Viaje a Islandia II: Húsavík, Ásbyrgi, Dettifoss, Fiordos del Este, Vatnajökull, lago Jökulsárlón, Skaftafell y Reynisfjara | Los viajes de Vagamundos día a día

Día 4: MÝVATN – Húsavík – Ásbyrgi – Dettifoss – EGILSSTAÐIR  (325 km)

Desayuno continental en el hotel.

Salida en dirección norte, a través de la Península de Tjörnes, un paisaje salvaje de tundra surcado por numerosos arroyuelos, siempre batida por los vientos y poblada por ovejas y algunas granjas. La zona es famosa por sus acantilados ricos en fósiles, y cuyas capas más antiguas datan de hace dos millones de años. Enormes grietas, fisuras y zanjas (depresiones entre fallas geológicas) marcan la tierra como cicatrices en la baja Kelduhverfi, donde la dorsal Mesoatlántica se introduce en el océano Ártico.

Península de Tjörnes

Pasaremos por Húsavík, una pequeña y hermosa ciudad de 2.280 habitantes (la segunda del norte del país), que se encuentra embutida en la bahía de Skjalfandi, una de las más bellas de Islandia. A pesar de la gran cantidad de ballenas que habitan la zona, Húsavik continúa viviendo a lo largo del año de la pesca del bacalao y del arenque, ya que aquí nunca se cazaron ballenas. Toda la actividad de la ciudad se concentra alrededor de su encantador puerto. Sus coloridas casas e impresionantes picos nevados al otro lado de la bahía, hacen de la pequeña Húsavík la localidad más bonita de la costa noreste.

Aunque la gloria se la suele llevar Reykjavík e Ingólfur Arnarson, Húsavík fue el verdadero escenario del primer asentamiento nórdico de Islandia. Garðar Svavarsson, un vikingo de origen sueco, partió en torno al año 850 hacia la misteriosa Thule or Snæland (“Tierra de Nieve”), siendo el responsable del primer asentamiento humano permanente del que se tiene constancia en Islandia. Garðar llegó a Skjálfandi, en la costa norte, acompañado de su séquito y levantó un poblado al que llamó Húsavík. Tras rebautizar sin pudor el país como Garðarshólmur (isla de Garðar), se instaló para pasar el invierno. Con la llegada de la primavera partió dejando atrás a sus sirvientes, que se convirtieron en los primeros colonizadores reales de Islandia.

Continuamos por la península de Tjörnes con sus grandiosos acantilados, y las bandadas de aves marinas que anidan en los mismos, hasta llegar al Parque Nacional de Jökulsárgljúfur (“de las gargantas del Jökulsá”), en la región de Norðurland Eystra. Creado en año 1973, tiene una superficie de unos 150 km². El parque sigue durante 35 km el curso del Jökulsá á Fjöllum, el segundo río de Islandia (206 km). En 2008 fue integrado en el Parque Nacional del Vatnajökull, en lo que es la mayor reserva protegida de Europa. La parte del parque Jökulsárgljúfur, protege una cordillera eruptiva subglacial única y una garganta de 30 km de largo, por unos 500 m de ancho y 120 de profundidad, esculpida por el Jökulsá á Fjöllum, que empieza en la capa de hielo de Vatnajökull y fluye durante casi 200 km hasta el océano Ártico en Óxarfjörður. Este enorme cañón se habría formado hace varios miles de años durante los jökulhlaups (deshielos) que se producen tras la erupción de volcanes situados bajo glaciares.

Ásbyrgi

El parque se divide en tres zonas, de las cuales visitaremos la más importante, la de Ásbyrgi o “el refugio de los dioses”, impresionante cañón que se extiende a lo largo de 3,5 km de norte a sur y tiene una anchura media de 1 km, con el fondo ciego, en forma de herradura. La leyenda dice que la forma de la garganta responde a una gigantesca huella de Sleipnir, el caballo alado de 8 patas de Óðínn. Según otra explicación más científica, la garganta se habría formado hace alrededor de 8.000 años tras una enorme erupción volcánica del volcán Grímsvöts bajo el glaciar del Vatnajökull. Ésta, al fundir el hielo, habría provocado una inmensa colada de agua que se extendió hacia el norte por el Jökulsá á Fjöllum, y abrió la garganta en cuestión de días. El río fluyó entonces por Ásbyrgi durante unos 100 años, antes de cambiar de rumbo hacia el este hasta su curso actual. Cerca del centro de la garganta, se encuentra una especie de isla llamada Eyjan, y hacia el sur, las paredes verticales y oscuras se elevan hasta 100 metros. Los acantilados protegen el bosque de abedules de los fuertes vientos y las hambrientas ovejas, por lo que algunos árboles logran crecer hasta los 8 metros. Entrar a Ásbyrgi es como entrar en un mundo nuevo, un paraíso escondido, dentro de las murallas empinadas que lo rodean.

Seguiremos por una carretera de pista, a través de un desierto de piedra casi lunar, para alcanzar, en el corazón de la garganta del Jökulsá, la cascada de Dettifoss, quizás no la más bella de Islandia, pero impresionante por su enorme caudal. Aquí puede apreciarse en todo su esplendor el enorme poder de la naturaleza. Este salto de 45 m de altura y 100 m de anchura, es el más caudaloso de Europa; precipita al vacío un volumen de agua que varía entre los 200 y los 1.500 m3 por segundo, de aguas glaciares repletas de sedimentos (de ahí su color plomizo), que originan un estruendo atronador y un impresionante rocío visible desde 1 km de distancia, que genera hermosos arco iris de gran tamaño. El mirador, sometido a las salpicaduras, así como a un ruido ensordecedor, corta el aliento. La cascada contrasta con el desnudo paisaje de la garganta, con grandes estratos rocosos superpuestos, formaciones basálticas en columnas verticales y zonas áridas cubiertas de hierba, musgos y líquenes. Dedicaremos tiempo para recorrer el entorno de la cascada.

Cascada Dettifoss

Después de la visita, continuamos ruta hacia el este de la isla. Durante el trayecto, de unos 160 km, atravesaremos una región desértica, prácticamente deshabitada. Sus escasos 12.000 habitantes, viven en pueblos dispersos al fondo de fiordos majestuosos.

Llegada a Egilsstaðir, pequeña localidad industrial fundada en la orilla oriental del Lagarfljót, en 1944, como centro de servicios para la zona rural circundante, que ha ido creciendo hasta convertirse, con 2.300 habitantes, en la mayor ciudad del este de Islandia.

Alojamiento en hotel (pendiente de confirmar).

Día 5: EGILSSTAÐIR – Fiordos del este – HÖFN  (270 km)

Desayuno continental en el hotel.

Hoy descenderemos por la parte oriental de la isla. A nuestro paso nos iremos encontrando con los bellos fiordos del este (que nada tienen que envidiar a los de Noruega), de picos afilados, encajados entre altas montañas, y cada uno, abrigando su pequeño pueblo. Los fiordos orientales son, desde el punto de vista geológico, el segundo territorio más antiguo de Islandia, datándose su antigüedad en unos 16 millones de años. Además, están libres de cataclismos, ya que se encuentran lejos del punto de separación de las fallas tectónicas americana y eurasiática, que cruza el país de suroeste a noreste justo en el extremo opuesto.

La ruta de la costa nos permitirá ir descubriendo los pueblos pesqueros de la zona, además, de la gran variedad de paisajes que ofrece el este de Islandia: entre bosques, desiertos, montañas majestuosas y empinadas, estrechos fiordos, y acantilados con bandadas de aves. Es una región llena de magia, en la que todo queda envuelto en una extraordinaria variedad de colores. Cada fiordo es un mundo distinto, dibujado por la silueta de sus montañas, ya sea descendiendo o elevándose en dirección al océano, de formas suaves o atormentadas, salpicado de nieve o bañado por caudalosas cascadas. Desde el siglo IX, estas bahías, aunque aisladas unas de otras, estuvieron en el punto de mira de los gobernantes noruegos. Cada una de las pequeñas comunidades que los habitan, tiene su propia historia, pero la dureza del día a día condiciona la supervivencia de una región que lucha contra el éxodo de su población.

La puerta de acceso a los hermosos fiordos orientales desde el norte, es la localidad de Reyðarfjörður, que se encuentra al fondo del fiordo del mismo nombre, el más largo (30 km) y ancho (7 km) de toda la costa este. Antaño, una estación ballenera noruega, actualmente es un puerto pesquero con industrias alimentarias relacionadas con la transformación del pescado. Durante la II Guerra Mundial fue una de las mayores bases de las fuerzas aliadas en Islandia. La localidad ha visto incrementarse su población desde hace unos años (1.350 habitantes), mientras el resto de la región tendía a despoblarse. El motivo, la enorme fábrica de aluminio de la empresa estadounidense del grupo Alcoa, que da trabajo a la mayor parte de la población. Su construcción, y sobre todo la de la presa de Karahnujúkar (al norte del glaciar Vatnajökull), destinada a proporcionar electricidad a la fábrica, se hicieron en contra de la opinión de los ecologistas y de gran pare de la población. Se sucedieron numerosas manifestaciones en la capital, denunciando la venta de recursos naturales del país a multinacionales extranjeras y el desastre ecológico ocasionado. Por su parte, en la propia región, la creación de 450 empleos se veía como una manera de frenar la desertificación de la zona.

Reyðarfjörður

La carretera continúa hasta llegar a Faskruðsfjörður, también llamado Búðir (cabaña), un pueblo de 700 habitantes, con solo tres calles escalonadas en la ladera de la montaña, que desciende hacia el fiordo. Fue fundado por pescadores franceses, que durante las campañas de pesca del bacalao (de finales del XIX a 1914), lo utilizaron como su principal puerto de atraque en Islandia. Llegaron a establecerse en el fiordo hasta 5.000 franceses, que contaban en Búðir con cónsul, hospital, capilla y cementerio.

Llegaremos a Stödvarfjörður, un fiordo poco profundo, rodeado de montañas de gran belleza paisajística. La localidad apenas tiene 190 habitantes. Aquí visitaremos el Steinasafn Petru, museo que contiene la colección privada de minerales de la señora Petra, fallecida en 2012, a los 90 años. El nombre de esta señora parece que la predestinó para coleccionar las hermosas piedras que fue hallando a lo largo de su vida. La amplia variedad, el 70% de la cual procede de las montañas de su fiordo, incluye preciosos cubos de jaspe, piedras de ágata pulida, amatistas relucientes, piedras de calcedonia y cuarzos centelleantes, entre otros muchos minerales; es como abrir un arcón repleto de tesoros. Hoy su casa y su florido jardín, decorado con enanitos, constituyen una de las más grandes colecciones de minerales privadas del mundo.

El camino luego serpentea entre mar y montaña hasta alcanzar el estrecho fiordo de Berufjörður (20 km de largo y de 2 a 5 km de ancho), que se halla cerrado al sur por la península de Búlanðsnes. Al oeste del fiordo se encuentra el monte Búlastinður, que se eleva 1.069 metros sobre el nivel del mar. Se dice que en el año 1000, fecha oficial de la conversión de Islandia al cristianismo, los locales llevaron sus imágenes y objetos paganos a la cima y los lanzaron al acantilado.

Al final del fiordo se ubica el pueblo de Djupivogur (“cala profunda”), pequeña población de 365 habitantes, que se encuentra en un promontorio casi llano con pequeños montículos rocosos. Su puerto, el más antiguo de los fiordos orientales, lleva activo desde el siglo XVI, época en la que los comerciantes alemanes traían sus mercancías para intercambiarlas. En este lugar, se establecieron los monjes irlandeses a principios del siglo VIII, antes de la colonización vikinga.

Seguiremos por los grandes fiordos de la costa del sudeste islandés, hasta llegar a la población de Höfn, situada al pie del Vatnajökull, el glaciar más grande de Europa.

Vatnajökull es un enclave natural impactante, ubicado sobre una cadena de volcanes que han sufrido erupciones en los últimos años y donde hielo, agua, fuego y viento se han aliado para crear unos paisajes sobrecogedores, en los que se ha conservado una fauna marina subacuática que data de la Edad del Hielo —la última glaciación—, que finalizó hace unos 12.000 años. Estos volcanes subglaciares, al interactuar con las grietas bajo el casquete glaciar, dan lugar a fenómenos llamativos como los géiseres, que lanzan al aire periódicamente columnas de vapor y agua caliente.

Vatnajökull

Del tamaño de la Comunidad de Madrid, el casquete de hielo ocupa una superficie de 8.100 km2 (el 8% del territorio de Islandia), siendo el primer glaciar de Europa en cuanto a volumen, con unos 3.000 km3, y el segundo en área, sólo superado por Austfonna en Nordaustlandet, en el archipiélago de las Svalbard (Noruega). Sus dimensiones son de unos 150 km de este a oeste y de unos 100 km de norte a sur. El espesor promedio del hielo es de unos 400 m, llegando a un máximo de 1.000 metros. Un tamaño que se ha mantenido gracias a que en esta zona la nieve no se derrite a partir de los 1.050 metros de altitud, ni siquiera en verano, pero que con el cambio climático lleva décadas experimentando un lento retroceso por el flujo continuo de hielo que desciende. Bajo esta gigantesca capa de hielo yace un sinfín de picos y valles, varios volcanes en activo, lagos subglaciares y la cima más elevada del país, el monte Hvannadalshnúkur (2.110 metros).

El Parque Nacional de Vatnajökull se creó para proteger el casquete glaciar y los antiguos parques de Skaftafell y Jökulsárgljúfur, en una enorme zona de conservación. Con las últimas ampliaciones, abarca 13.600 km2, esto es, un 13% del total del país.

Llegada a Hölf, un importante nudo de comunicaciones en el sureste del país, ubicado en una península, entre dos lagunas, y separada del océano por bancos de arena. Con algo menos de 2.000 habitantes, esta ciudad nos puede parecer una gran metrópolis tras conducir por kilómetros de páramos desiertos.

Alojamiento en Árnanes Country Hotel.

Día 6: HÖFN – Jökulsárlón – Skaftafell – VÍK  (280 km)

Desayuno continental en el hotel.

Nos dirigiremos al lago Jökulsárlón, que significa “laguna del río glaciar”. Se trata de un lago originado en los últimos ciento cincuenta años debido al retroceso del glaciar Breiðamerkurjökull, uno de los casquetes menores del gran glaciar Vatnajökull. La laguna se encuentra en medio de un magnífico anfiteatro de glaciares, dominado por la majestuosa cumbre de Hvannadalshnúkur. Tiene una extensión de 20 km2, y una profundidad máxima de aproximadamente 250 m, lo que lo convierte probablemente en el segundo lago más profundo de Islandia. El enorme atractivo de este lago viene motivado porque la lengua glaciar desemboca en el mismo, rompiendo enormes bloques de hielo y formando grandes icebergs flotantes que son arrastrados por el Jökulsá, el río más corto de Islandia (solo 1,5 km de recorrido), hasta llegar al mar. Sus aguas de color azul mágico son frecuentadas por focas y peces de agua dulce y salada. Un espectáculo cautivador, que sirvió de escenario para la película de James Bond Panorama para matar, así como en Lara Croft, entre otras. Con el cambio climático, desde la década de 1930 se ha apreciado un fuerte retroceso del hielo y un aumento de la superficie de la laguna, que de seguir en esta progresión, en breve cubrirá la carretera que la transita. Además, Jökulsárlón está separado del mar por una corta distancia, por lo que la acción combinada del glaciar, el río que vacía el lago y el océano, podrían llegar a transformarlo en un entrante de mar.

Durante 30 o 40 minutos, navegaremos en un barco anfibio (guía local en inglés) por el lago, entre grandes bloques de hielo a los que se calcula una edad media entre 1.000 y 1.200 años de antigüedad, lo que nos supondrá una experiencia única. Contemplaremos tanto icebergs sucios, que son los que conservan su posición original, ya que mantienen los detritos sedentarios, como icebergs blancos, que son los que con el tiempo se han girado al perder volumen en su zona inferior, mostrando ahora su limpia base. Tendremos la sensación de encontrarnos en pleno Polo Norte.

Navegación por el lago Jökulsárlón

Finalizada nuestra navegación en la laguna glaciar, seguiremos nuestra ruta por la carretera hasta llegar al Parque Nacional de Skaftafell, un verdadero oasis entre las lenguas glaciares de Vatnajökull y la inmensa llanura de arena negra de Skeidarársandur. Establecido oficialmente en 1967 con 500 km2, en junio de 2008, este parque se fusionó con el Parque Nacional de Jökulsárgljúfur en el norte, para formar la inmensa zona natural del Parque Nacional del Vatnajökull. Se caracteriza por una gran variedad de paisajes, que incluyen esbeltos picos y montañas, extensas quebradas, profundas cañadas, cataratas sorprendentes, bosques de abedules, gigantescas lenguas glaciares y mesetas cubiertas de exuberante vegetación. En la zona se pueden encontrar alrededor de 250 especies de plantas y los lugares de anidación de alrededor de 30 especies diferentes de aves, entre las que destacan los chorlitos islandeses. Skaftafell, está considerado la joya del Vatnajökull.

Si el tiempo lo permite realizaremos una pequeña excursión a pie por el parque de 4 km aproximadamente, y dos horas de duración, muy fácil, y durante la cual podremos contemplar la majestuosa Svartifoss (cascada Negra), una caída de agua de 25 metros de altura, que tiene su origen en las aguas del deshielo del glaciar Svnafellsjökull y corona un sobrecogedor anfiteatro de columnas hexagonales de piedra basáltica negra. Esculpidas por el proceso de cristalización característico de algunas erupciones volcánicas de la isla, estas columnas son tan perfectas que da la sensación de encontrarnos ante el órgano de una catedral.

Cascada de Svartifoss

El término islandés sandur(en plural, sandar), describe regiones de desoladas planicies que se extienden por la costa sureste de Islandia. Un desierto compuesto de restos volcánicos, producto de la erosión de las montañas o de la explosión de volcanes subglaciares. Estos restos son transportados por los ríos glaciares, con motivo de las crecidas provocadas por erupciones o por el deshilo estacional, y se derraman en inmensas llanuras. El violento viento prosigue el trabajo de ampliación del desierto. Todos estos fenómenos naturales unidos, crean una tierra inestable, en la que los ríos se expanden sin control, arrasando todo lo que pillan a su paso y que obligan a rehacer las carreteras tras cada inundación.

Por la tarde cruzaremos la llanura de Skeiðarársandur, un sandur arenoso, de color oscuro, que cubre un área de casi 1.000 km2, y lo convierten en el mayor del mundo. Esta franja desértica fue durante mucho tiempo un escollo insalvable para los islandeses, quienes para trasladarse, por ejemplo, desde Reykjavík hasta Höfn, debían circunvalar la isla por completo, ya que no era posible crear en la zona una carretera firme. Hasta que en 1974 se construyeron largos diques de grava para canalizar el agua de las inundaciones, y se pudo cimentar la carretera. De todos modos, de poco sirvieron los diques cuando en 1996, durante la erupción del Grímsvötv, un volcán situado bajo el glaciar de Vatnajökull, todo el delta quedó inundado y tres puentes de la carretera fueron barridos por la inmensa joüulhlaup (inundación glaciar). Aún se ven las vigas retorcidas de los puentes.

La siguiente población que aparece es Kirkjubæjarklaustur (“iglesia-granja-convento”), una aldea cuyo nombre tiene casi más letras que habitantes, que apenas superan los 100. Se trata de unas pocas granjas diseminadas en un fondo de verde intenso. A pesar de todo, el lugar tiene su historia, ya que según el Landnámabók (Libro del Asentamiento), escrito en el siglo XII, este tranquilo pueblo entre los acantilados y el rio Skaftá, fue habitado primero por monjes irlandeses antes de la llegada de los vikingos. Originariamente era conocida como Kirkjubær; “klaustur” (convento) se añadió en 1186, cuando se fundó un convento de monjas benedictinas irlandesas y del que solo quedan las leyendas, ya que fue abandonado en el siglo XVI, tras la Reforma protestante.

Seguimos atravesando la región que discurre por el vasto campo de lava de Eldhraun (el mayor del mundo), resultado de la gran erupción del volcán Laki que tuvo lugar en 1783, ocasionando uno de los mayores desastres en la historia de Islandia. Este campo de magma, contiene unos 12 km2 de lava y cubre una zona de 565 km, con un promedio de 12 metros de espesor. Es el mayor flujo de lava registrado en el mundo procedente de una sola erupción. Hoy en día, la colada está cubierta por una gruesa capa de musgo.

Seguiremos atravesando este paisaje de arenas negras, cuya monotonía se ve rota de vez en cuando por una mata de hierba, un poste eléctrico o un zorro polar que pasa por allí. Nos iremos acercando hasta el volcán-glaciar Mýrdalsjökull, un tremendo glaciar, cuarto campo de hielo más grande de Islandia, con una superficie de 700 km2 y un grosor que en algunas partes alcanza los 750 metros. Debajo se encuentra el volcán Katla, cuyas erupciones a veces atraviesan el hielo e inundan la llanura con una mezcla de agua, arena y piroclasto.

Reynisfjara

A continuación llegamos a Reynisfjara, la zona costera más destacada y hermosa de Islandia. Se trata de una playa de guijarros negros de arena volcánica que cuenta con un impresionante acantilado de columnas de basalto regulares, que se asemeja a una pirámide escalonada rocosa. Fue considerada por la Islands Magazine en 1991, como una de las diez playas de islas mas bellas del mundo. Afuera, en pleno océano se encuentra el Reynisdrangar, conjunto de tres grandes bloques monolíticos que, según la leyenda, se formaron cuando tres trolls (gigantes de la mitología escandinava) intentaron arrastrar un barco a tierra, pero al caer sobre ellos los rayos del sol fueron convertidos en piedra.

Casi pegado se encuentra Dyrhólaey, que se levanta en un acantilado basáltico de 120 metros de altura y constituye la parte más meridional del país. Es famoso por el arco natural que se eleva sobre el mar y por su muy rica avifauna: araos, alcas, alcatraces, varios tipos de gaviotas y los famosos frailecillos, se pueden divisar aquí. Se trata de una reserva natural de aves marinas que anidan y por esta razón el acceso está limitado entre mayo y junio. Las olas del Atlántico Norte se estrellan contra las rocas y la playa de arena negra, creando un contraste de colores en los que compiten los distintos tonos azules, negros, lavas y verdes. La península está rodeada de excelentes vistas y, si las condiciones meteorológicas nos son favorables, podremos observar desde este punto todo el glaciar Mýrdalsjökull en el norte, y las playas de arena negra en el este y el oeste.

Frailecillos

Llegada a Vík, la población más meridional de Islandia. Aunque está situada junto a la costa, es la única localidad del litoral que carece de puerto, motivo por el cual sus habitantes, apenas medio millar, se dedican más al comercio que a la pesca.

Alojamiento en Hotel Katla by Keahotels.

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