Viaje a PERÚ II: Lima y Trujillo | Los viajes de Vagamundos día a día.

Día 2 – LIMA – TRUJILLO (vuelo)

Desayuno buffet en el hotel.

Dedicaremos la mañana a la visita del Museo Larco Herrera, quizás el lugar más adecuado para empezar a comprender la historia peruana, ya que encierra casi de 50.000 piezas precolombinas de la colección privada de Rafael Larco Herrera (1901–1966), un magnate azucarero, padre de Rafael Larco Hoyle, uno de los grandes arqueólogos de Perú. Fundado en 1926, esta mansión del siglo XVIII se levantó sobre una pirámide del siglo VII, un emplazamiento ideal para mostrar 3 milenios de historia antigua de Perú. Fue el propio hijo quien clasificó y seleccionó los elementos que componen la exposición, un recorrido a través de las culturas prehispánicas que se desarrollaron desde el año 7000 a.C. hasta el siglo XVI. Encontraremos cerámicas, fardos funerarios, herramientas, moldes, pinturas y otros utensilios. La colección de oro y plata incluye tocados, cuentas, pectorales con piedras preciosas incrustadas, así como pendientes, ornamentos para la nariz, coronas con cuarzo y turquesas, máscaras funerarias y una túnica confeccionada con oro. Entre lo más destacado que descubriremos en Larco destacan las vasijas de sacrificio, en la galería de los sacrificios ceremoniales, con detalladas descripciones del ritual, la liturgia más importante de la cultura moche en la costa norte. Recordemos que las culturas precolombinas eran sociedades agrícolas que adoraban las fuerzas de la naturaleza y los sacrificios humanos eran considerados como algo esencial para mantener el orden natural. Resulta deslumbrante el traje ceremonial de oro de Chan Chan. Los más poderosos del lugar se vestían de oro o plata de pies a cabeza y así brillar como si fueran seres celestiales y el pueblo los adoraría como dioses. El manto de Paracas, una magnífica tela de esa región, con 389 hilos por cada 3 cm2 (un récord mundial), que se tejió en el año 200 a.C., y está considerada un tesoro. Envolvía el cuerpo de un difunto gobernante en un intento de asegurar el tránsito hacia el más allá. Si se observan de cerca los bordes, se ven las estilizadas representaciones de los tres animales sagrados de las sociedades antiguas: el felino (que representa el mundo humano), laserpiente (el inframundo) y los pájaros (el cielo). Y a la salida del museo encontraremos la galería erótica, una sala de figurillas eróticas pertenecientes a la cultura mochica, civilización que dejó rastros de su historia y su vida natural en extremo, en su cerámica. El arte de las culturas indígenas peruanas incluye en su temática el acto sexual; aunque nuestra cultura actual lo interpretaría como pornografía, en realidad se trata de representaciones de rituales asociados con la fertilidad y la agricultura; en la galería hay docenas de cerámicas eróticas, todas en un magnífico estado de conservación.

Almuerzo en restaurante Café del Museo o similar.

A continuación, traslado al aeropuerto de Lima para tomar nuestro vuelo LA2139 con destino Trujillo, con hora de salida 17.25 hrs y llegada a destino a las 18.40 hrs. Asistencia y traslado al hotel.

Alojamiento en Costa del Sol Trujillo Centro.

Día 3 – TRUJILLO

Desayuno buffet en el hotel.

A menudo descrito como el Egipto de Sudamérica, el VALLE DE MOCHE fue cuna de los reinos moche, sicán y chimú, civilizaciones precolombinas muy sofisticadas que florecieron en el corazón de este árido lugar. El valle, irrigado en gran parte por el río Moche, es una región próspera gracias a sus tierras agrícolas, donde se cultiva arroz, caña de azúcar, limas y mangos y a su floreciente industria del ron. Asimismo, posee una exquisita tradición culinaria con el pescado, el marisco y la cabra como ingredientes principales.

A unos 10 km de Trujillo se hallan las Huacas del Sol y de la Luna, dos gigantescos templos piramidales que constituyen el mayor testimonio que se conserva de la cultura moche. Este colosal complejo arqueológico fue el principal centro político y religioso de esta civilización. A pesar del mal estado en que se encuentran actualmente las huacas, la magnificencia de su pasado permanece aún patente. La Huaca del Sol es la construcción de mayor tamaño de todas las edificaciones prehispánicas peruanas. Este monumento, bastante erosionado en la actualidad, fue construido en adobe sobre una base rectangular de 230 m de largo por 135 m de ancho. Está compuesto por cinco terrazas superpuestas con una altura de 18 m, sobre las que se eleva una pirámide con distintos niveles de 23 m de alto, lo que hace una altura total de la construcción de más de 41 m. El conjunto estaba revestido de una capa arcillosa pintada de la que quedan pocos restos. Durante la época colonial fue expoliada, a pesar de que en su interior no se encontró ningún tesoro metálico, ya que se trata de una construcción maciza. En su construcción se calcula que se necesitaron 140 millones de ladrillos de barro, todos ellos realizados con molde y con marcas identificativas (se han reconocido más de 100), correspondientes a las comunidades o cuadrillas que trabajaron en la edificación, se supone que con objeto de establecer un control de producción. Se cree que para su construcción se emplearon cerca de 200.000 trabajadores. A unos 500 m se halla la Huaca de la Luna, otra pirámide más pequeña, de seis terrazas superpuestas, de una altura total de 21 m, sobre una base de 80 m de longitud por 60 m de anchura. Se estima que para su construcción se utilizaron solo 50 millones de ladrillos de adobe. El espacio interior cada terraza se componía de pasadizos, tumbas y estancias que cuando se llenaba de enterramientos o cambiaba la dinastía, ese nivel se llenaba de adobes y se creaba otro encima que tenía la misma distribución, aunque cambiaba la orientación. Así hasta seis veces. Algunas paredes están decoradas con magníficos relieves policromados, muchos de los cuales mantienen sus colores originales, en los que predomina tonos ocres, rojos, blanco y amarillos. Encontramos también elementos geométricos y figuras estilizadas. En todos los niveles aparece la imagen encerrada en un rombo de Ai-Apaec “el decapitador”, dios de la guerra y divinidad suprema de esta civilización. Su rostro severo y amenazador exhibe una magnífica policromía, sobre todo en su terrible dentadura felina, pintada de blanco. Cuando hacia el año 900 la cultura moche sucumbió, la élite del reino Chimú (900-1400) siguió utilizando la huaca para sus enterramientos. En la Huaca de la Luna se han hallado restos de sacrificios humanos, que por su grado de calcinación se cree que los cadáveres se dejaban expuestos al sol largo tiempo. Se sabe, por los análisis del ADN, que las personas sacrificadas no eran enemigos o extranjeros, sino que pertenecían a la misma etnia.

Terminaremos la visita en la caleta de pescadores de Huanchaco, tradicional puerto pesquero que ya existía en la época colonial y uno de los lugares más fotografiados de Perú. En el embarcadero podremos observar a los pescadores partir a la mar, sentados a horcajadas en sus barcas de rosal trenzado. Son sus famosos caballitos de totora, las ancestrales embarcaciones que siguen utilizando los pescadores de la zona y que se remontan a la época de los chimús, como atestiguan las numerosas cerámicas en la que salen representadas. Aunque algo más estilizadas, recuerdan a las balsas de totora del lago Titicaca, que veremos cuando visitemos el citado lago.

Almuerzo en restaurante local.

Por la tarde, visita del complejo arqueológico CHAN CHAN (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1986), la que fuera poderosa capital del influyente reino chimú. Situada a solo 5 km al oeste de Trujillo, se extiende a orillas del océano, entre los ríos Moche y Chicama. Fue construida entre los años 850 y 1300 d.C., y con una extensión de casi 25 km2, es considerada la mayor ciudad de adobe del mundo y uno de los yacimientos arqueológicos más importante de la América precolombina. En su época de mayor apogeo, estuvo habitada por más de 100.000 personas, entre civiles, artesanos y militares. Aunque no se sabe con certeza el significado original y la lengua de procedencia del topónimo Chan-Chan, es mayormente aceptado que proviene de la expresión “Xllang Xllang”, que en qignam, la lengua hablada en la región, quiere decir “Sol-Sol”, lo que resulta curioso, ya que los chimúes adoraban a Shinan, la Luna. Por sus dimensiones debió de tener una gran importancia en su momento, aunque las crónicas de la conquista no se refieren a ella, quizás porque los incas la destruyeron cuando, la conquistaron, en torno a 1470. Su núcleo urbano está formado por nueve grandes recintos amurallados o ciudadelas, que ocupan un área de 6 km2. Es por ello que se la conoce como la “ciudad de las ciudadelas”, una sucesión de complejos reales ocultos tras imponentes muros de barro de hasta doce metros de alto y seiscientos de largo. Cada una estaba formada por un conjunto de corredores que conectaban almacenes, patios, albercas (huanchaques), residencias, inmensos patios ceremoniales de planta rectangular y grandes plataformas funerarias. Los muros de las ciudadelas estaban decorados con largos frisos que reproducían mamíferos, aves, peces y otras criaturas míticas. Junto a las ciudadelas reales se alzaban complejos más pequeños, seguramente el hogar de nobles y burócratas que hacían funcionar la administración del Estado. Los barrios y distritos artesanos, así como los huertos, se hallaban en la periferia. De todo esto se deduce que esta sociedad tenía clases sociales bien marcadas. En la tradición chimú, cada gobernante erigía su propio palacio donde establecía su residencia y se convertía en el centro político y religioso de la ciudad. A su muerte, el palacio era abandonado por sus ocupantes quedando sus accesos sellados. De este modo el recinto se convertía en un lugar sagrado donde el Chimú Cápac o “curaca” (Señor del reino de Chan Chan) fallecido, reposaba junto a los cortesanos sacrificados (sobre todo mujeres jóvenes) que se enterraban a su alrededor para acompañarle al otro mundo. Mientras que el palacio se transformaba en un gigantesco mausoleo, el Chimú Capác sucesor se establecía en la nueva ciudadela construida.

El sitio comenzó a excavarse en el siglo XIX por numerosos arqueólogos, siendo bautizadas con el nombre de algunos de ellos. Actualmente solo se puede visitar la ciudadela Tschundi (excavada por el suizo Jacob von Tschudi), también conocida como Nik An, la única estructura de Chan Chan que se ha restaurado por completo. Al igual que el resto, se halla protegida por altas murallas, es rectangular, orientada de norte a sur y solo tiene una puerta, por lo que se supone que el acceso estaba muy controlado. Lo primero que se visita es la plaza Ceremonial, un enorme recinto cuadrangular con una acústica perfecta, destinado a los oficios religiosos. En sus muros se encuentran algunos de los relieves más bellos de la ciudadela. A continuación, se entra en el área conocida como santuarios, donde se realizaban distintos trabajos, uno de cuyos recintos era utilizado como observatorio para predicciones astronómicas. Una puerta de acceso conduce a un amplio patio conocido como sala de audiencias privadas, reservada para el uso del Chimú Cápac, donde recibía a sus visitas, o la utilizaba para oficiar actos religiosos privados. Alrededor de esta sala se agrupaban viviendas y casas en las que residirían las personas más allegadas al señor Chimú. Detrás se encuentra una enorme depresión rectangular excavada en el terreno, se trata de un estanque de 130 x 45 m, que servía para proveer de agua potable a todo el palacio. En el lado izquierdo se halla el llamado sector militar. Bordeando estos edificios se llega al área de enterramientos, un enorme túmulo de adobe donde fue sepultado el Chimú Cápac. A su alrededor, decenas de tumbas menores de las concubinas y sirvientes sacrificados, escoltan a la del señor. Finalmente, hacia la salida, se halla la sala de las asambleas, una habitación rectangular que presenta en sus muros 24 nichos en los que probablemente se sentaban los oradores durante los debates.

Alojamiento en Costa del Sol Trujillo Centro.

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