Día 15 – AGUAS CALIENTES – MACHU PICCHU – Ollantaytambo – CUZCO
Desayuno buffet en el hotel.
A solo 25 minutos en autobús, se encuentra MACHU PICCHU, una impresionante hazaña de ingeniería y arquitectura que, se cree, sirvió como santuario y retiro para el inca Pachacútec.
Perdida en la historia, nunca fue descubierta por los conquistadores españoles permaneciendo en el olvido hasta que en 1911 el estadounidense Hiram Bingham redescubrió sus mágicas ruinas, quien creyó haber encontrado la ciudad perdida de Vilcabamba, el último baluarte de los incas (murió creyéndolo). Los restos de Vilcabamba, por cierto, se hayan ocultos en la espesura de la selva y conocidos como las ruinas de Espíritu Pampa.
En su momento se atribuyó a Bingham todo el mérito del hallazgo, pero hoy sabemos que 9 años antes de Bingham, en 1902, el cuzqueño Agustín Lizárraga dejó un escueto grafito en carboncillo en la pared del templo de las Tres Ventanas: “A. Lizárraga, 1902”, como prueba de su visita. Y no se guardó precisamente su hallazgo en secreto: dos años más tarde, con motivo de una boda, llevó a la cima a seis hombres y tres mujeres en lo que pudo ser la primera visita turística al yacimiento. En 1911, lo que conocemos como Machu Picchu ya era un secreto a voces entre los entendidos sobre Perú. Lizárraga no vivió lo suficiente para reclamar el crédito de su descubrimiento: murió ahogado en el río Vilcanota en 1912, un año después de la llegada de Bingham. Cuando Yale financió la primera excavación científica de Bingham, éste mandó borrar la inscripción de Lizárraga, que, sin embargo, aparece, aunque algo borrosa, en las primeras fotos del yacimiento. Uno de los hijos del explorador reconoció años más tarde, en una biografía de su padre, que en el cuaderno de campo de este figuraba la siguiente anotación: “Agustín Lizárraga es el descubridor de Machu Picchu, él vive en el pueblito de San Miguel”.
Otras investigaciones apuntan a que, en 1867, un empresario alemán llamado Augusto Berns no sólo había llegado hasta Machu Picchu, sino que se había encargado de saquear sus tesoros con la autorización de personalidades del gobierno peruano de turno que, lejos de impedir la expoliación, se habría conformado con recibir un 10% de todas las alhajas descubiertas.
Desde su redescubrimiento oficial en 1911, los historiadores no han cesado de preguntarse quién, cómo y, sobre todo, para qué levantaron los incas una ciudad como esta, a 2.450 metros de altitud. ¿Por qué complicarse la vida alzando una colosal obra de ingeniería en una cima prácticamente inaccesible? Según apuntan las teorías más recientes, Pachacútec buscaba un lugar agradable donde relajarse junto a su corte y desconectar de la vida palaciega en Cusco. Si fue así, la vista panorámica, el verdor del césped en las plazas, el murmullo de las fuentes y la belleza de los templos debieron de resultar de gran ayuda. Pachacútec, que gobernó entre 1438 y 1471 y dedicó sus últimos años de reinado a las obras públicas, pudo concederse el capricho de erigir una ciudad sagrada en la cima de Machu Picchu, sin más herramientas que mazas de piedra, rodillos de madera, cuerdas y astucia. Parece increíble que tal maravilla pudiera ser construida por un pueblo que no conocía la rueda ni las herramientas de hierro. El lugar era idóneo para una segunda residencia real por muchas razones. A pesar de existir ocho rutas de acceso, su ubicación exacta podía mantenerse en secreto, ya que la ciudad no es visible desde la base de la montaña. Los caminos eran estrechos, abruptos y fáciles de defender desde arriba, sin necesidad de murallas ni un gran ejército. Además, se sospecha que únicamente los nobles y unos pocos servidores conocían su existencia. Pero lo más decisivo, según los estudiosos de la espiritualidad inca, sería su enclave, equidistante de cuatro picos sagrados, correspondientes a los cuatro puntos cardinales. Los incas otorgaban un gran valor religioso a los accidentes naturales, ya fueran cuevas, ríos o montañas. Un monte bordeado por el río Urubamba, cercano por su altura al dios Sol y rodeado de otras cumbres, sin duda era una poderosa huaca (lugar sagrado). De ahí el gran número de templos hallados entre los casi doscientos edificios hallados en la ciudad, donde el inca oficiaría como máxima autoridad religiosa.
Se estima que Machu Picchu tardó unos cincuenta años en edificarse hasta tomar su aspecto actual. ¿Por qué se despobló? La respuesta a esta pregunta sigue siendo un misterio. Su decadencia pudo deberse a la falta de agua, la guerra entre los seguidores de Atahualpa y Huáscar, alguna enfermedad traída por los españoles o un suceso repentino (aún se aprecian muros inacabados, en plena construcción). En cualquier caso, no parece que los españoles estuvieran directamente implicados, ya que no existen signos de lucha ni de profanación de los templos. El hecho es que después, la fortaleza quedó olvidada y la vegetación se encargó de ocultarla.
El verdadero nombre de la ciudad también es un enigma. Machu Picchu fue el que Hiram Bingham popularizó, a partir del nombre que los locales daban en 1911 a la montaña en que se erige. Pero la historiadora María del Carmen Martín Rubio la identifica con Patallacta, basándose en un texto de Juan de Betanzos, español desposado con una aristócrata inca y autor de una crónica indigenista en el siglo XVI. Según Betanzos, Pachacútec pidió ser enterrado “en sus casas de Patallacta”, población cuyo nombre significa “ciudad de escalones”.
Fueran cuales fuesen las razones de su abandono, durante siglos nadie prestó demasiada atención a las ruinas. Es posible que los campesinos de la región siempre hayan tenido noticia del cerro y de sus ruinas. Pero el gran público no oyó hablar de Machu Picchu hasta hace un siglo. En 1913, la revista norteamericana National Geographic asombraba al mundo dedicando un número especial al espectacular hallazgo del profesor estadounidense Hiram Bingham, considerado desde entonces el descubridor de este monumental sitio arqueológico.
Visita de la ciudad inca Machu Picchu (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 1983), un mágico asentamiento situado a 2.430 metros de altura, en el Valle del río Urubamba, construido sobre una serie de fallas geológicas. La ciudad perdida de los incas es pura fascinación: por el lugar donde se levantó, por sus majestuosas características arquitectónicas y por el halo de misterio que siempre ha rodeado el santuario. Su arquitectura sigue las normas del estilo clásico del Imperio inca: muros de piedras ciclópeas muy bien trabajadas, puertas trapezoidales, nichos en las paredes y terrazas agrícolas. Casi todas las pareces estaban recubiertas de cerámica pintada de las que, destruida por la humedad, Bingham solo encontró restos. Cada ruina lleva el nombre de la que se supone que era su función, aunque en realidad es poco lo que se sabe. Los terrenos de Machu Picchu se extienden en una explanada de 800 m de largo por 500 m de ancho, entre los montes Macchu Picchu (monte Viejo) y Huayna Picchu (Monte Nuevo). Tiene dos áreas diferenciadas: una es agrícola, en el sur, con terrazas de paredes de 4 m, y otra urbana, en el norte, en la que quedan restos de más de 200 edificios de granito blanco, comunicados por un total de 3.000 escaleras y provistos de un sistema de canales y fuentes. Ambas secciones están separadas por un muro defensivo de 400 m de largo.
La visita comienza en la parte alta del sector agrícola, un conjunto de bancales dispuestos sobre el franco de la montaña cuyos cultivos podían alimentar hasta 10.000 personas. En lo alto se encuentra la casa del cuidador de la fuente, uno de los pocos edificios restaurados con techo de paja. A su lado el cementerio superior y la roca funeraria, esculpida en forma de altar, que en su día sirvió para embalsamar los cuerpos de los nobles difuntos. Desde esta plataforma se disfruta de una vista excepcional del santuario, la imagen clásica del santuario que se aprecia en todas las fotografías típicas del lugar.
A través de la puerta del Inca se accede al sector urbano, donde encontramos un vasto conjunto de edificios, que pudiera ser un albergue para peregrinos. Nos hallamos en el barrio de los nobles, donde descubrimos una serie de baños ceremoniales interconectados, dedicados al culto al agua, que descienden en cascada a través de las ruinas. Inmediatamente se llega a la casa del Inca, una vivienda real compuesta de dos habitaciones independiente, un patio central, un jardín y varias estancias menores. Por encima se encuentra el templo del Sol, una torre curvada y ahusada, que contiene algunos de los mejores ejemplos de mampostería del complejo, al parecer utilizado con fines astronómicos; en el interior hay un altar y una curiosa ventana trapezoidal que se abre al complejo. Debajo del templo se halla el mausoleo real, una cueva de roca natural cuidadosamente tallada con un altar en forma de escalón y varios nichos sagrados. Junto al mausoleo está el torreón, el único edificio de planta redonda de todo el conjunto, de 11 m de diámetro, y con diversos altares tallados, por lo que se supone que tenía una función religiosa.
Así se llega al sector sagrado, consagrado a Inti, la divinidad principal del panteón. Se atraviesa un jardín que estuvo poblado de orquídeas, manzanos, dalias, cacahuetes y el árbol de la coca, para llegar a la plaza sagrada, que posee, en su lado más alejado, un pequeño mirador con una pared curvada que ofrece vistas de la nevada Cordillera Vilcabamba en la lejanía, y del río Urubamba. Los tres lados restantes están flanqueados por tres edificios: el templo principal, llamado así por su robustez y perfección, ya que presenta unos bloques ciclópeos de piedra impresionantes; frente al templo se encuentra la casa del sacerdote, con dos entradas y nueve nichos interiores. En la parte de atrás se levanta la sacristía, un pequeño recinto con numerosas hornacinas cuidadosamente talladas, que quizás sirvieran para almacenar objetos ceremoniales; al este se halla el templo de las Tres Ventanas, con un magnífico aparejo de piedras pulidas y encajadas. Por detrás de la sacristía se asciende a una pequeña colina donde se erige el principal santuario de Machu Picchu, Intihuatana, “lugar donde se amarra el sol”, que se refiere al pilar de roca tallada (erróneamente confundido con un “reloj de sol”) que se erige en la cima; mediante las aristas de este pilar, los astrónomos incas predecían los solsticios y determinaban el calendario de labores agrícolas. En la parte superior del Intihuatana hay otra escalera que desciende hasta la plaza central, que presenta inmensas graderías donde debían asentarse los ciudadanos para asistir a las ceremonias. Un camino serpentea hasta la roca sagrada, un gran bloque de 7 m de largo por 3 m de alto, que permitía rendir culto a los espíritus (apus) de las montañas. A continuación, se hallan la zona residencial, la mayor de todo el conjunto, cuyas habitaciones presentan un trabajo de piedra mucho más tosco que en la parte alta de la ciudad. En la parte inferior encontraremos la zona de cárceles, un laberíntico complejo de celdas, nichos y pasadizos, excavados tanto bajo tierra como al nivel del suelo. El elemento central del conjunto es el templo del Cóndor, donde se puede admirar una cabeza de cóndor tallada y varias rocas detrás que parecen las alas extendidas de esta ave andina. Detrás del cóndor hay un agujero en forma de pozo, en cuyo fondo hay una puerta que conduce a una diminuta celda subterránea a la que solo se puede acceder de rodillas.
Al concluir la visita, retornamos en autobús a Aguas Calientes.
Almuerzo en Café Inkaterra o similar.
A continuación, nos trasladamos a la estación de Ollantaytambo para abordar el tren The 360 que nos llevará hasta la estación de Poroy. El trayecto tiene una duración de una hora y media. Posteriormente nos trasladamos a Cuzco.
Alojamiento en Costa del Sol Wyndham Cusco.
Día 16 – CUZCO – Lima – MADRID
Desayuno buffet en el hotel.
Dispondremos de toda la mañana libre para disfrutar a vuestro aire de esta bellísima ciudad.
A la hora indicada, traslado al Aeropuerto Internacional Alejandro Velasco Astete de Cuzco. Trámites de aduanas, facturación y embarque en el VUELO LA2012 de la compañía LATAM airlines, salida prevista a las 19.35 hrs. Llegada a Lima a las 21.05 hrs. local. Enlace y salida del VUELO LA2484 de la compañía LATAM airlines con destino MADRID, a las 23.10 hrs.
Día 17 – Llegada a MADRID
Llegada al aeropuerto de MADRID a las 17.10 horas. Recogida de equipajes.
FIN DE NUESTRA AVENTURA
BIBLIOGRAFÍA utilizada y lecturas recomendadas:
- Perú (varios autores) La Guía Verde Michelin, 2017.
- Perú (Daniel Cabrera y otros) Guía Azul, 2020.
- Perú (varios autores) el País-Aguilar, 2016.
- Perú (varios autores) Anaya Touring, 2023.
- Perú (Carolyn McCarthy) Lonely Planets, 2019.
- Los incas. El reino del Sol (José Alcina y Josefina Palop) ANAYA, 1988.
- El imperio de los incas (H.D. Disselhoff) AYMÁ EDITORA, 1972.
- Revista Historia y Vida: diversos artículos sobre PERÚ.
- Comentarios reales: selección (Inca Garcilaso de la Vega) CÁTEDRA, 2001.
- Lima, la sin lágrimas (César Antonio Molina) La línea del Horizonte, 2020.


