Viaje a PERÚ I: Lima | Los viajes de Vagamundos día a día.

Nos queda ya un poco lejos la Semana Santa de 2014, cuando visitamos por primera vez este destino imprescindible, que posee yacimientos arqueológicos extraordinarios, paisajes exuberantes, un árido litoral, ciudades coloniales y poblaciones de cultura y riqueza milenarias. Pensamos que ya es hora de volver.

Os proponemos un circuito completísimo en el que podréis conocer lo más importante de este maravilloso país. Comenzaremos por Lima, donde dispondremos de dos días para conocer su cosmopolita capital, que fusiona a la perfección tradición y modernidad. Visitaremos el norte, para recorrer dos lugares imprescindibles como la colonial ciudad de Trujillo, donde se halla el complejo de Chan Chan, la ciudad de adobe más grande del mundo, que se eleva en el desierto como un espejismo, y Chiclayo, corazón de la cultura mochica y chimú, y que ha adquirido fama mundial tras el descubrimiento de la tumba del Señor de Sipán.

Entre volcanes y la pampa alta, descubriremos el encantador centro histórico de Arequipa, con joyas de la arquitectura barroca mestiza andina. Muy cerca se encuentra el Cañón del Colca, uno de los más profundos del planeta, donde esperamos avistar el vuelo de los cóndores. En el Lago Titicaca, el lago navegable más alto del mundo, podremos visitar las surrealistas islas flotantes de los uros. Descubriremos en Cuzco, sin duda la ciudad andina más destacada, el “centro del mundo y la fuente de toda la vida”, presidida por la Plaza de Armas, con sus calles adoquinadas y sus grandiosas iglesias barrocas, que nos enamorarán.

Recorreremos el Valle Sagrado de los incas con sus célebres mercados y ruinas. Desde Chicheros hasta Ollantaytambo, este territorio alberga una bella riqueza natural y una gran diversidad arqueológica: fortalezas, centros ceremoniales, o calles empedradas que han sobrevivido al paso del tiempo. Recorreremos la ciudad perdida de los incas, Machu Picchu, descubierta a principios del siglo XX, una de las grandes maravillas del mundo, rodeada por picos elevados en un lugar casi impracticable y repleta de misterios.

DÍA 1 – MADRID – LIMA

Presentación en el aeropuerto de Madrid tres horas antes de la salida. Trámites de facturación y embarque. Salida a las 01.45 horas del vuelo LA2485 de la compañía LATAM Airlines con dirección LIMA. Llegada a las 06.30 horas.

Después de los trámites de entrada, recepción y asistencia en el aeropuerto a cargo de los representantes de nuestro receptivo, nos trasladamos a nuestro hotel para desayunar y asearnos, ya que a la llegada dispondremos de la habitación.

Posteriormente, tendremos todo el día para comenzar a disfrutar de nuestra estancia en LIMA, una ciudad gloriosamente caótica, que acoge a más de 10 millones de habitantes, casi un tercio de los habitantes del país. Esta inmensa urbe se halla rodeada por el Pacífico, la desembocadura del río Rimac y el cerro de San Cristóbal. Envuelta en historia, Lima sorprende por sus bonitos templos, sus extravagantes mansiones coloniales con balcones de estilo morisco, sus museos, sus iglesias barrocas y destaca por sus grandes centros comerciales.

Los primeros habitantes que se asentaron en la zona de Lima hace 10.000 años eran pescadores, cazadores y recolectores. Los primeros poblados se establecieron en cabañas muy sencillas a partir año 8000 a.C. En época prehispánica fue asentamiento de varias culturas, incluidas los lima, los huari y los ichsma. La Lima más histórica comienza con la fundación de la ciudad colonial por Francisco de Pizarro, el 18 de enero de 1535, bautizada como “Ciudad de los Reyes”, en conmemoración a la festividad cristiana de la Epifanía. El asentamiento se extendía entre el mar y el cauce del río Rimac, cuyo nombre no tardó en deformarse a “Limac”, y de ahí a “Lima”. Las guerras civiles entre conquistadores culminaron con el asesinato de Francisco Pizarro en 1541 y la ejecución de Gonzalo Pizarro en 1548. La corona española se ocupó entonces de los reinos de Perú, con mano aún más dura tras la llegada del virrey Francisco de Toledo en 1569. La ciudad prosperó rápidamente convirtiéndose en la mayor capital de América española, y sede del virreinato de Perú, desde donde se controlaba toda Hispanoamérica. Se construyeron muchos edificios importantes, incluyendo la Catedral y el Monasterio de San Francisco, convirtiéndose en un importante centro cultural y artístico. Llegaron las órdenes religiosas y, en 1551, los dominicos fundaron la universidad de San Marcos. Su puerto obtuvo el monopolio del comercio directo con Sevilla, lo que atrajo a muchos mercaderes y nobles, pero también a corsarios. Entre 1684 y 1687, se construyó un muro de adobe de 11 km de longitud alrededor de Lima. En 1746 un fuerte terremoto destruyó Lima casi en su totalidad. Se ocupó de la reconstrucción Jose Antonio Manso de Velasco, considerado el segundo fundador de Lima. Su sucesor, el ilustrado Manuel d’Amat i de Junyent, dio un nuevo impulso a la urbe y la convirtió en una floreciente capital, famosa por sus fiestas, con una vida social que no desmerecía de la de Madrid. La ciudad era conocida entonces como la “perla del Pacífico”. Se llevó a efecto la expulsión de los jesuitas, se hicieron expediciones a la Isla de Pascua y Tahití y se fundó el primer periódico de Lima, La Gaceta de Lima.  En 1821, Perú declaró su independencia de España y Lima se convirtió en la capital de la nueva república. Durante la época republicana, Lima continuó creciendo y desarrollándose. En la década de 1920, la ciudad experimentó un boom económico debido a la exportación de caucho, algodón y petróleo. Después de la I Guerra Mundial, comenzó una explosión demográfica durante la que se construyeron numerosos edificios monumentales, nuevas carreteras, puentes, hospitales y escuelas, y se crearon nuevos barrios y distritos. En la triste década de 1980, Lima se convirtió en el centro de la guerra contra el grupo guerrillero Sendero Luminoso. La ciudad sufrió varios atentados terroristas y la violencia afectó a la economía y la vida cotidiana de la ciudad. Sin embargo, en las últimas décadas, Lima ha experimentado un renacimiento y se ha convertido en una ciudad moderna y vibrante. En la actualidad, está considerada como el centro político, económico, industrial, cultural, financiero y comercial del país. En el plano internacional, es la quinta ciudad más grande de América Latina, y una de las treinta aglomeraciones urbanas más pobladas del mundo. La pujanza cultural y gastronómica de Lima es bien conocida en todo el mundo. La revista Bon Appétit ha declarado a Lima la próxima gran capital gastronómica. La capital peruana está repleta de restaurantes que sirven las interpretaciones más exquisitas de la sensacional cocina fusión peruana, con influencias españolas, indígenas, africanas y asiáticas.

Lima es una ciudad de contrastes. Malabaristas, tragafuegos y vendedores ambulantes se ganan la vida entre el caótico tráfico que recorre las calles flanqueadas por mansiones coloniales, ruinas preincaicas, antiguas iglesias y museos llenos de tesoros. Aunque durante largo tiempo ha sido considerada tan sólo la puerta de acceso a Perú, la capital de Perú constituye por sí misma un destino fascinante. Comenzaremos la visita por el corazón colonial de la ciudad, el centro histórico de Lima (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1988), situado en un meandro del río Rimac. Llegaremos a la Plaza Mayor, antigua plaza de Armas, lugar donde Francisco Pizarro fundara la ciudad en 1535. En el centro de la plaza hay una pileta hecha de bronce. En el lado norte, ocupando una manzana entera, se halla el Palacio de Gobierno, lugar donde se proclamó el acta de Independencia del Perú. Es un edificio barroco que evidencia la prosperidad económica que se vivía durante el periodo colonial. Hoy es la sede del poder político de Perú. Ante él hay siempre un guardia uniformado que dirige el cambio de guardia diario, consistente en un lento desfile a paso de ganso con una banda que toca diversas marchas militares. Al oeste encontramos la Municipalidad y al este el Palacio del Arzobispado que muestra unos exquisitos balcones de estilo morisco, y la Catedral, que se levanta en el mismo lugar que Pizarro reservó para la primera iglesia de la ciudad en 1535. Remodelada la última vez en 2004, ha sido en su historia tres veces totalmente reconstruida y otras cuatro restaurada de los derrumbes causados por os terremotos. La fachada es de estilo renacentista con adornos platerescos. Sus altas torres con chapitel de pizarra son neoclásicas, con influencias estilísticas de la escuela herreriana y del norte de Europa. En la fachada principal se pueden observar estatuas de los Apóstoles, y en la hornacina central, el Sagrado Corazón de Jesús. Actualmente, en la parte superior se puede ver el escudo del Perú, en el sitio donde originalmente se hallaba el escudo de la ciudad de Lima junto con la frase Plus Ultra. El templo se compone de cinco naves y 10 capillas laterales. Su interior se redecoró en estilo neoclásico sencillo en el siglo XIX; no obstante, hay piezas barrocas distribuidas por toda la catedral, como el coro de madera de principios del s. XVII bellísimamente ornamentado, obra maestra de la escultura rococó. La imagen de Jesús situada en la capilla de Juan Bautista, es considerada una de las más bellas de Sudamérica. Cerca de la entrada principal del edificio se encuentra una capilla de mosaico que alberga los restos de Pizarro. Tiempo atrás estuvo expuesta una momia que no era la suya, hasta que se descubrieron sus verdaderos restos mortales enterrados bajo el altar mayor.

A dos manzanas de la plaza se encuentra el impresionante complejo colonial de San Francisco, compuesto por una iglesia, un convento, las capillas de La Soledad y El Milagro y unas sobrecogedoras catacumbas. Se trata de una joya de la arquitectura colonial peruana. La iglesia original, levantada en barro y madera en 1557, quedó destruida tras un terremoto acaecido en 1656. El arquitecto portugués Constantino de Vasconcellos, finalizó la construcción del nuevo templo en colores amarillo y blanco en 1672. Es uno de los pocos edificios de Lima que resistieron a los terremotos de 1687 y 1746. La fachada es uno de los mejores ejemplos de arquitectura barroca del siglo XVII de Perú. Dos torres flanquean el pórtico de piedra tipo retablo, que presenta una elegante combinación de esculturas, hornacinas y pilastras de 1664. El templo posee tres naves de siete tramos, transepto y presbiterio. En el interior destaca la decoración de estilo mudéjar en las bóvedas, los arbotantes y las sillas del coro de madera de cedro de Nicaragua, escupidas en 1673. Esta iglesia era el lugar de culto preferido por el virrey español y su corte, por lo que recibió generosas donaciones, sobre todo de las minas de oro y plata peruanas. El convento, reconstruido entre 1669 y 1674, impresiona por la belleza de su gran claustro, de galerías decoradas con azulejos sevillanos del siglo XVII, frescos, tallas ornamentales y un techo machihembrado (con piezas de madera encajadas sin clavos) de caoba y muros cubiertos de frescos. También destaca la cúpula mudéjar de media naranja de la escalera principal, realizada por Fray Miguel de la Huerta en 1625. Entre los numerosos lienzos de las paredes destacan dos de la sacristía, uno atribuido a Zurbarán y otro a José de Ribera. Finalmente, las catacumbas, redescubiertas en 1943, se hallan bajo el convento. Aquí se agrupaban los cadáveres en salas a las que se accedía desde el templo, que eran propiedad de gremios, cofradía o familias nobles. En un ambiente lúgubre, se deambula entre pozos llenos de cráneos (10 m de profundad) y fosas repletas de huesos de un total de 25.000 esqueletos. Los cuerpos espolvoreados con cal se colocaban unos encima de otros hasta que se descomponían, tras lo cual se clasificaban y almacenaban los huesos. Este lugar ejerció de cementerio hasta 1808, fecha en la que se inauguraron nuevos camposantos en la periferia de la ciudad.

Continuamos hasta la Casa Aliaga, antigua residencia que constituye una impresionante muestra de arte y decoración coloniales. Su historia se remonta a tiempos de Francisco Pizarro, cuando el conquistador extremeño repartió los solares de la recién fundada Lima entre sus hombres. Uno de ellos fue el segoviano Jerónimo de Aliaga y Ramírez, que con tan solo 16 años marchó a las Indias y acabó convirtiéndose en uno de los conquistadores de Perú. Fue construida en 1535 sobre una huaca o adoratorio prehispánico. Se trata de la casa más antigua y mejor conservada del continente, y que pertenece a la misma familia después de 17 generaciones. La Casa de Aliaga ha sido también testigo de importantes momentos de la historia de Perú, sirviendo de refugio durante la República para el presidente Miguel Iglesias, el contralmirante Aurelio García y los generales Manuel Velarde y Antonio Bentín. La arquitectura colonial presenta una combinación de elementos españoles e indígenas que podría considerarse una especie de estilo criollo. La influencia árabe llegada desde el norte de África a España y desde ésta al Nuevo Mundo, también se deja ver en algunos detalles decorativos de estilo mudéjar. Destaca su sobria portada coronada por un balcón de madera de la época republicana. Su interior se halla decorado con arte colonial y piezas de los siglos XVI y XVIII, como espejos Luis XIV, jarrones japoneses, alfombras francesas, retratos familiares y pinturas de la escuela cuzqueña. El salón principal que deslumbra por su color dorado. Espejos de gran tamaño y con marcos de pan de oro rodean todo el espacio, destacando en uno de ellos el rosto de la princesa de Austria, María Antonieta. En uno de los dos patios andaluces se alza una fuente inglesa de bronce del siglo XIX. Este lugar tiene, además, un enorme árbol ficus con más de 200 años de vida y que llena de verdor el espacio. También destaca la capilla, cuyas paredes estaban cubiertas con planchas de plata que fueron sustraídas en un saqueo durante la Guerra de Independencia. Las habitaciones preservan el mismo decorado donde la única fuente de luz es un ventanal ubicado en el techo. Otro espacio de gran historia es el salón de los azulejos, que también funge como museo familiar. Aquí se puede observar una chimenea, en cuya parte superior está la pintura de Jerónimo de Aliaga, acompañada de su espada original.

Almuerzo en restaurante Huaca Pucllana o similar.

Posteriormente nos dirigimos al distrito de Miraflores un barrio creado en 1857, que posee una zona comercial próspera, con tiendas teatros, galerías de arte, cines y la mayor concentración de cafés de la ciudad. Aquí visitaremos uno de los vestigios del pasado remoto de la ciudad, el complejo ceremonial de la Huaca Pucllana. Hace más de 10.000 años esta zona estaba ocupada por pescadores nómadas y agricultores. Las aldeas fueron creciendo y se creó este centro ceremonial que ocupaba 6 ha de extensión y servía de lugar de encuentro para intercambiar productos y celebrar ceremonias religiosas. En torno al 700 d.C. quedó abandonado y un siglo después fue utilizado por los huari, para enterrar a personajes importantes de la élite. Hay una ocupación tardía, a partir del año 1000, asociada a cerámica de estilo Ychsma que utiliza el sitio como cementerio y repositorio de ofrendas. El complejo está formado por una pirámide alargada de ladrillos de adobe con seis plataformas superpuestas, a las que se accede por medio de rampas, que se remonta a la época de la cultura Maranga-lima (hacia el 500 d.C.). junto a la pirámide se encuentra una serie de plazas, escalinatas y habitáculos algunos de los cuales presentan restos de pintura. Se presume, en base a los restos humanos encontrados, que se habrían hecho sacrificios humanos escogiendo a jóvenes mujeres para ello.

Para finalizar esta jornada, podremos visitar el Mercado Indio de Miraflores, donde podremos encontrar artesanía de todas las regiones de Perú, típicos recuerdos, hermosas joyas de plata y otros artículos de plata, ropa hecha de la famosa alpaca peruana, divertidas camisetas, cerámica, pinturas, piezas de madera y mucho más de todo el Perú.

Alojamiento en Hilton Garden Inn Lima Miraflores.

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