Viaje a PERÚ IV: Arequipa | Los viajes de Vagamundos día a día.

Día 6 – LIMA – AREQUIPA (vuelo)

Desayuno buffet en el hotel.

Por la mañana, traslado al aeropuerto de Lima para tomar nuestro vuelo LA2111 con destino Arequipa, con hora de salida 11.55 hrs. y llegada a destino a las 13.25 hrs. Asistencia y traslado al restaurante.

Situada en la región sur del país, en la falda de un volcán activo, el Misti (5.821 m), y cerca de otros dos, el Chachani (6.075 m) y el Pichu Pichu (5.669 m), AREQUIPA tiene en su historia más de catorce destrucciones debida a la furia de estas inquietas montañas. La ciudad se despliega a lo largo de ambas riberas del río Chili, abarcando el denominado valle del Chili. Este valle se encuentra resguardado al norte y al este por la cadena montañosa de los Andes, mientras que, al sur y oeste, se encuentra protegido por las cadenas bajas de cerros costeños.

Se sabe que numerosas tribus de ascendencia aymará se asentaron en esta zona procedentes del altiplano boliviano y también se han hallado restos pertenecientes a otras civilizaciones, entre ellas la de Tiahuanaco. Hacia 1450 fueron sometidos por los incas e integrados en su imperio. La ciudad fue fundada el 15 de agosto de 1540 por don Garci Manuel de Carbajal como “Villa Hermosa de Nuestra Señora de la Asunta de Arequipa”. En el periodo virreinal, adquirió importancia por su sobresaliente papel económico y por su fidelidad hacia la Monarquía Española. En 1546 la ciudad se cercó y se prohibió a los nativos que vivieran en el interior. Arequipa prosperó como lugar de descanso y aprovisionamiento de las caravanas de llamas cargadas de oro y plata que iban hacia el mar y volvían con aceite, guano y pescado. Poco a poco la ciudad se iría llenando de iglesias y conventos. En 1544 a la vez que la catedral, los dominicos empezaron a construir su convento. Los franciscanos llegaron en 1548 y en 1573, los jesuitas, consolidándose como capital del sur, y rival de Lima. El 23 de diciembre de 1824, la ciudad se proclamaría peruana y poco después, Bolívar entró en ella triunfante. Ha sido foco de rebeliones populares, protagonizando hasta siete levantamientos desde la independencia hasta 1850. Así mismo, es cuna de sobresalientes figuras intelectuales, políticas y religiosas del país, entre ellas el nobel de literatura Mario Vargas Llosa. Arequipa es la segunda ciudad de Perú, y desde el siglo XIX atesora una actividad industrial importante, sobre todo como centro de producción textil de lana de oveja y alpaca, un comercio que se mantiene próspero.

Almuerzo en restaurante Tipika Sazón Arequipeña o similar.

Por la tarde, visita del museo de Santuarios Andinos, creado en 1996 por la Universidad Católica de Santa María y la revista americana National Geographic, para exponer los hallazgos de las ofrendas que acompañaban a los niños sacrificados ante los dioses de la montaña: jarras de chicha, vasijas, ropajes, estatuillas y otros objetos, dedicados a los apus (espíritus de las montañas). Su pieza más famosa es Juanita (*), una de las momias más importantes y mejor conservadas de la historia peruana. Se trata de una niña de entre 12 y 14 años que fue sacrificada en el volcán Ampato durante el ritual inca de la Cápac Cocha. El cuerpo de Juanita se encuentra en un congelador especial, protegida del medio ambiente por una cámara de vidrio cerrada al vacío. La urna está asegurada con perfiles de acero y el interior se encuentra a una temperatura de -19 °C, para evitar la descomposición del cadáver, con luz bastante débil para evitar la propagación de virus. En el mismo museo también se encuentran las momias de otras niñas hallada en la Cordillera de los Andes, como “Urpicha” (‘Palomita’), hallada en el volcán Pichu Pichu de Arequipa), o “Sarita”, encontrada en el volcán Sara Sara, en Ayacucho, y otras cinco mujeres halladas en el volcán Misti en agosto de 1998.

(*) En ocasiones la momia de Juanita se encuentra en itinerancia, expuesta en otros museos del mundo; y todos los años, entre enero y abril, se traslada a un laboratorio para realizar los trabajos de mantenimiento.

Alojamiento en Hampton by Hilton Arequipa.

Día 7 – AREQUIPA

Desayuno buffet en el hotel.

Situada a 2.300 m de altitud, Arequipa es considerada la ciudad más españolizada y una de las más hermosas del país. Conocida como la “ciudad blanca”, debido no solo a la impecable y vistosa blancura de su sillar, la toba volcánica que se extrae de las canteras del volcán Misti con la que se edificó la ciudad colonial, sino también porque su población es “blanca”, ya que los colonizadores españoles se encargaron de no mezclarse con los indígenas. Su característica cantería adorna la señorial plaza de Armas con un sinfín de bonitas iglesias coloniales, monasterios y mansiones de poca altura, motivado por los frecuentes seísmos que sufre la zona. En los alrededores del casco antiguo hay más color; son calles gremiales en las que los comercios están ordenados por zonas. Su cocina es diferenciada, respecto a la gastronomía limeña, con adición de picantes y especiados sabores que la hacen característica. Cuenta la leyenda que el cuarto Inca(rey), Mayta Cápac, estaba viajando por el valle con su séquito y algunos de sus guerreros quedaron hechizado por el paisaje, y le solicitaron permiso para permanecer en el emplazamiento, él respondió en quechua: Ari, quipay (Sí, quedémonos).

Por la mañana nos trasladamos al mirador del Carmen Alto, a 6 km de Arequipa. Desde aquí podremos contemplar la campiña arequipeña, con la vista de los apus (en quechua, “las montañas tenidas por vivientes desde épocas preincaicas”) nevados como el Chachani, el Pichu Pichu y el imponente Misti al fondo, que unen el cielo con la ribera del río Chili, a través de los característicos andenes (terraza en forma de escalera excavada en la ladera de la colina) incas. Estos andenes son considerados una de las obras de infraestructura y de adaptación al paisaje más grandes e importantes de la América Precolombina. En la actualidad se siguen utilizando como áreas de cultivo.

De vuelta Arequipa, realizamos una parada intermedia en el mirador de Yanahuara, una antigua construcción del siglo XIX, adornado con arquerías de sillar con inscripciones de fragmentos poéticos que expresan la vida de Arequipa en la pluma de sus intelectuales de todas las épocas, entre ellos destacamos la cita de José Luis Bustamante Y Rivero: “La calleja que nadie transita, la farola que nadie enciende, el tortuoso arrabal donde habita buena gente, que tiembla y se estruja cuando escucha la historia de un duende”. Desde el mirador se disfruta de una bella vista de la ciudad, con su rompecabezas de callejuelas empedradas y construcciones coloniales, y siempre con el imponente Misti de fondo.

Posteriormente, visitaremos el centro histórico de la ciudad de Arequipa (declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en 2000), que conserva la estructura urbana característica de la época colonial: calles formando un damero en torno a la gran plaza de Armas, el auténtico corazón de Arequipa, que bulle de vida y la bombea a toda la ciudad a través de las cuatro calles que, como arterias, parten de ella. Con el pico nevado del volcán Misti como telón de fondo, se encuentra enmarcada en tres de sus cuatro lados por soportales de dos plantas con robustos pilares de granito y bóvedas de ladrillo: el portal del Cabildo, el portal de las Delicias y el portal del Regocijo. En el centro, a la sombra de las palmeras, hay una bonita fuente de bronce decorada con tres pilas coronadas por una estatua de un personaje llamado Tuturutu, una especie de pregonero, genio protector de la ciudad. En el lado norte de la plaza se encuentra la imponente Catedral, levantada originalmente en 1621, quedó dañada por una serie de terremotos y un incendio, siendo completamente reconstruida por el arquitecto local Lucas Poblete en 1868. De estilo neorrenacentista, con cierta influencia gótica, su amplia fachada está constituida por setenta columnas con capiteles corintios, tres portadas y dos grandes arcos laterales. Está rematada por dos estilizadas torres renacentistas. Su interior, de tres naves, es sencillo y diáfano, con mucha luz. El altar mayor está confeccionado con mármol de Carrara, al igual que las 12 columnas que representan a los apóstoles. El púlpito, tallado de madera y soportado por un diablo con cola, se esculpió en Francia, y el reloj de la torre fue realizado en Inglaterra. El órgano, de 1852, es el mayor de Sudamérica, aunque los daños durante el traslado desde su origen (Bélgica), condenaron a los feligreses a notas estridentes durante más de un siglo. Al otro lado de la plaza se halla la iglesia de la Compañía de Jesús, construida entre 1595 y 1698, es un hermoso exponente del arte barroco mestizo de Perú. La fachada de roca volcánica, aparece labrada con una profusa ornamentación en la que ángeles cristianos (algunos con plumas en la cabeza) dialogan con figuras de la mitología inca (pumas, serpientes) y en la que flores y aves de la selva tropical se codean con sarmientos de viña y coronas de laurel. También puede leerse la fecha de finalización de la obra: 1698. En el interior, el altar mayor está tallado en estilo churrigueresco, pero incorpora influencias americanas como el pan de oro y los querubines con rostros incas, un púlpito de cedro finamente esculpido, estatuas policromadas y más de sesenta cuadros de la escuela de la escuela de Cuzco. Destaca especialmente la capilla de San Ignacio, cuyas paredes y techo se hallan cubiertas de frescos del siglo XVII, con una recargada decoración de plantas tropicales y animales, en la cúpula, y en los tímpanos, los cuatro evangelistas. No se sabe nada de los autores de esta llamada (quizás exageradamente) “Capilla Sixtina de América”.

El edificio colonial más fascinante de Arequipa (y de todo el Perú) es el monasterio de Santa Catalina,un convento configurado como recinto-ciudadela de 20.000 m2 que ocupa toda una manzana de la ciudad. Fue fundado en 1580 por doña María de Guzmán, una viuda rica que se ordenó monja, para acoger a las benjaminas de las familias españolas y criollas más distinguidas de la ciudad (las hijas mayores se destinaban al matrimonio). Posteriormente fueron uniéndose también a la orden de Santa Catalina de la Siena mujeres criollas pobres e hijas de curacas (jefes indios locales). El monasterio acogía a las novicias a cambio del desembolso de una dote importante, en pesos de oro o en mobiliario, cuadros, joyas y orfebrería. Las novicias adineradas conservaban sus antiguos privilegios (incluidos doncellas o esclavos), mantenían el mismo ritmo de vida, e incluso celebraban fiestas y se daban la gran vida, nada que ver con los supuestos votos de silencio y pobreza de las carmelitas. Según el escritor Vargas Llosa, se trataba de “una sucursal del paraíso, en el que la vida mundana era más intensa que en París”. Tras tres siglos de hedonistas tejemanejes, el papa Pio IX mandó en 1871 a una estricta monja dominica, la Hermana Josefa Cadena, a poner orden en tales jolgorios impíos. En su momento de apogeo vivieron en él más de 500 personas, de las cuales, un tercio eran monjas y el resto sirvientas. Estas últimas fueron liberadas con la llegada de la hermana Cadena, aunque muchas se unieron a la orden. En la actualidad el complejo está habitado por alrededor de 40 monjas. Un gran y sólido muro de 4 m de altura aislaba la vida de las mujeres que habitaban el monasterio. Esta auténtica “ciudad dentro de la ciudad” está compuesta por 100 estancias distribuidas en torno a seis calles, tres claustros, una iglesia y una galería repleta de hermosos cuadros coloniales; las cúpulas y las cubiertas de bóveda amplían considerablemente el espacio y aumentan la sensación de fortaleza de los edificios. Nos sorprenderá su estructura laberíntica, sus intrincados pasillos, sus ascéticas dependencias, su mobiliario de época y el arte religioso que encierran sus muros.

La visita del convento se realiza siguiendo una ruta señalizada, donde las calles pintadas de sugestivos colores, la clara luz arequipeña filtrándose por vanos y ventanas y las macetas de geranios, convierten el recorrido en un maravilloso paseo. Destaca la portada del monasterio, adornada con un relieve de Santa Catalina de Siena, bajo cuyo patrocinio se fundó el convento. Está labrado en el sólido muro de sillar que bordea toda la manzana. La sobria sencillez de formas y color de esta portada, contrasta con el alegre colorido que el visitante encontrará en los ambientes interiores. La visita comienza en el locutorio, donde las residentes se comunicaban con el mundo y vendían sus productos, a salvo de miradas y contacto físico tras el enrejado de madera. El patio del Silencio, el lugar donde las monjas se reunían a rezar el Santo Rosario y leer la biblia en completo silencio. A continuación, se accede al noviciado, el claustro de las novicias del que se podía formar parte desde los 14 años, y reúne bajos sus bóvedas de ladrillo de estilo románico, una bonita colección de lienzos de la escuela de Cuzco del siglo XVIII que representan las 55 letanías de la Virgen. El magnífico claustro de los Naranjos (1738), de un luminoso azul cobalto y planta cuadrada, debe su nombre a la presencia de árboles de esta fruta. Las tres cruces ubicadas en medio del claustro representando el monte del Calvario, servían para la representación de las religiosas de la Pasión de Cristo todos los Viernes Santo. Un laberinto de callejuelas, llevan el nombre de las ciudades de procedencia de las carmelitas. La calle Sevilla, atravesada por una escalinata y coronada por un arco, lleva a la lavandería, construida en 1770, cuando Arequipa se abastecía de agua mediante acueductos. En ella encontramos 20 medias tinajas de barro. El agua corría por un canal central, que se desviaba a cada tinaja. En la base de la tinaja había un tapón que se retiraba al terminar de lavar y el agua corría hacia el canal subterráneo que llevaba los desechos al río. La calle Burgos conduce a la cocina, que funcionaba con carbón, leña y otros combustibles (motivo por el que todas las paredes se ven tiznadas), con morteros, ollas y otros utensilios originales de esa época. Algunos expertos piensan que su techo tan alto y de cúpula se debía a que fue, o iba a ser, destinado a una capilla. La calle Granada desemboca en la preciosa plaza de Zocodobere, que ejercía de mercado, donde las religiosas intercambiaban productos. La torre del Campanario, construida en 1748, posee cuatro campanas dispuestas con frente a las calles que rodean el monasterio, la más antigua de las cuales está dirigida al sur, hacia la calle Ugarte, y lleva la inscripción “Santa Catalina Ora Pro Nobis 1749”. El claustro Mayor, de tono anaranjado, fue construido entre 1715 y 1723, y es el más grande del Monasterio. Está flanqueado por una hilera de cinco confesionarios. Sus muros están decorados con 32 frescos que hacen referencia a la vida de María y de Jesús. Conserva su altar mayor de plata repujada y la reja que permitía a las monjas asistir a los oficios religiosos. Justo al lado se halla la bonita Iglesia, mezcla de estilos barroco y mudéjar. Posee una larga nave central y cúpula de media naranja. Su altar principal es de plata repujada que representa un trabajo muy esmerado, con bellos y delicados motivos religiosos. También se puede ver una bonita estatua de santa Catalina bajo su baldaquín. En el elevado coro se halla un majestuoso órgano europeo. La visita finaliza en la pinacoteca, situada en el antiguo dormitorio común en la que se expone un centenar de pinturas de la escuela de Cuzco (siglos XVII y XVIII).

Almuerzo en restaurante Zig Zag.

Disfrutaremos de la tarde libre para recorrer a nuestro aire las calles de esta bella ciudad.

Alojamiento en Hampton by Hilton Arequipa.

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