Viaje al INDIA DEL SUR V:  Bangalore – Bombay – Aurangabad – cuevas de Ajanta y Ellora | Los viajes de Vagamundos día a día

Día 14: HASSAN – BANGALORE – BOMBAY – AURANGABAD

Desayuno en el hotel. A primera hora de la mañana partimos hacia el aeropuerto de Bangalore, para tomar el vuelo 9W2165 (12.40–14.10 hrs.) con destino a Mumbai. Enlace con el vuelo 9w2511 (17.40–19.20) con destino a Aurangabad.

Llegamos al Estado de Maharashtra, el cuarto y último que visitaremos en nuestro viaje. Ubicado en el centro-oeste del país, limita al norte con Guyarat y Madhya Pradesh, al este con Chhattisgarh, al sur con Telangana, Karnataka y Goa, y al oeste con el mar Arábigo (Océano Índico). Es el segundo estado más poblado del país, con 115 millones de habitantes y el tercero más extenso, con una superficie algo mayor que la de Polonia. Este estado fue creado en 1960 para satisfacer las demandas del grupo lingüístico maratí, que forma el grupo étnico mayoritario del estado. Por ello, el antiguo estado de Bombay, fue partido en dos estados: Maharashtra y Gujarat.

La ciudad de Aurangabad, fundada en 1610 por Malik Ambar como Kharki, pasó inadvertida durante gran parte de la historia medieval india, cobrando protagonismo cuando el último emperador mogol, Aurangzeb (de quien toma el nombre posterior), hizo de ella su capital desde 1653 a 1707. Con la muerte del emperador, llegó un rápido declive, aunque su breve período de gloria, la dotó de varios edificios importantes. Posee algo menos de 900.000 habitantes.

Cena y alojamiento en el Rama International Hotel.

Día 15: AURANGABAD (cuevas de Ajanta y Ellora)

Desayuno en el hotel. Hoy nos levantaremos muy temprano. Tenemos un día muy completo e intenso, para visitar dos de las grandes joyas del arte de todos los tiempos.

Nos desplazaremos hacia uno los hitos de nuestro viaje como son las Cuevas de Ajanta (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1983). Con motivo de unas maniobras militares en 1819, el soldado inglés John Smith, observó la entrada, semioculta por la vegetación, de unas cuevas. En lo que parecía una cueva abandonada sin más, se encontró con un tesoro artístico inimaginable. En un risco con forma de herradura, sobre la garganta del río Waghora, descubrió este conjunto de 30 cuevas que fueron ocupadas durante un breve período de tiempo, para ser posteriormente abandonadas. Se piensa que su abandono está relacionado con el apogeo de Ellora. Las cuevas, todas ellas budistas (a diferencia de las de Ellora), se dividen en dos grupos, el más antiguo (siglos II y I a.C.) pertenece al período hinayana, el más austero del budismo, en los que Buda se representa con símbolos como la Rueda de la Ley o el árbol bodi. El segundo grupo (siglos V y VII d.C.), data del período mahayana, y se labraron durante la dinastía Vakataka, cuando la expresión artística es más exuberante. Habitadas por monjes, artistas y artesanos en las que se refugiaban durante el monzón, con soberbia habilidad, realizaron 5 chaityas grihas (capillas) y 25 viharas (monasterios); las primeras presentan techos abovedados y columnas octogonales, que dividen el espacio en una sala central, con una stupa votiva, el objeto de veneración; las viharas, incorporaran una galería, una sala rodeada de celdas y un sanctasanctórum con enormes figuras de Buda. Aunque las cuevas en sí mismas son interesantes y algunas esculturas muy sugestivas, lo verdaderamente impresionante son sus extraordinarios murales. Las paredes fueron decoradas con excepcionales pinturas de una calidad técnica y perfección insuperables, donde la armonía, la precisión y el equilibrio adquieren su culminación. Podremos contemplar los primeros y más refinados exponentes de la pintura budista en la India, que ilustran escenas de la vida de Buda, así como de la corte de príncipes y músicos, que constituyen un importante documento de la vida cotidiana en el siglo V. La luminosa paleta de colores, obtenidos de pigmentos vegetales y minerales, contiene ocres, amarillos verdosos, negros, verdes y azules (estos últimos creados con lapislázuli de Asia Central). Pese a su antigüedad, algunas de las pinturas se conservan buen estado, lo que se atribuye a su aislamiento durante siglos. Visitaremos el complejo, acompañados por nuestro guía local, que nos irá explicado todos los detalles.

Os resumimos aquí lo más interesante que vais a ver en la visita (aunque hay que tener en cuenta que siempre suele haber algunas cuevas cerradas por restauración):

  • Las cuevas 1 a 7 datan del período mahayana (s. V d.C.):
    • Cueva 1: fue una de las últimas en excavarse, y contiene algunos de los murales más evocadores y famosos del complejo. Una galería enfrente, lleva a una gran sala de congregación con esculturas y murales narrativos, dotados de una espléndida perspectiva y con detallas de los vestidos, la vida diaria y conseguidas expresiones faciales. El techo luce una talla de cuatro ciervos con una sola cabeza.
    • Cueva 2: con una espectacular fachada, donde están esculpidas imágenes de los reyes naga y de sus sirvientes. Está profusamente pintada, con ricos colores. Los muros, columnas, capiteles y el techo, están recubiertos de calados, motivos geométricos y florales y de numerosos paneles jataka, que muestran historias relacionadas con el nacimiento de Buda.
    • Cueva 4: el mayor vihara de Ajanta, sostenido por 28 pilares (inacabado)
    • Cueva 6: el único vihara de dos plantas. Dentro hay un Buda sedente.
  • Las cuevas 8 a 13 y 15 (en parte) son las cuevas budistas primitivas, pertenecientes al período hinayana:
    • Cueva 9: una de las primeras chaityas de Ajanta, con una fachada decorada con ventanas y celosías. Las enormes figuras de Buda de los lados, se añadieron en el s. V d.C.
    • Cueva 10: la más antiguas y refinada (200 a.C.), y fue la primera que vio el militar británico. La fachada se ha derrumbado y las pinturas del interior están dañadas, en algunos casos con grafitis de la época del redescubrimiento.
  • Las cuevas 15 a 20 datan del perído mahayana posterior, finales del s. V d.C.
    • Cueva 16: contiene una e las más bellas pinturas de Ajanta, y se cree que fue la entrada original al complejo. La más famosa es “La princesa moribunda”. Figuras talladas parecen sostener el techo, imitando detalles arquitectónicos de madera. También hay una estatua de Buda sentado sobre un trono en forma de león.
    • Cueva 17: con enanos tallados que sostienen los pilares, tiene las pinturas mejor conservadas y más variadas de Ajanta. Incluyen a una princesa maquillándose, a un seductor príncipe que usa el viejo truco de persuadir a su amante con vino, y a Buda regresando a casa tras su iluminación con su esposa y su atónito hijo. Un detallado panel, narra los avatares en Sri Lanka, del príncipe Simhala.
    • Cueva 19: el elemento dominante de la chaitya es una impresionante ventana en forma de herradura. Dos bellas estatuas erguidas de Buda flanquean la entrada. Dentro hay una dagoba de tres plantas con una figura de Buda en la parte delantera.
  • Las cuevas 21 a 27 (s. VII d.C.), más tardías, forman el grupo final.
    • Cueva 24: de haberse acabado sería el vihara más grande de Ajanta. Se puede ver cómo se construyeron las cuevas: se cortaron en la roca largas galerías y luego se atravesó la piedra entre ellas.
    • Cueva 26: una chaitya casi en ruinas contiene bellas esculturas. Está unido al vihara de la cueva 27, que recoge toda la maravilla del arte escultórico del arte de Ajanta. Destacan dos magníficos paneles: uno sobre la tentación de Buda por el demonio Mara, y otro el Parinivana, una imagen de 7 m de Buda recostado.

Almuerzo en restaurante local.

Continuamos con otro de los momentos culminantes de nuestra aventura por tierras indias en esta ocasión serán las Cuevas de Ellora (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1983), donde la aventura del espíritu humano por la búsqueda de lo inefable adquiere una dimensión trascendente. Nos quedaremos turbados ante tan extraordinario espectáculo. El lugar representa el renacimiento del hinduismo bajo las dinastías Chalukya y Rashtrakuta, así como la decadencia del budismo y un breve resurgimiento del jainismo. Su emplazamiento en una importante ruta comercial que se extendía desde Ujjain y Madhya Pradesh, le proporcionó lucrativos ingresos que permitieron costear durante 500 años la construcción del complejo. De las 34 cuevas de Ellora, de la 1 a la 12 son budistas (siglos VII y VIII), de la 13 a la 29, hinduistas (siglos VII-XIX) y de la 30 a la 34, jainas (siglos IX y X). Se alzan a lo largo de una pendiente de 2 km, con lo que se consiguió construir grandes patios frente a los santuarios, y decorarlos con estatuas de aire surrealista. Los escultores tallaron 85.000 m2 de roca empezando por lo alto del acantilado y desde allí horadando la montaña hacia abajo. La maravilla resultante, embellecida con enormes paneles escultóricos, simboliza el monte Kailash, la morada sagrada de Shiva.

Vamos con una pequeña descripción de lo que contiene:

  • Cuevas budistas: de la 1 a la 12: datan del período chalukya, entre los siglos VII y VIII d.C. Las más antiguas son más sencillas, pero las últimas son más ambiciosas, en pie de igualdad con los templos hinduistas, con los que coinciden en el tiempo.
    • Las nueve primeras cuevas son variaciones de viharas o monasterios y están repletas de figuras de Buda, bodhisattvas y escenas de la mitología budista.
    • Cueva 10: se trata de la única chaitya del grupo budista y una de las más bellas de la India. Conocida como la “Cueva del Carpintero” (Vishwakarma), toma el nombre del carpintero celestial, y está presidida por una figura del Buda docente, labrada delante de una stupa votiva, que se eleva bajo el techo abovedado. La escultura es tan delicada que parece tallada en madera.
    • Cueva 11: llamada Do Thal (de dos alturas) y cueva 12, Tin Thal (tres alturas), las más monumentales. Deben su tamaño a la competición con las cuevas hinduista, más espectaculares, que son del mismo período. La estancia superior de esta última alberga una gran figura de Buda flanqueada por sus siete encarnaciones anteriores. Los muros están tallados con pinturas en relieve como las de las cuevas hinduistas.
  • Cuevas hinduistas: de la 13 a la 29: se escavaron entre los siglos VII y IX. Así como las cuevas budistas están impregnadas de calma y contemplación, el dramatismo y el entusiasmo caracterizan al grupo hinduista. En términos de escala, visión creativa y habilidad de ejecución, estas cuevas son un mundo aparte. Todos los templos se cavaron de arriba abajo, por lo que no fue necesario usar andamios: los constructores empezaron por el tejado y fueron bajando hasta el suelo.
    • Cueva 14: “Ravana ki Khai”, vihara budista, que en el s. VII se convirtió en templo dedicado a Shiva. Contiene esculturas de divinidades hinduistas, entre ellas, Durga matando al demonio búfalo y Visnhú en su manifestación como Varaha, con cabeza de jabalí.
    • Cueva 15: la “Das Avatara” (Diez Encarnaciones de Visnhú), es una de las más bellas de Ellora, un templo de dos plantas con un cautivador Shiva Nataraja y un Shiva que emerge de un lingam (imagen fálica) mientras Visnhú y Brahma le rinden homenaje.
    • Cueva 16: mención aparte merece esta cueva que contiene el Templo de Kailasha. Se trata de la obra cumbre de este complejo de monasterios y templos. Encargado en el s. VIII por el rey rashtrakuta Krishna I, este complejo descomunal, de 84 por 47 m, se labró en una enorme pared de roca. Los escultores tallaron 85.000 m3 de roca empezando por lo alto del acantilado y desde allí, horadando la montaña hacia abajo. La maravilla resultante, embellecida con enormes paneles escultóricos, simbolizaba el monte Kailash, la morada sagrada de Shiva. Alberga escenas del Ramayana, el Mahabharata y las aventuras de Krishna. Hay que admirar sus inmensos pilares monolíticos que se alzan en el patio y flanquean la entrada a ambos lados. También la galería del sureste, con 10 fabulosos paneles gigantes que representan los distintos avatares de Visnhú. Finalmente cito algunas palabras relativas a este templo de Ramiro Calle, fervoroso amante y devoto de la cultura india: “Hay tal belleza en él, tal poder, tal vibración telúrica, tanto de nostalgia mística, de siglos de búsqueda, de ansias de lo inefable, que uno se siente imantado por su energía y jamás querría salir de aquel lugar. Kailasha fascina, hechiza, turba. El templo, de proporciones colosales, posee una belleza insuperable. Dispone de numerosas galerías, cuevas, vestíbulos y santuarios, así como gran número de esculturas. Están representadas todas las figuras que conforman el exuberante panteón hindú. Ante tanto esplendor, vigor y energía, es necesario enmudecer. Kailasha es el monumento shaiva más hermoso, impactante y vibrante del universo”.
    • Cuevas 17 a 20 y 23 a 28: son simples monasterios.
    • Cueva 21: o Ramesvara, con interesantes escenas shivaítas de épocas remotas. Destaca la figura de la diosa Ganga que se alza sobre su makara (criatura mítica marina).
    • Cueva 29: se cree que es un modelo transicional, entre las sencillas cuevas y los templos plenamente desarrollados.
  • Cuevas jainistas: de la 30 a la 34. Datan del último período de Ellora, del s. IX. Carecen del vigor artístico y el ambicioso tamaño de los mejores templos hinduistas, pero muestran un detallismo interesante.
    • Cueva 30: Chhota Kailasha (Pequeña Kailasha). Modesta imitación del gran templo hindú.
    • Cueva 31: es una extensión de la 32.
    • Cueva 32: Indra Sabha (sala de reunión de Indra). La más refinada del grupo jaina. La planta superior luce una decoración muy rica. Hay imágenes de los tirthankaras (grandes maestros) así como de elefantes y leones. Dentro del santuario hay una figura sedente de Mahavira, el último tirthankar y fundador de la religión jainí.
    • Cueva 33: posee un diseño similar a la 32 y varias esculturas bien conservadas

Dejamos atrás este milagro y volvemos a Aurangabad, para realizar la última visita del día, el Mausoleo de Bibi-ka-Maqbara (“Tumba de la Dama”), construido por el hijo de Aurangzeb en 1657 en recuerdo de su madre Rabia ud-Daurani. Conocido popularmente como el “Taj Pobre” se encuentra en medio de un gran jardín mogol, sobre una plataforma cuadrada con cuatro enormes minaretes en los extremos. En su conjunto el monumento cubre una superficie de 12 hectáreas. El mausoleo está revestido con mármol hasta el nivel del dado; a partir de aquí el material utilizado pasa a ser piedra basáltica hasta la base de la cúpula (que tiene forma de cebolla), que también es de mármol. Un yeso fino cubre la piedra basáltica y le da un elegante acabado pulido, adornado con decoraciones de finos estucos. Los restos mortales de Rabia Daurani están dispuestos por debajo del nivel del suelo, rodeados por una espléndida celosía perforada en mármol, que resulta quizás casi más bella que la original del Taj. Hay que reconocer que el conjunto tiene un gran parecido con el Taj Mahal de Agra (del que es evidente copia), y que de lejos “da el pego”, pero carece de su refinada ornamentación y es mucho menos majestuoso. Inicialmente el príncipe lo concibió todo de mármol, pero su austero padre se opuso por el elevado coste. De cualquier forma, es un monumento que llama poderosamente la atención.

Cena y alojamiento en el Rama International Hotel.

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