Día 4 – TRUJILLO – CHICLAYO
Desayuno buffet en el hotel.
Situada cerca de la desembocadura del río Moche, donde las primeras estribaciones de los Andes dibujan una estrecha franja costera, TRUJILLO posee un clima benigno que le ha valido el sobrenombre de “ciudad de la eterna primavera”. Capital del departamento de La Libertad, es la tercera ciudad más poblada del país. Su centro histórico, con el típico diseño en damero en torno a la plaza de Armas, ha sido cuidadosamente reconstruido tras numerosos terremotos, y es un auténtico museo de arte colonial.
Francisco Pizarro encargó a Diego de Almagro la fundación de esta hermosa población en el año 1534, bautizándola con el nombre de Trujillo, en homenaje a su pueblo extremeño natal. Pronto fue un asentamiento de castellanos a los que Pizarro dio encomiendas e indios para que explotaran las plantaciones de caña de azúcar del valle. De esta herencia, el centro antiguo sigue siendo reducto de antiguos apellidos nobles, con pocos indígenas entre sus habitantes. Los barrios exteriores son ya otra cosa. A finales del siglo XVII, se construyó una muralla para defenderla de los piratas. En 1820 fue la primera ciudad que se declaró independiente de la Corona española, proclamada por el marqués de Torre Tagle, y durante algunos años se llamó Ciudad Bolívar. En 1824 de fundó la Universidad, la más importante del norte de Perú. A partir de la década de 1930 surgieron cenáculos políticos socialistas en contra de la represión que sufría el país. Hasta que en julio de 1932 tuvo lugar la revolución de Trujillo, uno de los más trascendentales episodios de la historia republicana de Perú, que costó la vida de muchos ciudadanos por lo que se conoce a este año como el “año de la barbarie”; pero que también marcaría la identidad política de la ciudad durante la segunda mitad del siglo XX.
Por la mañana realizaremos una visita panorámica de la ciudad, durante el que conoceremos sus principales monumentos. El trazado del casco urbano de Trujillo es muy simple, puesto que las 50 pequeñas manzanas que lo conforman, están distribuidas en forma de cuadrícula, y todo el centro histórico está rodeado por una amplia avenida circular, la avenida España. Como un punto importante durante la colonia, Trujillo atesora una herencia arquitectónica envidiable: su centro histórico es un auténtico museo de arte colonial, con bellos edificios y casonas de la época, con ventanas de hierro forjado, balcones de madera esculpida y fachadas de vivos colores. Durante nuestro paseo tendremos oportunidad de contemplar el exterior de la iglesia de Santa Clara, un templo de la época republicana que conserva tres retablos. Más adelante se halla el complejo compuesto por la iglesia y el monasterio del Carmen, fundado en 1759, es el conjunto religioso de mayores dimensiones de la ciudad, de hecho, ocupa toda una manzana. Su fachada blanca y roja, está considerada la más bonita de Trujillo. Ambas iglesias con sus respectivos conventos de clausura se han mantenido pese al paso de los años. Pasaremos por la iglesia de San Francisco, un templo barroco construido en el siglo XVIII. Pegado se halla un convento convertido en colegio donde impartió clases el Cesar Vallejo, el gran poeta peruano que vivió en Trujillo. La Plaza de Armas, rodeada de casas coloniales, está considerada la mayor y más hermosa de Perú. En su centro se alza el monumento a la Libertad, dedicado a los héroes de las guerras de la independencia peruana, fue diseñado por el escultor alemán Edmund Moeller, e inaugurado en 1927. Tiene de 25 m de alto y 30 m de ancho y está realizada en mármol y bronce. Entre los edificios que rodean la plaza destaca la Casa Urquiaga (o casa Calonge) un enorme edificio colonial de estilo neoclásico, pintada en color azul real y con rejas blancas en las ventanas. Aquí residió Simón Bolívar durante su estancia en Perú. En 1972, la familia Urquiaga vendió están construcción al Banco Central de Perú. En un extremo de la plaza, se aprecia la Catedral, conocida por los lugareños como basílica Menor. Fue construida entre 1647 y 1666, pero quedó arrasada tras el terremoto de 1759, siendo posteriormente reconstruida. De un llamativo color ocre, está decorada con estucos y molduras blancas y guarda obras de arte de la Escuela Cusqueña y Quiteña del siglo XVIII. Subiendo por la calle Francisco Pizarro, se llega a la iglesia de la Merced. Enfrente, hallamos la Casa de la Emancipación, un edificio del siglo XVII donde el marqués de Torre Tagle declaró la primera independencia del Perú el 29 de diciembre de 1820, y en 1823 albergó el primer Congreso constituyente de la joven república peruana. Posteriormente sirvió de palacio de gobernación y hoy convertida en museo.
Finalmente llegamos hasta el Museo de Arqueología e Historia de la Universidad Nacional de Trujillo, ubicado en el interior de un bonito edificio del siglo XVII, cuenta con más de 15.000 piezas, organizadas en seis salas permanentes y cuatro salas temporales. Muestra una visión detallada de los cambios tecnológicos y culturales que han marcado la historia de la costa norte del Perú a lo largo de 12.000 años. Desde la arquitectura hasta la tecnología agraria, pasando por la cerámica y la metalurgia, tendremos la oportunidad de comprender el rol histórico que ha desempeñado la región liberteña en la vida económica y social del país. El museo exhibe colecciones de cerámica cupisnique y salinar, una maqueta del yacimiento de Caballo Muerto, importantes fondos de cerámica mochica hasta el periodo inca, ídolos de madera chimús procedentes de Chan Can y objetos extraídos de las excavaciones de las pirámides de Moche, en especial de la Huaca de la Luna.
Almuerzo en restaurante local.
Dejamos atrás Trujillo y nos dirigimos hacia el valle de Chicama, específicamente al poblado de Magdalena de Cao, que está situada a 60 km de Trujillo.
La primera cultura que se dio en esta zona de la costa norte de Perú fue la cultura cupinisque, que se extendió entre los ríos Virú y Lambayeque entre el 900-200 a.C., esto es, contemporánea del santuario de Chavín de Huántar, un centro con el que estuvo relacionada. Esta civilización creó el sustrato de las que después poblaron el norte costero de Perú: moche y chimú. Los cupinisque eran una sociedad agrícola gobernada por una élite. Adoraban a un dios con cuerpo humano y cabeza de felino y enterraban a sus muertos con un rico ajuar de cerámica y joyas. La cultura alcanzó un cierto grado de desarrollo en las tallas en hueso y piedra (granito, cuarzo, turquesa); y su cerámica es un claro antecedente de la cerámica mochica.
Aquí se halla el complejo arqueológico El Brujo, un yacimiento que goza de una amplísima secuencia cultural que arranca en el antiguo periodo precerámico, y cubre hasta la reciente época colonial. Recibe este nombre porque, hasta mediados del siglo XIX, los maestros curanderos de la región hacían allí mesadas (ceremonias de brujería dirigidas por chamanes y hechiceros); y, en realidad, se trata de un centro ceremonial que tiene casi 5.000 años de tradición. En un área de 2 km2, entre edificios menores y barrios de viviendas, destacan tres pirámides: Huaca Prieta, Huaca Cao Viejo y Huaca Cortada. Huaca Cao Viejo es el recinto principal, una gran pirámide de adobe de 30 m de altura, cuya antigüedad ha sido fechada en más de 1.500 años. Se trata de una superposición de siete edificios, construidos a lo largo de esos siete siglos que duró esta civilización, y tiene tres partes: una pirámide escalonada, una plaza ceremonial y un edificio anexo. En la fachada principal se hallan los relieves policromados de concepción mágico religiosas, así como retratos del dios Ai-Apaec, y escenas de guerreros cautivos como el famoso friso llamado “Los Prisioneros”, que desnudos y con una soga al cuello, van al sacrificio.
En 2006 la pirámide de Cao Viejo saltó a los titulares, cuando los arqueólogos anunciaron el descubrimiento de la tumba de una princesa-guerrera (o una reina), enterrada sobre el 250 d.C. La sepultura, 200 años anterior a la tumba del señor de Sipán (que veremos mañana), incluía una momia en excelente estado de conservación, llamada la Señora de Cao. Su descubrimiento puso en duda muchas de las ideas preconcebidas por la arqueología peruana. La princesa mochica, en un excelente estado de conservación, estaba rodeada de atributos de poder (pectorales, collares y joyas de oro, plata y piedras semipreciosas y conchas) y, lo que es más sorprendente, de armas de guerra (mazas y lanzadores de jabalina). En el momento de su defunción debía contar con 30 años; en sus manos se observan restos de tatuajes que representan diseños de serpientes y arañas. Hasta el momento no se ha descubierto un enterramiento similar, en el que una mujer parezca gozar de un rol de poder en una sociedad precolombina tan antigua.
Finalizada la visita, continuamos ruta hacia Chiclayo a través del paisaje desértico y lunar. Una monotonía que queda en ocasiones interrumpida por el verdor de los escasos valles costeros.
Alojamiento en Costa del Sol Wyndham Chiclayo.
Día 5 – CHICLAYO – LIMA (vuelo)
Desayuno buffet en el hotel.
Ubicada en el ancho valle de Lambayeque, a medio camino entre Piura y Trujillo, y con dos puertos en sus alrededores (Etén y Pimentel), se halla CHICLAYO, que con una población de algo más de 600.000 habitantes, es la segunda ciudad más importante del norte de Perú. Fue fundada a mediados del siglo XVI para comunicar las ciudades coloniales de Zaña y Lambayeque con el puerto de Pimentel. El ritmo de crecimiento de la población es asombroso si tenemos en cuenta que en el año 1932 tenía 23.000 habitantes. Chiclayo se llama a sí misma “ciudad de la amistad”, y en el trato con su gente se aprecia que no le faltan motivos para mantener ese lema. En este valle, que produce abundante caña de azúcar, arroz, algodón y trigo, hace más de un milenio floreció la cultura Sicán.
A 35 km al norte de Chiclayo se encuentra el complejo arqueológico de Túcume, también conocido como Valle de las Pirámides. Cuenta la leyenda que el lugar fue fundado por Naymlap, un héroe mítico que llegó del mar con su ejército y construyó la ciudad con ayuda de los campesinos lugareños en torno al cerro La Raya. Esta leyenda fue recogida por el cronista español Miguel Cabello Valboa en 1586. Esta zona fue la capital de la cultura Lambayeque, también denominada Sicán, que prosperó entre los años 700 y 1100 d.C., es decir, entre la cultura mochica y el esplendor del imperio chimú. Se caracteriza por la destreza de sus orfebres y tuvo como sede principal el medio valle del rio La Lecha. Entre los años 1000 y 1375 d.C. Fue el centro de una importante cultura marítima, esencialmente pescadora, pero también agrícola y muy activa comercialmente. Sobre 1375 y hasta 1450, el asentamiento pasó a pertenecer al imperio chimú hasta 1450, periodo tras el cual fue tomado por los incas, que lo ocuparon hasta 1532, época en que llegaron los españoles.
El complejo fue descubierto en 1925 por tres arqueólogos alemanes que lo fotografiaron desde el aire, y en 1936, el arqueólogo estadounidense Wendell C. Bennett comenzó las excavaciones del sitio. Pero sería a partir de 1990 cuando se comenzó a estudiarse en profundidad, cuando el famoso explorador Thor Heyerdahl, tras visitar el yacimiento, inició un proyecto de investigación acompañado de eminentes arqueólogos peruanos. Heyerdahl demostró que una parte del mullu (conchas de spondylus prínceps) encontrado en Túcume, los tejidos de las vestiduras y las figuritas, demostraban que los tucumanos habían estado en contacto con los Mares del Sur y la isla de Pascua.
Se piensa que Túcume era un centro de peregrinación en el que residían sumos sacerdotes expertos en astrología agrícola. El yacimiento ocupa 220 ha en torno al cerro La Raya (también llamado Purgatorio), y se compone de 26 pirámides y decenas de estructuras de menor rango como plazas, murallas, patios y sistemas de canales, reflejo de un sistema de crecimiento planificado y de la singular estructura social lambayecana. Son pirámides de adobe, formadas por depósitos, patios y habitaciones adornadas con relieves y pinturas murales y comunicadas entre sí mediante rampas y corredores. Había, además, recintos de culto, administración, reposo y cocinas. El edificio más grande, la pirámide Huaca Larga, es un gran rectángulo de 454 x 120 m, y 30 m de altura, resultado de sucesivas ampliaciones llevadas a cabo durante cinco siglos por las culturas lambayeque, chimú e inca. En la parte más alta de Huaca Larga hay una construcción inca llamada templo de la Piedra Sagrada, en la que se halló un fardo funerario de un gobernante ataviado con insinias, flanqueado por dos hombres y, en un recinto contiguo, 19 mujeres de tierna edad y con huellas de haber sido sacrificadas.
Finalmente, visitaremos el museo de sitio, construido con barro y vigas de algarrobo, al estilo de las antiguas edificaciones tradicionales de esta región. En el mismo se repasa la historia de esta cultura y se recrea mediante maquetas y dioramas, el modo de vida de los ancestrales pobladores de estas tierras.
A continuación, nos trasladamos a LAMBAYEQUE, un importante centro comercial, cultural y educativo que se encuentra a 25 km y alberga algunos de los museos más importantes del país, entre ellos el Museo de Tumbas Reales, lugar que acoge los restos del Señor de Sipán, así como el gran tesoro que lo acompañó al otro mundo. El edificio, inaugurado en 2002, se asemeja a una pirámide truncada formada por cinco prismas que se sustentan mediante planos inclinados. Cada prisma lleva una réplica de los estandartes encontrados en la tumba. Los colores –rojo y amarillo– recuerdan los colores ocres que usaban los mochicas en su decoración. El arquitecto Celso Prado Pastor lo diseño inspirándose en la Huaca Rajada, el mausoleo moche donde se encontraron los restos del jerarca mochica. El edificio, de tres plantas, y de unas proporciones monumentales, alberga 1.400 piezas de extraordinaria belleza, elaboradas en oro, plata, cobre, bronce, piedras preciosas y cerámica. La visita comienza por la tercera planta, a la que se asciende por una rampa tal y como se accedía a los antiguos templos moches.
El recorrido se realiza de arriba hacia abajo, reviviendo la experiencia del descubridor del Señor de Sipán. La tercera planta contiene información general sobre la cultura mochica, sus creencias (su dios principal, Ai Apaec), sus formas de vida (agricultura, pesca, caza) y su política, una sociedad militarizada, dividida en castas de carácter político religioso. Destaca una colección de cerámica que representan aspectos cotidianos de la vida moche. La segunda planta contiene la tumba del Señor de Sipán y los objetos hallados en ellas: hermosísimos collares, ornamentos para las orejas, diademas, pectorales, máscaras y demás ornamentos que componían su ajuar. Otros hallazgos como las ofrendas funerarias, que incluyen más de 1.000 vasijas de barro en miniatura, con alimentos y otros objetos. También se expone la tumba del guardián, descubierto en posición sedente. En la primera planta se encuentra una reconstrucción del sarcófago del Señor de Sipán, que apareció rodeado de otras tumbas y ofrendas dentro de una cámara funeraria mucho mayor. El cuerpo se cubrió con una sencilla prenda blanca para luego adornarlo con magníficos tesoros de metales preciosos y joyas junto a artísticas ofrendas ceremoniales. Posteriormente fue envuelto en múltiples sudarios y colocado en un ataúd de madera junto a ornamentos de oro, plata y cobre. Desde sus sandalias de cobre hasta su tocado de plumas, la tumba indica claramente su algo rango en el mundo moche. Muy cerca se descubrió otra tumba más antigua que contenía los restos de un sacerdote-guerrero al que se llamó antiguo Señor de Sipán, que fue enterrado junto a otras hermosas piezas.
Almuerzo en restaurante El Cántaro o El Pacífico, o similar.
A continuación, nos trasladamos a SIPÁN, una minúscula aldea dedicada a la explotación industrial de la caña de azúcar. Sin embargo, el 26 de julio de 1987, el nombre de Sipán se hizo mundialmente famoso de la noche a la mañana, a raíz del trascendental descubrimiento arqueológico que tuvo lugar en el sitio conocido en Huaca Rajada, a solo 2 km de la aldea: la tumba del Señor de Sipán, un poderoso soberano de la cultura moche, o mochica. Se trata del sitio arqueológico más rico aparecido en América y de uno de los principales hitos de esta disciplina de las últimas décadas. Las tumbas de Sipán –en plural, porque, de hecho, son varias– constituyen un descubrimiento formidable, a la altura del sepulcro de Tutankamón en el Valle de los Reyes de Egipto. Delimitado al oeste por la costa del océano Pacífico y al este por la cordillera de los Andes, el sitio se ubica en una zona conocida por su aridez. Lo que parecía una montaña dividida, son en realidad, los restos de dos grandes pirámides erigidas frente a una amplia plataforma funeraria. Los tres monumentos se construyeron con millones de ladrillos de adobe dispuestos en paneles modulares, una técnica característica de los mochicas. La plataforma, concebida como mausoleo real, está edificada en tres niveles rectangulares ascendentes, a modo de rampa que alcanzan una altura de 10 m, y se extienden sobre una superficie total de 70 x 50 m. El foso donde se halló originalmente el sepulcro, de 5 m de lado por 4 de profundidad, muestra en su interior magníficas reproducciones a tamaño natural de los ataúdes, esqueletos y gran parte de los objetos ceremoniales que se hallaron. La extrema tosquedad del acabado en algunas de las piezas, parece indicar que fueron fabricadas con urgencia, quizás debido a la inesperada muerte del gobernante. Todo el perímetro del foso está rodeado por una réplica del antiguo techo de madera de algarrobo que lo cubría. En la base de la cámara funeraria se pueden ver cinco sarcófagos, el más grande de los cuales, corresponde al Señor de Sipán. Las causas de su muerte se desconocen con exactitud, pero del estudio de sus restos se desprende que medía 1,65 m, que padecía artritis, y que falleció alrededor de los 35 años. Sobre su cuerpo se encontró uno de los más fabulosos tesoros que se han hallado en la historia de la arqueología, lo que nos indica que el propietario debió ser un alto jerarca moche, poseedor del más absoluto poder militar, religioso y civil. La disposición simbólica de los objetos del ritual funerario, dan fe de una sociedad extremadamente compleja y desarrollada. La presencia de objetos exóticos en el sepulcro, como plumas de aves selváticas, turquesas argentinas, o conchas de spondyls ecuatorianos (un tipo de caracol marino), certifican la gran actividad comercial que los mochica debían mantener con las naciones vecinas. En 1989 se descubrieron dos tumbas más en la plataforma funeraria que, por sus características y riqueza, terminaron de corroborar el hecho de que aquel túmulo ceremonial estaba dedicado exclusivamente a enterramientos de la más alta jerarquía mochica.
Finalizada la visita, traslado al aeropuerto de Chiclayo para tomar el vuelo LA2279 con destino Lima, con hora de salida 22.05 hrs. y llegada a destino a las 23.20 hrs. Asistencia y traslado al hotel.
Alojamiento en Hilton Garden Inn Lima Miraflores.


