ePrivacy and GPDR Cookie Consent by Cookie Consent Viaje a Israel y Jordania VII: Petra - Wadi Rum - Mar Muerto | Los viajes de Vagamundos día a día

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Viaje a Israel y Jordania VII: Petra - Wadi Rum - Mar Muerto | Los viajes de Vagamundos día a día

Publicado el 31/07/2021 en

Continuamos recorrido por Jordania, y en estos dos siguientes días tenemos tres perlas excepcionales, como son Petra, la capital nabatea, el desierto de Wadi Rum y el Mar Muerto.

 

DÍA 10 – PETRA: visita de la “Ciudad Rosa”

Desayuno buffet en el hotel.

Petra es, no solo el principal atractivo arqueológico y turístico de Jordania, sino uno de los yacimientos más impresionantes y mágicos del planeta

Situada entre el mar Rojo y el Mar Muerto, la zona estuvo habitada por los edomitas, un pueblo semita asentado en torno al siglo XIII a.C. entre el golfo de Aqaba y el Mar Muerto. En la Biblia se les denomina “hijos de Esaú”, los que impidieron que los israelitas cruzaran su territorio para llegar a la Tierra Prometida.

En torno al siglo VI a.C., los edomitas son expulsados y se asientan en la región los nabateos, una tribu nómada de origen arameo procedente del noroeste de Arabia que vivían de saquear las caravanas, hasta que descubrieron que era mucho más rentable cobrarles impuestos por atravesar sus tierras. Se dieron cuenta de que vivían en una encrucijada comercial de caminos, y poco a poco fueron creando una gran zona de influencia que llegaría hasta Siria, convirtiéndose en unos prósperos comerciantes que dominarán la región los siguientes cinco siglos.

Para protegerse, construyeron una capital que sería casi inexpugnable, un poderoso enclave comercial en el que llegaron a confluir hasta siete rutas comerciales por las que transitaban caravanas que transportaban especias, incienso y productos de lujo entre Arabia, Siria, Egipto y el sur del Mediterráneo. Además, contaba con dos de los bienes más preciados de la zona, agua potable, y la seguridad que ofrecían sus muros. Petra, en definitiva, era el oasis perfecto para descansar, al abrigo de ataques enemigos. La ciudad vivió su esplendor en el siglo I a.C., durante el reinado de Aretas IV, cuando llegó a tener más de 30.000 habitantes, y se construyeron palacios, casas, templos, tumbas, paseos y comercios, además de presas, cisternas y canales para abastecer de agua a la ciudad. 

Más tarde, en el año 106 d.C. Trajano la anexiona al Imperio Romano que reestructuró la ciudad antigua con elementos clásicos romanos, como una calle con columnas y baños. Incluso en el año 131 d.C., fue visitada por el emperador Adriano.

Pero su suerte decayó cuando un terremoto en el año 363 la destruyó parcialmente. Su declive se precipitó con el cambio de las rutas comerciales alrededor del siglo VI, hasta que terminó siendo abandonada. A mediados del siglo VII solo los beduinos de la zona sabían de su existencia.

Petra cayó en el olvido hasta que en 1912, el explorador suizo Jean Louis Burckhardt descubrió la “ciudad perdida” entre las montañas, una supuesta urbe desaparecida sobre la que había oído contar algunas historias. Para conseguir su objetivo, se hizo pasar por un erudito musulmán ante un guía beduino conocedor del acceso, que lo acabó conduciendo al lugar más increíble que jamás había imaginado. Así, Petra pasó a ser conocida en Occidente y comenzó a atraer visitantes de todos los rincones del mundo. Además de haber sido durante siglos la “ciudad perdida”, Petra es todavía hoy una ciudad oculta, ya que las tormentas de arena y las inundaciones enterraron un gran número de edificaciones, lo que hace que hoy conozcamos sólo alrededor del 20%

La astronomía tuvo mucha importancia para los habitantes de Petra. De hecho, a la hora de construir los edificios se tuvo en cuenta la orientación, algo que puede apreciarse durante los equinoccios y los solsticios. El ejemplo más ilustrativo es el Monasterio, que durante el invierno recibe luz que ilumina de forma directa el altar mayor.

Hoy dedicaremos todo el día a la visita de la CIUDAD DE PETRA (DECLARADO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO EN 1985), un lugar al que hay que ir al menos una vez en la vida y que seguro, nos dejará un recuerdo imborrable. Los nabateos fueron audaces arquitectos que se inspiraron en otras culturas para crear un aspecto distintivo. En Petra se encuentran más de 800 lugares censados, incluidas unas 500 tumbas. Durante nuestra visita, conoceremos los más importantes y representativos monumentos de la ciudad.

El camino que conduce a Petra es una sucesión de emociones cromáticas y espaciales que se van encadenando a cada paso, y no existe ciudad en el mundo que tenga una vía de acceso tan angosta y tan propicia para estimular nuestra imaginación. Se trata del Siq, el desfiladero que conduce a la Ciudad Rosa, al que llegaremos después de un emocionante paseo a caballo.

Un poco antes de entrar en él, se encuentra la tumba de los Obeliscos, construida en el siglo I a.C., y coronada por cuatro pilares piramidales, preludia la imponente arquitectura de Petra; guardan en su interior varios nichos que al parecer estaban dedicados a cinco personas ilustres que fueron enterradas aquí.

El camino del Siq va discurriendo por el estrecho reducto, a veces casi recto, a veces en zigzag, a veces ensanchándose, a veces adelgazando súbitamente. Quizás tengas la imagen de Indiana Jones cabalgando por él. El Siq, con sus paredes de 200 m de altura, no es un cañón erosionado por el agua sino un único bloque dividido por el movimiento de placas tectónicas. Es uno de los caminos más sobrecogedores del planeta, y el inicio de una fascinante inmersión en el pasado de los nabateos.

A las impresiones que produce caminar entre dos rocas que casi se tocan, se une como un recital de colores que emanan de la piedra como radiaciones ocres, rojas, violetas, grises, amarillas,... En el pasado, ese camino iba acompañado por la melodía del agua, que discurría por un canal tallado en la piedra que aún puede apreciarse. Mientras se recorre este mágico pasillo que serpentea hacia la ciudad oculta, aumenta la expectación ante las maravillas que aguardan, algo que aprovecharon los nabateos convirtiendo el pasaje en un camino sagrado lleno de lugares de significado espiritual.

Para las caravanas que llegaban a Petra después de largas y durísimas jornadas en el desierto, el rumor del agua envolviendo el desfiladero debía de representar la promesa de un mundo de delicias y descanso. Tras 1,2 km por la grieta de los mil matices, el desfiladero se estrecha y se oscurece, pero es justamente entonces cuando emerge del fondo algo que al principio parece una luz rosada. 

Basta con dar unos pasos para advertir que lo que brilla al fondo es el Al-Khazneh, el Tesoro del Faraón, la imagen más reconocible de Petra, un edificio de estilo helenístico, si bien con peculiaridades nabateas, íntegramente esculpido en la roca y que pudo ser el sepulcro del monarca nabateo Aretas IV (9 a.C.-40 d.C.). Llegar a él ya es mágico. Es, sin duda, el monumento más bello de todo el yacimiento, en un estado de conservación espectacular. La fachada, dividida en dos niveles, mide casi 40 metros de alto delicadamente decorada, con figuras, frisos y capiteles corintios. Su nombre le viene dado por la leyenda que cuenta que un faraón egipcio escondió un riquísimo botín en la urna funeraria de piedra del segundo nivel del monumento mientras perseguía a los israelitas. De ahí las marcas de bala que se encuentran a la altura de la urna. Como ocurre con todos los monumentos tallados en la roca de Petra, el interior está sin adornar.

Al-Khazneh está precedido por una pequeña explanada donde paran los beduinos con sus camellos y asnos. Antes de que Trajano anexionase Petra a la provincia romana de Arabia en el siglo II, las caravanas que cruzaban el desfiladero entraban en un vergel de casas y jardines escalonados. Veían una ciudad donde el agua, aprovechada con la sabiduría que caracteriza a los habitantes del desierto discurría por todas partes como en la Alhambra de Granada. La calzada central o Siq Exterior conduce al Teatro, el único del mundo tallado en la piedra formando una masa indistinta con la falda de la montaña. Obra de los nabateos, aunque posteriormente fue ampliado por los romanos, tenía capacidad para unas 3.000 personas (con los romanos llegó a 8.500) repartidas en 45 hileras de asientos con tres niveles de gradas, separadas por dos pasillos.

Frente al teatro, sobre la fachada del monte Jebel al-Khubtha, se excavaron algunos de los sepulcros más impresionantes de Petra, conocido como Tumbas Reales, cinco enormes fachadas ricamente decoradas, aunque bastante erosionadas, una junto a la otra, ubicadas en el centro de la ciudad.

La Urna, panteón del rey nabateo Malichos II (40-70 d. C.), esculpido sobre la pétrea falda de la montaña y precedida por una terraza con columnas, es la principal obra de las Tumbas Reales. Parte de su grandiosidad se debe al pórtico dórico tallado en la roca a su izquierda, así como a la enorme terraza frontal. Su interior, amplio y de resonancia grave, sobrecoge porque parece la morada de la muerte. Fue utilizada en el siglo V como iglesia por los bizantinos.

Junto a esta se halla la tumba de la Seda, notable por la exuberante gama de colores que presenta la fachada: ocre, rosa, rojo, púrpura, gris, negro, azul y blanco.

Algo más a la derecha, se encuentran la tumba Corintia, llamada así por el estilo de sus columnas y la de Sexto Florentino, un gobernador romano que fue enterrado en la tumba que le preparó su hijo.

La fachada de mayor tamaño, la tumba del Palacio, contaba con cinco pisos en diferentes estilos decorativos. Sus 18 columnas del nivel superior constituyen el elemento más característico y llamativo de la tumba.

La impresión que produce ver desde el Teatro la sucesión de sepulcros abiertos en la roca provoca, la misma sensación que algunos conjuntos funerarios de Egipto, porque además de arte mineralizado se puede apreciar todo el esfuerzo humano que hizo posibles tan gigantescas construcciones.

En otra de las zonas elevadas de Petra se encuentra el Altar de los Sacrificios, un área sagrada en la que se llevaban a cabo importantes ceremonias religiosas y que conserva el espacio donde los animales eran sacrificados. Desde arriba hay unas bellas vistas de la antigua ciudad de Petra, que queda a los pies.

Siguiendo hacia delante y dejando atrás la curva de ballesta del Siq Exterior, aparece a la derecha la iglesia de los Papiros, pavimentada con mármol policromo, y a la izquierda la Vía Columnada de origen nabateo pero remodelada por los romanos, aún queda parte de la calzada y restos de sus columnas en pie. Marca el centro de la ciudad antigua, y es el lugar donde hace dos mil años el griterío de los mercaderes anunciaba especias, oro y telas de Oriente.

A uno de los lados de esta calle queda el Gran Templo, el mayor monumento arqueológico de toda Petra con una superficie que alcanza los 7.000 m². Se estima que fue erigido por los nabateos en el siglo I a.C. y, a pesar de que sufrió graves daños durante un terremoto, aún se pueden diferenciar perfectamente sus estancias, sus columnas y sus zonas sagradas, además de pequeños restos de mampostería y pinturas al fresco.

A la izquierda, más allá de la Vía Columnada, se halla el Qasr al-Bint, uno de los pocos edificios no rupestres que quedan en pie en Petra, pues el terremoto del año 363 destruyó la mitad de la ciudad. Construido algunos años antes de Cristo con grandes bloques de arenisca rosada esmeradamente trabajados, sorprende por su forma de prisma cúbico. Fue el principal y más importante templo de Petra. Estaba dedicado a Dushara, dios del Sol, la principal deidad de los nabateos, y aunque data del siglo I a.C. aún mantiene en pie varios de sus muros de 23 metros de altura. Poseía escaleras de mármol, imponentes columnas, una plataforma elevada para la oración y ornamentados relieves de yeso y piedra. 

Un poco separada de todo lo demás, pero cerca de los principales templos, se encuentran los restos de una iglesia bizantina del siglo V d.C. En su origen templo nabateo, fue ampliado y asimilado por los romanos para ser consagrado siglos después como templo cristiano por los bizantinos. Algunos de sus elementos constructivos provinieron de otros monumentos anteriores pero un terremoto acabó con ella. Las dos naves laterales de la iglesia están decoradas con bonitos mosaicos. 

Almuerzo en restaurante local.

Detrás del Qasr al-Bint sale el camino que se dirige al wadi (cauce de río) de Farasa, el suburbio más meridional de Petra, rico en todo tipo de monumentos funerarios. Nada más llegar, surge una ciudad de tumbas rupestres excavadas según los caprichos de las rocas.

La tumba Renacentista con su elegante portada coronada por un arco y enmarcada por dos columnas, y la tumba del Frontón Partido, con su fachada de estilo nabateo, son las primeras que salen al paso. Luego la grieta del wadi se va estrechando hasta desembocar en una escalera que acaba junto a la tumba del Soldado, tallada con cierta tosquedad, las pilastras tienen capiteles nabateos y encuadran ventanas ciegas en las que se refugian figuras ahora irreconocibles salvo la del centro, que parece la figura de un soldado romano, de ahí su nombre.

Enfrente se halla el triclinio, sin fachada, que se cree que era parte de la tumba del Soldado. Posee el único interior tallado de Petra y sus nichos, sus medias columnas estriadas y la cornisa quedan realzadas por las bandas de color que recorren los muros y el techo.

Otra escalera conduce hasta la tumba del Jardín, encajada entre rocas que pudieron haber acogido un pequeño vergel, va precedida de un pórtico con dos columnas. 

Por fin se llega frente a la gran fachada de El-Deir o Monasterio (47 metros de ancho y 40 de alto), la última de las grandes joyas de Petra, y su templo más colosal. Construido en el siglo I d.C., está dedicado al rey divinizado Obodas I, y se halla coronado por una gigantesca urna de arenisca. Aquí descubrimos que los nabateos conjugaron los elementos de la arquitectura clásica griega a su manera, logrando un estilo propio. Su arquitectura sencilla y poderosa, con columnas con capiteles nabateos, nos recordará al Tesoro. Su nombre proviene de las cruces talladas en sus paredes interiores, lo que sugiere que fue posteriormente usado como iglesia.

Desde la amplia explanada del Monasterio se alcanza el mirador, que se abre a las escarpadas y bíblicas extensiones del valle de Arabah, preludiando el desierto en el que se perdieron los pasos de Lawrence de Arabia, y que tendremos oportunidad de conocer el día de mañana. La visión del desierto es fascinante y la mirada se llena de horizontes que permanecen mucho tiempo en la memoria.

Finalmente el Museo del Centro de Visitantes, muy didáctico y explicativo, posee abundante información multimedia, que nos ayudará a entender la importancia de la ciudad de Petra. Además, los restos mejor conservados encontrados en las excavaciones se exponen aquí, entre ellos las pocas esculturas salvadas del furor iconoclasta musulmán.

Cena y alojamiento en THE OLD VILLAGE HOTEL & RESORT.

 

DÍA 11 – PETRA – WADI RUM: desierto en 4x4 – MAR MUERTO

Desayuno buffet en el hotel.

Partimos hacia otro de los puntos importantes de nuestro recorrido por Jordania, uno de los entornos más sobrecogedores de Oriente Próximo, el desierto de WADI RUM (DECLARADO PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD POR LA UNESCO EN 2011), ubicado al sur del país, más allá del final del camino de los Reyes, y en la frontera con Arabia Saudí. Se trata de una meseta de unos 450 km2 de extensión situada a 1.600 metros sobre el nivel del mar y delimitada por dos macizos montañosos, el gebel Rum (1.754 m), y el gebel Umm Ishrin (1.753 m).

Wadi Rum fue originado por una fractura de la corteza terrestre que provocó una fuerte elevación del terreno, lo que hizo aflorar enormes bloques de granito y arenisca de la placa afro-árabe. La altura de algunos de estos bloques era considerablemente mayor a lo que hoy podemos ver, debido a los efectos de la erosión.

Habitado desde la prehistoria, ya los griegos y romanos mencionaban sus viñedos (desaparecidos), olivos y pinos (algunos se conservan en lo alto de las montañas). Debido a la presencia de numerosos manantiales, la zona formó parte de las rutas caravaneras. Hay estudiosos islámicos que afirman que de aquí procede la antigua tribu árabe de los “Ad”, descrita en el Corán. 

También conocido como el “Valle de la Luna”, Wadi Rum posee un paisaje marciano de hipnóticas e irreales formaciones rocosas, dunas, torres, agujas de arena y valles (wadi signfica valle y de hecho, éste es el valle más largo de Jordania), y con una arena de diferentes tonalidades. Su arenisca porosa y el granito de sus montañas, cañones y corredores almacenan el agua de lluvia; las filtraciones alimentan manantiales subterráneos que hacen posible que la vida brote en pequeños reductos en forma de palmeras salvajes, higueras, helechos, plantas aromáticas y medicinales, aún utilizadas por los beduinos. Es, también, estación de paso de más de 100 especies de aves migratorias.

Estos insólitos paisajes han invitado a soñar y han inspirado a viajeros de todos los tiempos. Entre ellos al célebre Lawrence de Arabia, arqueólogo y escritor, oficial del Ejército británico durante la I Guerra Mundial, que fue quien realmente le dio fama a esta región. Definió Wadi Rum como una rareza en un mundo indómito. Contaba Lawrence en Los siete pilares de la sabiduría (1926), el libro donde recoge su experiencia militar, que “Rum era vasto, divino y lleno de ecos”

En 1998, el desierto de Wadi Rum fue declarado Área Protegida y puesto a cargo de las comunidades beduinas locales para su explotación turística. Los moradores del desierto son árabes nómadas reconocidos por su hospitalidad. En 2005 la Unesco proclamó patrimonio oral e intangible de la humanidad el espacio cultural de los beduinos de Wadi Rum por la riqueza de su literatura oral y su tradición poética. Sus elaboradas historias, que custodian la memoria colectiva de los beduinos, produce en quien las escucha, como a quien contempla la grandiosidad del desierto, ese sobrecogimiento que sienten los niños ante la inmensidad.

Wadi Rum ha sido plató de cine en varias ocasiones y para películas tan populares como Lawrence de Arabia, Indiana Jones y la Última Cruzada, Dune, Planeta Rojo, y más recientemente el film de Ridley Scott, El Marciano, basada en la novela de Andy Weir. La arena y las rocas rojizas de este árido lugar tienen todas las características para hacer realidad los paisajes de Marte, y es que Wadi Rum siempre nos ha parecido un lugar de otro planeta.

Realizaremos una excursión en 4x4 por las arenas rojas del Wadi Rum, durante la que tendremos oportunidad de contemplar enormes pináculos de roca que la erosión ha convertido en extrañas formas bulbosas, y que se alzan hasta 600 m desde el llano suelo del valle; espectaculares arcos de piedra en un mar de arena roja. El-Ein (manantial de Lawrence), un tranquilo manantial que debe su nombre a la evocadora descripción que realiza Lawrence en su obra Los siete pilares de la sabiduría.

El cañón Khazali, una sorprendente formación rocosa, resultado de la erosión, que abre paso a un pronunciado desfiladero salpicado de inscripciones tamúdicas, anterior al islam. Sus acantilados de arenisca están decorados con casi 30.000 petroglifos, realizados por cazadores y nómadas tribus del sur de Arabia y por los nabateos, que transitaron este territorio. Los testimonios más antiguos se remontan al siglo IV a.C., cuando aún abundaba la vegetación y la fauna, y representan escenas de caza con arco o los que señalan presencia de manantiales o indican alguna dirección.

 

LAWRENCE DE ARABIA (artículo)
Thomas Edward Lawrence nació en Tremadoc, en el noroeste de Gales, el 16 de agosto de 1888. Su amor por la arqueología le llevó en 1907 a matricularse en el Jesus College de Oxford, para estudiar con una pequeña beca la arquitectura medieval durante las Cruzadas. En 1909, realizó su primer viaje a Oriente Medio que le llevó desde Palestina a la costa de Líbano, donde recogió material para su tesis.

Arqueólogo reconvertido en espía
Después de excavar algunos yacimientos a orillas del Éufrates, y de ampliar sus conocimientos tanto idioma y cultura árabes, como de la geografía de la zona, a principios de 1914, Lawrence es reclutado por los servicios de inteligencia británicos. Los intereses occidentales en la región, tanto del Reino Unido como de Francia, se estaban viendo afectados por el avance del Imperio otomano, y los ingleses aprovecharon los conocimientos de Lawrence sobre los pueblos de la región para promover, con el apoyo de las fuerzas árabes, una revuelta de las provincias árabes oprimidas en contra de los otomanos. 

La guerra en el desierto
Lawrence entró en contacto con Husayn ibn Alí, un miembro prominente de la familia de los hachemíes que compartía su idea de crear un estado panárabe con capital en Damasco. A cambio del apoyo militar necesario, Husayn ibn Alí exigía la creación de un gran reino árabe que él mismo lideraría. El 10 de junio de 1916, Husayn lanzó una proclama al pueblo árabe llamándolo a la rebelión contra el sultán, y en año y medio, las fuerzas otomanas fueron derrotadas. Durante este tiempo, Lawrence actuó como consejero de Faysal, uno de los cuatro hijos de Husayn que fue quien encabezó la revuelta. Lawrence fue ascendido al grado de capitán y más tarde a coronel. Sin embargo, las cosas no fueron fáciles para aquel oficial británico vestido con ropas árabes, de corta estatura (medía 1,66 metros), pero fornido. En noviembre de 1917 fue capturado por los turcos, logrando escapar, pero antes fue torturado y, al parecer, violentado sexualmente. 

Fin de la guerra
En mayo de 1916 británicos y franceses ya se habían repartido en secreto el Imperio Otomano, y el tratado de paz de Versalles de 1919, firmado al finalizar la I Guerra Mundial, sentenciaba que Husayn ibn Alí no recibiría las concesiones prometidas. Esto hizo que Lawrence fuera considerado un traidor para los árabes.
Profundamente desilusionado por la actuación de su país, y abatido por la pérdida en el campo de batalla, de sus dos hermanos, Lawrence pidió el relevo y el 4 de octubre de 1918 volvió a Inglaterra.

El final de un sueño
Durante un tiempo estuvo realizando trabajos burocráticos en Reino Unido. En 1922 se alistó como piloto de la RAF con nombre falso, pero fue descubierto y apartado del cargo. En 1925 fue readmitido y enviado a la India. El exilio indio terminó en 1928, a raíz de ciertos movimientos revolucionarios en Afganistán en los que pudo estar implicado. En 1926, publicó su obra más famosa, Los siete pilares de la sabiduría, en la que relata su experiencia en la guerra contra los turcos. En 1935 es licenciado en la RAF.

El 13 de mayo de 1935, en un día de intensa lluvia, fue con su motocicleta Brough Superior SS100 a la oficina de correos de Bovington a enviar un telegrama. Al volver tuvo un accidente en la carretera y se golpeó fatalmente la cabeza. Después de seis días en coma, finalmente falleció. 
Su imagen de leyenda se construyó gracias a la película de David Lean, Lawrence de Arabia (1962).

 

Almuerzo en restaurante local.

A continuación, nos dirigimos hacia la costa del MAR MUERTO (al-Baḥr al-Mayyit¡, en árabe; Yam Hamélaj, en hebreo). Situado en la parte más profunda de la gran depresión tectónica del río Jordán, entre Israel, Cisjordana y Jordania, ya aparecía mencionado tanto en la Biblia (en sus orillas se alzaban las ciudades de Sodoma, Gomorra, Admah, Zeboim y Zoa), como en el Corán. A lo largo de los tiempos ha sido denominado de varias formas, pero sería Pausanías, un viajero griego quien lo bautizó “Mar Muerto” en el siglo II d.C., al apreciar que la altísima salinidad del agua impedía el desarrollo de la vida.

El Mar Muerto es en realidad un lago endorreico (no evacua agua ni por desagüe superficial ni por infiltración, sino que evapora en su superficie toda el agua que colecta de su cuenca hidrográfica), a 411 metros bajo el nivel del mar (el punto más bajo del planeta). Recibe agua del río Jordán, de otras fuentes menores y de la escasa precipitación que se produce sobre el lago. Actualmente tiene unos 80 km de largo y un ancho máximo de unos 16 km, con una superficie aproximada de 810 km². 

La gran cantidad de sal en el Mar Muerto, unos 340 gramos por litro, (casi nueve veces mayor que la común del mar), se debe a la combinación de varios factores, pero principalmente a que la cantidad de agua dulce que recibe es menor que la cantidad de agua que evapora.

La evaporación en el Mar Muerto es muy alta puesto que está situado en una zona caliente en la que las lluvias son escasas. Los minerales que desembocan en él se quedan allí para siempre; aproximadamente, un 27% del agua del mar se compone de sustancias sólidas. El agua del Mar Muerto posee una densidad de 1.24 kg/litro, lo que hace que el cuerpo humano pueda flotar en el agua sin esfuerzo, porque la densidad de este último es menor que la densidad del agua salada del lago. Este grado de salinidad impide la presencia de todo tipo de vida animal o vegetal (excepto algunas variedades de microbios). Los peces que llegan de los ríos mueren en seguida. Por otra parte, tiene magníficas virtudes terapéuticas para diversas enfermedades, sobre todo las relativas a la piel.

Pero las dimensiones del Mar Muerto han variado a lo largo del tiempo, y sobre todo en los últimos años, en los que ha bajado sensiblemente el nivel. De hecho, los científicos estiman que el nivel del agua desciende a razón de casi un metro por año, una situación que podría provocar que, en menos de medio siglo, este lago salino desaparezca por completo. El problema comenzó en la década de los sesenta, a raíz de que Israel realizara una serie de canalizaciones en el río Jordán para abastecer de agua su país. Esta situación provocó que el 98 por ciento de su caudal no fuera a parar al Mar Muerto (de 1.300 millones de metros cúbicos de agua que recibía pasó a alcanzar 50 millones), dando lugar a que su principal fuente de abastecimiento natural dejara de nutrirlo de agua.

Otro de las razones de esta situación extrema es la sobreexplotación de minerales. Las propiedades terapéuticas de los materiales que se encuentran en el lecho del lago son utilizados para elaborar cosméticos. Si a todo ello sumamos el clima extremo de la zona, no es de extrañar el riesgo de desaparición del lago. Después de varias denuncias de grupos medioambientales, los gobiernos han decidido tomar cartas en el asunto para evitar que el problema sea irreparable.

Llegada a nuestro exclusivo Crowne Plaza Jordan Dead Sea Resort & Spa, donde dispondremos de tiempo libre para aprovechar los servicios del hotel. También podremos bañarnos en el Mar Muerto. 

 

Algunos CONSEJOS para el baño en el Mar Muerto

Algo que debéis tener en cuenta si os bañáis, es que debido a la extrema salinidad del agua, es posible que descubráis algún pequeño corte que ni siquiera sabíais que teníais, ya que os escocerá bastante.

También es aconsejable no afeitarse antes de entrar al agua, y evitar en la medida de lo posible que el agua nos llegue a los ojos, porque el escozor puede ser intenso. Debéis tener cuidado con el barro de la orilla, porque resbala bastante.

Aprovechad las mágicas aguas de este mar, relajaos y flotad sobre ellas.

Primero tomad un baño de 15 minutos, y después acercaos a la orilla y coged barro para untaros el cuerpo. Esperad a que se seque y aclaraos con un nuevo baño de 10 minutos. Al salir del agua, daos una pequeña ducha y os sentiréis como nuevos.

Cena y alojamiento en CROWNE PLAZA JORDAN DEAD SEA RESORT & SPA.


Curiosidades del MAR MUERTO (artículo)
- El Mar Muerto es parte del gran Valle del Rift; está 411 m por debajo del nivel del mar -el punto más bajo de la tierra- y tiene una profundidad de más de 390 m.

- No es realmente un mar, sino un lago que recibe agua de varias fuentes y no tiene puntos de salida.

- Es la segunda masa de agua más salada del mundo (después del lago Assl, en Yibuti), con una salinidad del 34%. Su salinidad supera casi 9 veces la de cualquier océano.

- Su profundidad media es de 118 m, llegando en algunos puntos a los 390 m. A 305 metros tiene un 27% de sustancias sólidas: cloruro sódico (sal común), cloruro magnésico, cloruro cálcico, cloruro potásico, bromuro magnésico y una gran variedad de otras sustancias. La mayoría de los minerales del Mar Muerto están presentes en el cuerpo humano de forma natural y tienen propiedades saludables. 

- De hecho, es conocido como un sanatorio natural. Muchas personas aquejadas por las más diversas enfermedades (sobre todo en el ámbito cardiovascular, reumatológico, pulmonar y dermatológico), acuden a este lago salado para aplicarse tratamientos a base de fango. Los minerales contenidos en el agua y la baja concentración de alérgenos en la atmósfera configuran características muy propicias para la salud.

- Debido a la densidad de sólidos en el agua, el cuerpo humano flota totalmente. Incluso las personas que no saben nadar se quedarán flotando en su superficie. En los Estados Unidos, el Gran Lago Salado de Utah posee esta misma característica.

- Como consecuencia de la salinidad excesiva del agua, los únicos seres vivos capaces de habitar en el Mar Muerto son algunas bacterias, algas unicelulares o protozoos. Eso sí, el litoral sí acoge a ciertas plantas ya adaptadas a estas condiciones excepcionales.

- El Mar Muerto contenía abundantes depósitos asfalto (betún). Las antiguas civilizaciones aprovecharon este recurso natural para realizar esculturas. Los egipcios usaban el asfalto proveniente del Mar Muerto en el proceso de momificación; en 1936 salió flotando a la superficie el último depósito importante.

- Una de las leyendas más famosas asegura que las ciudades de Sodoma y Gomorra se encuentran sumergidas bajo las aguas del Mar Muerto. Según la Biblia, el destino de ambas civilizaciones estaba marcado: un diluvio de fuego y azufre cayó sobre ellas, ante la perversión y la maldad que allí residía. 

- El Mar Muerto tiene 3 millones de años de historia, pero desde 1960 ha menguado un 30% (casi un metro por año), cuando Israel estableció una estación de bombeo a las orillas del mar de Galilea; esto provocó que el agua del Jordán, la fuente más significativa del mar, se desviara para abastecimiento de agua dulce y riego de cultivos. Por ello, muchos estudiosos advierten de que el Mar Muerto podría desaparecer.

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