de artistas españoles, entre los que se encuentran Ribera, Murillo o Ribalta. En su interior hay restos de dos capillas bizantinas donde se descubrió un mosaico con una inscripción en griego y dos sepulcros; unos escalones, a la izquierda del altar, descienden a una cueva natural conocida como la gruta de la Natividad de San Juan, donde la tradición sitúa el nacimiento de San Juan Bautista. (Lucas 1, 21-25).

La siguiente visita será la iglesia de la Visitación, donde según la tradición, estuvo la casa de Isabel y Zacarías (los padres de Juan). La iglesia toma el nombre de la visita de María a Isabel cuando ambas estaban embarazadas (Lucas 1, 39-49). La oración que se dice que pronunció María (“Mi alma engrandece al Señor; Lucas 1, 46-46), está grabada en las paredes en más de 40 lenguas. En la fachada de la iglesia, un hermoso mosaico muestra a María montada en un burro y escoltada por ángeles en su camino de Nazaret hacia el área montañosa de Judea.

Se trata de un edificio de dos cuerpos: el superior (1955) imita el estilo renacentista florentino, fue diseñada por Antonio Barluzzi; contiene frescos con escenas históricas de Vagariniuras, en las que la Virgen cumplía un papel especial, como por ejemplo, el Concilio de Éfeso, donde fue declarada la Theotokos (Madre de Dios), o la batalla de Lepanto, ganada por su intercesión.

La iglesia inferior es una gruta transformada en capilla en época bizantina (siglo V). En el siglo XII los cruzados erigieron una iglesia mayor sobre la bizantina, que fue posteriormente destruida por los árabes.

Los muros están decorados con pinturas de escenas bíblicas, como por ejemplo, el padre de Juan, Zacarías, sirviendo como sacerdote en el Templo (Lucas 1:5) y el encuentro entre María e Isabel. En la cripta está el pozo y la piedra que se dice fue donde se escondió Juan durante la matanza de los Inocentes llevada a cabo por Herodes.

Almuerzo en restaurante local.

Seguimos ruta hasta TEL AVIV (“Colina de Primavera”), la segunda ciudad más poblada de Israel, con algo más de medio millón de habitantes (si contamos las poblaciones integradas en su territorio sería la mayor, con casi un millón y medio). Fue fundada en 1909 por 60 familias judías que adquirieron 12,8 Ha en una zona de dunas al norte de la antigua Jaffa, la dividieron en 60 parcelas y se la repartieron por sorteo. Eran en total 250 personas. Tomaron como modelo la “ciudad jardín” inglesa, con la intención de crear una ciudad espaciosa, con parques y abundantes espacios verdes.

La población local creció mucho durante sus inicios, pasando de 2.000 habitantes en 1920 a 34.000 cinco años después. En 1936, con motivo de los motines árabes de Jaffa, se construyó un puerto en la ciudad para evitar depender del puerto de la ciudad árabe, lo que supuso el despegue económico de Tel Aviv. Entre 1932 y 1940 llegaron a la ciudad oleadas de inmigrantes (hasta 170.000) la mayoría huidos de Alemania nazi. En 1939 la ciudad sumaba ya 160.000 habitantes.

Los arquitectos judíos huidos de la Alemania nazi comenzaron a trabajar en el diseño de bloques de estilo Bauhaus, de líneas puras, que se convertirían en símbolo de la ciudad. Durante la II Guerra Mundial la ciudad ejercía de resistencia sionista frente a las políticas contra la inmigración de judíos de Gran Bretaña. En 1947 aumentaron las tensiones entre judíos y árabes hasta el punto de que fuerzas clandestinas judías sitiaron Jaffa, y fueron expulsados la mayoría de los 70.000 residentes árabes.

El 14 de mayo de 1948, en Tel Aviv, David Ben Gurión proclamó el nacimiento del Estado de Israel. Tel Aviv fue la capital provisional hasta 1950, en que se trasladó la capitalidad a Jerusalén. La ciudad se convirtió en el paradigma de la modernidad en Israel. En abril de 1949 Tel Aviv y Jaffa se unieron en un solo municipio. A partir de aquí, Tel Aviv se expandió en todas direcciones, con lo que varias ciudades vecinas pasaron a convertirse en barrios periféricos.

Hoy es una metrópoli moderna que se extiende a lo largo de 8 km de costa y otros cuatro hacia el interior. Vibrante y cosmopolita, es una ciudad llena de actividad, tanto cultural como económica.

En esta, nuestra última tarde en Israel, disfrutaremos de una breve visita panorámica de la ciudad, durante la que tendremos oportunidad de conocer sus lugares más emblemáticos. Meir Dizengoff, el primer alcalde de Tel Aviv encargó al arquitecto británico Patrick Geddes diseñar el plano urbanístico para el centro de la ciudad. Geddes hizo su trabajo con todo tipo de detalles, salvo el estilo que debían seguir los edificios.

Aquí fue donde los judíos que huyeron de Alemania del horror nazi pudieron aplicar sus conocimientos adquiridos en la escuela Bauhaus a los nuevos planes urbanísticos de Tel Aviv. Así nace la Ciudad Blanca de Tel Aviv (DECLARADO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO EN 2003), un conjunto de 4.000 edificios (el mayor número de este estilo entre todas las ciudades del mundo), adaptados al clima desértico y mediterráneo de Tel Aviv.

Las casas están construidas de hormigón, cuentan con balcones redondeados que dan sombra a las ventanas y son de color blanco, para reflejar el sol. Lo cierto es que los edificios más importantes de la Ciudad Blanca de Tel Aviv no son especialmente llamativos, sino que destacan por su arquitectura simple, con ausencia total de decoración.

Podremos contemplar algunos de ellos en las zonas más famosas de la ciudad como la Plaza Dizengoff, uno de los principales puntos de encuentro de Tel Aviv, diseñada al más puro estilo de la escuela alemana. Está adornada en el centro por la moderna y discutida fuente de Fuego y Agua.

En el corazón del centro financiero se encuentra el Rothschild Boulevard, una de las calles más importantes de la ciudad histórica, con una larga y arbolada avenida a la que se asoman numerosas residencia particulares, unas al estilo Bauhaus, y otras al estilo Le Corbusier.

También pasaremos por el Salón de Independencia, donde vivió Meir Dizengoff, uno de los fundadores de la ciudad y su primer alcalde. Desde aquí, el 14 de mayo de 1948 David Ben Gurión declaró la creación del Estado de Israel.

Cena y alojamiento en CROWNE PLAZA TEL AVIV CITY CENTER.

 

DÍA 14 – TEL AVIV – MADRID

A la hora indicada nos trasladamos al aeropuerto Ben Gurion para tomar el vuelo que nos llevará de vuelta a Madrid. Trámites de aduana, facturación y embarque en el VUELO IB3317 de la compañía IBERIA, salida prevista a las 06.00 hrs. 
Llegada al aeropuerto de MADRID a las 10.30 hrs. Recogida de equipajes. 

FIN DE NUESTRA AVENTURA


Nota: las descripciones que se realizan en el “libro de viaje” son a título orientativo, y pueden no coincidir exactamente con el desarrollo de la visita.


BIBLIOGRAFÍA utilizada
- Jordania (varios autores)  Anaya Touring  2019.
- Jerusalén, Israel, Territorios Palestinos y Jordania  (varios autores) DK guías visuales  2020.
- Jordania (Jenny Walker y otros) Lonely Planet  2019.
- Jordania (Luis Mazarrasa) Ediciones Gaesa  2019.
- Jerusalén, Tierra Santa y Jordania (varios autores) El País Aguilar  2012.
- Tierra Santa (Jerome Murphy-O’Connor) Mensajero  2016.
- Tierra Santa (Florentino Díaz Fernández) Verbo Divino 1993.
- Guía Total Tierra Santa (varios autores) Anaya Touring  2019.
- Israel (Jesús García Marín y otros) Ediciones Gaesa  2019.
- Israel y los Territorios Palestinos (Daniel Robinson y otros) Lonely Planets  2018.
- Los judíos. Historia del pensamiento (Jesús Mosterín) Alianza Editorial  2006

Lecturas recomendadas
- Jerusalén, ida y vuelta (Saul Bellow) Plaza & Janés  1984.
- La Biblia y sus secretos (Juan Arias) Aguilar  2004.
- Historia de la Biblia (Karen Armstrong) Debate  2015.
- La Biblia desenterrada (Israel Finkelstein y Neil Asher Silberman)  2003.
- Los siete pilares de la sabiduría (Lawrence de Arabia) Ediciones B  2007.
- Viaje a Jerusalén (Pierre Loti) La Línea del Horizonte Ediciones  2021.
- La historia de los judíos (Paul Johnson) Editorial Javier Vergara  2005.
- Una historia de amor y oscuridad (Amos Oz) SIRUELA  2017.

 

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